EN LA COLINA DE TARA Chapter 14
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Chapter 14

- Al fin te despiertas, sí que has tardado zorra.

No pensaba con claridad, tenía un dolor agudo en mi cabeza, y la mirada borrosa, me dolía todo el cuerpo y tenía muchísimo frío.

Quise mover mis brazos e intentar huir, fue entonces cuando empecé a darme cuenta de mi precaria situación.

Estaba desnuda y atada con una cuerda sujeta por las muñecas a una viga del techo.

Intenté mover las piernas, pero también estaban inmovilizadas, apenas tocaba el suelo del granero en el que me encontraba con la punta de los dedos, impidiendo así cualquier movimiento. Forcejeé inútilmente.

- Ahora podemos empezar a jugar -dijo entusiasmado-

- ¡Maldito enfermo, no te tengo miedo!

- Deberías querida. Hans es mucho más diestro que yo, pero soy un excelente aprendiz y también he hecho mis propios escarceos.

A su lado había una vasta mesa de madera con objetos encima, mi mirada borrosa no me permitía discriminar qué eran. Con una mano cogió algo de ella, creo que una especie de tenazas, tensándose mi cuerpo instintivamente.

- Veamos -dijo rozándome un pezón con el frío metal. Fue bajando hasta ponerlo entre mis piernas- mejor vamos in crescendo -dijo, y lo quitó- Imagino que además de querer matarme, querías información -comentó irónico-.

- Miré al techo y recé por última vez, no a Dios sino a mi padre, que sea rápido y que mi madre encuentre la nota.

Me la imaginaba sospechando, entrando a mi habitación, huyendo antes de que sea demasiado tarde.

Recé, porque aún no hubiese mandado a nadie a por ellas.

Recé no para pedir que sea rápido, sino para que me diera la fortaleza de aguantar lo suficiente y facilitar su huida.

- Sí, claro que quiero información -aferrándome a la rabia, y no al terror, para que ésa rabia me diera la fuerza que necesitaba-

- Está bien, para demostrarte que soy magnánimo, tienes derecho a cinco preguntas, úsalas sabiamente, porque por cada una de ellas me tienes que dar algo a cambio.

- ¿Por qué mataste a los O' Brien?

- Yo no los maté. -respondió y me arrancó una uña del pie. Tal grito salió de mi garganta que ni yo misma lo reconocí como propio-

- Te dije que lo pienses sabiamente. Pero es difícil que una estúpida perrita como tú piense y más con sabiduría. Aun así, me sorprende que descubrieras que yo formaba parte. Déjame preguntarte ¿cómo lo averiguaste?

- ¿Quién más importante que tú para controlar a la Guardia? -No mencioné ni la caja ni el anillo-

- ¿Sólo eso?, esperaba tener una rival mucho más digna.

Tu padre y el doctor sí que al menos casi lo fueron.

¿Sabes que tu padre rogó por ti antes que por su propia vida?

, por su dulce Luisa, y no fue el único al que embelesaste.

Nos has costado caro, pero ya te tengo pequeña y embaucadora Luisa, debo agradecer a tu padre el gritar tu nombre.

Papá dame fuerzas papá -Rogué-

- Todo nos había salido mal, y cuando pensamos que los astros no nos favorecían, apareciste tú en su firmamento.

Luego intenté arreglar ese despropósito, pero los incompetentes guardias mandan la autopsia al supuesto paleto local ¡y con el dinero que les pago no lo investigan!

, el viejo medicucho era un cirujano reputado.

¿Quién pensaría que tal personaje ejercía de médico de familia en Midletown?

Fue toda una sorpresa, pero para eso les pago, para evitarlas.

Tu padre fue otra, y tú, querida Luisa, nos has llevado a todos de cabeza –se quedó un momento en silencio y prosiguió- Creo que es hora de continuar con tu interrogatorio, debes de estar ansiosa. Vamos pregunta.

- ¿Por qué…?

- Un momento… recuerda, sabiamente.

- ¿Quién los mató? Ya sé que tú mataste a mi padre. -Me arrancó otra uña-

- Lo he dicho antes, las manos diestras de Hans. Debes escuchar más atentamente, pues te estoy ya dando información.

- ¿Por qué? –dije a voz en grito presa del dolor-

- Esa pregunta vale doble. Cogió un martillo y golpeó con fuerza mi rodilla. -Sentí como se desprendía-. ¡Ah, maldito hijo de puta!, -chillé-

- Voy a sacarte esa sucia lengua y ya no podrás preguntar. Dije vale doble –y acto seguido golpeó la otra rodilla-

Perdí la consciencia, cuando volví en mí estaba mojada.

El dolor en mis hombros era insoportable, colgaba incapaz de apoyarme por el agudo dolor en mis rodillas y porque el suelo había desaparecido.

Casi no podía respirar en esa posición, era incapaz de expandir mi pecho para tomar aire, me sentía confusa y lo veía todo a cámara lenta, como si estuviese en un largo túnel y su voz llegaba a mí como un eco distante.

- Debajo hay rastrillos y picos, me faltas el respeto y terminarás empalada antes de tiempo y no hay nada que me moleste más que no terminar un juego. Movió una palanca ubicada muy cerca de mí y cerró la trampilla que había a mis pies.

El dolor era muy intenso, casi no podía respirar ni pensar, sólo tenía una idea: saber. Nada quedaba ya, solo eso, un por qué.

- ¿Ya no quieres saber qué pasó?

- ¡Sí! –grité, pidiendo a mi cuerpo aguantar un poco más-

- Bueno piensa bien tu siguiente pregunta. Con respecto a la anterior, fue un ritual.

- ¡Dijiste que valía doble! -dije gritando de dolor y dejando escapar el preciado oxígeno-

- Está bien, un ritual para el pequeño Killian. Por cierto ¿sabes dónde está? Si me lo dices tu dulce madre y la vieja con la que vives podrán irse a París.

Papá ayúdame, qué puedo hacer, dame fuerzas. Intenté regular mi respiración, tomar aire en pequeñas inhalaciones. Mi pecho dolía, mi cuerpo entero sentía los latidos de mi agitado corazón lleno de terror aferrándose a la vida. Cálmate, Luisa, me dije, pronto acabará.

- ¿Me lo juras?

- Te doy mi palabra, eso vale más que cualquier juramento. -dijo con la mirada cargada de esperanza-

Al menos tenía una carta, hace un momento no tenía nada –pensé-

- No te lo diré hasta saber lo que quiero. Eso vale por mis otras dos preguntas.

- Eso valía por la vida de tu familia. Pregunta rápido.

- ¿Por qué el ritual era para Killian? –pregunté con un hilo de voz-

- Porque tuvo la suerte de heredar la fuente de la vida.

Cogió la pistola y me la metió en la boca, con tanta fuerza que me partió un labio.

Tomó mi sangre y la lamió. “Tienes unos labios tan carnosos y exquisitos, déjame decirte que ese tono rojo te queda maravillosamente. Ahora veamos como sangras en estos labios” y me introdujo con fuerza brutal la pistola en mi vagina, la empezó a mover bruscamente y con cada movimiento desgarraba algo dentro de mí.

- Ábrete para mí. -tomó un cuchillo y cortó las ataduras de mis piernas-

Seguía moviendo la pistola en mi interior como un poseso y con una mueca grotesca en su rostro. Sólo quería que me llevase la muerte, había sido una ilusa al pensar que llegaría a algún tipo de trato conmigo. Mi cuerpo no lo soportaría más. Mi mente quería volar a su lado.

“Mamá perdóname, encuentra la nota, huye” suplicaba en mi interior.

“Papá ayúdame”, pedí sin ser consciente de que aún me aferraba a la vida, que todavía deseaba ir con él.

Y como si de una señal se tratase vi la palanca, podía mover mi pierna y alcanzarla, tan cerca se encontraba.

La bestia con los ojos en blanco hizo ruidos como si disfrutase con lo que hacía, estaba tan ensimismado que no se dio cuenta cuando abrí la compuerta, precipitándose hacia la muerte.

Quedé colgando incapaz de usar mis piernas nuevamente para alcanzar la palanca. El dolor al moverla me resquebrajó por dentro, como si un rayo me atravesara y me partiese por la mitad. Esperando que la asfixia acabara con mi vida, escuché su voz.

- ¡Luisa! -un grito desesperado, provenía de la parte de abajo-

- ¡Killian! -grité-

- Tranquila Luisa estás a salvo, ya estás a salvo. Cogió unas tijeras y cortó las cuerdas.

- ¡Mi madre! -exclamé-

- Te llevaré a casa, no te preocupes, nadie te hará daño. -me desmayé en sus brazos-