LA CASA DE CARAMELO, EL BIBLIOTECARIO Y EL SOLDADO #6
Los días siguientes, el estado del Carnicero empeoró.
Tomaba en exceso, y la falta de ciertas cantidades de morfina en el hospital, me llevó a la conclusión de que había adquirido una nueva adicción.
Eso hizo que fuese prácticamente imposible llegar a él, pues tan sumergido estaba.
El general Borel fue a visitarlo y a partir de ese momento quedó provisionalmente relevado de su cargo, por lo que la situación en casa de Lucille empeoró, era agresivo con el servicio, con mi abuela y conmigo.
Una noche en mi turno me mando a llamar el Doctor Moulian, o al menos eso pensé, al entrar encontré al Carnicero recostado en el sofá del despacho del director, no estaba borracho, pero si por lo que intuía bajo los efectos de la morfina.
- Pequeña Luisa, vosotras las mujeres sois unas brujas. Engañáis a los hombres con falsas promesas, con sus pieles y rostro de porcelana, perfectamente maquilladas y perfumadas y nos engatusáis con vuestras malas artes. Entráis en la habitación y nos robáis la esencia como esas banshees.
- ¿Banshees? - esa palabra me conmocionó, era parte de la mitología irlandesa-
- Exactamente, como ellas.
- ¿Y qué es una Banshee?
- Los irlandeses creen en ellas, son unas brujas despreciables, aunque yo no la pude ver, ni escuchar.
- ¿Y quién puede?
- El elegido, mi Superhombre, el que me iba a traer el éxito, la inmortalidad.
Sólo él, pero claro que la sentí, todos lo hicimos.
Al final el maldito siguió atado a lo mundano, no era mi Superhombre, pensaba que al ser puro…
Pero si vieses como vivía, como un vulgar pordiosero, se lo quitamos todo para que pudiera renacer, pero al parecer aún le quedaba algo, no supo desligarse de lo banal y no puedo culparlo, porque yo tampoco.
- ¿Qué es lo banal?
- Vosotras querida Luisa, vosotras. Es irónico, él tenía a una Luisa, ella me lo quitó todo y ahora mi Blonde Göttin[20] también – se quedó mirando la pared y continuó melancólico- otra vez. Pensaba que había vuelto a mí, pero sólo quiere que sea exitoso. ¡Sin eso no soy nada!
- No entiendo.
- Claro que no entiendes. Recordé que llamaba a una Luisa y pensé en ti, pero claro que no entiendes.
- Si me lo explica, tal vez lo pueda ayudar.
- Ninguna mujer puede, hoy dijo que vendría. No quise decirle que me habían quitado de mi puesto y he venido, pero no aparece. Todo es culpa de ese maldito niño y su puta Luisa.
- Quieres un poco de whisky, yo estoy cansada de mi trabajo y me gustaría tomar una copa contigo.
- Por supuesto, igualmente no vendrá, siempre tan puntual y yo la he esperado durante tres horas, esperando porque esta vez no lo fuera.
- Tome doctor, nos merecemos brindar por nosotros, dejar de lado la mundanidad, rijámonos por nuestras propias normas, ¿no le parece liberador?
- Me lo parece. -bebió la copa de un sólo trago-
- ¿Un poco más? -pregunté llenando su copa-
- Por supuesto -bebió varias copas y empecé con mis preguntas-
- ¿Dónde está ese Superhombre ahora?
- Él no es nadie especial, no sé porque fue seleccionado, no es el único con la sangre pura.
- ¿Pero se ha perdido? -sabía algo, estaba más cerca que nunca-
- Sí, se ha perdido o ha sido encontrado por el manipulador, no lo sé. Me engañaron.
- ¿Engañaron?
- Me prometieron algo que jamás me iban a dar, me engañaron. Yo fui un títere en sus manos.
- ¿Y qué le prometieron?
- Mi éxito, mi eternidad. Ahora lo he perdido todo.
- Pero, si tú eres exitoso.
- Lo era ahora no soy más que un despojo, después de todo lo que hice por ellos.
- ¿Qué hizo?
- Algo que nunca pensé hacer.
- ¿Algo malo? -la copa en mi mano temblaba-
- Algo despreciable, pero no voy a negar que me gustó, nunca pensé que disfrutaría tanto, eso me atormenta -deseaba matarlo con tanta fuerza, deseaba acabar con él, lo había disfrutado, no sentía el más mínimo remordimiento, su pesar era haber perdido-
- Déjame ayudarte Hans, dime quienes te engañaron, yo te ayudaré a que paguen -debía saber sus nombres, todos pagarían-
- Te ves como toda una valquiria, pero no puedes ayudarme.
Era joven cuando lo vi por primera vez, pero está última vez en Berlín era un anciano buscando mi ayuda, yo no pude dársela, pues todos mis estudios eran un falsa, es más pensé que él era la clave, hasta que apareció el muchacho, él era a quién necesitaba realmente.
- ¿Cómo se llama el anciano? -pregunté nerviosa-
- Tiene muchos nombres pequeña, Kavanagh es uno.
- ¿Quién más? –¿cuántos eran?, ¡quién más!, tenía que saberlo-
- Los cinco. ¿Por qué te interesa tanto?
- Me interesas tú, eres un erudito, nadie debe hacerte pensar que no lo eres.
- Ella es la que me hundió, ¡ella!
- Dime ¿quiénes?
- No se quienes, no se sus verdaderos nombres, todo era una mentira, todo dependía del anciano.
- ¿De Kavanagh?
- De él.
- Dices que se aferró, el chico.
- Le quitamos todo, yo me encargué en infringirle el mayor dolor, luego el viejo le dijo que no era tan necesario, bastaba con quitárselo, que él lo hiciera.
Al menos eso creímos, pero la perra de Luisa nos faltó, por ella él no se convirtió en nuestro lacayo.
Aunque era mentira, siempre iba ser el lacayo del mentiroso.
- Pero ¿qué tiene el chico?
- Él nada, nosotros se lo dimos, sólo su sangre pura.
- ¿Sangre pura?
- Si, celta, sangre de guerrero, sangre de rey. Ese vulgar campesino lo tenía, por eso no se la merecía, en cambio nosotros sí, nosotros haríamos cosas superiores, al menos eso me dijeron. Finalmente, sólo el anciano se quedaría con todo.
- ¿Kavanagh? -no era anciano, mayor, pro no un anciano, era acaso la morfina mezclada con alcohol que le hacía delirar-
- Exacto.
- ¿Y esos cinco?
- Da igual cuantos sean, no creo que sean cinco. No importa si no puedo tenerlo.
- ¿Sabes sus nombres?
- Sus apellidos, los cinco apellidos puros
- ¿Los cinco apellidos celtas puros?
- Si, pero todo es mentira.
- ¿Sabes dónde está alguno de ellos?
- No.
No entendía lo que me quería decir, era verdad o era mentira. La Bestia era el que dirigía todo. ¿Quiénes más eran los otros cuatro?, O’Connor, era uno de los apellidos ¿cuáles eran los otros apellidos celtas puros? no lo recordaba, pero lo podía averiguar.
- ¿Conociste a los demás?
- Eso pensé, pero era mentira.
- ¿Entonces quiénes eran, si era mentira? -no era coherente, intentaba sacar información y lo único que conseguía era entenderlo menos, me exasperaba-
- No lo sé, déjame en paz, maldita bruja.
No iba a sacar nada más de ese tipo, debía terminar con su dolor, salí de la oficina con una excusa, buscaría la morfina suficiente para que pareciera una sobredosis, el escenario era perfecto, su secretaria ya no estaría cuando volviese, su turno terminaba en diez minutos y me vio salir y al doctor en su deprimente estado.
Hoy sentía que Killian me acompañaba, él guiaría mi mano, para que no fallase.
Esperé media hora para regresar, esa área estaba prácticamente vacía a estas horas, así que pasé desapercibida.
Esperaba inyectarlo y antes de morir decirle quien era yo, viese mi rostro y mi venganza, pero al entrar estaba con la jeringa colgada al brazo y sus ojos desorbitados, su mirada llena de terror, pétrea, había terminado con su vida, me robó eso también, me robó la satisfacción de ser yo quien se la quitara, me llené de profunda rabia.
- Oh querido, disculpa la tardanza.
Entró la alemana de la fiesta de Kavanagh, era a ella a la que esperaba. Yo estaba reclinada en el cuerpo del Carnicero sosteniendo el brazo que tenía la jeringa clavada.
- ¿Qué has hecho? Tú eres la sobrina del irlandés ¿Qué has hecho?, ¡has matado a mi Hans, maldita! -gritó mientras le tomaba el pulso-
Me había reconocido. Empezó a gritar pidiendo ayuda, me abalancé hacia ella y le tapé la boca.
- Lass mich dir das erklären[21] -pedí-
- ¡No me toques maldita zorra! - mordió mi mano-. ¿Acaso ninguno de estos perros franceses va a ayudarme?
Se puso encima de mí y empezó a ahorcarme, intenté zafarme, pero era mucho más grande que yo, apretaba mi cuello con toda su ira, pronto el oxígeno dejo de entrar a mis pulmones, pataleaba con fuerza, intentaba quitármela de encima, pero como una roca estaba sentada encima de mi abdomen, sentía como la vida se escapaba de mí, puntos rojos cubrían mi visión.
- ¡Muere de una vez, no luches, no conseguirás nada!
Llevaba demasiado sin poder respirar, veía todo como en un túnel, pronto perdería la consciencia y la vida, desesperada busqué la jeringa que había cargado y le inyecté la morfina que tenía preparada para el Carnicero, casi sin pensar.
Luchó por su vida, hasta que la vi desaparecer frente a mis ojos. En ese momento entró el doctor Moulian.
- ¡Luisa! ¿Qué ha pasado? Sabía que no eras una de ellos, pero no debiste hacerlo
- Él se mató, ella me intentó matar -tosía intentando que entrara el oxígeno de nuevo-
- Huye Luisa, nadie te creerá. La enfermera Beauchene me dijo que habías venido hacia aquí, sabrán que fuiste tú. Tienes media hora, antes de que dé la voz de alarma.
- Gracias.
Fue lo último que le dije antes de salir huyendo, fui en busca de mi ropa, debía quitarme el uniforme, en una hora era el toque de queda y no habría nadie en las calles, me recogí el cabello y lo escondí dentro de mi sombrero.
Caminaba rápido, pero sin correr, no podía levantar sospechas, así que salí por la puerta de mantenimiento.
Tenía veinte minutos para alejarme del hospital, dónde podría ir.
Recordé la dirección de mi amigo bibliotecario, era el único al que podía acudir.
A cinco calles de su casa se inició el toque de queda, empecé a ver mucho movimiento, estaba claro que me buscaban, intentaba esconderme en los callejones y meterme en los portales que encontraba semi abiertos.
A dos portales de su edificio y al salir de uno, un soldado gritó
- ¡Halt![22]
Me giré lentamente con las manos levantadas, mi corazón dejó de latir, la luz de su linterna me deslumbraba, pronto me dispararía y yo no vería ni el fogonazo.
- ¡Eres tú! -exclamó en tono sorprendido- ¡corre!
Quitó la luz de la linterna de mi cara y vi su rostro, era el joven soldado de la biblioteca.
No podía creer esa ayuda del destino. Corrí sin mirar atrás, no quería poner en peligro al bibliotecario, antes de entrar a su edificio revisé que no hubiese nadie, llamé al timbre de su puerta con desesperación
- ¿Quién es?
- Luisa.
- ¡Luisa! -abrió la puerta en el acto-
- ¿Qué haces aquí joven Luisa?
- He matado a alguien y me están buscando -anuncié con toda sinceridad, no me veía capaz de otra cosa-
- Cálmate y cuéntame todo, siéntate.
Al cabo de un rato pude ser capaz de hablar y no sé si por sentirme perdida, por el miedo o porque ese hombre siempre me dio confianza, algo que pensaba ya no tenía, se lo conté todo.
- Veía algo en ti. - Me dijo finalizado mi relato- “El tiempo es nuestro amigo”
- ¿El tiempo es nuestro amigo ha dicho?
- Si, Luisa, y debes escapar cuanto antes, tanto tú como nuestro joven amigo el soldado. Tu tío espera mi mensaje, él los sacará.
- ¿Conoce a Pierre?
- Así es, cuando entraste en la biblioteca no sabía quién eras. La semana siguiente nos contactó Pierre para que nos pusiéramos en contacto contigo. Imagina mi sorpresa al decirnos tu nombre y descripción, la pelirroja de la biblioteca, fue entonces cuando decidí buscarte y ayudarte.
Te investigamos con nuestros contactos en el hospital, ya que debemos estar seguros a quien ayudamos. Déjame decirte que contigo me guie por mi intuición y no por lo que averiguamos.
Todo se ha precipitado, esperaba que volvieses y decírtelo, teníamos planeada la fuga para la próxima semana, mas no será la primera vez que el tiempo nos juega malas pasadas. No sé porque vuestra clave es que “el tiempo es nuestro amigo”, si siempre luchamos a contrarreloj.
- ¿Conoces a Pierre?
- Si pequeña eso he intentado decirte con toda mi retórica.
- ¿Conoces a Pierre? - pregunté entre lágrimas-