LUISA
Escucho sus voces dentro de mi cabeza, a veces me parece que vinieran desde fuera de ella, pero sé muy bien que no. Las escuchó con una claridad tal, que a veces, me confundo y pienso que son reales.
Son frases aisladas, vienen y van, de repente risas, conversaciones que ya no recordaba, están ahí.
Cuando estoy a punto de dormirme o despertarme, en esos gloriosos segundos donde la realidad se desdibuja en mi mente, ellos siguen aquí conmigo.
“Te amo desde siempre”, sus besos, todavía los siento, hicimos el amor con tanta tristeza y desesperación… y eso es lo que me ha dejado.
No sirvió para que volviese, ¿dónde está?
, no soporto pensar que ha terminado con su vida o que lo han localizado, ¿cómo puede sobrevivir sin dinero, sin que nadie le ayude?
No se alimentó en los días que estuvo aquí, ¿cómo pudo ir lejos con sus pies lastimados?
, ¿por qué mi padre no salió en su búsqueda?
, ¿por qué me desmayé?, no paro de hacerme las mismas preguntas para llegar a la misma conclusión, es mi culpa, debí sentir cuando se iba y buscarlo en el acto.
Killian no sabía qué hacía, él era mi responsabilidad, Killian, mi amor, te he fallado, por favor, Dios mío te pido que esté bien y que vuelva, yo no volveré a fallarle, lo protegeré.
Esa noche me quedé en mi habitación, había estado inconsciente cuatro horas, papá no me permitió salir, aunque grité y luché por buscarlo, se había ido y no podía alcanzarlo.
Esa misma noche mamá volvió con mi tía. A la noche siguiente intenté escapar, pero me interceptaron casi en la puerta, no me dejaron salir, me dieron unas pastillas que me han tenido sin fuerzas, perdida en un mundo donde sus voces están presentes.
- ¿Qué pasó? ¡Dime la verdad! - le pregunté a mi madre. No respondió a la pregunta, sólo me decía.
- Están buscando a Killian, no te preocupes.
Un día escuché a Ron decir que el culpable era el Dr. Benson, ese hombre que Killian tanto apreciaba, había trabajado mucho para él arreglando su consulta, yo lo estimaba, me había atendido tantas veces, el verano pasado lo había visto mucho, pues iba a visitar a Killian.
Es un señor muy amable o más bien lo era, ha muerto, se ha suicidado han dicho.
Luego el pueblo encontró, o más bien, creó una respuesta, cabalgando en la escoba de una bruja, la de mi vecina, vino a casa y culpó a Killian, un ritual dijo, como si no dijese nada, como si hablase de un desconocido, de una noticia en el periódico o de una novela barata.
¿Qué ha pasado?, no lo sé, sólo sé que ellos no han sido, nadie me hará creer nada malo de Killian, lo conozco como a mí misma.
Todos lo conocían, la maldita bruja chismosa hablaba maravillas de él hacía pocas semanas: que trabajador, atento, cortés, que chico más guapo; y ahora que no está, que no puede defenderse, el chico que ha perdido a su familia, de repente es un monstruo.
Malditos sean todos los que se llenan la boca con patrañas, ¡hipócritas!
El dolor ha dado paso a una rabia gigante.
No puedo dormir, no puedo comer, mi mente está plagada de imágenes, de voces de rabia por lo injusto.
Los asesinos libres, mientras que la mayor víctima está en la boca de todos, nadie irá preso más que Killian, está solo y necesita ayuda, no puede volver, ¿cómo lo encuentro?
Decidí bajar al salón, me dejé convencer por mi querida Cathy, quiero parecer más calmada.
Necesito buscar a Killian, no puedo seguir esperando.
Pero ¿dónde busco?, el único lugar que se me ocurre es la cueva de Navan, ahí solíamos jugar cuando éramos pequeños.
Nunca dijimos a nadie nada porque sabíamos que no nos permitirían volver.
No hemos vuelto en tres años, no sé si pueda estar ahí, todos los demás sitios han sido revisados.
Si está cerca no hay otro sitio, en su estado no puede estar lejos.
Quise decirle a mi padre lo de la cueva de Navan, pero él piensa que lo mejor que hizo Killian es irse.
¿Por qué? si prometió protegerle, no lo entiendo.
Por eso, si está en la cueva iré donde me diga.
No podemos esperar que otros lo solucionen, si debe huir, huiremos.
Después de lo que hemos escuchado no puedo permitir que nadie más lo encuentre.
Hoy he hablado con papá de la caja que Killian arregló para mí, de cómo me siento, aunque no puedo expresar con palabras lo que llevo en mi interior, mi tía me consuela sólo con su olor especial, su forma de tocarme el cabello y su voz que acuna, pero mi alma sigue gritando por dentro ¡debo irme!
Desde que vino la bruja de Teodora McCarthy la idea de recuperarme y dejar de preguntarme por qué y empezar a actuar era lo único que rondaba mi mente, dejé de tomar las pastillas y hoy estoy más lúcida, es el momento.
- Cathy, hija, debemos hablar con ustedes -dijo papá al salir del despacho-
- Dinos querido.
- Nos vamos mañana a Dublín y luego a París.
- ¿Qué? Yo no me voy a ningún sitio -dije desesperada-
- Escúchanos hija…
- No tengo nada que escuchar, yo me quedo aquí, no voy a abandonarlo, si vuelve no tendrá a nadie, se lo juraste papá, has roto tu promesa. Ellos jamás me hubiesen dejado sola, eres un hipócrita.
Me levanté del sofá y fui corriendo hacia la puerta, mi padre me alcanzó y me sujetó con fuerza, pateé, me retorcí, intenté deshacer su abrazo, pero es de piedra y me sujetaba con fuerza, mordí su brazo en la desesperación.
- ¡Maldita sea Luisa cálmate y escucha! -Mi tía lloraba-
- Hija por favor cálmate, -dijo mamá angustiada-
- ¡No me calmo! Me hablas de calma tú que no soportas nada imperfecto, si no es perfecto huyes.
Entérate, la vida es horrible, la gente mata a niños, culpan y hablan mierda del que a antes sólo lanzaban alabanzas, y lo pisan cuando está caído.
Esa es la gente con quien ibas cuando no querías enterarte de que el dinero no llegaba hasta fin de mes o cuando te daba vergüenza o no sé qué ir a la hacienda que te daba de comer.
Ahora no me hables y me digas que me calme porque no voy a ser de este tipo de basura.
- Cariño no insultes a tu madre, no tiene la culpa de nada, y es tu madre. -rogó mi pobre tía-
- Suéltame papá y te prometo que me calmo
- Vas a tener que escucharnos Luisa, te lo pido, voy a confiar en que estarás tranquila.
Hice un gesto afirmativo con la cabeza. Me soltó despacio, yo intenté mantener la compostura, no iba a tomar nada que me dieran, hoy me iría y debía pensar con claridad, o no podría escapar.
- Escucho.
- ¿Me prometes que pensarás en todos, que no me morderás, ni golpearás? -dijo papá mientras se tocaba la mano con la huella de mis dientes-
- Lo prometo -respondí manteniendo mi rabia creciente a raya-
- La gente que mató a los O' Brian, mató al Dr. Benson y ellos son los que supongo han difundido la noticia de que seducía a jóvenes y lo del ritual.
Las habladurías son… no sé cariño, eso me ha sorprendido.
Hay gente buena, tal vez lo suficientemente simple, influenciable, y otra que simplemente ha sido una decepción, que lleva la maldad dentro.
No todos son asesinos, sólo son miserables, pobres de alma y moral, pero no podemos distinguir quién influyó y quién es el influenciable.
No sé quién los mató y quienes fueron sus esbirros o si pertenecen a este pueblo.
Hace unas semanas hubiese puesto mi mano en el fuego por la gente de este pueblo, ahora con todo lo que se dice mi percepción de la gente ha cambiado.
No puedo convertirme, ni tu madre, ni tú, en lo mismo en lo que se han convertido ellos y lanzar injurias.
Dios sabe que hubiese querido saber quién fue, pero no puedo.
- No puedes porque quieres huir y si viene Killian ¿a quién va a acudir? Lo llevarán preso y lo matarán.
- Su tía Rosie le puede ayudar –dijo-
- ¡Su tía!, es una mujer subyugada a su marido, y él va a hacer lo que le diga “la gente de bien” como suele decir llenándose la boca.
- ¡Luisa!, -dijo mi mamá como si no creyera lo que salía de mi boca- No te parecía un mal hombre cuando íbamos a comprar y nos hacían descuentos, ¿no?
- La de los descuentos era Rosie, y eso era a escondidas de su marido, ese hombre es un pedante.
Siempre los ha visto con mirada de superioridad, con nosotros era diferente porque mi padre, aunque no fuese rico, tenía tierras, era el patrón de su cuñado.
Siempre me molestó ese hombre. ¡Por eso no quise que hablasen con ellos cuando Killian acudió a nosotros!
¡Qué ciega eres madre!, tú no te cansabas de hablar de tu familia, claro que te trataba bien, eres la única heredera de una distinguida familia francesa, ahora no tienes nada, pero supondría que un día sí.
Devani me lo contaba y Killian y Sorcha, hasta las pequeñas hablaban de las fantochadas de su tío, todos nos burlábamos de él.
Pero ¿tú qué vas a ver, si eres la primera en mencionar tus orígenes?
, y cuando venía el tío Pierre, tan guapo y elegante, que además le compraba ropa, pues claro que ese hombre era toda amabilidad, qué distinto cuando en verano iba yo sola con ellos, a veces ni los miraba.
Rosie es un pelele, mientras sus hijos tengan de todo, no abrirá la boca para ayudarlo, aunque quiera.
Si no daba el lugar que se merecía a su familia ante su marido, ¿crees que protegerá a Killian o piensas que ese tipo va a proteger a un asesino, si la gente le llama asesino?
, ese hombre no va a pensarlo dos veces, ambos no hacen ni medio cerebro.
- ¡Luisa No hables así de Rosie!
- Mamá, no voy a discutir por eso, es un hecho, nosotros somos los únicos que podemos esconderlo, ayudarlo, no podemos irnos. Tú querías a Sorcha e Ian y a los chicos, lo sé, los querías.
Amo a Killian, en mi cumpleaños me declaró su amor, nos pedimos matrimonio. ¡Es mi amor, soy su familia!
- Pero ¿qué dices? -exclamó mamá-, eres una niña tonta, vas a hacer lo que te digamos y punto.