EN EL AMOR Y EN LA GUERRA #5
- Yo seguí sus pasos, pero nunca le alcancé.
Lo más heroico que he hecho, es aguantar en esas cuevas, ver como se acercaban los tanques sabiendo que las siguientes horas sería el apocalipsis, semana tras semana, mes tras mes.
Cuando paraban nos quedábamos metidos en las cuevas, leíamos, jugábamos a las cartas, fumábamos, recordábamos nuestras anécdotas, comíamos la misma carne enlatada y bebíamos un agua tan salina que continuamente teníamos sed, todo en ese calor asfixiante atestado de moscas, luego soportábamos las frías noches comidos por las pulgas, así durante meses.
¿Sabe lo que hizo que no me volviera loco?
- ¿El qué?
- Él, mi hermano, mi amigo, mi teniente. Su fuerza me daba fuerza, todos los días me despertaba y pensaba. “En tanto él aguante, yo aguantaré, siempre que él lo soporte, yo lo soportaré, siempre y cuando esté a mi lado”.
Nunca he sido persistente en nada, Samuel era quien me alentaba a continuar, a sentirme alguien que valía la pena.
Si él creía en mí, un hombre tan fuerte, al que todos admiraban, significaba que yo valía la pena también.
Somos las Ratas, somos indestructibles y aguantamos hasta el último día.
Es irónico que fuese ese día y no otro. Tantas veces que podíamos haber muerto, decenas en un mismo día.
¿Por qué el último día, por qué se cruzó entre la bayoneta y mi cuerpo, por qué murió para salvarme?
- Porque él tampoco podía seguir sin usted, soldado -dije llanamente-
Al despedirnos, vi a Kavanagh mirándonos desde la entrada del hospital de campaña. No sabía desde cuando estaba parado escuchándonos.
- Buenas Noches doctor -dije y entré a seguir con mi trabajo-
- Buenas Noches Luisa.
Antes de dormir, Betty me habló sobre él.
- El doctor Kavanagh estuvo en la batalla, es un hombre muy valiente.
Los soldados le tienen mucho aprecio. Muchos se han salvado gracias a él.
No creí que un cirujano fuese al mismo campo de batalla, cuando todos están en los hospitales, al menos la mayoría, que es donde son más útiles.
Pero al parecer había poco personal y se presentó voluntario ¡Agradezco a Dios que siga vivo!
- Lo estimas mucho -afirmé-
- Si -dijo sonrojándose, como solía hacerlo yo- Sigo sin poder creer que te tiñeras ese cabello tan bonito. -añadió mientras tocaba mis pelirrojas raíces-
- Ya te lo he dicho, quería un cambio.
- Has tenido una mala idea, justo ahora que no tenemos de nada. He pensado que, en unos meses, puedo hacerte un corte y quitamos ese horrible color.
- Me vendrá bien, hace mucho calor, pero creo que mi pelo bicolor carece de importancia -dije haciendo referencia a todo lo vivido en esos días-
- Tienes razón, aun así, te lo cortaré. Vamos a dormir, estoy agotada.
- Hasta mañana Betty.
- Descansa Luisa.
En cuanto cerré los ojos me quedé dormida. Pasadas dos semanas, empezamos a repatriar en los barcos hospitalarios a aquellos que ya no podrían luchar o su recuperación llevaría tiempo.
Varias habían sido las veces que hablé con Kavanagh, pero todo referente a nuestro trabajo en el hospital, y continuó sin hacer ningún comentario referente a Irlanda.
La noche que habían sido evacuados los últimos pacientes, lo encontré echando una cabezada encima de los informes médicos, sabía que llevaba al menos cuarenta horas sin dormir.
- Vaya a descansar doctor, yo puedo quedarme con los pacientes, si lo necesito lo mandaré llamar.
- Si me levanto y doy una caminata me despejaré -dijo levantándose de la silla como un resorte-
- De nada sirve aquí si se enferma. Descanse y recargue energía, aproveche ahora que podemos.
- Tienes razón, dormiré un par de horas y vendré a ayudarte.
- No doctor, dormirá hasta que lo necesite.
- Sí Coronel -dijo sonriendo y haciendo el saludo militar-
Yo reí, hacía muchísimo tiempo que no lo hacía.
- Tienes una hermosa sonrisa, nunca la había visto -dijo mirándome con una intensidad que me sobrecogió-
- Voy a ver a los pacientes, permiso.
- Luisa.
- ¿Qué necesita doctor?
- ¿Sabes lo que estaba soñando?, en una anécdota que me contó el soldado Stevens.
Estaban atrincherados en esos túneles donde por tanto tiempo vivieron, esperando en esos largos periodos entre bombardeo y bombardeo, y donde puedes volverte loco en la espera, un compañero infló un globo que por el calor ascendió hacia el cielo, los alemanes dispararon haciéndolo explotar en el aire, seguramente en un principio no sabrían si se trataba de algún tipo de arma.
Volvió a inflar otro y repitió la acción, siendo nuevamente interceptado por una bala, así durante diez globos más, se convirtió en un juego entre ambos bandos aquel tiro al blanco.
Al terminarse los globos, lanzaron una bengala, los alemanes respondieron lanzando otra, en ese momento ambos contrincantes humanizaron al otro.
Rieron, me dijo. No obstante, una vez se hubo extinguido la última bengala, empezó el enfrentamiento, la tregua había terminado.
Siento que hace un momento encendimos nuestra bengala y me alegro, aunque su llama se halla extinguido.
- Descanse doctor.
- Si, Luisa.
Lo que más me molestaba de ese hombre, era que no veía un ápice de la maldad de su padre en él.
No entendía cómo podía ser así, desconfiaba, ¿por qué cómo proviniendo de aquel ser inmundo, que no sólo destrozo mi alma, sino también mi cuerpo, podría salir un hijo puro?
Me costaba mirar sus ojos, no porque se parecieran, sino porque pese a la similitud anatómica no se parecían en absoluto y eso me daba miedo.
De una forma casi instintiva le temía, pero no lo odiaba y eso hacía que mi temor fuera mayor.
Se decidió trasladar a los heridos que lo requirieran del campamento a los hospitales de Alejandría y El Cairo.
El Dr.Kavanagh, encargado del traslado, formó un equipo en el cual me incluyó, además de Betty y cinco enfermeras, tres paramédicos y camilleros.
Prefería quedarme en el campamento donde había sido ubicada, hablé con el Coronel Acton, encargado de la Zona Británica del campamento.
- Me alegra que quiera quedarse enfermera Fontaine, pero la opinión del doctor Kavanagh tiene superioridad a la mía en lo que se refiere a decisiones médicas.
No pienso saltarme ningún estamento en ningún caso.
Aun así, le agradezco su interés por seguir sirviendo aquí, y no se preocupe, es provisional y esos hombres la necesitan.
- Entiendo Coronel, espero volver pronto.
- Espero verla aquí en unos meses.
Así que lo intenté con quien no quería. No quería verme débil ante él. No quería bajar la guardia y sabía que al pedirle quedarme lo hacía.
- ¿Dr. Kavanagh puedo hablar con usted un momento?
- Por supuesto, ¿qué necesitas Luisa?
- Es sobre el traslado. Pienso que soy más necesaria aquí. Entre enfermeras y paramédicos, además el Dr. Richarson creo que tiene personal más que suficiente para los traslados.
- Yo no lo creo así, además necesito una enfermera que pueda realizar pequeñas intervenciones en caso de ser necesario.
Si bien Collins puede hacerlo también, para el volumen que llevamos no sería suficiente.
Davis, como las demás, han mejorado exponencialmente desde la última vez que las vi en Londres, pero no están preparadas para tal circunstancia, sin ser dirigidas por Collins o por ti.
Lo tengo todo reflexionado, no llevo a nadie de más porque sí. Así que no acepto tu sugerencia.
- Siento haberlo molestado, lo dejo trabajar.
- Muy bien, prepara tus cosas, si no lo has hecho ya. Partimos pasado mañana y tenemos poco tiempo para preparar el viaje.
- Así lo haré, permiso.
A los dos días, salimos de madrugada camino a El Cairo.
- No puedo creer que quisieras quedarte Luisa. Agua corriente, camas de verdad, comida de verdad y no esa enlatada, una ciudad… Nunca pensé desear tanto esas cosas que me parecían básicas. Si pensábamos que vivíamos limitaciones en Londres, es porque no teníamos idea de nada.
- Bueno, ya no tiene sentido hablar de eso, estoy aquí ahora.
- Y yo que me alegro.
Llegamos al 15 Hospital General Británico, la mitad del convoy partió a Alejandría junto al doctor Richardson, tres enfermeras nos quedamos con el Dr. Kavanagh en el Cairo.
La atención en un edificio con paredes y ventanas, sin cúmulos de arena constante y el beneficio de ventiladores que nos mantenían frescas y evitaba el olor a putrefacción constante que había en el desierto, fue más grato para nosotras que cualquier posible lujo pasado o futuro.
Tal como dijo Betty, el tomar una ducha con agua corriente, se convirtió en el mejor regalo que había recibido en años, no era consciente de la cantidad de arena que llevaba encima hasta que vi cómo se iba por el desagüe.
- Luisa, creo que peso al menos diez libras menos, no me hubiese preocupado tanto por quemarme, si hubiese sabido que llevaba esta capa protectora.
-dijo llena de felicidad Betty- Dios Bendito Luisa, creo que sin tu capa protectora es más notorio tu cabello bicolor.
Ahora que estamos en la civilización tal vez podamos conseguir un tinte y no sea necesario cortarlo.
- Me da lo mismo, cuando volvamos al campamento estaré más fresquita si lo llevo corto.
- Eres la chica menos coqueta que he conocido en mi vida, aún menos que yo y eso ya es decir.
No creo que eres consciente de lo guapa que eres, pese a tu cabello en dos tonos, tu corte desfavorecedor y tu desinterés por tu aspecto, llevabas a todos locos en el campamento y lo peor de todo es que no te das ni cuenta. ¡Eres increíble!
- Es la primera vez que te escucho hablar con tanto carácter, me gusta eso señorita Davis, creo que la guerra le ha dado confianza.