EN LA COLINA DE TARA GERRY #4
68%

GERRY #4

Contrató seguridad y aunque intenté localizarlo jamás di con él.

Entregué el dinero que heredé de mamá a Peter Dillon para que desapareciera del mapa, ese dinero me quemaba.

De Colm, por suerte, no heredé nada. Todos sus bienes fueron cedidos al tal O' Connor.

Él ejercía o ejerció poder sobre Colm, eso me hacía preguntarme, ¿quién realmente era la cabeza de toda esa perversión?

Lo busqué en Londres durante años, intenté localizarlo hasta que la guerra estalló dejando de lado todo lo demás.

- Buenas noches, Marie, me da mucho gusto volver a verla.

- ¿Doctor es usted?

- Sí. Siento que sea mi cara la que deba ver.

- Se equivoca, siempre quise agradecerle lo que hizo por mi hija. Le salvó la vida.

- Pero, nunca debió pasar.

- No es su culpa. Como dijo usted no es su padre. Eso me lo demostró ese día y en todos estos años donde no hemos corrido peligro, bueno más allá que el de la propia guerra.

- ¿Eso quiere decir que Luisa está bien?

- Al menos eso espero.

- Sé que no tengo derecho a preguntar, aunque me gustaría saber lo que pasa y si está en mis manos ayudarla, así lo haré.

- Luisa está en París.

- ¿No pudo salir?

- No quiso. No sé por qué, estoy destrozada, lo único que deseo es que mi hija salga de ahí.

- ¿Pero, corre algún peligro? Debe calmarse, si no corre riesgo, es mejor que este allí que en Londres.

- Algo raro está pasando, ella iba a escapar y al final no lo hizo.

- No sé cómo puedo ayudarla. Dígame, ¿Luisa está sola?

- Pierre dijo que se quedaría con mi madre.

- ¿Están pasando apuros económicos?

- Mi madre tiene mucho dinero, no pienso que le afecte la ocupación y Luisa es enfermera titulada, se puede valer por sí misma.

- ¿Es enfermera?, me alegra mucho. Si sale de París aquí podría trabajar. Si no puede y está con su madre, le repito posiblemente esté mejor que aquí.

- Gerald, las cosas son más complicadas.

- De momento, debe mejorarse. Si usted se deja llevar por la melancolía poco podrá hacer por su hija. La veo muy débil, ponga de su parte, usted es una mujer fuerte.

- No soy capaz, todo lo que me sustenta es mi hija. Sin ella no puedo…

- Por ella Marie y un poquito por usted, no está sola, -miré las flores- hay gente que la estima, déjese ayudar.

- Pierre, él la dejó quedarse. No lo puedo ni ver y no me deja en paz, lo único que deseo de él es que la traiga de vuelta. Sólo dice que le demos tiempo, ¡tiempo para qué, ya está tres meses!

- Por el momento me encargaré de que usted mejore. Si puedo hacer algo para ayudar a Luisa más adelante, téngalo por seguro que así lo haré.

- No fue su culpa Gerald, de verdad se lo digo.

- Debo irme. Se ha hecho tarde y me necesitan -no podía evitar sentirme culpable-

- Gracias por hablar conmigo.

- Gracias a usted, sé lo difícil que le puede resultar….

- No lo es, ya se lo he dicho. Vaya a trabajar -dijo tajantemente-

Luisa enfermera titulada, me sentía orgulloso por la muchacha, supo salir adelante, no todo el mundo es capaz de hacerlo. Lo que ha sufrido no tiene perdón de Dios. Por qué dejó a su madre y decidió quedarse no lo entendía, realmente no sabía mucho de ella.

Al día siguiente Pierre me buscó

- Me quedé muy sorprendido cuando Marie me contó que lo había visto. Le iba a preguntar por cómo se encuentra, pero por la locura en la que vivimos en Londres y además usted en el hospital, no me queda más que preguntarle, ¿cómo han sido estos años?

- Los primeros intentados entender lo que pasó, buscando pistas. Ahora sobrellevando la realidad inmediata.

- ¿Averiguó algo?

- Nada, si le soy sincero me he centrado únicamente en encontrar a un antiguo socio de Colm.

- ¿O'Connor?

- ¿Cómo lo sabe?

- Yo he intentado lo mismo.

- ¿Qué sabe, Pierre?

- Empecemos con lo que sabe usted Gerry.

Quedamos a tomar un café al terminar mi turno, se lo conté todo y fue liberador.

- No debe sentirse culpable, tenía sus dudas y actuó como cabría esperar de una persona con principios.

Sin ninguna certeza o prueba poco podía hacer y menos imaginarse lo que iba a sucederle a Luisa y en un lapso tan breve.

He de decirte también que Luisa no fue seducida, ella fue porque sospechaba de tu padre y tontamente decidió ir sola, poniéndose en peligro.

No puedo culparla, era una niña y las circunstancias la pusieron al límite.

- Dígame lo que sabe, creo que usted me puede ayudar.

Me contó todo lo que sabía, y las razones por las que Luisa se quedó.

- Está loco, como dejó que se quedara con ese hombre.

- Ella no se iba a ir, la conozco, todo lo que ha hecho estos años ha sido para llegar a ese momento.

- Está en una trampa de ratones, rodeada de gatos. No puedo imaginar peor situación.

- Confiemos en ella.

- Marie está muy mal, debe traer a Luisa.

- Lo sé Gerald. Ayer al irme decidí traerla, no puedo perder a Marie y lo haré sino la traigo. Luisa me odiará, confío en que desee venir y que en tanto la traigo de vuelta, logre sus objetivos.

- ¿Cómo puede sacarla?

- Eso no puedo decirlo y no sé cuánto tiempo me lleve ponerme en contacto con las personas correctas.

- Lo entiendo, sepa que está loco y Luisa también.

- Probablemente, pero lo hemos planificado.

Este mundo mana de las locuras, debe entender lo que ha vivido.

Ha decidido tomarse la ley por su mano y esa decisión es la más difícil de todas, no se ha rendido.

¡Cuántos no lo habrían hecho ya! No la puede juzgar, no estamos tratando con personas, son unas bestias que dan rienda suelta a sus impulsos, no son capaces de sentir, no nos ven como seres humanos, somos sus presas.

Vivimos un momento donde matar es heroico, y se mata a inocentes.

Ella en cambio ha decidido parar a estos depredadores.

- Es única. -dije sin pensarlo y sorprendiéndome a mí mismo con tal comentario-

- Lo es. Bueno, me voy debo volver con Marie.

- Pierre, gracias por confiar en mí.

- No me creas tan noble, te investigué y te recomiendo hagas lo mismo antes de contar tus asuntos tan alegremente.

- Eres el primero.

- Y el último, espero. Hasta pronto Gerry.

Pierre se quedó junto a Marie los días que estuvo en el hospital.

Conseguí que se pudiese quedar todo el día con ella.

Le hice vestirse de médico para evitar que los pacientes se molestasen por saltarnos tan arbitrariamente el protocolo.

El personal hizo la vista gorda, primero porque al estar él con ella, era una paciente menos por quien preocuparse y segundo porque las enfermeras estaban un poco prendadas de él.

- No es lo más bonito que has visto en tu vida -comentó la enfermera Roberts a la joven enfermera Davis-

- Sueño porque un día alguien me ame de esa manera. ¡Cómo la mira y la cuida! Ella se muestra tan disgustada.

- Algo habrá hecho, sino ya me dirás tú, el porqué de tantas flores. Seguro es un mujeriego, con esa figura, esos ojos, ese cabello, mira cómo se le marcan los músculos.

- ¡Ay, Martha, no seas tan descarada! Si bien es cierto que muchas le coquetean por los pasillos, los pocos momentos que sale de la habitación, no he visto ninguna actitud que demuestre les dé pie para sus avances, es un hombre educado, pero también distante.

Creo que está bastante claro que es un caballero enamorado ¡Qué suerte tiene, espero lo perdone!

- Madre mía Betty, tienes que espabilar hija. Ahora estamos, mañana no sabemos. Si veo un hombre guapo, respetando a mi Dan claro, lo admiro y lo digo. No se te tienen que subir tanto los colores por eso -rio-

- ¡Doctor Kavanagh! ¿necesita algo? -preguntó entre avergonzada y asustada Betty, al notar mi presencia-

- Nada enfermeras, gracias -respondí, en tanto me iba a la habitación de Marie-

- ¡Estamos en el ala de los bombones, madre mía!

- ¡Martha!

- No me escucha y por dios baja esos colores, parece que te ha subido la fiebre.

Las escuché con una sonrisa, daba gusto ver algo de normalidad en estos días, escuchar una conversación desenfadada, cuando nos enfrentábamos a tanto horror.

- Buenas Tardes Marie, la veo más recuperada.

- Estoy haciendo lo que me ha dicho, ponerme fuerte para mi hija.

- No olvide ponerse fuerte para usted también.

- Es fácil decirlo, ser madre es lo que soy y he fracasado tantas veces.

- No ha fracasado Marie, su hija sabe valerse por sí misma, eso demuestra que es buena madre y que no ha fracasado.

- Si usted supiera Gerald no me alabaría con tanta premura.

- Tiene razón, no la conozco, pero veo a una buena madre y la veo en usted.

Como simples mortales estamos plagados de errores, unos más catastróficos que otros.

Tampoco soy padre, pero he errado como hijo y déjeme decirle que me culpo, igual que lo hace usted.

Aun así, amaba a mi madre y no quería dañarla y pienso que usted siente algo similar.

Luisa, por lo que me ha contado Pierre, es una mujer decidida, fuerte, capaz. Yo lo sé, es valiente, no la subestime.

- Pierre, no me hable de él, piensa que Luisa es indestructible. Sé que es valiente, ¡maldita sea si lo sé! y fuerte y leal, pero ha sufrido tanto, no quiero que lo haga más. Esa idea me consume, temo lo peor.

- Pierre las quiere. No creo que haga nada con la idea de dañarla, pues la conoce y la apoya, posiblemente yo no tomaría las mismas decisiones que él, pero intuyo que tanto Luisa como Pierre son muy semejantes.

- Es mi hija, no de él, me engañó y la dejó, ¡yo le confié nuestras vidas! ¡He sido una estúpida! No entiendo por qué insiste en estar a mi lado si tan poco le importamos.

- Porque la ama -dije casi sin pensar-

- No me ama, lo que siente es un cariño fraternal hacia mí. Es un hombre que no ha amado a una mujer en su vida, sólo se deja querer por todas. No niego que sus únicos lazos familiares somos nosotras, o lo éramos al menos.

- No quiero entrometerme, no los conozco casi, me guio por lo que he visto. Ese hombre la ama y si no lo hace, es que no entiendo nada del amor.

- ¿Está enamorado?

- Nunca me he enamorado.