EN LA COLINA DE TARA EN EL AMOR Y EN LA GUERRA #6
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EN EL AMOR Y EN LA GUERRA #6

- Bueno, siempre he sido bastante tímida, pero como dice Martha, hoy estamos, pero mañana no sabemos.

Sería baladí si no me sirve para darme cuenta de esa cruel realidad, con todo lo que hemos visto estos últimos meses y más en estas últimas semanas.

Me he prometido a mí misma crecer, tener confianza en mí, luchar no sólo porque vivan estos valientes, sino por vivir yo también.

Mañana quizás no esté y no quiero perder ni un minuto de mi vida con sandeces tales como el miedo a vivir.

- ¡Bravo, Betty, estoy muy orgullosa de ti!, te lo quería decir en el campamento, pero terminábamos tan terriblemente agotadas, que siempre lo dejaba para el día siguiente y esas son el tipo de cosas que no debo postergar.

- Tú también debes vivir Luisa, aparentemente no tienes miedo a nada, eres mi heroína particular ¿sabes?

Pero pasas de largo la vida, no sé si me explico, es como si vivieses esperando algo que no está, como si todo fuese a futuro y no en tiempo presente, y por eso pasas de largo todos los detalles de lo que para ti carece de importancia para ese futuro incierto.

Lo he pensado mucho, Luisa, eres maravillosa, eres la persona más fuerte, apasionada, trabajadora y desinteresada que conozco, además de increíblemente guapa y no vives aprovechando esas cualidades, lo das todo y no te quedas nada.

Me preguntó ¿Qué espera Luisa, se quedará algo para sí cuando eso que tanto espera llegue?

- Desde el primer día que te conocí, me recordaste a una persona muy querida para mí.

Alguien que fue mi amiga por mucho tiempo, pero que yo no supe ver en toda su amplitud.

Cuando te vi, sentí que la veía a ella, y confié en ti, tal vez no lo notases, pero me he abierto a ti como sólo lo he hecho con poquísimas personas en estos años.

Para mí fue un paso muy importante, porque en tu caso, sólo me guie por mi intuición y era la primera vez que lo hacía y te puedo decir Betty que no me arrepiento en absoluto.

- Espero un día tener el gran honor de saber qué es lo que esperas mi queridísima amiga.

Nos dieron una semana de permiso para reponernos del grandísimo trabajo al que fuimos sometidos.

El viernes teníamos una cena en nuestro honor, organizada por la Embajada Británica.

Las chicas y yo fuimos a comprarnos unos vestidos, y antes de ir a la tienda conseguimos unos pigmentos en un mercado callejero, resultó ser infinitamente mejor a los tintes que se vendían en Europa, tal como nos dijo el vendedor, conseguí obtener mi antiguo tono rojo, tal vez menos naranja y más borgoña.

Betty hizo que me comprara un vestido similar al tono de los pigmentos, pudimos comprarlo con el pequeño presupuesto que teníamos.

Francis se compró un vestido color perla y Betty uno celeste como sus ojos.

- ¡Dios bendito Luisa promete que nunca volverás a teñirte el cabello!, el rojo es tu color, resalta tus ojos y tu piel, me encanta.

- Mi cabello es más naranja, pero me gusta este tono.

- Da igual siempre pelirroja, el vestido te queda impresionante. Creo que lo tenemos crudo Francis. -dijo en tono jocoso-

- ¡Qué tonta eres Betty!, sois guapísimas, te quejas de mí, pero eres igual, aceptemos que somos de buen ver y asunto zanjado. -comenté riendo-

- Bueno muchachas, después de gastar el dinero que tenía ahorrado para comida y cigarrillos, si no me saca un guapo soldado a bailar, intentaré compensarlo comiendo todo lo que pueda. -dictaminó Francis y nosotras secundamos la moción-

Colgamos los vestidos para no arrugarlos. A lo largo de la semana nos dedicamos a conocer la ciudad, intentando vivir con la mayor normalidad nuestra primera semana de calma desde hacía mucho tiempo.

Visitamos las mezquitas, las pirámides, el Valle de los Reyes, el museo del Cairo.

Debido a la guerra muchos estaban cerrados, pero los logramos visitar parcialmente con permisos especiales del ejército.

Sentíamos el respeto que daban al cuerpo médico por la labor con las Ratas de Tobruk, tal era el respeto que sentían por esos hombres que tanto resistieron, pese a que al final el puerto, que tanto protegieron, fuese tomado por los Afrika Corps.

El viernes nos preparamos para la recepción, estar en aquella fiesta era como si nos encontráramos en tiempos de paz.

Las terrazas, con gente bebiendo y conversando alegremente, dentro degustando deliciosos manjares, los manteles de un blanco impoluto, los suelos de mármol perfectamente pulidos, la elegante decoración, las luces, el ánimo festivo, los sirvientes egipcios con pulcros uniformes, perfectamente planchados, sus chalecos y fez rojos, siempre pendientes de que no tengamos las manos vacías, hacían que nos sintiéramos más que nunca en una irrealidad chocante.

Mas era irreal para todos, todos aparentábamos vivir en ese mundo, los soldados pese a su pulcro aspecto llevaban en el rostro y en la piel las horas a la intemperie, la lucha, el sol, la guerra.

Todos habíamos vivido lo mismo y conocíamos las miserias de Egipto, pero por esa noche dejábamos de ser los combatientes de otros, para convertirnos en la idea de lo que debíamos ser si no hubiese guerra, yo tal vez solamente llevaba más años aparentando.

Después de la comida y el brindis agradeciendo el operativo llevado a cabo para salvar la vida a las Ratas de Tobruck, cenamos.

Una vez terminó la cena, sentimos que habíamos compensado el gasto en la compra de nuestros vestidos.

Una orquesta entró al salón entre los aplausos de los asistentes y empezó el baile.

- ¿Estará bien el Dr. Gerald?, no lo hemos visto en toda la semana y es extraño que no haya asistido hoy. ¿Acaso estará enfermo? -preguntó Betty-

- Me parece que se encuentra perfectamente, diría más que perfecto. El doctor me acaba de quitar el aliento, miren, acaba de entrar y me parece que viene directo a nuestra mesa. -nos comunicó Francis-

Todas miramos hacia la entrada, vestido con un elegante frac, venía sin contestar el saludo a ninguno de con quienes se cruzaba Gerald Kavanagh, esa actitud era impropia de él y me preocupó, tal como nos dijo Francis venía directo hacia nuestra mesa.

- Luisa necesito que me ayude urgentemente en algo.

- Por supuesto doctor -respondí alarmada-

Él me sujetó de la mano y me llevó entre las parejas de baile, en el centro de la pista me tomó por la cintura, me acercó a él sin decir nada y empezó a bailar al compás de la versión que hacían de “I been seeing you” de Billie Holliday.

- Dr. Kavanagh, pensé que había una emergencia en el hospital -murmuré molesta-

- Simplemente es que no iba a venir porque no quiero hablar con nadie. Así que he pensado que la mejor opción es bailar con una hermosa mujer. -me susurro al oído-

- Es mejor que me vaya con las chicas -exclamé-

- Me parece que ya están bailando.

Se giró sin soltarme para que tuviese visión de las chicas que se encontraban bailando con unos soldados. Ellas me devolvieron la mirada de sorpresa por la situación, él se giró nuevamente y volví a estar de espaldas a ellas.

- Es mejor que me vaya a sentar, no estoy acostumbrada a llevar este tipo de zapatos y creo que estoy haciendo el ridículo.

- Te mueves de maravilla, y créeme, al verte cada hombre de este salón, lo que menos piensa es que puedas estar haciendo el ridículo.

- Por su aliento, me parece que ha bebido, es mejor que…

- Por favor, Luisa, por un momento aparenta que somos un hombre y una mujer que acaban de conocerse, sin ninguna pesada carga, sin dolor, sin miedo.

Un hombre y una mujer que están disfrutando de una maravillosa noche, en un maravilloso lugar.

Sientes la brisa, el aire puro, la risa de la gente, el sonido de las copas, deja que seamos un hombre y una mujer por una noche, ambos lo necesitamos.

Se acercó aún más a mí y continuamos bailando sin decir nada.

Las trompetas empezaron a tocar al son de la melodía de “Leave me or Love me”, y él diestramente me llevaba, yo me sentía levemente mareada.

Me dejé llevar por la sensación del momento y deseé ser normal por un día, dejé que él tomara el control.

Deseaba descansar por un momento de mis pensamientos, de mis recuerdos, de mi dolor que de una manera ambos compartíamos, acepté por una noche ser sólo una mujer.

Él se inclinó, acercando su rostro a mi mejilla y tarareo al oído:

- “Tell me now, I´ve got to know. Whether you want me to stay or to go. Love me or leave o let me be lonely…”

El cálido roce de su respiración en mi oído, causó un efecto en mí que no esperaba, pese a estar asustada por esa extraña sensación, dejé que continuara llevándome al compás de sus movimientos, agradecí que dejase de cantar y únicamente nos moviésemos al unísono en silencio.

El ritmo cambió y la orquesta tocó un swing, tardó en soltarme y cuando lo hizo me tomó de las manos en todo momento.

Bailamos varios blues y swings, nos mirábamos y reíamos, nos dejamos envolver por el ambiente festivo.

Él me tomaba por la cintura o de las manos, giraba y giraba.

Me sorprendía sentir la fuerza de su cuerpo y la energía que desprendía en cada movimiento, tensaba cada musculo con su sólido abrazo.

Se lo veía realmente feliz, me sorprendió verlo así, pero me sorprendió aún más que yo me sintiera feliz también.

De vez en cuando veía a las muchachas, siempre bailando con un soldado distinto, empecé a creer que estaba monopolizando al doctor y se lo dije.

- Creo que estoy acaparándolo, es mejor….

- Es mejor que bebamos algo, estoy un poco cansado y sobre todo sediento, ¿qué desea la hermosa dama?

- Un martini.

- Toma mi brazo, vamos a la barra a pedir nuestras bebidas.

- Dos martinis, uno bien seco, por favor -pidió al camarero-

En cuanto nos lo sirvieron, brindó.