EL ANCIANO, EL JOVEN Y LA ENFERMERA #2
- Bueno, Marianne esto ya está, los fluidos los he dejado pasar, estos son 1000 ml de solución salina.
El compuesto se terminará en 8 horas, le dejo inyectando 0,5 mg de adrenalina, de ser necesario volveré a hacerlo dentro de 4 horas, el oxígeno está a 5 litros por minuto.
Ya sabes cómo debes cambiarle la solución salina y la bombona de oxígeno, te dejo la medicación con las dosis apuntadas, en caso de que el nieto siga en la casa, no sé si decida quedarse hasta que fallezca, así que deberás ser tú la que lo haga de ser así, si quieres lo repasamos todo.
- Si señorita, se lo agradecería, la solución salina y el oxígeno sí que lo tengo controlado, por los días que no está y lo necesita, pero la adrenalina que menciona, no, prefiero me lo deje muy claro, no quiero equivocarme.
Una vez le hube explicado, me fui a mi habitación cuestionándome sobre la extraña situación en la que me encontraba repentinamente.
Podría ser simplemente una excentricidad, o tal vez deseaba heredar y una de las condiciones estipuladas en la herencia es visitar a su abuelo una vez al mes, por eso todo estaba a cargo de un albacea.
Bajo esas condiciones con quien menos quisiera hablar es precisamente con la mujer que se interpone entre él, sus millones y su título.
Desconocía las razones verdaderas, podía pasar toda la tarde ociosamente elucubrando los motivos por los que el nieto no deseaba ser visto por nadie, únicamente por la criada adolescente, nadie de confianza, sólo sencillos sirvientes, que como única motivación tienen la de conservar su empleo.
Ninguno en el palacete teníamos constancia de sus familiares, exceptuando a Marianne y tres sirvientes más, aparentemente, pues hasta donde yo sabía ni siquiera lo visitaban amigos.
El albacea nos dio la información básica sobre nuestras tareas hacia el anciano, todos teníamos en mayor o menor grado lástima por aquel hombre que le sobraba todo el dinero del mundo, pero estaba muriéndose solo, ahora se veía tan débil e inofensivo, aunque todos lo parecemos cuando somos incapaces de movernos, cuando la piel está curtida por la décadas vividas, pero ¿qué se puede pensar de un hombre que ha llegado al final de sus días únicamente acompañado por un nieto que no desea ser visto, por un personal que apenas lleva con él un año?
Todos llevamos un año, ¿por qué? Y si no es el anciano el que por méritos propios está viviendo una muerte rodeada de desconocidos pese a poder comprar el interés de muchos, podría ser acaso que, aprovechando el lamentable estado de su abuelo, el nieto lo esté aislando de la gente que se interesa verdaderamente por el anciano, por eso no hay nadie a su alrededor que realmente sepa de él.
Era incapaz de dejarlo pasar, pese a habérselo prometido a Marianne, mi conciencia no me lo permitía.
Cerré mi puerta con llave para que Marianne pensara que estaba ahí y decidí meterme en la biblioteca antes de que su nieto viniese, la habitación del anciano Lord estaba conectada a una fastuosa biblioteca, la cual no se usaba, es más, apenas pude atisbar un poco de ella un día que vi entreabierta la puerta que comunicaba con ella, ahora supongo que fue el mismísimo nieto el que la dejó así un día que por una serie de casualidades llegué antes de lo habitual a la residencia, luego de mi fin de semana libre.
Fue Marianne que nerviosamente la cerró al darse cuenta, yo no comenté nada y simulé no haberme dado cuenta al verla así, en ese momento no le di importancia, realmente no me interesaba mucho lo que debía o no ser visto en esta propiedad, varias eran las habitaciones cerradas a cal y canto.
Suponía que por una cuestión de logística, la mansión era enorme, mantenerla perfecta, tal como estaba, requería del constante trabajo de una docena de personas exclusivamente para la casa y una docena más de manera itinerante para el exterior, nadie disfrutaba de los setos cortados en forma de animales exóticos o el laberinto en medio de los jardines o las flores de temporada, nadie más que nosotros, la casa no recibía invitados, no se celebraban fastuosas fiestas, por qué dejar que se llenaran de polvo inútilmente por mantener abiertas tantas habitaciones, lo único que me cuestioné ese momento fue que habiendo una biblioteca tan cerca, debiéramos ir a la planta inferior.
Mas era comprensible que sólo usáramos parte de la mansión todos los que conformábamos el personal, supongo que cada uno tenía sus órdenes, pero era algo que nunca salió en ninguna conversación.
Si me encontraba distanciada del mundo, y mi día a día consistía en cuidar a un anciano solitario, era porque no deseaba relacionarme, no quería pensar en presente o futuro, me encontraba sumergida por el pasado y era así como quería estar, dejarme arrastrar, por eso el diario, por eso el abandono de todo lo mundano.
Entré a la habitación del anciano y busqué las llaves de la biblioteca, no las encontré así que, con un fino bisturí, forcé la puerta, el cerrojo antiguo cedió fácilmente al tercer intento, entré en la biblioteca y escondida esperé al visitante.
La biblioteca estaba llena de libros sumamente antiguos en latín, griego, lo que suponía lenguas muertas, otras en alemán, español, francés, libros de literatura, artes antiguas, de alquimia y otros que no llegaba a comprender, no pensaba que este hombre diera el perfil de erudito, acostado en su cama o sentado en su silla de ruedas, hasta el más sabio de los hombres, sin nadie que lo haya conocido a su lado, es visto a través de los ojos de otros simplemente como un anciano en el crepúsculo de su vida, ¿dónde quedó aquel hombre que un día fue?
, yo lo podía vislumbrar en aquella biblioteca oculta para el resto del mundo.
La biblioteca constaba de dos pisos y estaba rebosante de libros que llegaban hasta el altísimo techo, llena de curiosidad como no lo había estado en años, decidí subir al segundo nivel, que era básicamente un pasillo de madera que circundaba las paredes y permitía acceder a los libros.
Tenía al menos media hora hasta que llegase nuestro extraño visitante, ascendí por una escalera circular, desde arriba se podían ver pequeños saloncitos de lectura, las estanterías daban al recinto la forma de una estrella, en cada punta estaba el saloncito y un sillón, en el centro de la estrella la forma del entramado del suelo de madera formaba un dibujo que tampoco se veía en la planta inferior.
Al verlos en conjunto, mi corazón se detuvo y luego empezó a latir con dolorosa fuerza.
Busqué instintivamente y en uno de los saloncitos había un cuadro, bajé corriendo presa del pánico, entré en el pequeño recinto y lo vi, el cuadro con fecha de 1708 era el retrato de un caballero de ojos verdes, cabello oscuro, tan similar a sus descendientes a los que conocí, al que tanto odié y al que tanto amé.
Comprendí que cuanto más me quería alejar de mi doloroso pasado, más me había acercado el destino a él.
Escuché como abrían la puerta de la habitación del anciano, escuché los pasos, me quité los zapatos y lentamente me dirigí a la puerta, mi corazón retumbaba en mis oídos por la expectación de saber que al fin lo entendería, entreabrí la puerta suavemente.
Erguido frente al anciano de espaldas a mí, llevaba un catéter conectado directamente de su artería a la vena del anciano, y lo sentí, lo sabía.
Él también me percibió porque en ese momento se giró hacia mí y me vio directamente a los ojos.
Como si me encontrara presa de un encantamiento, me quedé petrificada, mirándolo, sin moverme, sin respirar, hasta que la oscuridad se apoderó de mí y como no lo hacía desde hacía décadas, perdí el conocimiento.
Cada decisión que tomé, sin yo saberlo me ha traído a este momento, a esta última elección.
Desperté en mi habitación, con la chimenea encendida. Sentada a mi lado ojeando una revista estaba Marianne.
- Señorita Fontaine, me ha tenido muy preocupada ¿Se encuentra bien?, aquí llevo su botiquín. ¿Necesita algo?
- Estoy bien Marianne, a veces tengo bajadas de tensión, eso es todo. ¿Cómo he llegado hasta aquí?
- La he encontrado así. Pensé que estaba dormida, así que he vuelto para informarle que Sir Savage se había marchado, intenté despertarla, pero no pude, la sentí respirar y he esperado antes de llamar a un médico. Estaba muy nerviosa, encontrar al Lord y luego a usted así.
- ¿No te dijo nada el nieto del Lord? -pregunté confundida-
- ¿Por qué lo dice? ¿Acaso lo ha visto? -preguntó asustada-
- No lo he visto. Te preguntaba si dijo algo sobre la salud de su abuelo. A propósito ¿ha fallecido Lord Savage?
- Oh no señorita, al contrario, se ha recuperado. Ha pedido un caldo, también ha preguntado por usted, hasta parece que puede ver, me miró directamente a los ojos, me ha asustado.
- ¿De verdad?
- Así es, creo que le hace bien ver a su nieto, siempre mejora cuando lo ve, debe quererlo mucho. Le he traído caldo a usted también, pero se ha enfriado, en un momento se lo traigo calentito. ¿Desea algo más, algo dulce para que le suba la tensión?
- Estoy bien, no te preocupes.
- Entonces en un momento regreso. Le traeré una buena taza de té también -señaló en tanto que se dirigía a la puerta-
- Gracias Marianne, por favor llámame, Luisa. Ha sido un detalle por tu parte que encendieras la chimenea.
- Debió ser usted misma señorita. Cuando entré ya estaba así -respondió confundida-
- ¡Es verdad, ya lo recuerdo!, fue justo antes del desfallecimiento y me he olvidado completamente.
- Me ha asustado señorita, por un momento pensé que había sido el fantasma y usted lo había visto.
- ¿A qué te refieres?
- Habladurías de la señora Finn, no piense que soy tan pueril para creer en esas barbaridades, pero toda la situación me ha puesto nerviosa. En unos minutos regreso -dijo saliendo de la habitación-