EN LA COLINA DE TARA LUISA #3
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LUISA #3

A la hora me sentí tan mareada que vomité, mi mirada se nublaba, en cualquier momento iba a perder la conciencia, eso se había convertido en algo habitual al parecer, me recosté en su crin, como pude cogí la cuerda que robé del establo para atar a Killian en caso de que no pudiese mantener encima del caballo, pero no pude, sólo dije “Llévanos a casa.”

- ¡Luisa, Luisa! - Escuchaba que me llamaban. No quiero volver-

- Luisa. -un fuerte olor me sacó del vacío-

- Está despertándose. -dijo con tono de alivio mi madre-

- Pequeña, estás en casa. Abre los ojos, por favor. -rogó mi tía-

- Déjenme en paz.

- Luisa, tu padre ha ido a buscarte. Han pasado cinco horas y no vuelve.

- ¿Papá?, pero ¿hacia dónde?

- No sabía dónde buscarte, nos enteramos de que el caballo del señor Butler faltaba. Así que decidió seguir las huellas.

- ¿Dónde estabas? Para decirles por donde buscarlo. Mañana zarpa el barco, tenemos que irnos pronto. El señor Butler ha dicho que nos puede ayudar y los gemelos Kelly, pero dinos dónde estabas para no perder tiempo.

- Estaba en la zona de Navan a dos millas de la Colina de Tara.

- ¿Por qué fuiste hasta ahí?

- Hay una cueva, donde jugábamos de pequeños. Pensé que Killian podía estar ahí, pero me equivoqué.

- Está bien, no te preocupes, les diré que está ahí.

- No les digas de la cueva.

- ¿Por qué?, probablemente sepan de esa cueva.

- Si Killian no estaba que más dará, además todos conocemos la zona. -dijo Cathy-

- Está bien. Voy con ellos -intenté levantarme, pero el dolor no me lo permitió-

- ¿Dónde te duele? -me preguntó mi madre-

- No es nada, me golpeé la rabadilla.

- Déjame ver hija, te has desvanecido -me giraron con delicadeza- Oh Luisa está muy inflamado y tienes un gran moretón, el hueso se ha movido -dijo Cathy- una vez le pasó a mi hija Linda. Gracias a Dios te has atado, si no hubieses caído por el camino y no te hubiésemos localizado, mi niña.

- ¿Me até?

- Si cariño, has sido valiente -dijo mi tía-

- Cariño quédate de lado, no te apoyes, han enviado a un nuevo médico a Midletown, no te preocupes. Ya lo mando a llamar. Al cabo de un rato volvió mamá.

- Ha ido el padre de tu amiga Anne, George, a buscar al médico, hoy las líneas telefónicas han tenido algún desperfecto.

Ya han salido a buscar a tu padre, espero vuelva pronto y el médico, que el tiempo apremia.

Siento no haberte preguntado cómo estabas, pero al despertarte me he calmado un poco y he pensado que aún tenemos la oportunidad de huir. Hoy temí lo peor, debemos irnos.

Cuando llegó el médico, me revisó los rasguños que tenía, mamá y mi tía me los habían curado. Me giró y palpó la zona

- Ahora quiero que te relajes, aquí hay una articulación donde se une el coxis con el Sacro se ha desviado y te está comprimiendo los nervios, voy a meter un dedo por tu recto y lo reduciré, lo siento, pero es la única manera, ¿estás de acuerdo?

-yo asentí, aunque era una mera formalidad, en otra época me hubiese sentido avergonzada, ahora todo carecía de importancia.

Me introdujo su dedo, escuché un chasquido y el dolor aminoró-

- No estaba roto, así que con unas semanas de reposo bastará, te daré una almohada especial para sentarte, vale ¿Dime que te pasó?

- Me caí del caballo.

- A mi hija le pasó lo mismo -dijo mi tía- en casa tengo una, no se preocupe.

- Pues mejor, que la use cuando se quiera sentar, de momento, que esté recostada de lado. Suele pasar mucho con las malas caídas de caballo, esta articulación hace que te duela del coxis a la espalda, así que poco a poco irás mejorando, aun así, ahora te sentirás mejor.

No dije nada, prefería este dolor al otro, ese no se reubicaría, ni se repararía.

“No confíes ni siquiera en mí”, ¿qué quiso decirme con eso?, ¿por qué no quiere que confíe en él, quiere que piense lo que dice todo el maldito pueblo? No lo voy a hacer, te conozco, estás destrozado, habla tu dolor, habla tu sufrimiento.

- Muchas gracias por venir con premura doctor -dijo mi madre-. Y más con el poco tiempo que lleva en el consultorio del Dr. Benson.

- No estoy tomando su lugar, bueno, es de manera provisional. Hace poco terminé la carrera, y vine a visitar al Sr. Kavanagh.

- ¿Lo conoce usted? -preguntó mi tía-

- Es mi padre, pero he vivido siempre con mi madre.

Cuando llegué una mujer del pueblo estaba de parto inminente y la ayudé, así que he estado haciendo pequeñas cosas desde ese momento.

No pensé quedarme más que unos días, pero me han pedido que esté al menos dos semanas, ya que el médico sustituto necesita ese tiempo para mudarse y he aceptado.

- Pues con más razón le agradezco que viniese.

- Usted es el pequeño Gerry, ya lo recuerdo, y a su madre Beatrix. Ya es todo un hombre -le dijo mi tía-.

- Le repito, no se preocupe es, mi deber. Si soy Gerry, me sorprende que me recuerde, hace mucho que no vengo, tiene una buena memoria. Sra. O`Donell, me gustaría que la próxima semana vaya su hija a la consulta.

- Así lo hará -mintió mi madre-

- Cuídate Luisa. La próxima semana nos vemos, no las molesto más.

Quiero que tome ácido acetil salicílico cada seis horas hasta que nos volvamos a ver, aquí le apunto la dosis.

De momento que no se apoye, duerma de lado y cuando se siente, que lo haga en la almohada que tiene usted señora, no debe apoyarse.

- Si, así lo haremos doctor, -dijo Cathy-

- Gracias, le acompaño a la puerta -apuntó mi madre-

Cuando regresó estaba visiblemente preocupada.

- Espero que localicen pronto a tu padre, si no salimos esta noche no llegaremos al barco.

Nos habíamos quedado recostadas en los sillones semidormidas, eran las cinco de la mañana y papá no regresaba, estábamos muy preocupadas.

En cuanto golpearon la puerta, mamá corrió atropelladamente a abrirla.

Pasó el padre de Anne, el señor Butler y los gemelos Kelly, nos miraron a todas, el padre de Anne habló primero.

- Marie tenemos que hablar contigo -El alma se me cayó a los pies, sus voces y sus caras…-

Mamá los llevó al despacho sin mediar palabra, Cathy vino a mi lado y sin decirnos nada nos tomamos de las manos. El grito de mi madre lo dijo todo. Mi tía me abrazó. Me levanté y corrí al despacho. Mamá corrió a mis brazos, lloramos abrazadas en el suelo las tres.

- Envía un telegrama al hotel Aberdeen, están en la habitación 34. Cathy, dile a tu hijo que no nos espere, que suba al barco. No le digas nada más, sólo que cogeremos otro -susurró en su oído-

Mi padre fue encontrado ahorcado en la cabaña de Ian.

No fue enterrado en tierra sagrada, porque el padre Peterson dijo que era un suicida.

Lo enterraron en una fosa común, peleamos por enterrarlo en su querida hacienda, pero no nos lo permitieron tampoco.

Ese fue el desprecio final. Te maldigo Dios, te maldigo por no existir y si existes lo hago por burlarte de nosotros, pero sé que no existes y me maldigo por perder el tiempo pidiendo, rezando o creyendo que ibas a ayudarnos, por rezarle a La nada y La nada se ha apoderado de mí, el conocimiento de que no existe nada.

Papá, mi hermoso padre, mi padre cariñoso, estaba enfadada contigo por no cuidar de Killian y él se fue, él no quiso ser ayudado, tú querías protegernos papá y lo único que hice al final fue maltratarte por tu amor, por pensar en nosotras.

No merecías mis reproches, ni mi huida. Por mi culpa te mataron, ahora estarías en París con tu familia y no en una tumba sin nombre, me maldigo papá.