EN LA COLINA DE TARA LUISA #2
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LUISA #2

- Marie, calmémonos -dijo en tono reconciliador papá-

- Pequeña, sé que se amaban, siempre lo supe y sí, imaginaba que terminarían juntos.

Sé qué harías cualquier cosa por él, eres fuerte y leal, y valiente, tienes el corazón más grande del mundo y no lo digo porque seas mi hija, sino porque te conozco, te he visto crecer, sé qué clase de persona eres.

Aun así, ya no se trata sólo de la seguridad de Killian, sino de la nuestra.

Todo ese amor que sientes por él es el que yo siento por ti y te protegeré con mi vida.

- ¿Por qué dices que corremos peligro? -preguntó nerviosa mi tía-

- Está conversación la quería tener con Robert y Alan aquí.

No quería preocuparles, pero ellos están recogiendo vuestras cosas Cathy, van a irse en poco tiempo antes que nosotros, con la excusa que vuelven a la hacienda.

Nosotros nos iremos mañana de madrugada, todos nos iremos.

No me queda más que explicarles parte de lo que está pasando, y espero entiendas Luisa por qué no tenemos otra opción.

El Dr. Benson estaba a cargo de la autopsia de los cadáveres, notó irregularidades en la investigación.

Por ese motivo lo culparon, yo vi como lo llevaban, a hurtadillas, después de noquearlo, no preso, sino secuestrado.

Culpan a Killian porque él sabe quiénes son los verdaderos culpables.

Es decir, quién y por qué, la Guardia lo sabe y todo aquel que lo descubra corre peligro.

- ¿Y nosotros qué tenemos que ver en eso hijo?

- Hubo una reunión con el Dr. Benson, el secuestro del doctor fue el mismo día. Más tarde mandaron una nota amenazando a todos los que asistimos a la reunión.

- Madre Santa hijo, pero ¿qué más saben?, ¿quiénes son esos desalmados?

- No voy a decirles más cosas por el momento hasta que estemos a salvo.

- Está bien hijo, debemos irnos cuanto antes. Es todo lo que necesito saber.

- ¿Entiendes Luisa?

- Entiendo papá. -mentí-, sólo tenía esta noche para localizar a Killian y que huyese con nosotros.

- Cariño discúlpate con tu madre.

- Lo siento mamá.

- No tengo nada que disculpar -dijo mi madre que había mantenido una mirada triste desde que le dije lo que pensaba de ella. Un poco de culpabilidad recorrió mi cuerpo al escuchar su voz que sonaba rota-

- Voy a preparar mi maleta.

- Está bien, yo ya empecé, sólo coge lo indispensable, no quiero que nos vean con demasiadas cosas. Nosotros ya nos hemos encargado de mencionar que nos quedaríamos todos en la hacienda.

- Está bien, permiso. -Me giré en la escalera y dije-, Pero papá cuando estemos a salvo debes decirme que pasó con ellos.

- Sube hija, tenemos poco tiempo. De eso ya hablaremos llegado el momento.

Recogí mis cosas. Cogí el anillo y la mariposa de Killian y me los colgué en un collar. Saldríamos de madrugada, mis padres y mi tía estuvieron hasta las diez de la noche recogiendo cosas. Los Bryne se encargarían de la comida y enseres varios que dejábamos.

Decidieron que durmiéramos cuatro horas, teníamos mucho camino por delante.

Estuve esperando que no hubiese ningún ruido, y una vez todos se acostaron bajé por las escaleras, el peso de mis pisadas hacía que crujiera la madera, decidí deslizarme por la barandilla y salir por la ventana del despacho.

Una vez en el exterior, corrí hacia el establo que había a las afueras del pueblo y pertenecía al anciano Butler.

Seanathair, el viejo caballo estaba y no lo echaría de menos hasta que empezara con las faenas de sus tierras, en torno a las seis de la mañana.

Tardé dos horas y media en llegar con el lento andar del viejo animal, la luz de la luna me acompañaba, pero tuve que ir con extremo cuidado. Encendí la linterna al bajarme del viejo corcel.

- Lo has hecho muy bien Seanathair, espérame aquí, pronto regresaremos -por favor, Dios, te suplico que Killian esté aquí-

Lentamente pisaba evitando las grandes rocas, mientras con la luz iluminaba el camino, aun así no pude evitar caer un par de veces antes de entrar en la cueva, donde la tenue luz de la luna no entraba y la oscuridad era total, la luz de la linterna poco me iluminaba, dentro estaba llena de rocas y bichos, escuchaba como huían pequeños animales a mi paso.

Intenté no enfocarme en eso. Una vez me hube adentrado un metro empecé a llamarlo.

- Killian. Soy Luisa, Killian, contesta por favor.

Me fui metiendo cada vez más, sabía dónde ir.

La última vez que estuvimos, dejamos varias mantas, un barril, una silla vieja, jugábamos a ser exploradores o piratas hasta que Moira se hizo un esguince en la pierna y decidimos no volver por seguridad de las más pequeña.

La cueva tenía una pared de piedras, más allá nunca fuimos por miedo a un derrumbe, además, pasar era prácticamente imposible.

Nuestro refugio se hallaba al final de la cueva antes de que empezara la pared de piedras, ahí tenía que llegar.

El olor a madreselva lo inundaba todo, el musgo hacía que el suelo fuera extremadamente resbaladizo, sin la luz del día era difícil saber dónde pisaba, iba sujetándome como podía por los salientes de las paredes, de día y con ayuda de Killian era más fácil pisar en zona segura, la cueva era tan oscura que la luz apenas iluminaba mi camino.

- Killian –dije. Escuché un ruido, distinto a los anteriores-

- ¿Killian eres tú? No te muevas voy por ti. -Sentí su presencia con mucha intensidad, la alegría se apoderó de mi cuerpo por primera vez en semanas-

- Mi vida, ¡voy! -dije-. Empecé a caminar con mayor rapidez, me resbalé y caí fuertemente, golpeándome en la rabadilla con el saliente de una gran roca, quedé un momento presa de un dolor agudo, me quise levantar, pero no pude, la linterna, que logré sujetar, la dejé en el suelo, busqué a tientas un sitio más plano para apoyarme, me quedé un rato recostada en una pequeña zona de tierra. Un dolor punzante me nublaba la visión.

- ¡Killian! -Grité presa del dolor, del miedo, de la frustración-

Escuchaba ruidos en el interior, no podía esperar más, me arrastré como pude.

- Dios ¡Killian voy por ti!

El dolor era insoportable, pero no me importó, debía seguir.

Poco a poco me iba arrastrando por el suelo de la cueva mientras las rocas se clavaban en mis rodillas y las palmas de las manos.

Había tramos que paraba y gritaba su nombre.

El dolor en la rabadilla aminoró un poco y decidí levantarme, sentí que algo se me clavaba y dificultaba mi respiración, supuse que era algún hueso roto por el golpe, el dolor cruzaba por toda mi espalda, caminé despacio.

Ahora no podía hacer nada al respecto, sólo podía seguir, en dos ocasiones más resbalé, latigazos de dolor me dejaba sin aliento y levantarme me era muy costoso, pero no podía fallar, no sabía en qué estado podía estar él en la oscuridad, con esta humedad, eso me alentaba a seguir hasta que tropecé con el barril, había llegado.

- Killian, -Sentí un movimiento-

- ¿Dónde estás?, por favor -moví la linterna en todas direcciones, una sombra detrás de una roca- ¡Killian!

, corrí a su lado, la enorme sombra se erguía en la pared de rocas donde la luz se reflejaba, di un grito, estaba ahí, mas la sombra no era humana, un pequeño zorro asustado salió huyendo antes que llegará a su encuentro.

- ¡Nooo Killian, noooo! Caí de rodillas al suelo y el dolor punzante sólo era una parte mínima del que sentía en mi pecho y recorría mi piel, en este tiempo descubrí cómo el dolor emocional podía influir en cada parte de mi cuerpo, el vacío en mi estómago, el dolor en mi garganta y cabeza, el ardor en mis brazos y sien, la opresión en mi pecho que no me permitía ni un momento de paz.

El dolor emocional, en cada recuerdo, en cada ausencia hacía partícipe a mi cuerpo, la inestabilidad de esa sensación me trastornaba.

Por un minúsculo momento, antes de ver al zorro mi cuerpo había quedado libre, los otros dolores eran más llevaderos, pero todos volvieron de repente como una pesada carga de la que nunca me podría desprender.

- ¡Nooo! ¿Por qué Dios?, te odio. -Lloré y grité como no pude permitirme hacerlo en mi casa, grité su nombre hasta quedarme sin voz-

Pasado un tiempo me levanté, sentí un fuerte mareo y me sujeté al barril, sentí la textura de un papel, mecánicamente lo alumbré, se veía nuevo, mi corazón se sobresaltó, rápidamente lo cogí. Reconocí la letra nada más verla, mi corazón latió con tanta fuerza que fue doloroso.

Ruadhan, mo ruadhan:

Estoy seguro de que vendrás a buscarme, no quería dejarte con las manos vacías, otra vez.

Tuve que irme, no debí tenerte porque había decidido irme en cuanto la consciencia volvió a mí.

Pero estabas tendida a mi lado, y lo primero que sentí fue tu calor, luego tu olor, y ellos me despertaron de la pesadilla que estaba viviendo en mi interior.

Te necesitaba con tal fuerza que no pensé, sólo te sentí.

Escuché tus palabras como si estuviese al final de esta cueva y quise llegar a la salida, llegar a la luz. Como si volviese a nacer.

“Ven a mí”, decías en un lugar distante y yo lo quería con tanta fuerza, la única luz eras tú, llegar a ti era mi único objetivo, todo lo demás era oscuridad.

Dejarte ha sido todo lo que podía hacer. Dejarte para salvarte, quiero que vivas con más intensidad de la que quiero que paguen esos que me quitaron todo.

No me busques, no me esperes, vete lejos, convence a tu familia. No confíes en nadie, ni siquiera en mí.

Killian

- ¿Killian, que dices? Maldito seas, maldito seas. La rabia hizo que llegara al exterior de la cueva sin apenas darme cuenta, subí al viejo caballo y dejé que con cada golpe el dolor punzante me desgarrara.