EN LA COLINA DE TARA EN EL AMOR Y EN LA GUERRA #8
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EN EL AMOR Y EN LA GUERRA #8

Yo estoy bien, tranquila, cosiendo para la tropa, como siempre, tengo algunas vecinas que me piden les confeccione vestidos, así que vuelvo a ser la modista local, como tan orgullosamente pregonaba nuestra querida Cathy.

Tus tíos se encuentran muy bien en Arkansas, preocupados por nosotras, han pensado en volver, pero Pierre les convenció de lo contrario, ¡Qué maravillosa sensación es sentirte querida por la familia!

, te transmito la información para que tú también seas participe de este sentimiento, por lo que te incluyo su última carta y algo de dinero para un pequeño capricho.

Mi vida, ayer habló conmigo Pierre y me dijo algo sobre lo que no quiero seguir callando.

Siéntate si estás parada, y di en alto “prometo no enfadarme contigo mamá, sé que lo que haces siempre es pensar en mi bien”

- ¿Qué has hecho mamá?

Me ha dicho que sabe qué estás con Gerald, y que él te llevará al Cairo, para que te encuentres más cómoda, sé que ha sido muy difícil la vida en el campamento y le agradezco tanto a ese muchacho. En el tiempo que estuviste en París, él se ha preocupado por nosotras…

Dejé la carta en mi mesilla de noche y saqué lo único que tenía dentro del cajón.

Salí de la habitación dando un portazo. Me dirigí al sector donde estaba la habitación del maldito bastardo y golpeé la puerta con fuerza, hasta que me abrió.

Dentro la habitación estaba oscura, él llevaba cara adormilada y voz pastosa.

- Iba a verte, llevo despierto toda la noche esperando que fuese una hora prudente, pero me he quedado dormido. ¿Cómo has amanecido preciosa?

Entré y fui directamente a abrir las cortinas, para que la luz le molestase.

- ¿Desde cuándo llevas planeado seducirme?, déjame decirte que…

- ¿De qué estás hablando? – preguntó, sujetándose la sien -

- Mira capullo, sé que quieres seguir los pasos del perro de tu padre. Al parecer tú eres más mórbido que él, has logrado convencerme de que eras distinto, y yo no soy una persona fácil de convencer. ¡Quiero que me digas a quién mataste!

- ¿Cómo qué a quien maté? -su voz posó de dulzona y pastosa a un tono de enfado- ¿Por qué dices que he seguido los pasos de Colm?, ¿Quién te ha hecho creer eso?

- Da igual quién me lo dijo, lo importante es que te he descubierto, quiero felicitarte, eres muy bueno en el arte del engaño, has superado a tu maestro. Ahora dime ¿a quién mataste?, ¿a cuál de mis hermanas o acaso a todas?

- ¿Yo?, no entiendo nada, vamos a calmarnos – dijo acercándose a mí-

- Ni se te ocurra tocarme, puto pervertido -dije sacando la navaja de detrás de la falda, y poniéndosela en la yugular- Cómo te atrevas a tocarme, te la cerceno.

- Si así debo morir, lo haré Luisa, pero no sin decirte la verdad.

- Eso es lo que te llevo preguntando, deja de usar tu puta máscara, ya no es necesaria.

- No uso ninguna máscara, no tengo nada que ver con Colm.

- Respuesta incorrecta y empecé a hundirle el afilado cachillo.

- ¡Maldita sea Luisa!, ¿vas a matarme antes de que termine? Para, no me crie con ese hombre, eso lo sabes.

- Entonces ¿por qué me has seguido?

- ¡He huido de ti!, me he ido al maldito frente para no causarte daño con mi presencia.

- ¿Me crees estúpida?, si eso fuese así, ¿por qué me has traído a El Cairo contigo, por qué me buscaste anoche?

- ¡Por qué no puedo alejarme de ti, no puedo, no quiero!

- ¿A quién dime?

- A mí mismo, me maté a mí mismo, para que no sufrieras, no quiero que sufras.

Como te dije anoche lo único que quiero es darte felicidad, antes pensaba que, si no me veías, bastaría.

Pero me engañaba, probablemente sea egoísta al quererte para mí, al desear ser yo quien te haga feliz.

He actuado a sabiendas del odio que me tienes y lo he hecho a pesar de ello, porque me importas, y lo haces como nadie.

- ¡Yo que mierda te puedo importar, no me conoces!

- Te conozco Luisa, y sí que pude irme a Alejandría y dejarte con Richarson, esa era mi idea inicial.

Pero al final cambié de opinión, como ayer no pensaba ir y al final lo hice.

Te vi en el comedor desde la puerta y tuve que salir, porque me deslumbraste y decidí marcharme, sabía que si me acercaba a ti no te dejaría y en el fondo sabía que no debía hacerlo, pero escuché la música y fui directo, sin pensar en nada, únicamente en lo que quería hacer.

He hecho lo que he querido, eso no te lo niego, pude haber hecho lo correcto, pero mi voluntad es minúscula cuando se trata de ti.

- No te creo, ¿por qué te iba a importar yo nada?, podía suponer que te pudieses sentir avergonzado o culpable, si no eras como La Bestia, pero que me sigas no tiene sentido.

- No tiene sentido nada, debí alejarme, claro que me sentía avergonzado, repugnado, asqueado de lo que te hizo, lo he odiado toda la vida, lo que te pasó pudo pasarle a mi madre y en parte fue así.

- Si tanto asco le tenías, ¿por qué le visitabas, por qué le tratabas con cortesía, por qué dejaste que se me acercara esa tarde al salir del restaurante?

- Porque no sabía en ese momento hasta qué punto llegaba su perversión, no te lo niego lo estaba investigando y no quería levantar sospechas, por eso lo trataba con respeto y le llamaba “padre”, pese a que ese maldito no fue un padre nunca.

Iba a quedarme por un tiempo, pero decidí quedarme indefinidamente para protegerte.

Acepto que noté como te miró y que conocía sus gustos, pensé además que era posible que te buscara.

Pero fui un estúpido al creer que estaba a tiempo de descubrirlo, sí Luisa, en parte fue mi culpa lo que te pasó.

- ¡Te odio!

- Tienes derecho a odiarme, yo me he odiado por creer que tenía tiempo, por no pensar que corrías tanto riesgo.

- Si lo investigabas, como dices, si realmente no sabías de lo que era capaz, puedo llegar a entender que no actuaras precipitadamente para no descubrirte. Aun así, ¿por qué ahora estás aquí?

- Porque me deslumbraste, porque soy débil cuando se trata de ti, porque, aunque soy débil siento que soy el hombre más fuerte del mundo cuando te tomo entre mis brazos y que podría con todo.

Porque Tobruk me ha dejado huella y no quiero morir sin sentirme totalmente vivo, porque desde que tu familia te fue dibujando, empecé a sentir que me faltaba algo y dejé de lado todo lo demás, y ayer claudiqué.

- Tu padre me destrozó de todas las maneras que se puede destrozar a un ser humano, ¡tu padre! -grité-

- Lo sé, lo odio, lo mataría si no lo hubieses hecho tú. Lo he odiado toda mi vida, por mi madre, por ti. Te juro Luisa que nunca he querido hacerte daño, debes creerme -dijo con voz quebrada-

Solté el cuchillo y toqué su herida sangrante.

- Estoy bien, no te preocupes -dijo tomando mi mano y besándola-

- ¡No me importas, quiero que desaparezcas! -repliqué enfadada-

- Desapareceré, si eso quieres de verdad.

- ¡Eso he dicho!

- ¡Desapareceré entonces!

- ¡Quiero que te largues hoy mismo!

- ¡Lo haré, no me verás!

- ¡No te veré!

Grité y caí rendida a sus pies sintiendo que no podía más, lloré con tantísima fuerza. Él me abrazó, y tratando de consolarme dijo:

- Todo estará bien, eres fuerte, mi luchadora. No dejaré que te pase nada, velaré por ti, te lo juro, aunque no me veas haré que estés a salvo.

- Tú me curaste cuando estaba rota, no quiero que desaparezcas -acepté-

Me levanté y salí de su habitación sin saber a qué momento me refería o si me refería a los dos. No entendía lo que estaba haciendo, sólo sentí que me rompería si él también desaparecía de mi vida. Odié a Killian por pensar que desapareciendo me ayudaría.

- ¿Qué pasó cariño, estás bien? ¿Ha pasado algo a alguien de tu familia? -preguntó Betty en cuanto entré a la habitación-

- No Betty, todo está bien.

- Nos has preocupado, me estaba vistiendo para salir en tu búsqueda, Francis ya ha ido a buscarte. ¿Pero, se puede saber qué ha pasado?

- Nada -murmuré-

- ¡Cómo que nada, has llorado y has salido con ese matorral que llevas en la cabeza!

, debe ser muy torpe Francis si no te encontró, porque seguro dejaste un rastro de gotas, toma una toalla.

Fuera de bromas, cariño debes hablar con alguien de lo que te está pasando, me gustaría que confiaras en mí, necesitas una amiga.

Yo te considero mi mejor amiga, por favor déjame ayudarte -dijo suplicante-

. No puedo, pero quiero un día poder hacerlo.

- Cuando puedas estaré ahí, no lo olvides -me quedé apoyada en su hombro, ella acarició mi cabello, hasta que entró Francis-

- ¿Qué pasó?

- Nada -dijo Betty-

- ¿Cómo que nada, estáis locas acaso? Te he buscado por todo el hospital, recuérdame que no te deje beber nunca más Luisa, eres la enfermera más prudente que conozco, pero el licor desata a la bestia.

No lo vi en todo el día, no sabía cómo reaccionaría, no estaba segura porque le dije que se quedara y no estaba segura si mañana le pediría que se fuera.

Terminé de leer la carta de mi madre, en ella me contaba como por casualidad estuvo hospitalizada en el hospital en el que trabajamos, cómo él le ayudó cuando estaba sola e hizo entender lo que Pierre sentía por ella.

No podía creer lo que me contaba, ni entender ¿por qué me sugirió trabajar ahí? , ¿por qué quiso exponerme a él?

Al día siguiente empezamos el trabajo en planta, el trabajo era arduo, pero no como lo que había vivido hacía tan poco tiempo. Apenas intercambiamos unas cuantas frases inherentes al trabajo. Así pasamos una semana de evasiones y medias palabras.

Una tarde mientras organizábamos los medicamentos con Betty rompió el silencio que habíamos creado en torno a Gerald.