EN LA COLINA DE TARA RESOLUCIÓN #4
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RESOLUCIÓN #4

El regreso en autobús intenté parecer calmada, no sabía si alguien me seguía.

Todos parecían personas normales, pero casi todos los monstruos lo parecen.

Todo fue tan fácil, no hice ni dije prácticamente nada.

La bestia lo hizo todo, ¿qué significaba?

, ¿estaba llevándome a mi final? Creería realmente que mi madre no sabría que iría a su fiesta o su impunidad era tal que poco le importaba.

Aunque por qué iba a meterme en una de sus fiestas con tanta premura, tal vez intuía lo que sabía o simplemente estaba acostumbrado a coger lo que quería, era incapaz de descifrar sus intenciones.

Lo que tenía claro era que entrar en su casa sería fácil, en tanto que salir no.

Tendría que ir preparada, las cartas ya estaban echadas.

Lo único que me quedaba hacer era lo más difícil, escribir una misiva a mi madre.

“Mamá por mi culpa has perdido a tu esposo, por mi culpa has perdido a tu única hija.

Vete, vuelve a Francia. No quería destrozarte, pero en ambos casos no veía otra opción.

Mamá, el asesino es Kavanagh, si no he regresado es porque me ha sido imposible.

Pero si muero, él se irá conmigo. Hay un anillo debajo de mi almohada, quien lo tenga está implicado.

Lo siento mamá. No podía irme sabiéndolo.

Te amo,

Luisa”

Es una carta que espero jamás tenga que leer. No puedo dar más explicaciones, no debo hablarle del odio que crece en mí, no quiero que sepa lo poco que queda de su hija.

Hablé con Anne y le dije que debía decir en casa que me quedaría a dormir en la suya. No le gustó la idea, la veía francamente preocupada. “Sólo quiero ir a Midletown y hablar con Rosie, hemos hablado por teléfono, pero mi madre no me dejará ir hasta allá”. No sé si se lo creyó. Pero aceptó.

Salí de mi casa una hora antes de que viniera el coche, y me dirigí hacia las caballerías del señor Butler.

Una vez allí me puse mi vestido azul, con el cual Killian me declaró su amor hacía pocas semanas, nunca pensé volvérmelo a poner y menos para seducir al asesino de nuestras familias.

Me despedí del viejo corcel que tanto me ayudó.

- Adiós compañero, me gustaría poder subir a tu lomo y pedirte que me lleves a casa esta noche -movió sus orejas y relinchó levemente mientras le acariciaba la crin-

- Está vez deberé intentarlo sola -dije mientras tocaba el bolso donde llevaba mi pistola-

Cuando llegué al sitio acordado, un vehículo Rolls Royce “Silver Ghost” me esperaba.

Tal exhibición no parecía la forma más discreta de recogerme, esperaba que al estar ocultos tras la caseta nadie nos viese.

A este pedante poco le importaba pasar desapercibido, ese rasgo de su carácter podía traerme complicaciones.

- Buenas tardes Madame -dijo el conductor mientras me abría la puerta, miré hacia el pueblo, no sabía si esa panda de chismosos me vería. Iba tapada con mi abrigo negro, aparentemente no había nadie, pero no podía estar segura-

El chofer no dijo nada en el trayecto y lo agradecí.

Me veía de vez en cuando por el retrovisor, ¿qué es lo que sabría este hombre?

y ¿qué indicaciones tendría? Podía no estar enterado de nada o saberlo todo, por algún motivo esperaba que sólo creyese que llevaba a una fulana más a su patrón.

Cuando nos acercamos al pueblo mi corazón latía muy fuerte, me temblaban las manos.

El chofer lo notó porque empezó a mirar repetidamente por el retrovisor.

Tengo que calmarme, he llegado hasta aquí, no puedo arruinarlo, respira, sólo respira.

Dejamos atrás el pueblo, un gran muro daba cuenta de lo extensa de la propiedad, entramos por una gran puerta metálica, una vez dentro, un largo camino con hileras de cipreses nos conducía al edificio principal, había faroles que iluminaban el lugar.

De fondo se alzaba la mansión llena de luces y gente que bajaba de sus lujosos coches.

Una gran fuente iluminada enfrente de la entrada y la mansión de color amarillo ocultaba la oscura verdad, tal como la casa de dulce de Hansel y Gretel, pensé.

Tanto esplendor lejos de tranquilizarme hizo que me pusiera aún más nerviosa, más de lo que lo hubiera hecho una lúgubre y oscura mansión, tropecé al bajar y el chofer me sujetó con fuerza.

- No se preocupe señorita -me miró intensamente, daba la impresión de que quería decirme algo, al final me soltó y tras una breve pausada dijo- Cuidado con la grava.

- Gracias, la tendré.

Subí la escalinata, una suntuosa entrada con empleados a ambos lados daban la bienvenida a los invitados, ninguna de sus caras me era familiar.

Al llegar un mayordomo pidió mi abrigo. Los vestidos de las mujeres eran mucho más elegantes y sofisticados que el mío que tenía los volantes de un vestido infantil.

Pero eso le gustaba a La Bestia, su mirada se posó en mi gustosa.

- Querida Luisa, estás exquisita. Diremos que eres una sobrina que viene de Francia, no queremos que sepan quién es tu padre. Está gente no es del condado y no conocen tu cara.

- Gracias. Su casa es maravillosa.

- Aún no has visto nada, lo mejor para después.

Su mirada repugnante y sus comentarios sobre Francia, lo sabía todo de nosotros y quería que yo lo supiese.

Me presentó a todos como su sobrina tercera, me llevaba de un lado a otro para luego dejarme en una especie de jardín cerrado o invernadero al lado del salón principal.

Las mujeres bebían, fumaban y hablaban de banalidades, los hombres se habían ido a otro salón para hablar de negocios.

Decidí levantarme y buscar el despacho, me pareció el mejor sitio para iniciar mi búsqueda.

Cuando salí del invernadero un empleado se me acercó.

- Desea algo señorita.

- Sí, el tocador, gracias.

- Le acompaño.

- Basta con que me diga dónde está.

- Es un placer acompañarla.

¡Maldita sea!

- Merci -mientras me llevaba al tocador, intentaba localizar el despacho, pero todas las puertas estaban cerradas-

- Aquí es señorita.

- Muy amable -esperaba que se fuese, pero no lo hizo. Entré y me quedé mirando al espejo. Las otras mujeres y hombres se movían a voluntad, estaba claro que no me permitiría ir a ningún sitio que no quisieran que esté, “¿Qué haremos ahora Luisa?” el reflejo no supo que contestar.

- La cena está servida. -informó el sirviente cuando salí-

De camino al comedor un hombre robusto, bajo y calvo tocaba a una mujer rubia y alta de manera inapropiada.

La mujer reía, pero intentaba quitárselo de encima, hablaban en, por lo que me parecía, alemán.

El hombre estaba totalmente ebrio, aparentaban llevar tiempo en la casa, pero no los había visto, en el momento que pasé a su lado, la mujer me miró y se separó del hombre para darme espacio, él trastabilló y se agarró a mí para no caerse.

- Disculpa encanto. -dijo con un marcado acento, y con el aliento apestando a wishky, se sujetaba con fuerza a mi hombro, por lo que mecánicamente me giré para instarlo a soltarme y vi el anillo-

- Disculpa al doctor, se ha excedido con la bebida. Ven aquí Hans, estás haciendo daño a la chiquilla.

Palidecí de repente. El sirviente continuó caminando y lo seguí, no podía respirar, ¿estarían todos aquí?

En la mesa me sentaron distante al anfitrión, todos hablaban entre sí, pero yo casi no escuchaba, sólo podía ver sus manos, nadie más parecía usar el anillo.

El alemán no estaba en la mesa, aunque la mujer rubia sí, sentada justo a mi lado.

Me preguntó si estaba bien y le dije que sí, se disculpó por la escena que montó su novio.

- No se preocupe no ha sido nada.

- Lo he mandado a dormir, no podía mantenerse ni en pie. Es un magnífico médico, pero su talón de Aquiles es el wishky, nadie creería al verlo así que es una eminencia.

- No -contesté risueña-

- Pues sí, es un cirujano reputadísimo en Berlín, conoce al mismísimo führer.

- ¿Cuál es su nombre?

- Hans Herrmann ¿Tú eres la sobrina de Colm?

- Así es.

- Eres toda una preciosidad, tienes la piel más maravillosa que he visto y tu cabello, además de tus rasgos.

- Gracias –dije aparentando estar avergonzada por los cumplidos-

- ¿El doctor ahora trabaja en Irlanda?

- Oh no querida, no soporta vivir en el campo. Hemos venido por negocios, estamos mes y medio y casi no he salido. Pero pronto nos iremos.

- Entiendo.

El hombre a mi lado empezó a tontear con la mujer y ya no volvió a hablarme. Intenté meterme en la conversación, pero de repente estaban en una burbuja en la que no podía entrar. Dejó de hablar del médico y se dedicó a seducir al comensal.

Una vez terminó la cena, la gente bailó y bebió.

El empleado que me acompañó al tocador estaba recogiendo al parecer el costoso florero que tiró sin querer una mujer.

Todos tan distinguidos y elegantes cuando se mostraban en el exterior, se llenaban de excesos dentro de su grupo.

En ese momento aproveché para buscar el despacho, fui directamente a el que suponía podía ser, pues tenía una doble puerta.

Era una biblioteca enorme, cuando iba a cerrar la puerta, vi encima de una gran chimenea encendida un cuadro del que parecía ser un ancestro Kavanagh por los ropajes utilizados.

Al fijarme más detenidamente observé que llevaba el anillo, me quedé parada mirándolo estupefacta, luego me acerqué, el cuadro tenía una firma ilegible y el año 1708, ¿desde cuándo provenía esto?

No era, como creía, la posible consecución de actos de un loco, este grupo sangriento llevaba siglos instaurado.

¿Por qué entonces el tío abuelo John?, ¿qué relación podía tener con esta gente?

Me encontraba cada vez más pérdida, sabía que un alemán viajó para los asesinatos no podía ser coincidencia, ¿tan planificado estaba?

- ¿Qué haces aquí? -dijo la voz de La Bestia a mi espalda. Me giré lentamente presa del terror-

- Buscaba el tocador.

- Evidentemente éste no lo es.

- Lo sé, pero vi la puerta abierta. Me encanta la lectura y este lugar es un sueño hecho realidad – comenté simulando entusiasmo-

- Es de mala educación entrar donde no se debe. Creo que deberé reprenderte pequeña, ¿cómo lo haremos…? -dijo mientras se acercaba con mirada lasciva hacia mí-

- ¿Este caballero es un antepasado? -pregunté intentando ganar tiempo-

- Claro que lo es. Pero lo que menos quiero ahora es darte clases de historia, no creo que te interese demasiado. Además, tengo en mente unas clases mucho más interesantes.

- Es mejor que vaya con sus invitados. Yo puedo esperar

- No sé si yo pueda querida, te ves magnífica con esta luz, tu cabello resplandece. Recuérdame tener encendida la chimenea cuando…

- Si así lo desea -dije dirigiéndome apresuradamente a la puerta-

- ¿Por qué tanta prisa? -preguntó agarrándome del brazo con tanta fuerza que sin querer solté el bolso. El golpe y el sonido seco del metal hicieron que la mirada de La Bestia cambiara. Se reclinó y levantó el bolso- ¿Qué llevas aquí? -inquirió mientras lo abría-

¡Estaba perdida!

- Eres menos estúpida de lo que pensaba -añadió antes de golpearme con la culata en la cabeza-