GERRY #3
Conforme me formaba como mujer más era el dolor y menos su interés hacía mí. Empecé a entender su perversión, pero estaba tan enferma yo también que odiaba mi cuerpo, mis curvas, no comía para que desaparecieran, eso le interesó por un tiempo, hasta que me dejó por niñas, yo lo acepté.
Con todo lo que te he dicho, entenderás aún menos que yo te enviara a su lado tan pronto pidió por ti.
Pero, esa no es la única, ni mayor oscuridad de ese hombre.
Si vas es porque le temo, todos estos años he rezado porque no te llame, cuando lo hizo he rezado para que no le intereses y mis súplicas no han servido para nada.
Gerry hice un trato con Colm, si quiero que vivas, debes ir. Si quiero que vivas, debes seguir haciéndolo. Promételo, él me juro que le darías poco a cambio de todo.
No puedo contarte por qué y espero no tener que hacerlo nunca, porque espero no llegue a ser necesario. Gerry lo único que puedo decirte es que debes ir, nunca fue una elección para nosotros negarnos.
Te amo vida mía, espero que me perdones. Siento no poder decírtelo a la cara, soy incapaz de mirarte y decirte lo que aquí te digo, siento ser tan cobarde.
Después de saber lo que aquí te digo será tu decisión volverme a ver. Yo no te impongo nada, si quieres volver, yo siempre tendré los brazos abiertos, si no siempre te amaré y siempre esperaré tu regreso.
Tu mamá,
Beatrix
Fui a verlo, quería que me explicara aquello que mi madre fue incapaz de decirme. La trató de delirante y se burló de ella. Lo hubiese matado con mis propias manos, pero necesitaba información, necesitaba saber porque le temía tanto.
Por eso cuando me pidió ir a una celebración con su anciano amigo, yo acepté. Debía aprovechar esa oportunidad. Fui a la tienda del pueblo y me compré ropa para la ocasión. Había ido sin casi nada, puesto que, en un principio no pensaba quedarme. Debía ganarme su confianza.
Esa noche fue extraña, lo que empezó como una cena, terminó en una pesadilla horrible, llena de imágenes distorsionadas, donde Colm y el anciano ingerían mi sangre.
A la mañana siguiente mareado y con un corte en mi muñeca, me intentó convencer de haber bebido de más y haberme cortado con una copa.
Lo dejé pasar, debía hacerles creer que los creía si pretendía averiguar lo que estaba pasando, pero estudiaba medicina y sabía perfectamente que había estado bajo los efectos de una droga.
Al contrario de lo que esperaba, a partir de ese verano, Colm dejó de buscarme. No regresé al pueblo hasta que terminé los estudios y con esa excusa.
Acepté quedarme como médico provisional del pueblo y me ofrecieron la casa del anterior médico, acepté. No pretendía quedarme con Colm y me hiciera lo mismo que la última vez. ¡Era un hombre peligroso!
Una vez fui médico rural, la gente se abrió a mí, me contaron sobre las fiestas excéntricas de mi padre.
Aproveché esa confianza para hacer mis pesquisas, pero nadie sabía nada a ciencia cierta.
Es masón, me decían unos, lo que en un país ultracatólico era como hablar del propio satanás y para ser franco Colm Kavanagh era el mismísimo diablo.
Otros decían que estaba en una logia o un grupo selecto de caballeros.
Lo que estaba claro era que, a partir de irse su socio del pueblo, Colm había perdido interés en eso.
La gente del pueblo le temía y ocultaban con respeto ese temor, al menos en frente de mí.
Por algún comentario entendí que se lo había relacionado con muchachas muy jóvenes, niñas humildes, no entendían ese interés por gente baja, yo lo entendía perfectamente.
Buscaba personas rotas, si eran pobres o no le daba igual, la variable real era que proviniesen de un hogar desestructurado y con gente fácil de comprar.
Aprendí a preguntar en consulta y no en la sala de espera, la enfermera que trabajaba para mí, era una espía de mi padre, y una muy mala, ya que en varias ocasiones la descubrí pasándole el informe del día.
Un día me buscaron del pueblo vecino para atender a una muchacha que había tenido un accidente equino.
Así conocí a las O'Donell, madre e hija.
Casi desde mi llegada al pueblo me había enterado de los pormenores de la llamada Matanza de Lininstone, actos demenciales perpetrados por el anterior médico y un muchacho.
Hablaban de secta, de seducción infantil, no podía más que hacer la conexión con la relación que mantuvo Colm con mi madre y los comentarios del pueblo.
El día que la atendí, su padre se suicidó, lo culpaban a él y dos hombres más de formar parte de la misma secta.
¿No estaría el macabro Dr. Benson y esos hombres en el mismo grupo que mi padre?
, ¿Acaso ese fue el motivo por el cual, mi madre le temía?
¿eso era lo que no se atrevió a contarme?
, ¿la obligó acaso a hacer algo a su despreciable familia?
, Si fue un ritual iniciático, entonces ¿por qué la dejo marcharse, acaso a cambio de su hijo?
Descarté esa idea, mi madre era incapaz de darme, hacía muchísimo tiempo dejó de ser la muchacha que manipuló y pervirtió.
Por mi parte cuando las vi, me parecieron unas buenas mujeres, vivían con una tía abuela.
Decidí buscarlas y ayudarlas en todo lo que estuviera en mi mano, por lo que debía quedarme más tiempo.
Pagué al médico que tenía que tomar el cargo, para que se retrasase unos meses más, tal vez lo que sucedía tenía que ver con Colm, tal vez todos éramos víctimas de ese grupo de depravados.
Debía enterarme de una vez y por todas qué demonios estaba pasando, y meter al bastardo entre rejas si era tan culpable como pensaba.
Madre e hija se veían destruidas y llenas de miedo. Se notaba que eran almas puras, metidas en un agujero creado por el padre, tal como mi madre. No podía dejar de verla reflejada en ellas.
Las invité a comer e hice mal, todo el mundo las juzgaba como si tuvieran la culpa de haber habitado con el mal. Pedí una mesa privada al darme cuenta y pagué a otro camarero para que les atendiera con cortesía, no tenían derecho a juzgarlas así, esas pobres mujeres ya habían sufrido suficiente.
Al salir, estaba Colm, simuló no conocerlas, pero claro que lo sabía, veía su juego.
Además, noté como veía a Luisa, no era tan joven como le gustaban, pero le atraía.
Tenía ganas de matarlo, las alejé de ese monstruo en cuanto pude, luego de ese encuentro hablé con el médico sustituto y decidí cambiarle mi plaza en Londres.
Me quedaría en Midletown y velaría por ellas.
Averiguaría lo que sucedía y arrancaría del planeta a ese ser despreciable.
Pero nada sale como uno espera. Peter, su chofer, me despertó de madrugada unos días después.
- Doctor, necesito que vayamos a la mansión -dijo claramente desesperado-
- ¿Qué pasa?
- Lleve su botiquín, posiblemente lo necesitemos.
- ¿Le ha pasado algo a mi padre?
- No, a la muchacha O'Donell.
Salí como un loco hacía la mansión, llegamos a un pajar lejano al edificio principal.
Un segundo antes de entrar escuché como un cuerpo caía y un grito.
La escena era dantesca, Colm clavado entre rastrillos y picos puestos a manera de improvisada empalizada, en el piso superior Luisa gritó un nombre, al subir la vi atada como mi madre, había sido torturada, rota, desgarrada.
Se encontraba encima de una trampilla, desde ahí calló su torturador, la empalizada seguramente era para ella, pero la muchacha luchó por su vida y ganó.
- ¡Peter, ayúdame!
- Sí señor.
- Vamos a la consulta ¡ahora!
Luisa permaneció inconsciente el trayecto, al volver en sí le inyecté morfina.
Al llegar tiré todo lo que había en el escritorio, necesitaba una tabla recta para poner en su sitio los huesos, pero primero atendí el sangrado puesto que temí fuese debido a un desgarro de las arterias uterinas que le causarían la muerte si no era atendida.
El desgarro era vaginal y no como temía en un primer momento, realicé un tapón vaginal para hacer hemostasia, mi principal temor era ahora era evitar una posible infección.
Palpé su rodilla, la rótula tenía una dislocación externa por lo que le practiqué una reducción, escuché quejarse a Luisa, a la que creía inconsciente en cuanto el hueso volvió a su sitio.
Inmovilicé la pierna con un arcaico entablillado, a falta de yeso.
Aparentemente no había rotura, sin rayos x, únicamente por palpación descarté de momento que la hubiese.
Finalmente curé sus dedos y suturé la herida en su cabeza ¡Por cuánto pasó!
, su cuerpo daba cuenta de su tortura, ella y sólo ella se salvó, luchó por su vida.
Peter a mi lado me pasaba el instrumental o la sujetaba, se comportó valientemente, por segunda ocasión ese día.
- Llama a su madre -dije a Peter-
- Me obligó a cortar la línea telefónica de Lininstone, por eso supe que pensaba hacer algo.
- Me tienes que contar qué pasó, pero ahora búscala.
Cuando volvió lo hizo con su tía Cathy, Marie y el francés, que había ido a buscarlas ese mismo día en un camión, por lo que decidimos que, si la inmovilizaba lo mejor posible, podrían huir.
Tenían miedo por su vida y aunque intuía que Marie sabía más de lo que me dijo, comprendía su desconfianza.
No era aconsejable que se la llevara, pero quedarse no era una opción.
Los acompañé parte del trayecto y en cuanto pude regresé a la mansión, puesto que decidí que, por su seguridad, debía hacer pasar la muerte de Colm como un accidente.
La Guardia tomó mi palabra como verdadera y todo quedó como un desafortunado accidente.
Una vez terminó todo, quise entrar en la mansión, pero no me dejó el mayordomo.
La puerta de entrada de la propiedad estaba cerrada, me dijo que la propiedad era de O’Connor y él había prohibido la entrada a todo el mundo.