EN EL AMOR Y EN LA GUERRA #9
- Sé que no es de mi incumbencia, pero no entiendo que pudo pasar en un par de horas, para que la velada cambiase tanto.
El doctor es un hombre maravilloso y toda la noche la pasó tan pendiente de ti, parecía que no existía nadie más en el mundo.
Quiero confesarte algo, Gerald es mi amor platónico, sé que es mayor a mí, pero siempre me pareció un hombre muy atractivo.
El día que salvó a la niña se convirtió casi en un Dios, quiero ser sincera contigo, me dolió verte con él.
No pienses que estoy enfadada, me sentí frustrada, pero siempre lo vi como inalcanzable.
Al verlo contigo, tan guapos, tan felices, me alegré por ti.
Cuando salíamos en Londres, nunca supe que te relacionaras con ningún hombre y no eres tímida como yo, atraes mucho, pero siempre te mostraste cortante ante cualquier acercamiento en ese sentido, suponía que tenías a tu novio combatiendo, luego supe que no era así.
Sé que algo hay dentro de ti y eso te hace ser tan fuerte y valiente como él, pero también te hace alejarte del mundo, tal como a él.
Juntos esa noche encajaban, pensé “Si son iguales, como no lo he visto antes”.
Los vi tan felices y no me importó verlos juntos, eran como dos estrellas resplandecientes, fue triste y maravilloso a la vez para mí.
- ¡Eres increíble!
- Lo sé, tan sólo falta encontrar el que se dé cuenta de eso.
- Lo habrá, pero Betty, todo es complicado cuando se trata del doctor y de mí.
- ¿Cómo no lo va a ser? Sí, sois complicados. Ser complicado no significa que sea malo, únicamente que las cosas cuestan más, pero si al final lo consiguen sé que será maravilloso, esa noche lo vi. Esa noche lo complicado fue fácil y perfecto.
- No creo que eso sea factible.
- ¡Bravo, amiga, he conseguido una duda!, eso me basta.
El lunes siguiente Gerald se acercó a mí, me dijo que volvía al frente en dos días, lo escuché y no dije nada, esa noche no pude dormir y salí a dar una vuelta por el jardín del hospital, escuchaba de fondo el crepitar del agua en la fuente que había en el centro, me quedé sentada mirando el agua pensando en que ya no lo vería más.
No sabía cómo me sentía al respecto, por qué me perturbaba tanto, por qué me quitaba el sueño, si apenas habíamos intercambiado palabras.
Lo que sabía de él, era por su trabajo y su actitud en él, era un hombre fuerte e impetuoso.
Dejando de lado su procedencia, nos había ayudado a escapar, se arriesgó al cambiar el escenario de la muerte de La Bestia, y lo hizo por nosotras, pero ¿por qué?
, no lo entendía, podía comprender por qué me había salvado la vida, era médico, ¿pero lo demás?
Me habló de su madre, ¿qué le pudo pasar a esa mujer?
, ¿qué vivió él cómo hijo?, viéndolo desde su perspectiva, el tener un hombre, así como padre debió ser horrible, no podía irse sin explicármelo, y decirme todo lo que supiera sobre lo que nos pasó.
Fui a su habitación y al primer golpe abrió la puerta.
- Pasa Luisa -parecía nervioso-
- Sólo quiero preguntarle sobre su madre, no tiene la obligación de decírmelo, pero me ayudaría a entender lo que he buscado durante tantos años.
- Sé que no tengo ninguna obligación, pero también sé que mereces saberlo, lo mereces saber tú más que nadie, esto únicamente lo sabe tu madre y Pierre, es algo que lo he guardo para mí y únicamente he querido compartirlo con vosotros.
- Entiendo y te lo agradezco.
- Yo amaba a mi madre, era una buena madre y persona, pero nació dentro de un ambiente corrupto de mente y espíritu, no conoció el amor de una familia y por tanto ella desconocía qué significaba.
Esos miserables, sus progenitores, la vendieron de niña a un pedófilo, Colm.
Su única perversión no era esa, como viviste en tu propia piel, siento recordártelo.
- No te preocupes por hablar de eso, es algo que lo llevo. Pude intentar no pensar en eso y superarlo, pero decidí hacer lo contrario.
- Lo sé, decidiste actuar. Eres así Luisa, fuerte como ninguna mujer que haya conocido jamás.
- Continua Gerald, sé que hablarlo es difícil, no quiero interrumpirte.
- Gracias, lo es. Mi madre, una niña carente de amor, aceptó lo que ese monstruo le dio y se pervirtió con él.
Le hizo creer que eso era el amor, y cuando creció pensándolo, la desechó, a ella y a su vástago.
Mas ella lejos de toda la basura que puede soltar el mundo, encontró un amor puro y sano, el de su hijo, y me amó y eso hizo que se amara a sí misma por primera vez en su vida.
Creció como persona, como la persona que siempre fue, pero no se veía al estar cubierta de carroña.
Me crio conociendo un amor sano, ese amor que nacía de ella.
Al llegar mi graduación, Colm me pidió ver por primera vez en años.
¿Por qué, si nunca se interesó por mi existencia, si él no conocía el amor?
No lo sé, mi madre le temía y ese temor hizo que pese al amor que me tenía o por el mismo amor que tenía, me obligara a ir.
Sé que la tenía amedrentada, en una carta que escribió antes de morir, me dijo que era la única forma de que yo viviera, nunca pudo llegar a decirme el porqué de sus palabras.
Por eso lo estaba investigando, por eso me quedé y te quise proteger, a ti y a tu madre, porque pensé que estaba conectado lo que pasó en Lininstone con lo que mi padre era, porque al encontrarnos con él vi cómo te miraba y pensé que podía dañarte, creí que tu padre y él formaban parte del mismo grupo sectario, así como el Dr. Benson que decían pervirtió a ese muchacho.
- ¡Jamás fue así! -grité-
- Lo sé, pero en un principio no. Todos fueron fichas en su juego, al morir él, no pude investigar nada más.
- ¿Por qué? Podías entrar a su propiedad y registrarla, ¿quién te detendría?
- O’Connor.
- O´connor – repetí- Explícame todo lo que sepas con respecto a ese hombre.
Me contó sobre el ritual que le practicó su padre, sobre un anciano, un tal Lord Anton.
Sobre O´Connor, únicamente sabía que se quedó con todas las propiedades de su padre y que usaba otra identidad, según Pierre.
Le pregunté por Peter Dillon. Él lo había ayudado a escapar, me dijo que ese hombre no sabía más que nosotros, mi llave había desaparecido de repente.
Luego de decirme todo lo que sabía y tenía dentro, le comenté lo que pensaba.
- Tú madre era una mujer muy fuerte, salió adelante por amor a ti, dejó de lado sus demonios para no trasmitírtelos, me hubiese gustado conocerla.
- Y yo que la conocieras, no sabes cuánto.
- Así que O´Connor y el anciano, ¿qué te ha dicho Pierre?
- Nada, no sabe nada. Sólo he hablado una vez con él desde que estoy en África.
- No entiendo por qué no me lo ha contado, me siento traicionada.
- No te sientas así, él está con lo que quiera que haga, ha dejado sola a Marie y su niña está aquí. No querrá decirte nada sobre algo que aún no sabe y más cuando tú estás en el frente, quiere que te centres en esto y pienso que ya tenemos bastante con la guerra.
- Pese a todo, te vas al campo de batalla.
- No quiero perturbarte, ya tienes demasiado con lo que tienes.
- ¿Y Tú no has tenido bastante?, no soy yo la única que ha sufrido, te he culpado cuando ese hombre te hizo el mismo daño que a mí o peor porque era tu padre. Me quitó a mi padre, él, no tú.
- Luisa, desde que … -se quedó callado-
- Continua, te escucho, qué ha pasado.
- Desde que te conocí a través de tu familia, y los momentos en Quassasin -volvió a quedarse callado, pensativo-
- ¿Qué?
- Cuando vomitaste al sacar el yeso a ese soldado, con la herida plagada de gusanos, te negaste a irte, todos salieron en algún momento, pero tú no te rindes nunca, sigues adelante, así con todo.
Te quedaste en París, que era una ratonera, y lograste tu objetivo, hoy mismo me dices que no intentas olvidar lo que te hizo Colm, cuando cualquiera lo intentaría.
- No logré nada en París, maté a una mujer, una mejer horrible pero no era a quien quería matar y es algo con lo que debo vivir.
- Te hubiese matado.
- ¿Te lo han contado todo verdad?
- ¿Te molesta?
- Ya no -respondí y era sincera-
- Luisa en un vestido como su cabello, Luisa cuidando a cada soldado, Luisa en traje militar levantando a hombres heridos que doblan su peso, escapando de la ocupación, Luisa, Luisa en todas partes en cada pensamiento, en cada imagen, en todos mis deseos.
- Gerry, estoy rota, siempre he amado a Killian, él mantiene los trozos.
. Lo sé, me lo han contado todo, sabes -puso su dulce sonrisa-
. Luisa déjame ayudarte, no quiero que lo elimines de tus recuerdos, solo pido que me des espacio a mí para formar otros.
- No sé si eso es posible.
- Luisa acercándose a mí con su cabello negro, uniendo mis trozos.
- ¡No te vayas, no lo hagas! ¿Puedes pararlo? -solté desesperada-
- Lo intentaré, dijo acercándose a mí -sonriendo por mi actitud-
- Siempre existe la posibilidad de que salga corriendo, tal vez hoy no, pero en cualquier momento.
- Yo correré detrás de ti.
Nos sentamos en su cama, él me empujó suavemente y yo me dejé caer.
Me acarició con su pulgar la clavícula, ascendió por mi cuello, se detuvo en mi carótida para sentir los latidos de mi impetuoso corazón, al notarlo sonrió complacido.
Yo cerré los ojos, sintiendo cada movimiento de sus dedos sobre mi rostro, lo dibujó completo, noté que temblaba, yo también lo hacía.
Gotas de sudor descendían por mi cuello por el calor de la habitación, mi piel estaba tan sensibilizada por su contacto que las sentí claramente.
- Quiero recorrerte entera, puedo hacerlo -más que una pregunta, fue una solicitud-
Afirmé con la cabeza sin abrir los ojos.