EN LA COLINA DE TARA EL ANCIANO, EL JOVEN Y LA ENFERMERA #3
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EL ANCIANO, EL JOVEN Y LA ENFERMERA #3

En cuanto cerró la puerta tras de sí, dejé que mis emociones se desataran, casi no podía respirar, mi cuerpo empezó a temblar irrefrenablemente, ¿cómo podía ser él?

, ¡era imposible!, y aun así lo había visto, tan claro como un faro resplandeciente, y a la vez era del todo imposible.

¿Lo invoqué con mis pensamientos, por dejarme llevar por los recuerdos?

Era el mismo que había visto en mis sueños y en el campo de batalla, no podía tener más de veintitrés años, eso es, me quedé con su última imagen, eso fue todo.

Pero ¿entonces a quién vi? ¿cómo pude deformar su imagen tanto?

La biblioteca no fue un sueño, estaba segura de que estaba metida en la boca del lobo y no era cualquier lobo sino el maldito lobo Alpha.

¿Pudo ser eso precisamente lo que me hizo distorsionar la realidad?

El suelo de la biblioteca era un trisquel, la biblioteca entera era un heptagrama agudo, todos esos libros, el cuadro, ¿quién era el anciano?

y especialmente ¿quién era aquel que me vio y me trajo a la habitación?

, la puerta la dejé cerrada, el fuego en la habitación era tangible, yo no la había encendido, ¿quién lo hizo?

, ¿por qué preocuparse en hacerlo?, ¿por qué aun no me habían matado?

¿Qué debía hacer?, ¿huir?, ¿existía acaso esa posibilidad?

No, sería una vacua si creyera que eso es factible.

¿Debía enfrentarme?, era la única opción, estaba claro que me habían visto, ¡qué demonios estaban esperando, si yo ya había descubierto la biblioteca!

Querían jugar, pues jugaríamos. Esperé a Marianne e intenté calmarme, mientras cenaba.

- Dime Marianne, ¿el nieto cómo es, te parece afable?

- La verdad no sabría decirle, es parco en sus palabras. Es un hombre bastante serio, diría que, hasta taciturno, me impone mucho si le soy sincera.

- ¿Y su padre nunca ha venido, me dijiste que sólo él visita a Lord, pero acaso no te ha mencionado si tiene hermanos o tíos?

- No sé más que usted ahora, sé que lo visita, se queda un par de horas y no aparece hasta el mes siguiente. No quiere que nadie lo vea, menos usted. ¿Por qué?, no lo sé.

- ¿Sabes cuantos años tiene?, ¿cómo es físicamente?

- ¿Lo quiere saber por algo en particular señorita? -preguntó dubitativa-

- Por nada en concreto, curiosidad por lo extraño de sus visitas, simplemente.

- No se ofenda, si lo pregunto es porque la considero una persona sumamente discreta con su vida y la de los demás, pero comprendo que quiera saberlo, es muy peculiar el modo en el que lleva sus visitas.

Es un hombre de entre veinte a veinticinco años, alto, bastante atractivo he de decirle, tiene una mirada muy particular, parece como si le traspasara a uno.

A mí no me gusta verlo a los ojos, son tan fríos, tan oscuros, es el negro más oscuro que he visto en mi vida. ¿Le pasa algo señorita?

- Nada, continua -respondí, intentando contener los temblores-

- Es que de repente la he visto ponerse tan pálida, ¿acaso es sudor eso que corre por sus mejillas, quiere que apague la chimenea? Yo me encuentro bien, pero no vaya a ser que el calor haga que le vuelva a bajar la tensión, no sabría qué hacer.

- No es nada, tranquila Marianne, te prometo que no me desvaneceré, ya he cubierto el cupo de hoy.

- ¿El cupo?

- Era una pequeña broma, no hay ningún cupo -no podía más, necesitaba calmarme-

- Oh disculpe señorita no me he dado cuenta, soy muy torpe para entender las bromas, mis hermanos siempre se están burlando de mí por eso.

- Así que es joven. Por la edad de mi Lord, supuse que sería un hombre más cercano a mi edad.

- ¿Usted qué es enfermera tiene una idea de la edad que tiene mi Lord?, Petra lo llama Matusalén.

- Debe ser más viejo que Matusalén, seguramente. Imagino que ya era un anciano cuando tuvo a sus hijos.

- Ay señorita, no conocía esa faceta suya, se me va a caer la cofia de tanto reír. Encima lo dice tan seria, lo que lo hace aún más gracioso.

- ¡Pues sí que entiendes las bromas Marianne, no todo está perdido entonces!

- Se lo diré a mis hermanos -dijo riéndose-

En la noche, cuando todos estaban descansando en sus habitaciones me dirigí a la habitación del anciano, estaba plácidamente dormido en su cama, fui a la biblioteca, la puerta estaba cerrada, la cerradura había sido cambiada, debí imaginarlo.

Regresé a mi habitación, no me arriesgaría con el anciano restablecido y durmiendo a pocos metros.

Me quedé toda la noche despierta, elucubrando, pensando, volviendo como antaño a hacer una estrategia.

Jamás me sirvió ninguna, ¿por qué ahora lo haría?

Estaba en terreno desconocido, que sabía además que fueron asesinados, que los vendió su tío, que la secta pensó que obtendría algo de ellos, algo del todo ilógico, puesto que estaban muertos, ¿de qué me serviría saberlo?

, si todos aquellos poseedores de tan valioso tesoro ya no existían.

De algo si tenía la certeza, lo que creyeran, cualquiera que fuese esa creencia, había sido transmitida de padres a hijos durante generaciones, prueba de ello era el anillo, el cuadro, al menos durante trescientos años esa idea estaba asentada en ellos, tal vez era más real que cualquier otra idea, no era la matanza de unos desquiciados, era la matanza efectuada por generaciones de ellos, ¿Cómo actuar con el anciano?

¿cómo actuar con el joven? Creyendo en lo que ellos creen, me respondí.

A la mañana siguiente fui a la habitación del anciano, tal como hacía desde hace un año. Su recuperación como tantas otras veces era realmente increíble, aunque esta era particularmente extraordinaria.

Hablaba y se podía incorporar en su silla de ruedas, quien pensaría que hace menos de doce horas su estado era prácticamente comatoso.

- Hoy lo veo francamente bien mi Lord.

- Me siento mucho mejor querida, le agradezco todos sus cuidados. Es un ángel, si no fuese por usted no estaría disfrutando de esta maravillosa mañana. ¿Escucha a las alondras trinar bajo el roble? ¡Qué gloriosa mañana es ésta!

- Las escucho mi Lord, me sorprende que las pueda escuchar, déjeme y lo reviso. Después si así lo desea bajaremos a la biblioteca y terminaré con nuestra novela, hoy refresca y no pienso que sea una buena idea pasear.

- La he leído tantas veces joven Luisa, y siempre encuentro un nuevo matiz, ayer recordé la última frase que me leyó, cómo Víctor Hugo refleja el amor, -recitó- “El amor es una parte del alma misma, es de la misma naturaleza que ella es una chispa divina; imperecedero. Es una partícula de fuego que está entre nosotros, es inmortal e infinita, a la cual nada puede limitar, ni amortiguar”.

No se hace usted idea de la cantidad de tiempo que he reflexionado sobre esta frase.

“Una partícula de fuego”. Una partícula, el elemento más primordial, en este caso del fuego.

Conseguir dominarlo, fue un punto de inflexión en la evolución, permitió que el homo erectus, nuestro ancestro, absorbiera proteínas e hidratos de carbono que era incapaz de absorber y asimilar con la carne cruda, el dominio del fuego le mantuvo caliente y a salvo de los seres que estaban por encima de él en la cadena alimenticia.

Ni la inteligencia, ni el habla, todo empezó con el dominio del fuego, de naturaleza inestable, arrasador, destructor y dador de vida.

Víctor Hugo compara al amor con este elemento de la naturaleza, ¿sabe durante cuánto tiempo he intentado discernir el poder del amor?

El amor intangible como es, el amor se traspasa como el fuego, es irrefrenable y lo puede arrasar todo, pero si es dominado lo puedes mantener en tu mano, puede proporcionarte bienestar, puede salvarte la vida.

Cómo hemos conseguido dominar a un elemento de una naturaleza tan salvaje, el fuego que a pequeñas cantidades es tan benéfico, y si lo dejas vivir su naturaleza verdadera, ser libre, es incontenible, irrefrenable, lo consume todo a su paso.

Eso es el amor, mi pequeña Luisa, en su partícula más pequeña, sigue siendo irrefrenable, sólo unos cuantos saben sujetarlo en su mano, esa idea me fascina, porque tantos desean ser consumidos por él.

- ¿A quién ha amado mi Lord?

- A la vida, cada momento de ella, ¿y tu Luisa?

- He amado a muchos y de diferentes maneras, mi Lord.

- ¿Cuántas maneras hay de amar Luisa? La manera de una madre o un padre de amar a su hijo, la de un amante a su amada, la del hijo, la de los hermanos, el amor tiene tantas facetas que se convierte en inentendible y a la vez lo abarca todo. Nada se mueve sin amor, ni sin su contrario.

- El odio – afirmé-

- ¿Qué sería el uno sin el otro? ¿Cómo puedes odiar si no has amado?

- Es verdad, es imposible experimentar el odio, si no se ha experimentado el amor. Ni todo amor es benéfico, como dice usted -afirmé-

- Ni todo odio es maléfico.

- Difiero.

- ¿Si no odiaras tanto Luisa, no hubieses amado como lo has hecho? -ya no iba a ocultarse-

- Vamos a ser claros entonces, me alegra saberlo, estoy cansada de mentir.

- Se notan tus sentimientos, tus emociones en cada partícula de tu ser, eres un libro abierto Luisa. Siempre lo has sido.

- ¿Por qué? -pregunté al fin, no quería más rodeos-

- Porque amo la vida Luisa, ese siempre ha sido mi gran amor. Debes entenderme, tú has amado también.

- Y odiado, a ti te odio, pero jamás te he amado.

- No es necesario que experimentes ese sentimiento con la misma persona, es que seas capaz de sentirlo, ¡sois fascinantes!

¿Cómo lo habéis conseguido? Durante tantísimo tiempo había leído sobre el amor, sobre el odio, entendía las emociones humanas, como la ira, la angustia, la desesperación.

No obstante, los sentimientos, puedes leerlos millones de veces, recitar las explicaciones sobre ellos, los poemas, las historias, los mitos, pero no ser capaz de descifrarlo.

- ¿Desde cuándo se interesa por esto?