LA RÉSISTANCE #2
- ¡Nadie la toca! - exclamó la chica sin nombre, poniéndose en posición defensiva- no sabe a dónde ha venido, la he traído todo el camino con las gafas.
- No creo que sirva de mucho. Sabes que nuestra seguridad depende de seguir el protocolo y ella no lo pasó. Ya ves, su abuela es una perra fascista, y ésta igual.
- ¿Entonces por qué la buscan?
- Todavía no lo sabemos, pero eso no me dice nada, no voy a poner nuestras vidas en riesgo por una colaboracionista.
- Yo confió en Jean Luc, si él la acogió en su casa, me basta.
- ¡No seas estúpida! Es verdad que el viejo es muy bueno descifrando gente y no te niego que es una biblioteca andante.
Nos sirve de mucho, pero esta vez se ha equivocado.
¿Es la parienta de uno de los importantes de las Fuerzas Francesas Libres y por eso debemos saltarnos el protocolo?
A mí me da igual, nosotros somos los que nos arriesgamos, y a ella no se le aprobó la extracción y punto.
- Os comprendo, cree una fachada y es entendible que me crean colaboracionista o una nazi, pero no lo soy.
- Todos creamos fachadas, yo misma soy la “peluquera nazi”
- Eres una imprudente, ahora mismo estás poniéndote al descubierto. Al final no me van a dejar otra opción y hacer lo que dice Le Petit Marais.
- ¡No soy tan estúpida! Tu vecina lo comentó.
- Eso ya no tiene importancia.
- ¡Maldita sea hombre, no nos vamos a cargar a una francesa por las buenas!
- ¿Prefieres ser tú? ellos no tendrán compasión, al menos será rápido para ella.
- Calmémonos todos. Si la matáis y es inocente, su pariente el importante nos dejará como mínimo de lado. Y sin apoyo externo estamos jodidos.
- Ya veremos cómo nos arreglamos. Me jode que me pongas en esta puta encrucijada porque la hayas traído. Te has puesto en evidencia, si no hubiese venido, no tendría que ser yo el que decida, soy yo el que debo velar por mi gente, no me culpes de tu mierda, tú no me has dejado elección.
- Es de mi vida de la que hablan, no soy nada de lo que dices, pero tampoco soy una de vosotros.
He aparentado ser una colaboradora porque quería vengarme de un nazi, pero no por ser nazi sino por ser un asesino, por matar a mi familia.
No comparto esa mierda de ideología, pero no lucho por eso tampoco, lo mío es personal. Yo…
- ¡Cállate! No tenemos constancia de eso Luisa Fontaine.
- Nadie la tiene, esa es la puñetera idea. Sí estoy a favor de nuestra libertad, pero no soy una heroína patriótica, ni les voy a vender eso. ¡Yo quería venganza!
- No te entiendo una mierda, y no tengo tiempo para esto. Ahora todas las perras nazis cuando metan la pata, dirán que es una fachada y yo debo creerlas.
- No pretendo morir aún, no he terminado, ¡me entiendes!
Dije desesperada y llena de frustración, no lo había conseguido ni la Bestia, ni el Carnicero, al final todo terminaría así, no lo vería más, tal vez lo tenían y yo no lo podría salvar.
- Dinos ¿a quién mataste? -preguntó la peluquera-
- A Hans Herrmann, amigo de Hitler y director del Hospital Pitié-Salpêtrière y a su novia.
- Sabemos quién es o era ese perro. Al parecer eras su favorita en el hospital y en la casa de la vieja Lamar eras su acompañante. Ahí donde iba “lo más selecto de Francia”, ¿No eras más bien su noviecita?
- A mí eso me suena a que fue una disputa de amantes. ¿No le vería con su nueva novia y se lo cargó y ahora quiere salir de rositas? -dijo otro de los presentes, uno alto rubio-
- A eso me mismo me suena- confirmó Le Petit Marais-
- ¡Callaros todos! ¿Por qué debo creerte a ti y saltarme todo lo que hemos creado? ¿por qué debo poner en riesgo a mi gente?
- Me he esforzado porque ellos confíen en mí y que la gente que conozco dude de mí durante tantos meses, que ahora no los voy a convencer en minutos, pero es la verdad.
Soy una enfermera, hubiese ido al frente defendiendo nuestra libertad, desprecio a los nazis, su ideología xenófoba, estoy convencida que nos quieren erradicar, sólo quieren al ario perfecto.
No todos pensaran igual, pero seguirán a su líder, es enfermizo lo que sienten por él, creo que están programados, ese discurso de superioridad, muchos quieren pertenecer a algo superior, sentirse superiores e irán donde tengan que ir para mantenerlo.
Si no libramos la lucha ahora estamos perdidos.
Muchos personajes importantes iban a casa de mi abuela, con la cual llevo unos meses, antes de eso no la había visto en mi vida.
A Herrmann lo conocí en Irlanda, el mató a toda una familia, yo no me quedé por Francia, me quedé para vengar a esa familia.
Todo lo que he hecho en mi vida es por venganza.
La guerra es un atenuante, pero acepto lo que vivimos y voy a luchar, no me doblegaré.
Tengo nombres y eso es la única prueba veraz.
- ¿Cómo podemos creer eso?, un alemán en Irlanda, lo encuentras en París en tu hospital. Vamos muchacha. Ahora venderás hasta a tu abuela por salvarte.
- Mi abuela es una fascista, odia a mi madre, no creo que haya querido a nadie en su vida.
Ha recibido a muchos que viven de la ocupación.
¡Ella no!, pero lo disfrutaba. Creo que ahora tiene miedo, porque se ha dado cuenta que ante ellos no es nadie, es una vieja pedante, la odio, pero no mentiré a su costa por salvarme.
- No te creo o al menos no lo suficiente para arriesgarme.
- ¡Lucharé por mi vida!
- Te recomiendo que no lo hagas.
- No permitiré que la mates, no soy una asesina- dijo la peluquera-
- Pues no vivirás mucho si temes mancharte las manos. ¡Sujétenla! -ordenó a los jóvenes que antes pedían mi cabeza, pero ahora los veía indecisos- ¡Vamos!
En ese momento llamaron a la puerta, el hombre mayor me cogió por la espalda y me tapó la boca. Uno fue a la puerta, escuché los pasos de varias personas que iban por el largo pasillo, la peluquera me veía con desesperación. Entró una mujer con el soldado de la biblioteca.
- ¿Qué pasa? - preguntó sorprendida por la escena-
- No debiste traerlo ahora.
- El abuelo me dijo que todo se ha adelantado.
- ¡Maldita sea, ese hombre hace lo que le da la real gana!
- ¿Quién es esa?
- La pelirroja -afirmó el hombre-
- ¡Buen trabajo! - felicitó a la peluquera-
- La están buscando por todas partes.
- Lo sabemos, no confío en ella y gracias al abuelo me debo ensuciar las manos.
- ¿Qué dices hombre si es una de nosotros? -preguntó la mujer-
- ¡No lo es!
- ¡Cómo que no!, dile alemancito que encontraron en la mansión de la abuela.
- Una maleta con doble fondo, una pistola y la lista de varios franceses y los negocios que han hecho con altos cargos de las SS. La buscan por espía, además claro de por matar a un médico alemán y la ex esposa del General Auhelinger.
- ¡No me jodas, decía la verdad! -sorprendido me soltó-
- Mucho gusto, mi nombre es Étienne Bourdeu -se presentó sujetándome la mano con fuerza, el hombre que hace un momento estaba a punto de matarme, ahora tenía la expresión más amable que había visto en mi vida- Encantado de conocerla.
La peluquera río con fuerza.
- Creo que lo mejor es sacarlos por separado -propuso Étienne-
- Si me permiten una sugerencia, si salimos juntos será mejor, yo puedo hacer como si la hubiese atrapado si nos llegan a descubrir. -sugirió el soldado-
- Cuando llegues al punto de encuentro te cambias y dejas de ser alemán, intenta no hablar, tu acento te delata, sí, acepto tu sugerencia, hasta entonces irás de alemán y ella de tu acompañante, en caso de que la reconozcan, pasará a ser tu rehén.
- Muy bien.
- Vamos a tomar esas fotos, ponte las gafas, preciosa.
- Yo he traído documentación para falsificarla como alemana. Me llamó Jean Luc y me dijo que me iría con usted señorita. Además, dijo que sabe alemán.
- Sí, y puedo imitar el acento si no hablo demasiado.
- Dígame, Ich bin die Viveka Bauer, die kleine Schwester von Yale.[23]
- ¿Era el nombre de su hermana?
- Si.
- Gracias -me llenó de ternura su gesto, sabía lo importante que era ese nombre para él-
Hizo un pequeño gesto afirmativo y no dijo nada más a ese respecto, entendía su dolor, su ira, su impotencia. Repetí la corta frase en alemán
- Está bastante bien. Puede pasar.
- Eso espero.
- ¿No me digas que aprendiste alemán para vengarte del médico? -preguntó Étienne-
- Sí.
- Eres un encanto, lástima que te tengas que ir tan pronto.
Yo quería alejarme de ese hombre lo antes posible.
- Debemos esconder la documentación en la ropa, vamos Luisa, ayúdame a coserlo dentro del forro. -solicitó la peluquera-
- Por supuesto.
Me llevó a una habitación llena de cajas, nos sentamos en una cama deshecha y sacó un costurero de la mesilla de noche.
- Quítate la chaqueta, debemos descoser el forro, aquí es donde menos se nota.
- Muy bien.
- Ha sido un momento tenso, Étienne tiene que velar por todos, al menos él se siente de esa manera. Conoce a los padres de esos muchachos, a esposas, madres, hijos y teme que alguien muera por un fallo suyo.
- No puedo decirte que me guste ese hombre, al menos no por ahora, pero puedo comprender su nivel de responsabilidad.
- Te entiendo, he pasado un pésimo momento. Te veía muerta por mi culpa.
- No lo pensemos más, sino no podremos continuar.
- Esto ya está, vamos.
- ¿Conocen La Tourelle cerca a Caen? -Preguntó Étienne-
- Caen sí, lo encontraremos. – le contesté-
- Lo habitual es que salgan de París en tren acompañados por uno de nosotros, pero eso es imposible.
Estamos improvisando, por lo que me dice mi compañera el alemán vino en automóvil, así que van a salir los dos.
Nuestros contactos les esperaran en Café Lomi en la calle principal del pueblo, no hay perdida.
Intentaremos seguirlos, pero no cuenten con ello los controles deben ser de locura.
Esperemos que tu alemán sea bueno, no pregunten demasiado y que nuestra querida peluquera te haya cambiado lo suficiente.
- Ten cuidado, no te caigas pequeña - dijo ella-
- Lo intentaré con todas mis fuerzas.