EL ANCIANO, EL JOVEN Y LA ENFERMERA #8
Killian, más bien su hijo, me mira a los ojos, no son ni fríos ni vacíos como me los describió Marianne, son tan cálidos e intensos como los de su padre.
Posa su mirada en el corazón de madera que me había regalado Killian antes de que él naciera, reposa en una cadena que siempre llevo conmigo, lo toma en su mano, al hacerlo roza mi pecho y vuelvo a estremecerme, lo observa intensamente como si lo supiera, eso me rompe, y vuelve a fijar su mirada en mis ojos.
Toca mi pelo, y luego roza mi rostro suavemente con sus dedos, cierro mis ojos, no puedo evitar sentir que es Killian que lo hace, Killian que aparece después de mi larga espera, después de creerlo muerto durante tantísimos años.
- Mírame -ordena y yo obedezco- No dejes de mirarme- suavemente baja su mano hasta mi hombro haciendo caer el camisón que me había puesto momentos antes-
No podía hacer más que seguir mirándolo, perdiéndome en su noche infinita, no pienso, siento, lo siento, mi mano en su pecho, sintiendo su latido, su piel; lo huelo y rememoro su aroma, es el mismo olor que tanto me fascinaba y claudico, me dejo arrastrar por lo que siento, por su toque, por su beso, me dejo arrasar por él, encendiéndome en llamas como el diario.
Él se desnuda frente a mí y no digo nada, es extraño, pero no me siento avergonzada por mi propia desnudez, por mi cuerpo que ya no es tan joven como el suyo, veo a Killian y me percibo a mí misma como una versión más joven de mí.
Me toma con sus fuertes brazos y me pone a horcajadas sobre su pecho, nos besamos con pasión, con desenfreno, siento su saliva, su lengua, su aroma en mi boca, en mi cuello, en mis pechos, ardo; lo beso entero, cada centímetro de él, él hace lo mismo, no dejo ni una lugar sin besar, sin lamer, sin tocar, no quiero desprenderme de este fuego y dejo que me consuma hasta que entra en mí, mirándome, sonriendo, eyaculando como si su semilla pudiese hacer algo en mi interior, como si sanara mi cuerpo.
Me toca el rostro, yo cierro los ojos, siento que se levanta de la cama, me giro, no lo quiero ver marchar y cuando escucho la puerta cerrarse lloro, lloro para apagar con mis lágrimas este fuego.
Esperé vestida hasta el amanecer, la culpabilidad de mis actos, él día con el anciano, no me permitieron descansar por lo que rememoro toda la información que me había dado, evitando así el recuerdo de su contacto, a las siete en punto entré en su habitación, lo estaban acabando de vestir.
- Buenos días, Luisa, veo tu tez lozana, y tus mejillas sonrosadas, estás realmente hermosa esta mañana, debo suponer que has descansado muy bien -dijo con una sonrisa en sus labios casi inexistentes que le daban un aspecto tétrico, aunque intuía que su objetivo era el opuesto.
Lo sabía y estaba jugando conmigo, yo había caído, no le permitiría que vea mi debilidad, no otra vez-
- Tú hablas, ves, sigues respirando, realmente es una buena mañana para ambos -los dos sirvientes nos miraban estupefactos-
- He pedido que nos traigan el desayuno aquí, espero te parezca bien. Podéis marcharos, Luisa se hará cargo si algo necesito.
- Como usted diga mi Lord, permiso.
- ¿Veo que has podido descansar?
- Así es – afirmé tajante, al girarme vi que la puerta de la biblioteca estaba abierta-
- Pensé que querrías verla con más detenimiento – entré sin mirarlo y él me siguió en su silla de ruedas-
- Realmente estás obsesionado con el esoterismo, ¿de qué va todo esto? -acoté al ojear varios ejemplares-
- De la vida, tal como hablamos ayer, todo va sobre la vida.
- ¿Qué tenía tan especial Killian?, no estoy planteando bien mi pregunta.
Sé que Killian era muy especial para vosotros, sé que creían que él podía proporcionarles juventud o una larga vida.
Kavanagh me dijo que era la fuente de la vida, no entiendo como una persona puede ser dador de vida, vuestra piedra filosofal, vuestro mito, vuestro deseo, vuestra fuente, más vosotros lo creéis.
Si era tan importante, si significaba tanto para vosotros ¿por qué matar a su familia?
Asumo que tiene que ver con sus orígenes, por ser hijo de una O´Hartigan, igual que Gerry, no fue sólo por la pedofilia de Kavanagh, ni por buscar a una niña desprotegida, la buscó por ser una O´Hartigan también, por eso el ritual, ¿verdad?
- Esperaba que, si te dejaba descansar, reposar tus ideas llegarías sola a esa conclusión, me gusta ver que no me he equivocado contigo.
Me alegra que seas tú y no otra con la que debo pactar.
Sí Luisa, todo se refiere a los O´Hartigan, eso fue lo que descubrió John.
Por eso protegerla, quién pensaría que una mujer tan maravillosa como Elisa, pudo tener una prima como Julia, tan decadente, tan vil, si no hubiese sido por John yo hubiese elegido a Elisa, jamás se me hubiese pasado por la cabeza elegir a la hija de Julia, Beatrix, pero a veces nuestros actos son desesperados.
En ese momento me pareció hasta una buena idea, me avergüenzo de ello, aceptarlo frente a ti es difícil para mí, espero que lo valores.
Gerry amaba a su madre, es mucho más fácil cuando sólo aman a una persona, mejor si es a ninguna, pero qué tipo de ser despreciable no ama a nadie.
- No lo sé. Dímelo tú.
- Touché, tienes razón, aun así, no soy como Colm o Hans, ni Julia.
No disfruto viendo sufrir a la gente, no me excita, ni física, ni psicológicamente.
No deseo experimentar con nadie, intento que la transición sea con el menor número de pérdidas, no deseo que nadie pierda este precioso don que es la vida, puedo recitarte cada uno de sus nombres, les agradezco su sacrificio.
Julia además tuvo una sola hija, no podía más que elegir a la solitaria Beatrix, hasta me pareció que podía funcionar, con ella no tendría por qué morir más gente innecesariamente.
Pero, Colm tardó demasiado, intuyo por qué, es más te diré por qué.
De una forma retorcida, amaba a Beatrix, o tal vez era un sentimiento más básico, habían compaginado, ella sucumbió a sus placeres y él sentía que le pertenecía.
Tardó en llamar a su hijo y tardó en realizar el ritual, Gerry estaba demasiado ligado a este mundo, de nada sirvió, yo me encontraba como estoy ahora y poco podía hacer.
¡Qué sensación más repugnante es la impotencia! , lo que creé me reventó en la cara.
Killian fue una casualidad, la tabla de salvación de Colm, Samuel habló de más un día y ya ves como todo el esfuerzo de John fue tirado por la borda.
No sabía si funcionaría, tan perdido me sentía que en ese momento me encontraba en Berlín informándome sobre el gran descubrimiento del prominente Dr.Herrmann, un pelele, al cual ya había visto en una conferencia años antes, siempre me gusta informarme sobre estudios que me puedan beneficiar, aunque la mayoría suelen ser una fantochada, me encontraba tan desesperado que me contacte nuevamente con él, para ese momento, le había contado mi historia, él estaba realizando estudios con mi sangre.
Una vez me enteré de que Killian existía lo traje conmigo.
¿Quién pensaría que tenía a un sádico peor que Colm entre mis manos?
, todo lo que le pasó a esa familia fue despreciable, me siento avergonzado, su final no debió ser así.
- ¿Me estás diciendo, qué tú no tienes nada que ver en todo lo que pasó, quieres que empatice con un pobre y decrépito anciano?
- No me infravalores Luisa, todo se debe a mí y si de mí hubiese dependido, Killian hubiese sido hijo único.
Por supuesto que debían morir, pero no de esa manera tan ruin.
Yo siempre lo he hecho rindiéndoles tributo, agradeciendo lo que me concedían, conservando el respeto a mi dador, como lo has nombrado tú tan acertadamente.
- Así qué todo se dio por una tarea de ineptos, ¿es eso, acaso lo que insinúas?
- Si quieres resumirlo así, y te doy mis más sinceras disculpas por todo el dolor que te he causado, tanto a ti como a los tuyos. Tu padre, para ti jamás debió morir, pero, aunque no lo aceptes ese era su destino, en tanto no lo hagas, no tendrás paz.
- No me trates como una insensata ignorante. Tú has manejado a todos, cada acción ha sido y es supervisada por ti, pensé que seríamos sinceros el uno con el otro. No obstante, me he equivocado, es mejor que me vaya, no hago más que perder mi tiempo.
- ¡Ese temperamento!, deja ese libro en su sitio, es muy valioso y lo estás retorciendo.
No te engaño, y claro que intento controlarlo todo, aun así, las cosas se escapan de nuestras manos muchas veces, he tardado en aceptarlo, y créeme si te digo que es la primera vez que se me han ido tanto.
Yo mismo he tardado en sobreponerme, pero me he adaptado a mi nueva situación, por eso he podido vivir durante tanto tiempo y en eso te pareces a mí.
- ¿Quién es el del cuadro? -dije mirando fijamente el retrato, sus ojos eran tan parecidos a los de Gerry, que verlos me era doloroso-
- Es la persona más importante para mí.
- ¿Él fue el primero, por eso es tan importante? ¿Desde cuándo hacen esto?
- Así es, él fue el primero, y esto lleva haciéndose desde hace muchísimo tiempo.
- ¿De qué va todo esto?, ¡sé claro de una vez¡, lo que menos te queda es tiempo y francamente me estoy cansando de toda esta perorata que no nos lleva a ningún lado.
- Luisa, Luisa, pensé que estaba siendo muy claro. Eres la primera persona con el que lo soy, créeme. Tú todavía debes acabar tu parte de la historia, no creas que lo he olvidado, además odio ser el que acapare toda la conversación.
- Intuyo que, por el contrario, te encanta. Está bien, te lo diré y acabaremos con todo esto de una vez. Sé que no me lo dirás si no te doy lo que deseas, tengo las cosas bastante claras en ese sentido, así como también que estamos rodeando el tema principal y estoy cansada de rodeos.
- ¡Me gusta cómo eres¡, eres de mis personas favoritas, y no son muchas, adelante pequeña, prosigue.