EN LA COLINA DE TARA LA HUIDA #3
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LA HUIDA #3

- El conocimiento engloba varios campos, desde tu educación formal.

Yo por ejemplo he necesitado aprender inglés, italiano, alemán porque me fui dando cuenta que no puedes confiar en nadie y menos en un traductor -rio recordando algo que sólo él sabía, de lo cual un día tal vez yo sería partícipe- Tú sabes dos idiomas, eso ya es un avance.

Yo sé manejar cuchillos y otras armas, eso es algo necesario si quieres sobrevivir.

He matado a una persona, pero me he defendido de muchas más, tal vez éstas sean más bien destrezas, pero requieren de conocimientos tales como saber quiénes son, dónde viven, en dónde trabajan, cuáles son sus gustos, conocimientos, intereses, qué comen y cagan, si aman a alguien y a quién.

Debes educarte, en el mundo al que quieres entrar no lo hace cualquiera y menos una mocosa de quince, al menos, si quieres sobrevivir y para eso necesitas medios, principalmente económicos.

- Entiendo.

- Todavía no lo entiendes del todo, esto no se conseguirá sin nos regimos por nuestros impulsos, necesitamos tiempo, estrategia y compromiso; de mi parte me comprometo a ayudarte, a aceptar que aunque todas las fibras de mi ser quieren que no te involucres, acepto que esa decisión no depende de mí, lo veo en tus ojos, estás decidida con o sin mi ayuda y prefiero mil veces prestártela que dejarte sola a tu suerte, una vez más; y de tu parte que te comprometas a dejar de lado tu necesidad de conseguir la venganza que tanto deseas en poco tiempo, que no te dejes llevar por esa necesidad, que aprendas a ceder y escuches, aprendas, para que este barco que vamos a tomar llegue a buen puerto, y entiendas que aun así no tenemos garantías.

Pero mientras tú te preparas, podemos empezar por lo más sencillo y eso es averiguar todo sobre los miembros de la Guardia y de ese Hans que has mencionado, ¿vive en Midletown?

- No, en Berlín.

- Ese nombre puede que sea muy común, es más, Hans me suena a típico nombre alemán.

- Es un médico famoso.

- Eso es importante, no habrá muchos médicos berlineses famosos llamados Hans Herrmann. Debes describírmelo también.

- Está bien y ¿crees realmente que puedas averiguarlo?

- Yo no, pero a eso me refiero con que el conocimiento abarca varias facetas. Desde el formal, hasta que conozcas a la gente indicada. Te repito, en esta empresa en la que te quieres meter no entra cualquiera, y salir, salen muchos menos.

- Está bien. Tiempo y compromiso dices.

- No estás sola -dijo solemne mirando de una manera que me recordó a mi padre-

- Tú tampoco Pierre -agarré fuertemente su mano, él mirando nuestras manos entrelazadas me dijo-

- Ahora sólo nos llamas por nuestros nombres, no dejamos de ser tu familia porque no nos nombres como tal. No es menos tu madre por llamarla Marie o Cathy a tu tía. Créeme yo he intentado distanciarme miles de veces y mírame, seguís siendo mi familia.

- No me pidas tanto, de momento me aferro a la vida con otros lazos.

- No te culpo. Ahora subamos que refresca. Además, debes explicarme lo del anillo, sé que dejaste una nota a tu madre.

- Súbeme y te lo explicaré, sobre el anillo, la caja y el cuadro.

Pierre venía a visitarme cada vez que sus actividades se lo permitían.

Me hacía bien hablar con él de lo que en verdad sentía, no tenía que fingir y eso era reconfortante.

El resto del tiempo los pensamientos me consumían tanto que no era capaz de hablar demasiado con nadie.

Cada palabra me llenaba de rabia, si estaba tranquila y alguien reía imaginaba a esos hombres siendo felices, si veía un padre con su hija, era el mío que ya no tenía, quería acabar con ellos y eso hacía que mi odio se trasladase hacia todo el mundo.

Si una enfermera o un médico me trataba con amabilidad pensaba en Lininstone y sus habitantes, no iba a confiar en nadie si pretendía sobrevivir en este mundo, y debía sobrevivir si quería que pagasen, no me iba a ir sabiendo que ellos lo habían conseguido, ese era mi gran lazo con la vida.

Alan y Robert trabajaban en una fábrica gracias a Pierre, por lo que venían una vez al mes.

Cathy se quedó con mi mamá en un piso que alquiló Pierre cerca del hospital.

Veía a Marie feliz al ver mis avances, sé que pensaba que era una manera de recuperarme por dentro, que le decía sí a la vida. Yo dejaba que lo pensara.

Mi vida transcurría en las largas horas de la vida hospitalaria, me mantenía centrada en los pacientes.

Caras, cuerpos rotos, ¿Cuántos he visto hoy, ayer?

, me ayudaban a mantenerme focaliza y a la vez desconectada, hasta que un día en la sala de pacientes donde me encontraba, un joven médico que iba a inyectar a un paciente fue parado por la severa voz de la experimentada enfermera jefe.

- ¡No doctor! ya he inyectado la dosis al paciente.

- No me consta -dijo enardecido-

- Se lo garantizo yo –señaló ella inflexible-

- Está bien, pero que se guarde en el registro para evitar complicaciones.

- Así lo he hecho -el médico miró el registro y se fue refunfuñando-

- Estos jóvenes piensan que lo saben todo y hacen las cosas sin pensar -comentó la enfermera-

Una idea me vino posteriormente a la cabeza, en mis horas de insomnio, recordando ese momento, las enfermeras tienen acceso a todo tipo de medicamentos, y si bien no tienen todo el respeto de los médicos, conocen perfectamente su trabajo, tanto como la enfermera de la mañana, el médico se molestó, pero asumió fácilmente su palabra.

Una idea se apoderó de mí, un nombre lo tenía claro y era un médico borracho, adquirir conocimiento dijo Pierre, ser enfermera, seré enfermera, me dije.

Ese día dormí tres horas seguidas por la tranquilidad que me produjo esta epifanía.

- ¿Cuántos años se necesita para ser enfermera? Pregunté en cuanto vi a la primera enfermera de la mañana.

- Oh cariño, ¿te gustaría servir a los enfermos?

-dijo sonriente-. Nosotras somos enfermeras seglares, como sabes.

Pero ahora sé que cualquier muchacha que acabe su formación escolar se puede formar como enfermera, son dos años.

Antes este requerimiento no era necesario, pero eso traía muchos problemas de gente sin conocimientos.

Ahora las normas son estrictas, hay internados querida, para que aquellas señoritas con educación y deseo verdadero de servir lo hagan bajo los preceptos de la señorita Nightingale.

No sabes lo que me alegra que influyamos en personas tan jóvenes.

No sé quién te hizo daño, pero me alegra que veas un futuro y en él, ayudes a otros.

- Gracias hermana. Cualquier información me será de utilidad y sí, las he visto trabajar y admiro lo que hacen.

Me miró con ternura, nunca mencionaban mi situación, pero sabían de mis heridas físicas, aunque yo me encargaba de ocultar las otras. Sé que me admiraban por mi esfuerzo por caminar, comer y sé que sabían además que no dormía, lo que no sabían era el porqué de mi esfuerzo.

Varios recuerdos físicos quedaron de mi encuentro con La Bestia, un dolor en las rodillas cuando había humedad o frío, mi incapacidad de concebir, y el deseo de educarme.

En dos años acabé el lycèe con las mejores calificaciones, para orgullo de todos.

El regalo de mi Marie fue un conjunto de maletas de cuero para mi internado en Rennes; Cathy un juego de sábanas de algodón egipcio; Alan y Robert, un vestido de fiesta, “algún día lo necesitarás ya eres una señorita”, dijeron.

Pierre me regaló un collar de oro con un engarce en forma de corazón, para mi corazón de madera.

No hablaba de él, ni mencionaba su nombre, no me permitía ese lujo, era tan frágil el suelo bajo mis pies que su peso lo rompería.

Pierre se arrepintió del regalo al ver mi cara, pero yo igualmente lo acepté.

- Tengo los nombres de los tres guardias implicados en la investigación, dos de ellos están muertos, tuvieron un accidente automovilístico hace un año, el otro ha sido trasladado. Se llama Brian Dilan -me informó un día Pierre-

- Niell O'Connor ya no vive en Londres. Al parecer viaja por todo el mundo, la última vez que se tiene conocimientos de él es en Berlín.

Lo que me lleva a Hans Herrmann, un hombre con un nombre común, pero él no lo es en absoluto, efectivamente es muy reputado, sobre todo por sus investigaciones sobre la longevidad y el perfeccionamiento del hombre, en Alemania hay una corriente sobre la superioridad racial y el superhombre, así que nuestro querido Hans es una verdadera celebridad actualmente.

- Pero ¿por qué has tardado tanto en decirme lo de la muerte de esos dos guardias?

- Era mi regalo de graduación. No era necesario adelantarnos, Luisa el tiempo es fundamental, si no lo utilizas a tu favor y te apresuras, terminará siendo tu enemigo.

- Sí, el tiempo Pierre, el tiempo, lo sé -siempre me lo recalcaba- No puedo decirte que no me reconforten esas muertes, pero me hubiese gustado ser la causante, el destino me lo ha quitado.

- Creo que más que el destino, fue una carretera en mal estado.

No seas melodramática Luisa, que más dará como pasó, sólo pasó y me alegra que no hubieses sido tú.

Además, querida mía, la muerte no es la única forma de venganza, esperaba que a estas alturas desearas un método más convencional, como la cárcel, por ejemplo.

- Me estás arruinando el regalo, creo que fui clara desde el principio. Además, esa gente es importante, nunca podremos inculparlos.

- Eso no lo sabes.

- Eso lo sé, nadie nos creería. Eso ya lo he vivido Pierre, no me interesa lo que la gente piense de ellos y si eso los lleva a la cárcel. Sólo me importa lo que sé yo y cómo debo actuar.

Pierre y su idea del tiempo. Quiere que el tiempo me cure, y yo no puedo estar con Marie y Cathy, es tan evidente mi rabia. Casi no hablo y cuando lo hago exploto con facilidad, me es imposible convivir con ellas, con nadie, por eso me inscribí en Rennes.

- ¿Por qué no en París?, una muchacha de tu edad no puede vivir sola. ¿Por qué alejarte de tu familia? -preguntó dolida Marie, al enterarse que me había inscrito-

- Es mucho más económico que en París, además es una escuela con un estricto control de sus alumnas. Estaré practicando en el hospital y viviré con las demás alumnas. Es mi sueño y quiero conseguirlo.

- Está bien Luisa, has demostrado ser una muchacha digna de mi confianza, estudiosa y comprometida, si ese es tu deseo hija sólo me queda decirte lo orgullosa que estoy de ti, irás a Rennes. Pero aprende a sonreír e intenta ser feliz, espero que tu deseo de ser enfermera te dé esa felicidad.

- Eso quiero.

- Te extrañaremos muchísimo -añadió Cathy-

En este tiempo había envejecido tanto, poco quedaba de esa mujer de hierro, ahora era una ancianita callada, siempre cansada. Lo vivido nos envejeció a todos, vivimos en un verano dos vidas. Al final todos lo aceptaron y el día de mi graduación celebramos también por mi vida en Rennes.