LA HUIDA
Cuando volví en mí estaba en un coche, el doctor me tenía sujeta entre sus brazos, el dolor que sentía era indescriptible.
- Calma, pronto llegaremos -me dijo mirándome a los ojos apremiante, tranquilizador, y desesperado, si eso tenía algún sentido, porque esos ojos hace un momento carecían de toda humanidad-
Empecé a retorcerme, cada movimiento me martirizaba de una manera inimaginable.
- Luisa tienes las rótulas dislocadas, no te muevas, pronto estaremos con tu madre, ¡te sacaremos de aquí!
- Suélteme, no dejaré que las mate.
- Luisa, no soy Colm, no quiero haceros daño. -sentí como me clavaba algo. - No te muevas, calma, escúchame -decía en un tono relajado- te he inyectado morfina, no te muevas, ya estás a salvo.
No sé cuánto tiempo pasé bajo los efectos de la droga, no era consciente del tiempo ni del espacio en el que habitaba.
Las voces venían de repente, para luego perderse en la oscuridad o en el sinsentido.
El dolor siempre presente en menor o mayor medida, creo que me volvía a inyectar cuando me veía sufrir o tal vez era el modo en el que actuaba la morfina, no lo sabía.
- Está muerto. Parecerá un accidente, yo me encargaré de decir que estaba borracho, no se preocupe -era la voz del médico-
- ¿Mi hija se salvará?
- Marie, ahora lo más importante es que la hemorragia ha parado, pero debemos evitar una infección, eso es lo más importante ahora mismo.
Aunque me preocupan también las rótulas, no puedo saber sin rayos si hay fractura, mediante tacto pienso que se trata de una dislocación, las he reducido e inmovilizado.
pero debe ser tratada cuanto antes en un hospital.
Quería hablar, pero no me salían las palabras, quería agua, y que me quitaran la arena que tenía en la boca.
Sus voces cada vez se alejaban, estaba en medio de montañas de arena, como aquellos desiertos que nos contaba el profesor Blesson.
Nos intenta dar clases entre las dunas del desierto, pero el viento es tan intenso que la arena se nos mete en la boca y los ojos.
La clase es de Anatomía, nos habla sobre los músculos, ligamentos, huesos, usaba un esqueleto humano y varios dibujos.
- Pasa tú, Luisa.
Quise levantarme, pero al hacerlo mis rodillas se partieron, escuché el chasquido y luego el dolor, quise gritar, pero la arena se metía en mi boca. Todo se movía a mi alrededor.
- ¿Cómo supo dónde estaba? -preguntó en inglés mi tío Pierre apareciendo en medio de mi clase de repente-
- Se lo dije yo, soy el chofer de ese hombre -y junto a él, como por arte de magia, se materializó el chofer que me llevó a la fiesta- Me ordenó que cortará las líneas telefónicas, me pidió lo mismo cuando el señor O'Donell falleció y los O'Brien.
Reconocí a la señorita, quise decirle que tuviese cuidado, pero tuve miedo, lo siento muchísimo.
Le juro que no sabía nada, pero lo sospechaba y llamé al señor Gerald, no podía permitir que le pasará nada malo a alguien más.
- ¿Por qué debemos confiar en ustedes?
- Entiendo su desconfianza, soy hijo de ese hombre, pero no soy como él, ni siquiera me crie a su lado. Colm le hizo varias cosas a mi madre...
Apareció una mujer en medio de clase, la arena se arremolinaba a su alrededor, atada, La Bestia empezó a torturarla mientras me miraba, grité.
- Está despertándose -dijo mi mamá con una voz angustiosa-
- Mi querida niña, estamos aquí, te amamos, estamos aquí -decía mi tía-
- Si mi amor, estás con nosotras. Nada te pasará.
Quería abrir los ojos, Pero no podía hablar ni moverme. Las voces eran lejanas, hasta que todo se volvió negro.
- Tranquila Luisa. ¡Vaya más despacio, le duele!
- Está bien señor, lo siento.
- ¿Cuánto queda? -preguntaba mi madre-
- Una hora. En una hora llegaremos a puerto si voy despacio.
De nuevo la oscuridad.
- Nos vamos pasado mañana, todo está organizado. Nos llevarán en un pesquero -la voz de mi tío Pierre otra vez- ¿dónde estoy? ¿En París?
- París -sólo puede decir -
- Luisa, si mon cherí, vamos a París.
Todo se perdió nuevamente. Todo era un constante ir y venir de consciencia– inconsciencia, donde fuertes golpes de dolor entorpecían aún más mis pensamientos. El vaivén hizo que vomitara todo el contenido de mi estómago. ¿Por qué todo se mueve así?
- Estamos en un barco, vamos a Francia.
- ¡Mamá que no se mueva tanto!
- No puedo evitarlo, sé que duele. Lo siento mi amor, pronto llegamos.
Una vez llegamos al puerto de Cherboug, y en cuanto tocamos tierra, ingresé en el hospital, pasé ahí tres meses.
Mi madre me contó, cuando pude escucharlo, cómo habían ocurrido las cosas aquel día.
Dos horas después de irme de casa, mi tío Pierre llegó sorpresivamente.
Robert y Alan lo habían localizado, y en cuanto supo lo que pasó nos fue a buscar.
Sabía que no podía llamarnos, ni telegrafiarnos, así fue como se presentó sin llamar la atención para que nadie se enterara de su presencia, su idea era llevarnos aquella misma noche.
Mamá fue a casa de Anne, ella no pudo más que confesarle que había ido a Midletown con Rosie.
Mamá intentó comunicarse con ella, pero la línea telefónica no funcionaba, ahora sabemos el motivo.
La Bestia dejaba al pueblo incomunicado para que no nos comunicáramos con otra Guardia que no fuese la de Midletown, una vez ellos se hacían cargo, poco se podía hacer.
Según les contó el chofer, si alguien hubiese llamado a otra central de la Guardia, al mismo Dublín, por ejemplo, otro departamento se hubiese hecho cargo y eso precisamente querían evitabar a toda costa, puesto que una vez el departamento de Midletown tomaba un caso, ningún otro iba a poner en tela de juicio su labor, salvo pruebas irrefutables.
Lo cual era complicado porque lo que menos quería la Guardia Cívica era descubrir corrupción dentro del cuerpo.
Así que una vez era tomado el caso por Midletown, teníamos las manos atadas.
El chofer llevaba años trabajando para La Bestia, según él había violaciones, pero La Bestia siempre se encargaba de pagar a las familias de las muchachas que eran de humilde condición, pero si no aceptaban el pago a cambio de su silencio la Guardia se encargaba de amedrentarlos.
El miedo les hacía preferir el dinero e irse, a quedarse y terminar presos o muertos.
El chofer temía ese futuro para sí mismo, así que tampoco abrió la boca, hasta la masacre de Lininstone.
Jamás pasó por su mente y pese a todas las perversiones que vio y calló, llegaría a esos extremos.
No estuve consciente, si no le hubiese hecho tantas preguntas a ese hombre ¿Qué sabía de la secta?
¿Qué perversiones tenían que ver con sus gustos particulares y cuáles las consideraba parte de su organización?
, por tanto ¿Había más cabecillas o el resto eran sólo sus lacayos?
, esencialmente ¿Por qué? y ¿Quiénes? Aun así, tenía el nombre más importante de todos, Peter Dillon, él es la llave que necesito, ataviada en el traje de un simple chofer, él era quien podía ayudarme, él podía darme la clave que tanto necesitaba, estaba segura.
Aun así, aclaró a mi familia otras dudas como por qué llamó al doctor, sencillamente Peter estuvo el día que nos encontramos “casualmente” en el restaurante con La Bestia, también lo llevó al parque y lo siguió, sabía que era un depredador y que su hijo era mi médico.
No sabía mucho de Gerald Kavanagh, o más bien sabía lo suficiente para confiar en él, sabía que la relación con su padre era nula, escuchó además una conversación que tuvo Gerald con su padre el día del restaurante.
Al dejarnos había regresado junto a aquel y le había dicho.
- ¡Deja a esa familia en paz, maldito bastardo!
- No sé de qué me hablas. Esas mujeres son la mujer y la hija de ese asesino, por qué atiendes tú a esas campesinas depravadas.
- Sé cómo la mirabas. No sé quién era su padre, pero sé que ellas no son ese hombre, como mi madre y yo no somos tú.
- ¿Me estás comparando con un campesino asesino?
- Tú no eres nadie para mí. Estoy aquí porque se lo prometí a ella, está será la última vez que me verás, maldito. Sé que te gustan las niñas, si la tocas yo me encargaré que te pudras en la cárcel.
- Eres tan dramático como tu madre.
- De ella no hables, no se te ocurra mencionarla con tu sucia boca.
Esa conversación lo convenció. Por eso cuando le pidió cortar las líneas de Lininstone, fue directamente a Gerald.
Él se encargó de mí y prometió hacerse cargo de todo para que pareciera un accidente.
No por la reputación de La Bestia, sino porque mi mamá le dijo que su padre tenía amigos que podían acabar con nosotras sí se enteraban de lo que pasó realmente.
Pese a ello, mi madre no le contó lo que sabía, no confiaba del todo en ese hombre e hizo bien, no podemos correr más riesgos.
Cuando llegué a Cherboug pasé semanas con fiebre y delirando sobre ganado colgado y despellejado, con carniceros que torturaban a las reses; otras veces estaba en un coche con Peter y le preguntaba los nombres de los miembros, él simplemente me miraba y me dejaba en la mansión una y otra vez al encuentro con mi destino.
Él fue la llave, pero en ese momento no lo sabía y ahora era tarde para mí.
Necesité cinco semanas para curar mis piernas, tal como dijo el médico el martillo no las rompió, sino que las dislocó. Nunca podrás tener hijos, me dijo mi madre llorando desconsolada un día, tardamos tres días en llegar al hospital y para ese entonces la infección había tomado mi útero.
- Hubiese querido ser yo, hijita.
- Yo decidí ir mamá, no tú. Tú nunca hubieses ido. No había salida y en parte lo sabía, les puse en riesgo y también lo sabía, mas no lo pude evitar. Nunca voy a tener una familia, nunca voy a tener hijos, y no porque no pueda, sino porque no quiero. No soportaría una pérdida más en mi vida.