EN LA COLINA DE TARA EN EL AMOR Y EN LA GUERRA #10
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EN EL AMOR Y EN LA GUERRA #10

Me tomó de las manos y me levantó. Se puso detrás de mí y bajó las mangas de mi bata, tocó mis hombros lenta y suavemente, bajó por mi espalda, sentí como latigazos eléctricos en ella, se detuvo un segundo al sentirlos y prosiguió.

Lentamente fue bajando mi camisón, hasta que cayó al suelo.

Él se puso frente a mí y me instó a abrir los ojos.

- Mírame Luisa.

Yo obedecí sin tapar mi cuerpo, tenía miedo, pero no quería esconderme, si lo hacía tal vez el miedo vencería y no quería que lo hiciera.

- Eres hermosa, una diosa, mi diosa, ¿sientes esto? -Puso mi mano en su pecho-

Sus latidos eran rápidos y potentes.

- Siento que va a explotar, me siento más vivo en esta habitación, que en cualquier otro lugar que haya estado en mi vida, ¿puedo desvestirme?

- Lo haré yo -quería sentir que tenía el control sobre algo, deseaba que temblase como yo-

Sin bajar la mirada, dijo “Sí, mi Coronel” levantando el brazo.

Ambos reímos, eso bajó la tensión cargada en el ambiente y empecé a desabrochar sus botones, tarde más de lo normal, estaba acostumbrada a desvestir a los heridos, pero mis manos temblorosas eran torpes, Gerry no dijo nada, sólo me miraba.

Le quité su camisa y lo acaricié, su fuerte pecho, lo había sentido mientras bailábamos y cuando nos besamos, pero al verlo descubierto me impactó como sus músculos parecían cincelados.

Acaricié su espalda suavemente, fui descendiendo por su columna, él tembló y yo me sentí fuerte.

Bajé sus pantalones, miré su precioso cuerpo de espaldas, su nalgas tan redondas y firmes, él no hizo ningún movimiento.

Una gota de sudor recorrió su espalda y terminó entre sus glúteos, yo la seguí con los dedos y los tensó al sentir mi contacto.

Temerosa de perder mi fuerza, me puse frente a él, levanté la mirada y vi sus anhelantes ojos, más verdes y brillantes que nunca.

Entendí que se estaba conteniendo, eso me hizo temblar, quería huir, quería quedarme. Gerry notó mi titubeo.

- Puedes irte cuando quieras, no te retendré. Pero no dejaré de buscarte -dijo tajante-

- Abrázame, quiero sentirme segura -le pedí, pues sabía que no podría hacerlo sola-

Se acercó a mí y me rodeó con sus brazos, sentí cada parte de su cuerpo, me sentí segura piel contra piel. Hasta que sentí su miembro erguido, tan poderoso, dudaba si quedarme, si podría quedarme.

- Me gusta saber que te sientes segura si te toco -susurró-

Me levantó y me llevó a volandas a la cama, suavemente me recostó y se reclinó encima de mí, apoyándose sobre sus codos, con voz ronca susurró a mi oído mientras me besaba e introducía su lengua en ella.

- Puedes decírmelo ahora y pararé. Siempre puedes decirme que pare.

- Para -exclamé, él se levantó automáticamente y me miró con cara de preocupación-

- No te preocupes cariño, ahora mismo me visto.

- Ven aquí, sólo quería comprobar que podía confiar en ti, si has podido parar ahora, sé que podrás en cualquier momento.

Soltó los pantalones y volvió a mi lado.

- ¿Quieres causarme un infarto? No me importa, en tanto me resucites y me ames.

- Así lo haré, ahora bésame y no pares.

- Sí, Coronel.

Nos besamos intensamente, nuestras lenguas juguetonas recorrían cada parte de la boca del otro, besándonos el cuello, el pecho, el cuerpo. Cuando chupó mi pezón, mi cuerpo entero deseó tenerlo dentro de mí cuanto antes.

- Gerry, te deseo dentro de mí, ahora.

- Lo que el Coronel, mande.

Se metió dentro de mí suavemente, sin quitarme la mirada de encima.

Al sentirlo entrar por completo gemí y mi gemido le impulsó a iniciar las embestidas, al principio suaves, luego más enérgicas, nuestros cuerpos sudorosos y plenos eran arrastrados al unísono por la pasión, ambos gemíamos, yo me sujetaba fuertemente con las piernas a sus glúteos, instándolo a seguir, él tomó mi pecho con su boca y yo reventé, él también al sentirme.

- No te apartes, quédate un momento más.

- No saldría nunca, pero…

- Lo entiendo, quédate, necesito tenerte unido a mí, necesito saber que puedo sin huir.

- Haré todo lo que pueda, mi Coronel.

Nos quedamos abrazados, riendo como idiotas.

- Soy inmensamente feliz Luisa.

- Lucha para no irte al frente, ¿me escuchas?

- Sólo puedo escucharte a ti, haré todo y más para quedarme entre tus brazos, entre tus pechos, entre tus piernas y en tu corazón, en cada idea y pensamiento, como tú lo estás en los míos, ¿me escuchas?

- Fuerte y claro -respondió feliz-

¿Cómo continuo a partir de aquí?, ¿Cómo se hace esto de ser feliz, de compartir tus pensamientos, tus ideas, tus sentimientos con otra persona?

Tengo miedo de lo que puedo llegar a sentir, tengo miedo de perder.

¿Cómo le cuento todos mis temores al hombre que duerme plácidamente a mi lado?

, al que acaricio suavemente el pecho, su rostro refleja tanta paz, deseo quedarme y despertarlo con mis besos, pero me levanto y me voy, debo aprender a quedarme, no temer hacerlo ¿cómo se hace esto de quedarse y ser feliz?

Francis tenía el turno de noche y no me vio entrar, Betty estaba sentada en la esquina esperándome.

- Buenas madrugadas enfermera Fontaine.

- ¿Por qué no duermes, en dos horas debemos de empezar a trabajar?

- Porque mi querida compañera de habitación, ha decido desaparecer y dado su comportamiento últimamente, me he preocupado. He decidido ver si había dejado el cuchillo de 15 cm que tiene en su mesilla, y dado que seguía ahí sólo opté por esperarla levantada.

- ¿Qué quieres que te diga?

- Como querer muchas cosas, pero no creo que lo hagas. Aun así, me preocupo, lo único que espero es que no hayas matado al doctor o al menos si lo has hecho sea de amor y le hayas convencido para quedarse.

- Lo intentará.

- Me alegro, ahora a dormir que en dos horas debemos trabajar.

- Eres todo un as sacando información.

- Lo sé, ahora duerme.

A lo largo de la mañana no vi a Gerry en el Hospital. Me sentí tensa, pero no quise darle más vueltas, así que me dediqué a mi trabajo. Por la tarde, mientras cambiaba los vendajes a un paciente de la herida de metralla que llevaba en el pecho, escuché su voz.

- Sargento Williams, veo que sus heridas van cicatrizando muy bien, en poco tiempo nos abandonará.

- Eso espero, doc. No encuentro en qué posición ponerme, estoy como gato enjaulado.

- En dos días podrá dar caminatas de una hora en el jardín, pero no debe excederse.

- Una hora para mí ahora mismo es como si hablará a un preso de la libertad.

- Le concederé la libertad en cuatro días.

- Me alegrará poder pasear contigo doc., tenemos mucho que contarnos, me han contado que estuvo en Tobruk.

- Yo no estaré, parto mañana al frente.

- Es una lástima …

No pude escuchar más, no podía creer que se fuera, no debí entregarme, no debí darme a alguien y menos ahora.

- Enfermera Fontaine, en cuanto termine quisiera hablar con usted.

- Como quiera doctor.

Lo evité todo el día, lo cual no era difícil, pese a que pude darle un tiempo, busqué colmar todos los minutos.

En cuanto entraba a una sala, yo salía de ella con una excusa, él también estaba ocupado y no fueron muchas las veces que intentó hablar conmigo.

Al terminar mi trabajo fui directamente a mi habitación.

Pasados unos minutos golpearon la puerta, pensando que podría ser él, no la abrí.

- Luisa, soy yo Betty, ábreme -al abrirla vi a Betty y detrás de ella Gerry-

- Uy, se me olvidó acabar un informe, ahora vuelvo.

Maldita Betty traicionera, pensé.

- Pensé que querrías saber si me iba mañana.

No quiero molestarte, pero creí que era mi deber informarte.

Me fue imposible echarme para atrás, la orden ha sido enviada.

He intentado pararlo de mil maneras, he pasado toda la mañana hablando con todos los estamentos militares existentes en el Cairo, hubiese ido a por el mismísimo Gral.

Montgomery, pero al parecer no está en el Cairo y no recibe a ningún médico que no desea ir a salvar a su tropa en el frente.

- Ya he sido informada, cuando se lo dijiste al Sargento Williams, ¿recuerdas?

- ¿Te molestó?

- Para nada, lo único que digo es que no era necesario que me lo repitas, estoy cansada, mañana hablamos.

- ¡Maldita sea Luisa!, te dije que, si salías corriendo, yo te seguiría.

Pensé que sentirías un poco de pesar por mi partida, hace un momento creí que te importaba muy poco, pero ahora me dices que se lo dije primero a Williams, eso quiere decir qué te enfadaste, es acaso eso Luisa.

Si es así discúlpame, estaba muy disgustado frustrado y quería que lo supieses cuanto antes, no pensé.

- No pensaste, tienes razón.

- ¿Por qué te fuiste esta mañana, era tu momento de huida?

- Lo era.

- ¿Y ahora?

- Te vas, decidiste irte, cuando te dije que quedaras.

- Me parece que no fue lo único que me dijiste, no quería herirte.

- Me hieres ahora, el que estaba en su “momento huida” fuiste tú.

- Fue mi momento, “no quiero que Luisa sufra”

- Has conseguido el efecto contrario.

- No quiero ir -dijo triste y dulcemente-

- Quién querría, serías un idiota, un puñetero héroe. Tú eres uno de esos héroes, pero los héroes también sangran, son heridos, mueren.

- ¿No quieres que muera? ¿Es eso acaso, te importo?

- No Gerry, eres el primer hombre después de la violación con el que he hecho el amor, es más eres el primer hombre por el que me he sentido atraída, eres el puñetero primer hombre después de todo.

¿Tú que piensas, que no me importas? Perdí a Killian, ahora tú te vas al frente, por ese motivo no he querido sentir nada por nadie, es más, en lo que se refiere a los hombres, ni siquiera he sentido esa necesidad, porque Killian sin estar presente lo ha sabido suplir, ahora vienes tú y pretendes unirte a él y ser parte de los hombres de mis recuerdos.

Te irás y morirás y yo añoraré estos días, los atesoraré como si hubiesen sido una vida entera, no puede volverme a sentir así, no quiero.

- No me animes tanto.

- Morirás, basta con que te ame, para que estés marcado.

- ¿Me amas?

No entendía por qué dije eso, cómo podía amarlo, apenas lo conocía.

Nos habíamos acostado, pero esa no es razón para amar a alguien, aun así, me había sentido plena, no había pensado en Killian.

Únicamente éramos Gerry y yo y me sentí completa, feliz, ¿eso acaso era amor, tan rápido, o era simplemente la emoción del momento?

, no me había sentido así en tantísimo tiempo y esa sensación me confundía.

- Estoy enamorado de ti, no quería decírtelo para no agobiarte, pero si tú te sientes parecido, es mejor que lo sepas.

- ¿Cómo me puedes amar? -pregunté disgustada, no me gustaba el curso que había tomado esta conversación-

- Como no amarte, eres perfecta.

- ¡Yo!, si he sido destrozada, arrastrada, tarde cuatro años en volver a decir mamá a Marie, no quería sentirme ligada ni a mi propia madre, mi único objetivo ha sido la venganza y he estado cargada de tanto odio, que he sido incapaz de convivir con nadie, mucho menos dar cariño y más lejano aún pensar solamente en la idea de poder dar mi amor.

- Eres una luchadora, fuerte, independiente, tienes el corazón tan grande que al romperse el dolor fue inmenso, pero ese mismo corazón te ha hecho rehacerte.

Tú eres la heroína. Me voy al frente, mas tú te quedaste en un París ocupado, dispuesta a matar a un nazi, yo no pienso matar a nadie, pienso huir del peligro, espero mantenerme vivo, y lo haré porque quiero volver a ti.

- ¿Volver a mí, dices?

- Si Luisa, mi Luisa, eso es lo que voy a hacer, luchar, no en una guerra que poco me importa, luchar por volver a ti, esa será mi lucha y te juro que lucharé valientemente.

- Nada depende de nuestra voluntad, hay tantísimas variables que existe en cada opción, la guerra es la más grande y se ramifica en infinitas, una bala, una explosión, una enfermedad, hambre, todo eso y más escapa a tu voluntad. No prometas nada que eres incapaz de cumplir.

- ¿Me esperarás, quieres que continuemos con esto, que descubramos lo qué es? Yo lo tengo claro, pero quiero que descubramos juntos este sentimiento, que llegue un día que no tenga dudas, mi amor.

- Continuar…, no sé cómo se hace eso.

- Descubrámoslo juntos -dijo, con una mirada llena de ternura, una mirada que pedía, pero prometía dar. Una mirada en la que me estaba perdiendo, más allá de mi voluntad acepté, pese al temor, me entregué-

Es noche hicimos el amor, a la mañana partió a destino incierto, como todo en mi vida.

- Te prometo que volveré a ti.

- Y Yo esperaré -como todo en mi vida, pensé, y lo vi marchar con el corazón encogido-