EN LA COLINA DE TARA LA CASA DE CARAMELO, EL BIBLIOTECARIO Y EL SOLDADO
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LA CASA DE CARAMELO, EL BIBLIOTECARIO Y EL SOLDADO

Cuál era el mejor escenario para convencer a “mi abuelita” de vivir en su casa, tan poco sabía de ella.

Desde el día que mi madre y abuela hablaron, nuestro contacto fue prácticamente nulo, además mi actitud y la suya fue siempre distante.

Desde mi punto de vista, ella demostró sentirse más agradecida con el hospital por salvarle de una muerte segura, que por reencontrarse con su hija.

Tal parecía que salvarse era la segunda oportunidad que la vida le brindaba y no el reencuentro con su hija.

Su actitud hacia mi madre era de superioridad, esperaba que ella le rindiese pleitesía, pero mi madre no lo hizo. Por tanto, mi abuela cada vez se fue interesando menos por su hija y más por el hospital que se llenaba de elogios hacia su nueva benefactora, así que lo acogió como a un hijo.

El hospital, claro, es la clave para llegar a ella. Si le cuento mi situación al Dr. Moulian, si se lo planteo de tal manera que tema por mi seguridad y no será difícil porque soy una muchacha sola en una ciudad ocupada.

Además, no siento que le agrade particularmente al doctor confraternizar con los alemanes, noto que miente.

Miente bien, pero yo soy otra gran mentirosa, veo esos pequeños detalles, como se rasca la oreja cuando debe hablar con uno de ellos, como la sonrisa no le llega a los ojos, hasta su forma de caminar ligeramente más apresurada cuando uno de ellos está cerca y busca hablar con él.

Creo que puedo confiar en el Director Moulian, pero luego le haré pensar lo peor de mí.

- Dr. Moulian, puedo hablar con usted un momento.

- Tengo dos momentos para ti, dime.

- ¿Podría ser en privado?

- Necesito recoger una documentación en mi oficina, me acompañas y me lo cuentas -al llegar a su despacho, cerró la puerta y me preguntó- ¿Acaso has tenido algún inconveniente con los recién llegados?

- No, son muy amables.

- Sí, todos lo son -dijo en un tono un tanto irónico- Dime qué te pasa entonces.

- Mi madre se ha ido, ha huido de París.

- ¿Sin ti?

- Yo no he querido.

- ¿No? -preguntó sorprendido-

- Evidentemente debo quedarme en mi patria y ayudar a los enfermos como he jurado.

- Entiendo - dijo meditabundo- ¿y qué puedo hacer por ti?

- No tengo más parientes y tengo miedo vivir sola.

- ¿Y tu abuela?

- Bueno la tengo a ella, pero las cosas son complicadas.

- Si me las explicas, tal vez no lo sean tanto.

- Mi madre se casó con un hombre que no era de su misma clase social y mi abuela le dejó de hablar, es más la desheredó. Le hemos vuelto a ver en el hospital después de muchos años, por ese motivo usted no sabía que ella era mi abuela.

- Ahora lo entiendo, me parecía raro. Pediste el traslado área para atender a tu tía y todos sabíamos que era tu pariente.

- Así es. Lo que me gustaría pedirle es que intermedie entre mi abuela y yo.

- Dime cómo y si está en mis manos te ayudaré.

- Quisiera vivir con ella, me sentiría más segura, pero no tengo la confianza para decírselo, ni sé si acepte.

- Ha aceptado de buen grado recibir a un desconocido, ¿por qué no lo haría con su nieta?

- Única nieta. Porque no nos hablamos, no sabe nada de mí y no le he visto muy dispuesta a que eso cambie.

- Es una mujer que se ha mostrado muy solidaria con el hospital. Gracias a ella estamos adquiriendo nuevo material médico y remodelaremos los quirófanos. Evidentemente, la ocupación lo ha detenido todo, pero los alemanes quieren que mejoremos el hospital, les interesa.

- Lo entiendo. Aun así, me gustaría que interceda.

- Está bien Luisa, no conozco realmente a tu abuela y creo que tú tampoco. Es evidente que tiene mucho interés por este hospital y yo soy su director, entiendo la lógica de tu petición.

- No se lo pediría si no me sintiera nerviosa por vivir sola.

- Está bien, no sufras. Hablaré con tu abuela, no creo que se niegue, no le diré lo que sé, no creo le agrade que sepa tanto de su situación personal. Me parece que es una persona que le gusta mostrar una fachada de bienestar.

- Gracias Dr. Moulian, se lo agradezco de corazón.

- En caso contrario, podrías vivir en el hospital, varias compañeras lo hacen, pero entiendo que lo correcto es que lo hagas con tu abuela.

- No lo molesto más.

- En cuanto sepa algo te lo haré saber.

- Le agradecería que esto quede en privado.

- Estoy bajo el juramento hipocrático y ahora eres mi paciente. Soy una tumba -dijo sonriente-

- Mil gracias.

- Luisa.

- Dígame

- Debiste irte con tu madre, en todos los lugares hay hospitales y para mas inri hay una guerra, donde sea serás útil.

- No pude -dije sincera-

Dos días más tarde mi abuela mandó a su chofer para recogerme.

Llevé la maleta que me dejó Pierre, una con un doble fondo oculto en donde me había dejado un arma, munición y una nota “sólo si te ves muy perdida”.

La poca ropa que no se llevó mamá y un viajo diario, al abrirlo vi su letra, me sorprendió, no sabía que los tenía, lo había dejado encima de su cama antes de irse.

- ¿Querida, eso es todo lo que llevas? Necesitarás más ropa, no querrás parecer una mendiga. -dijo mi abuela, en cuanto llegué- Te espero para cenar y me cuentas lo que pasó.

- Ya estoy lista abuela, me lavo las manos solamente.

- ¿No te cambias para cenar? A eso me refiero, cuando digo que parecerás una mendiga –bufó- hoy no está el Dr. Herrmann, así que por hoy te lo admito.

Tenía tantas ganas de decirle, “las señoritas no bufan es de pésima educación y te hace parecer poco casadera”. Las ancianas encopetadas al parecer sí bufan, pero no te dejan hacerlo. Una vez nos sirvieron, mandó al personal fuera del gran comedor.

- Me ha disgustado enormemente que el Director Moulian me hiciera participe de la situación de mi nieta.

- Lo siento abuela, no quise que se enterase, pero me escuchó hablando con una compañera.

- Los trapos sucios se lavan en casa. -me dijo- Evidentemente, que ahora vivas sola preocupa enormemente al hospital.

- Realmente me siento muy compungida. Nunca pensé que eso pudiese ser un problema para el hospital.

- Me has dejado en mala posición, pero eso ya no tiene importancia ahora, dime qué ha pasado con tu madre.

- Ha decidido irse de París

- ¡Se ha ido dejándote! ¿Se ha ido sola?

- Yo no he querido dejar París. Mamá se ha ido con Pierre.

- ¿Pierre Fontaine? Por eso te llamó con ese apellido el Director Moulian.

- Así es.

- ¿Acaso se han casado? -puso cara de desprecio-

- No, abuela. Papá era una bala perdida, un jugador, mujeriego, se metió en varios problemas, al morir nos dejó con todas sus deudas y Pierre nos ayudó a regresar a París para que no nos localicen sus acreedores, por eso usamos su apellido.

- ¡Ay mis nervios! Este tipo de asuntos me disgustan sobremanera, al final juntarse son gentuza te acarrea estos trastornos ¿Y por qué se ha ido está mujer ahora?

- Por miedo.

- Miedo dices, si son unos caballeros. Al final tu madre no sabe distinguir a un caballero de un gandul y se ha ido con ese Pierre. ¿por qué no has partido con ellos?

- Pienso igual que tu abuela, no quiero más trastornos en mi vida y me encuentro muy bien en el hospital.

- ¡Qué una nieta mía sea enfermera, habrase visto! Aunque ahora no sois tan mal vistas, además creo que os tituláis.

- Así es abuela.

- El Dr. Moulian no hace más que hablar maravillas de ti.

Te puedes quedar conmigo, pero debes comportarte acorde a mi estatus, no admito menos que distinción en tus modales.

Espero que no se te haya pegado la malasangre de tu madre.

Diremos que tu madre ha fallecido, nadie tiene que saber el tipo de mujer que es.

- Está bien abuela, acataré tus normas. Mi apellido tiene que seguir siendo Fontaine, todos en el hospital me llaman así y el Dr. Herrmann trabaja ahí.

- Entiendo, pues serás Fontaine Lamar. Mañana iremos a comprarte ropa apropiada.

- Trabajo todo el día.

- Entonces deja tus medidas y ya me haré cargo. Tienes el porte y la distinción de los Lombard, pese a tu cabellera roja, eres una jovencita favorecida.

- Gracias abuela por todo. No se arrepentirá por haberme recibido.

- Eso espero.

Maldita bruja, ¿no habían salido huyendo a Canadá hace más de 20 años?

Tenía ganas de ahorcarla con su collar de perlas.

Tan poco le importaba su hija, ni una maldita lágrima soltó.

Yo que de pequeña soñaba que se arrepentía y me pedía perdón, pero eso era cuando aún pensaba que la gente solía tener alma.

Abrir la puerta del lujo y la opulencia, qué más puede dar la felicidad a una joven dama en su veintena.

La amabilidad de los caballeros, jóvenes rubios, fuertes y altos, es tan sencilla de obtener sólo con reír sus bromas, pero sin parecer una chica fácil, sino una dama deseable, pero intocable.

Herr Carnicero está encantado con la francesita que lleva a todo el mundo del revés.

Nunca pensé en la simpleza del joven soldado y del caballero entrado en años.

Mi distinguida Bruja se siente el alma de las veladas, muchos jóvenes tenientes quieren ir a su casa.

Se realizan recitales en el gran salón, cenamos Le Filet de Légine, Pied de Cochon Farci de Poulpes et braisé y brindamos con champagne, tal parecía que no vivíamos una ocupación, que no existían cartillas de racionamiento en el mundo de Lucille Lombard, viuda de Lamar.

La historia en el hospital era otra, bastaron dos semanas para que Herr Carnicero se adueñará del cargo de director, dejando de lado al director francés.

- Quería Luisa, estabas soberbia con el vestido de anoche.

- Gracias Doctor Herrmann.

- Ayer tu charla en alemán ha sido bastante fluida, creo que me he convertido en un excelente profesor.

- Así es, mi alemán era muy rudimentario antes de conocerle.