EL ANCIANO, EL JOVEN Y LA ENFERMERA
La guerra pasó y se llevó consigo hombres buenos, hombres malvados, al fin de cuentas se llevó la posibilidad de ser de muchos y con ellos las posibles vidas de tantos que no llegarían a nacer.
¿Cómo hubiese sido la vida a su lado?, ¿cómo hubiese sido la vida al tuyo?
Contigo posiblemente, llena de hijos como la de Betty, en Lininstone sacando adelante la hacienda y criando esos niños que jamás existirán, junto al abuelo y al padre que nunca llegaron a ser; o en Londres trabajando en el hospital junto a Gerry, hubiésemos adoptado a un huérfano de la guerra como él quería y yo llegué a desear también, ese niño o niña ahora tiene otros padres, otra vida, porque ese camino también fue bruscamente cortado.
Mi destino, nunca lo decidí yo, aunque ¡maldita sea, me sujeté a él, luché por tener algún tipo de poder sobre él!
Mas todo al final estuvo dado por el cúmulo de pequeñas decisiones que desencadenan destinos diversos, muchos de los cuales no llegas ni a vislumbrar.
Como cuando te vi en el campo de batalla y corrí junto a ti y no seguí a Gerry, si no hubiese elegido ir, la bomba posiblemente nos hubiese matado a ambos; pero, si retrocedo aún más, si no hubiese decidido matar a Samuel, Gerry nunca hubiese ido a rescatarme, no hubiésemos estado en aquel punto exacto, en ese instante preciso y tal vez seguiría vivo; si retrocedo aún más, cuando fui a buscarlo, si no hubiese ido, él hubiese regresado a mí y jamás hubiese sabido que tu vida terminó en medio de una lluvia de proyectiles en un desierto tan distinto a la verdes colinas de Irlanda, nunca hubiese corrido inútilmente a salvarte y no hubiese sido lo último que le di a Gerry, la convicción que entre los dos no lo elegí a él e irónicamente esa decisión inconsciente me salvó la vida; si retrocedo aún más si nunca un grupo de desquiciados hubiese acabado con una familia, a la que yo conocía y mi padre intentó defender.
Porque en cada acto, estudiado o irreflexivo, en ese cúmulo de decisiones no sólo está implicado el inductor sino el entramado de personas del que cada ser humano forma parte.
Porque en cada acto, cada momento, porque ese día en concreto donde los dos hombres que una vez amé murieron, nace, si voy retrocediendo en la elección de Rosie, la hermana de Sorcha, de casarse con aquel cicatero, que quiso destacar y vendió a su familia por algo que jamás consiguió, porque yo maté a quien tanto le prometió y porque ese acto nacido de la banalidad de un hombre y la locura de otro me llevó a aquel campo de batalla.
Mi destino no era un camino con uno de los hombres a los que amé, desde mi padre hasta ellos, mi destino tal vez autoimpuesto, es cuidar a un anciano hasta que su corazón deje de latir y pasar a otro enfermo, no hospitales, no gente, simplemente el sosiego de este devenir diario de pequeños detalles, nada grande, nada importante.
Una simple enfermera cuidando a un anciano caballero, porque esa es mi única elección.
Siempre busqué una respuesta, la respuesta que jamás llegaría, buscando, esperando deseando, ¿en eso se basa la vida en el proceso y no en el fin? Tocaron la puerta de mi habitación.
- Adelante -dije-
- Señorita Fontaine, siento molestarla, pero…
- No se preocupe Marianne, solamente estaba escribiendo un poco, dígame.
- Sé que es su día libre y no quería molestarla, pero Lord Savage la necesita con premura.
- Ahora mismo voy – guardé el libro en la gaveta de mi escritorio, cerrándola bajo llave-
Fui rápidamente a la habitación del anciano Lord, que se aferraba a la vida de una manera…
Tal vez si fuese otra persona diría admirable, no obstante, esa persona nunca sería yo, él casi no ve, ni se mueve, ni habla, conectado a cada artilugio que su dinero puede pagar, francamente no entiendo por qué simplemente no se dejaba ir, por qué sigue luchando.
De vez en cuando he visto cierta mejoría, que le permitía salir por unas semanas de su encierro, dentro de su habitación, dentro de su cuerpo.
En esos días dábamos, con su silla de ruedas, cortos paseos por los jardines de la propiedad si hacía buen tiempo o bien lo llevaba a una de sus bibliotecas, y dejaba que desde la ventana sintiese los rayos de sol que regaban la habitación sobre su agrietado cuerpo, y veía como la luz se filtraba por sus arrugas, tanto como por las estrías del suelo de madera, perdiéndose en ambas.
Le leía casi a voz en grito una de sus novelas, leía y me preguntaba ¿por qué nos aferrábamos a la vida?
, ¿por qué si hacía mucho tiempo que deje de esperar, hacía mucho tiempo dejé de tener proyecciones?
, ¿por qué si había decidido acabar con la vida de otros, no lo había hecho con la mía?
Antes esas eran preguntas retóricas, porque sabía la respuesta aún en mis momentos más bajos, cuando me sentía tan levemente ligada al mundo, era porque continuaba en mí su recuerdo, la esperanza de recuperarlo, de purificarnos y luego fue sustituido por el de la guerra, cada soldado, cada ser humano que curamos o lo intentamos, que luchaba por su vida, pese a las mutilaciones, al dolor, al futuro incierto.
¿Cómo luego de ver en la guerra la capacidad del ser humano de preservar su propia existencia, podía yo terminar con la mía?
, sentía que a través de mi trabajo ayudaba al mundo o al menos así era antes, luchaba por seguir viva, como tantos otros lucharon en la guerra, en los campos de batalla, en los campos de concentración, pese a haber vivido mil horrores peores que la muerte.
Sí, antes lo sabía, tanto como ahora sé que, en este punto de mi existencia, no.
Me he distanciado del mundo y no ofrezco a nadie nada, excepto a este anciano cabezota, que se niega a morir y yo colaboro para que siga siendo así.
Cuando lo miro y me pregunto ¿por qué se aferra a la vida?
, lo hago porque me veo reflejada en él.
¿Acaso este encierro auto infringido es una forma de dejarme morir, de ser engullida por esta casa, acaso he claudicado?
- No he conseguido despertarlo, casi no lo siento respirar -dijo preocupada-
- Déjeme revisarlo -su presión arterial era de 80/40, con cuarenta latidos por minuto, sus respiraciones casi no llegaban a treinta- Ha llegado la hora -le comuniqué-
- ¿Pero, no hay nada que se pueda hacer? Al menos hasta que llegue su nieto.
- ¿Su nieto?, pensaba que no tenía a nadie. ¿Cuándo llega?
- Esta misma tarde, en apenas dos horas, llamó en la mañana para confirmarlo -me informó-
- ¿Dos horas? Le pondré el respirador y le inyectaré fluidos, adrenalina, no sé si sirva mantenerlo hidratado y con oxígeno, pero intentaré robarle a la afilada guadaña al menos ese tiempo y pueda despedirlo su nieto.
- Espero lo consiga -añadió preocupada la muchacha-
- ¿Tiene más familiares?, me parece que es el momento para llamarlos a todos.
- No que yo sepa, es el único al que he conocido -inmediatamente se sonrojó-
- ¿Le has conocido?, ¿cuándo si llevas el mismo tiempo que yo trabajando para el Lord?
- Lo siento- exclamó, - no debía saberlo
- ¿Saber qué?
- Que su nieto lo visita.
- ¿Por qué motivo no debería saberlo? -pregunté desconcertada-
- Lo desconozco Srta. Fontaine. Esas son mis órdenes, le ruego no diga nada – me pidió con semblante preocupado-
- Te agradecería que seas clara si quieres que guarde tu secreto. Dime Marianne, ¿cuáles son tus órdenes exactamente? -inquirí enfática-
- Por favor, señorita Fontaine, este trabajo es muy importante, de mi salario dependen mis cinco hermanos.
- Tranquilízate muchacha, nada saldrá de estas cuatro paredes si me dices lo que te estoy preguntando. Te lo prometo -suavicé mi tono-
- Mis órdenes son recibir a Sir Savage una vez al mes, los días que usted no se encuentra, es decir en el fin de semana que tiene libre -respondió nerviosa, estaba claro que no estaba acostumbrada a mentir-
- Y este fin de semana me he quedado -reafirmé-
- Así es, por eso intenté ayer que se fuese al pueblo o a visitar a su amiga, tal como suele hacer, pero no la he convencido. No obstante, no ha salido de su habitación y ha pasado el día escribiendo, por lo que creí que Sir Savage no se daría cuenta que estaba usted en la residencia.
- Pero Marianne, podía haber salido en cualquier momento a lo largo del día. ¿Por qué no le dijo simplemente que este fin de semana me encontraba aquí?
- Es mi obligación que no se quede, además son sus únicos días libres en el mes, nunca pensé que querría quedarse, así que no he sabido cómo actuar, en sí no hago mucho al respecto, usted se suele ir.
Sé que debí avisarle al Sir cuando llamó, pero temí me despidiese y callé.
Pensé que bastaría con mantenerla en su habitación esas dos horas, pero mi Lord de repente empeoró y mi plan ha caído en saco roto.
- Pero ¿cuál podrá ser el motivo? si tanto interés tiene en su abuelo, ¿por qué no hablar con su enfermera? Debo suponer que él fue participe de mi contratación.
- Es de suponer, todo el servicio estamos el mismo tiempo y aunque todo se hizo a través de un albacea como usted bien sabe, cabe suponer que Sir Savage seleccionó o tendrá, al menos, constancia de todo el personal contratado, no creo que esté en contra de su contratación.
- Está bien Marianne, ambas estamos perdidas en este asunto. Yo me quedaré en mi habitación. Espero que el resto del personal no la delate. –necesitaba saber quién más sabía de este asunto-
- Soy la única que lo recibe, solamente nos quedamos los cuatro de siempre en el palacete y soy la única que sabe qué principalmente usted no debe saber de su visita, los demás creen que ningún miembro del servicio debe saberlo. Así que lo guardamos en la más estricta confidencialidad.
- ¿No hay nadie más que hubiese trabajado o trabaje para el Lord, que sea más de la confianza de su nieto? ¿Por qué precisamente tú?
- No lo sé, no es algo que me lo hubiese cuestionado hasta el día de hoy.