ROGER #4
- Sé que el doctor perdió a su mujer hace muchos años por enfermedad, antes de vivir en el pueblo y nunca se volvió a casar.
Una vez en una consulta le pregunté, pues sabía de varías viudas que adoraban al médico, me dijo que él ya había amado en diez años lo que muchos no consiguen en una vida y para él era más que suficiente.
Creo que muchos saben que el médico es viudo.
- Si Roger, pero están acusando al médico para quitárselo de encima. Lo que sepamos por él, no sé si tenga mucho valor, pues nunca la conocimos.
Los días siguientes se hablaba de seducción y violación a menores, el médico más querido del pueblo de repente se había convertido en un monstruo depredador.
Hasta que a la semana siguiente nos llega la fatídica noticia: “Se suicida en su celda el presunto culpable de La Matanza de Lininstone”, rezaba el encabezado.
Ron, como trabajaba en el periódico local, llegó con él la noche antes que saliera la noticia.
- En mi oficina me he encontrado esta nota pegada al periódico, “Si no queréis terminar como el querido doctor os sugiero olvidéis a la familia O’Brien”.
- Han culpado al doctor, Roger, la trama llega más allá de lo que pensábamos, ir a Dublín no es una opción.
Temo por los que estuvimos en la reunión, ¡saben quiénes somos!
He decidió pedir el cambio, aún no me han comunicado dónde.
De momento vamos a Londres, pasaremos con unos parientes, sólo te lo digo a ti, Roger.
- Gracias, Ron, te sugiero que busques otro empleo, que nadie sepa dónde vas, nadie de aquí.
- Tienes razón. Iré a Londres y buscaré un empleo en otro sitio. Suerte, amigo, te recomiendo que hagas lo mismo.
Alan, Robert y yo no hemos mencionado nada a nadie de la situación en la que nos encontramos, temo por mi familia.
Es así que hemos decidido dejar la hacienda a cargo de los hermanos Byrne, ellos se han comprometido a poner a la venta nuestras propiedades, confiamos en ellos, en estos años hemos trabajado todos codo con codo para sacarla adelante.
No les hemos dado mucha información y aunque les ha parecido extraño creo que han entendido que algo grave está pasando.
En una semana vamos a París, Marie, Luisa y Cathy no saben nada al respecto, hemos reunido todas las ganancias que obtuvimos estos meses, con eso podremos sobrevivir un año al menos.
Hemos advertido a Samuel para que busque refugio con su familia, espero lo haga con presteza. El tiempo corre en nuestra contra.
Todo ha pasado en tan corto espacio de tiempo que es difícil asimilarlo.
No puedo ayudar al muchacho como no pude ayudar al doctor.
Son puñales que llevaré en mi pecho por siempre.
Pero debo actuar en favor de lo que me es más querido, aunque me pese no poder cumplir la promesa que le hice al hijo de mi amigo.
En casa la vida gira en torno a Luisa, mi pequeña imparable, fuerte, emprendedora, siempre con sus bromas, ahora como una débil ramita, su semblante es tan frágil que temo romperla con solo mirarla.
Pasa las horas con la mirada fija en el vacío, todas las noches duerme bajo su cama, ahí la encontramos en la mañana con su rostro lleno de dolor, tiene quince años y ha pasado más sufrimiento que el que tenemos muchos en toda una vida, su dolor me rompe por dentro, quiero sacarla de aquí, quiero alejarla de todo lo que le hace daño y aun así no sé si la distancia la cure. Por el momento deseo que esté a salvo.
Mientras estaba haciendo cuentas del dinero del que disponemos, llama la señora Teodora a la puerta y Cathy la invita a pasar.
- Buenas tardes, ¿cómo se encuentra Luisa? He querido venir antes, pero Marie me ha dado largas, aun así, me he arriesgado, todo el pueblo quiere saber cómo se encuentra nuestra querida Luisa.
- Como cabe esperar -dijo Cathy-
- Oh por supuesto, lo comprendo y más ahora que se sabe lo de Killian
- ¿Qué se sabe de Killian?, preguntó parada en las escaleras Luisa, vestida con el camisón blanco que días atrás estuvo manchado de sangre.
La blancura de su piel, en contraste con sus ojeras oscuras y su cabello rojo le daban un aspecto espectral.
Casi no se movía, pero bajó las escaleras con la fuerza que no esperaba que tuviese.
- Oh Luisa cariño, es mejor que no lo escuches.
- Ha venido para ser escuchada, ¡hable! -Dijo tajante-
- Entiendo que estés alterada, pero no es forma de dirigirte a mí.
- ¡Luisa por favor! Lo siento Teodora, ahora díganos ¿Qué pasa con Killian, ha aparecido acaso? -Preguntó Marie-
- Bueno, el muchacho sigue escondido, pero sé de buena tinta que el Dr. Benson sedujo al chico, al parecer le gustaban los muchachitos -miró a Luisa de reojo-, una niña como tú no debe escuchar esto Luisa, es mejor que nos dejes a los adultos.
- Ya lo he escuchado, prosiga.
- Cuéntenos, -dije aguantando la rabia que me producía esa mujer. Mi hija dejó de ser una niña el momento que los O' Brien fueron asesinados, además empezaba sus frases para que Luisa lo supiese, menuda insidiosa mujer-
- El Dr. Benson era un sodomita, ese inglés decía que no iba a misa porque era luterano, pero al parecer estaba en una secta, un hombre lleno de vicios, el mayor de ellos eran los jóvenes, dicen que hacía ritos con los buenos cristianos que quién sabe con qué malas artes alejaba del camino de Dios, una vez ahí, tenían que matar a uno o varios familiares.
Dice el padre Peterson que tal vez Killian fue seducido por promesas de riqueza y poder, por eso los mató a todos.
El doctor había matado a esa esposa de la que tanto hablaba, que por lo que se comenta era prácticamente una niña, amiga de la infancia, nunca se volvió a casar porque las mujeres no eran de su interés.
Era por lo que se comenta muy famoso en Londres, pero vino al campo para esconderse, porque la familia de la muchacha tenía sus sospechas, este no es el primer muchacho que capta, en estos últimos veinticinco años había vivido en varios pueblos, nunca se le había detectado porque los otros jovencitos no habían llegado hasta el final y lo dejaban a tiempo.
- ¡Maldita bruja!, Killian trabajó para usted, lo conoce desde pequeño, sabe quién es él y él siempre supo que era una arpía, pero jamás de esta calaña, ¡salga de mi casa!
- Entiendo tu dolor niña, pero esa no es forma de tratar a tus mayores. Marie, no has educado muy bien a tu hija, que digamos.
- La he educado mejor de lo que nunca pensé. ¡Váyase ahora mismo de nuestra casa!
- Hemos sido amigas durante décadas, siempre supe que eras una mujer limitada, pero nunca malvada. Ahora me doy cuenta lo equivocada que estaba -dijo echando fuego Cathy, nunca la había visto así-
Orgulloso de mis chicas abrí la puerta a la vieja arpía.
Este domingo he aprovechado que Marie y Cathy van a misa para hacer las maletas.
En el armario de Luisa encontré una caja con la forma del mismo símbolo que, días atrás, Alan hizo en casa del doctor.
Estaba escondido en el fondo del armario, me quedé petrificado, ¿por qué estaba esto en la habitación de mi hija?
, ¿quién lo puso ahí?, dentro había unos aros entrelazados y una mariposa de madera.
Ofuscado fui directamente a preguntarle.
- Luisa cariño, sé que no quieres hablar con nadie -le dije-
Habíamos decidido sacarla de su habitación, sólo quería pasar debajo de su cama. Hoy, convencida por Cathy, bajó a tomar el sol de la mañana, tendida en el sofá, la luz en su pelo y en su pálido rostro le daban un aspecto que me sobrecogía. La abracé con toda la fuerza de mi corazón.
- Cariño mío, no te voy a decir que la vida tiene sus altos y bajos y que no todo es dolor.
Lo que te ha pasado, no tiene nombre, entiendo tu dolor, yo también los he querido, mi vida.
Estamos aquí para ti, hay vida y hay esperanza, quiero que la tengas -pequeños sollozos escaparon de su garganta, se la notaba agotada, no creo que le quedasen más lágrimas-
- Luisa he encontrado una caja de plata, ¿es tuya? -pregunté temeroso-
- Una caja de plata, es verdad, la caja que arregló Killian. Sí, es mía.
- ¿Él te la regaló? -pregunté disimulando mi preocupación-
- No. La rescatamos.
- ¿La rescataron?
- Sí. Cuando vinimos a vivir aquí, subimos a hurtadillas al ático y la vimos, desde entonces Killian buscaba la manera de subir a mi habitación ¿sabes?
Muchas veces a medianoche entraba y nos quedábamos hablando horas, era mi mejor amigo, mi confidente, parte de mí misma.
¿Ahora dónde está papá? Espero volver a sentirlo entrar en mi habitación y no regresa papá, no regresa.
Me abrazó y lloró con las lágrimas que pensé no tenía.
- ¿Qué pasa? - preguntó Marie al regresar con Cathy de misa-
- Nada y todo. -Le dije mientras abrazaba a Luisa-
- Pequeña te queremos, estamos a tu lado.
-dijo Cathy haciéndose un sitio en el sofá, mientras le acariciaba el cabello- No hay pena más grande que la que vivimos, pero nos tenemos, lo vamos a superar.
La vida no será la misma, nunca lo es. Mi vida es distinta y la veo diferente a antes de perder a mis hijos, seguí viviendo por los niños que me quedaban y poco a poco empecé a vivir por mí, y así lo harás tú, mi niña.
Ahora la vida me dio a vosotros, la vida al final nos recompensa, no como pedimos sino como necesitamos.
- Roger ¿puedo hablar contigo un momento? -Me pidió Marie, parecía muy preocupada, me levanté y dejé que nuestra querida anciana tomará mi lugar en los brazos de Luisa-
- Ahora vuelvo -Prometí a mi pequeña-.
Fuimos al despacho y al cerrar las puertas, Marie se giró y me dijo.
- Hoy en la misa, el padre Peterson habló sobre el pecado de la sodomía, sobre la perversión y como el pueblo había sido tomado por el diablo que caminaba con piel de cordero, se refería a Killian y al doctor.
Lo que me ha sorprendido es escuchar a muchos de nuestros vecinos que reafirmaban lo que decía el párroco.
Cathy y yo nos hemos quedado de piedra, jamás pensamos que los demás prestaran oídos a esa barbaridad.
- ¿Quiénes han sido?
- Muchos. No todo el pueblo, pero jamás pensé que aparte del cura y la chismosa de la vecina, podrían creer esa insensatez. Tenemos que proteger a Luisa, eso la destruirá aún más.
- Marie, te tengo que contar algo. Mañana nos vamos a Dublín, y pasado zarpamos a Francia.
- ¡Qué! ¿Por qué tan rápido, y la hacienda, la casa, nuestras cosas?
- No quería decirte nada y no quiero decirte mucho. Pero corremos peligro.
- ¡Cómo que no quieres decirme mucho! Roger ¿quieres que huyamos intempestivamente dejándolo todo y no me quieres decir por qué?
- Está bien. Pero no debes hablar con nadie de esto.
- Lo prometo, dímelo, sé que me he mantenido distante de los problemas, ahora soy consciente de mis fallos y la paciencia que has tenido conmigo.
Roger te quiero, y quiero ser la pareja en la que puedas confiar.
Quiero ser fuerte para mi hija. Tú y ella siempre fueron un equipo, yo me sentía aparte, pero la verdad es que era yo la que me distanciaba de vosotros, siempre los vi tan fuertes, tan cómplices.
- No es necesario que hablemos de eso ahora. Pero me hace tremendamente feliz escucharte. No sabes las veces que he deseado oírlo.
- Necesito decirlo, te lo quería decir estos días, pero me daba miedo confesarlo. Pero si tú quieres que nos vayamos de esta manera, quiero que sepas que estoy contigo. Ahora dime qué pasa.
Se lo conté todo. Se manejó mejor de lo que había imaginado. Realmente Marie volvía a ser la muchacha que conocí en París, la que luchó por nuestro amor, por nuestra familia, la que lo dejó todo por nosotros. Mi Marie.
- Te ayudo a empaquetar todo. Debemos llamar a Pierre en cuanto toquemos tierra. ¿Pero qué hacemos sin dinero?
- He recaudado las ventas que hice. Los hermanos Byrne mantendrán la hacienda con sus ahorros mientras se venden las propiedades y luego tomarán lo gastado más una compensación que les hemos prometido Robert y yo.
- Muy bien. Aguantaremos, ahora vamos a llevar lo necesario, debemos pasar desapercibidos.