EN LA COLINA DE TARA LA RÉSISTANCE
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LA RÉSISTANCE

- ¿Quién es usted?

- Somos, Luisa. Somos la resistencia.

- ¡Nunca lo hubiese imaginado!

- Eso quiere decir que cumplo muy bien con mi cometido. No somos más que ciudadanos y debemos seguir siéndolo a ojos de todos

- ¿Pierre trabaja con vosotros?

- No lo conozco personalmente, somos todos muy nuevos en esto.

Como debe saber, el Mariscal De Gaulle llamó al pueblo francés para que conformemos una resistencia, varios lo hemos escuchado, la mayoría somos personas normales que queremos seguir defendiendo la liberté como le he dicho, pero su tío pertenece a ese otro grupo que parte de un conocimiento táctico previo, no sé qué es, pero sí que es bueno en lo que hace.

No todos trabajamos dentro del país, están los que trabajan desde fuera, son nuestro enlace con el exterior.

De momento, nosotros hemos organizado una red para ayudar a sacar a quien lo necesite, además repartimos panfletos, tenemos una pequeña revista donde damos información, y claro planeamos atentados. Al menos los más jóvenes de nosotros, yo soy un anciano, ayudo en lo que puedo.

- Entiendo, se me olvidaba decirle que el soldado de la biblioteca me ha visto cerca de su casa y me ha dejado marchar.

- ¿De verdad? es increíble como una serie de casualidades le han salvado la vida, debemos ser cautos para que siga siendo así.

Todo lo que hacemos entraña riesgo para todos, sobre todo con usted, la están buscando y el riesgo se cuadruplica.

Lo primero que debemos hacer, es conseguirle papeles falsos.

No, lo primero será teñirse ese pelo tan bonito y llamativo, mañana a primera hora le conseguiré tinte y mandaré un mensaje a su tío, debemos movilizar toda la maquinaria cuanto antes.

De momento, intente dormir, mañana será un largo día.

- Muchísimas gracias, Jean Luc, siento poner en peligro a todos, de verdad que lo siento muchísimo. No lo había planificado de esta manera, todo ha salido de la peor forma posible.

- Luisa, le dije que este tiempo nos define, cada uno sabe el riesgo que corre y lo asume.

No desaproveche la oportunidad que se le está brindando.

Todo lo que ha vivido, y lo que aún le queda, esa es su vida y como la viva sólo dependerá de usted.

Puede sonar vacuo lo que le digo, porque ahora mismo carecemos de libertad y usted lo sabe desde hace mucho, pero estamos eligiendo y las cosas nunca salen como las queremos, unas salen, mejor otras peor, lo importante es intentarlo.

- Sí y no, Jean Luc.

- Descanse Luisa, ahora es pronto para reflexionar sobre lo que ha pasado. No debería.

- Está bien, hasta mañana amigo.

- Luisa, la admiro.

- ¿Por qué si lo he hecho todo mal?

- Ha luchado por su vida, pese a todo ha elegido vivir.

- A costa de otra persona, una persona que no pensaba matar, que no se lo merecía

- Era usted o ella. Intente descansar, mañana la necesito alerta.

Me fue imposible dormir, su cara y sus ojos de ira y luego inertes invadían mi mente.

Esperé al amanecer y me preparé para el día.

Jean Luc salió temprano, dejándome el desayuno, no sabía cuándo volvería a comer y debía estar fuerte, había gente que se ponía en riesgo por mí, no quería ser una carga, ni que por mi culpa les pasase algo.

Jean Luc llegó una hora después con una muchacha joven, de mi edad aproximadamente.

- Ella es Luisa. Luisa, nosotros intentamos no decir nombres, no por desconfianza, confío en ti, pero no sabemos si te lleguen a capturar. Cuanto menos sepas es mejor para todos.

- Lo comprendo perfectamente.

- Sí que tengo trabajo si debo lograr que no llame la atención. Vamos al baño, te voy a cortar el cabello - dijo la muchacha-

Cortó mi cabello con precisión y rapidez. Debe ser peluquera pensé. Me dejó flequillo y lo cortó el resto a nivel de la barbilla. Me lo tiñó negro, poniéndome algo de tinte en las cejas.

- Te he traído otra ropa, no es elegante como la tuya, lo que buscamos es que nada te pueda identificar, ponte estas gafas. No vas a ver bien, pero eso hace que tus ojos se vean pequeños y cambia tu aspecto.

- ¿Cómo me veo?

- Guapa y mira que he intentado afearte, pero al menos diferente, puede que sirva.

- Excelente trabajo -dijo Jean Luc al verme- Parece otra

- Eso espero, dame la documentación, deben sacarle la foto y los sellos cuanto antes. Quema la ropa en cuanto salgamos.

- Lo sé, no tienes que decirlo cada vez.

- Las que sean necesarias compañero- dijo sonriendo por primera vez-

- Tengan mucho cuidado.

- Lo vas a repetir siempre, vejete. No te preocupes tanto, sé que sin mí no puedes vivir, pero se cuidarme. -giñándole el ojo. Jean Luc nos dio un beso en la frente a ambas-

- Debes ser más fuerte si quieres seguir en esto. - sonrió la muchacha-

- ¡Lo sé!

- Gracias Jean Luc, espero volver a verlo algún día.

- Iros, las estoy retrasando.

Bajamos sin aparentar prisa la escalera del antiguo edificio.

Nos cruzamos con una anciana que entraba a su casa, apenas puso interés en nosotras.

Yo una vez bajé las escaleras me volví a poner las gruesas gafas.

Escasamente distinguía la distancia y las formas, lo suficiente para no chocarme, pero no lo bastante para ir con seguridad.

Al bajar un bordillo me tropecé, la muchacha me cogió antes de que cayera.

- ¿Está bien? - preguntó un joven con marcado acento alemán-

- Está bien, mi hermana tiene un grave problema de visión -dijo con la voz templada, sin un atisbo de duda o miedo-

- Lo siento, vaya con cuidado señorita.

- Así lo haré. -dije-

- Sujétate a mi brazo, ya sé que no te gusta, pero un día te vas a estampar la cara contra el suelo, por cabezota. Gracias soldado -dijo en cuanto iniciamos la marcha-

Pasado un momento, habló.

- Ningún soldado me ha preguntado jamás nada, además de pedirme los papeles claro y contigo, gafas de botella incluidas, de repente son toda amabilidad. Por el amor de Dios, fíjate donde pisas -dijo al volverme a tropezar-

- Pensé que me descubriría.

- No hablemos más, está infestado de SS. No sé qué has hecho, pero debió ser muy bueno. Ahora callémonos.

Caminé como pude, hasta que entramos a un edificio muy antiguo, pasamos por un patio interior, donde había niños jugando, todo era tan normal, no parecía una ciudad ocupada, llena de SS buscándome, veía las siluetas a través del cristal de las gafas, la silueta de los niños corriendo con sus madres hablando alegremente, era como imágenes del pasado, distantes, como fantasmas de mi vida anterior.

- Buenos días -saludó alegremente mi compañera sin nombre-

- Buenos días muchacha. llevaba tiempo sin verte. ¿Cómo va el trabajo?

- Muy bien, ahora hay muchas cabezas que rapar.

- No a todo el mundo le gusta que cortes el pelo a los nazis.

- No es una opción.

- ¡Ten cuidado!

- Hago lo que puedo, mujer. Hasta luego.

Entramos en el edificio de escaleras circulares.

- Quítate las gafas vas a terminar cayéndote y me arrastrarás contigo, lo que menos necesitamos es un par de piernas rotas. Además, el edificio está prácticamente vacío. ¡Démonos prisa!

El viejo edificio tenía las paredes resquebrajas, la humedad había hecho burbujas y desconchados en las gruesas capas de pintura de distintos colores con los que se habían pintado a lo largo de los años.

Me fijaba en las cosas más absurdas, me distraían de lo verdaderamente importante.

Sobre todo, temía depender de la gente, llevaba años sin querer dar mi confianza a nadie nuevo, y ahora estaba en una situación en la que dependía totalmente de otros.

Si bien las cosas no habían salido como quería, intentaba llevar el control de mi vida, de la situación.

Recordé a aquel soldado que atendí hacía ya varios meses.

Se había quedado inválido por una granada, un hombre joven y fuerte, de repente se encontró relegado a una silla de ruedas, lo que más le angustia no era tanto la invalidez de sus piernas, cuanto su dependencia de otros.

Así me sentía ahora, mi cuerpo no se valía por sí solo, no tenía control de nada, estaba poniendo mi vida en las manos de otros.

Esos otros me estaban ayudando a riesgo de sus propias vidas y no era la primera vez que me pasaba.

He visto muestras de verdadero desinterés, solidaridad y lealtad a lo largo de estos años, en mi familia y tantísima gente.

Sería tan fácil trabajar para el enemigo, como hacían los “amigos” de Lucille que se lucraban de la situación, pero muchos se negaban, en juego estaban sus propias vidas.

- Aquí es.

Dio varios golpes con un ritmo claramente estudiado.

Un muchacho joven abrió la puerta y nos hizo entrar rápidamente.

Dentro había tres hombres más, las ventanas estaban tapadas con gruesas cortinas, dejando en penumbras el piso, me llevaron por un largo pasillo, todas las puertas estaban cerradas, entré en el salón, que estaba lleno de cajas con panfletos.

Ahora entendía el uso de los lentes, no era únicamente para cambiar de apariencia, si no para no saber la ubicación del lugar.

No tenía vistas del exterior para ubicarme, ni nadie casualmente podía verlos desde algún edificio colindante.

Era un lugar clave, almacenaban y posiblemente era una imprenta clandestina.

Todos los hombres, excepto uno, no pasaban de los veinte años. El mayor de todos habló.

- ¿Has visto como ésta toda la ciudad?, me ha sido imposible hacer el reparto hoy. No entiendo nada, la habíamos descartado para la extracción y ahora me la traes.

- Jean Luc confía en ella.

- ¿Nos vamos a guiar por la intuición del anciano? Nos han puesto en peligro y lo han hecho sin contar con nosotros.

- Ha sido todo precipitado, necesitamos documentación.

- No pienso hacer nada, seguro que nos delata.

- Si, lo mejor será deshacernos de ella -dijo uno de los más jóvenes, un muchacho delgaducho, de grandes orejas, se lo veía nervioso-