¡ADIÓS QUINCEAÑERA! #5
En la madrugada cuando Killian cerró los ojos unos minutos fui al baño y volví a la habitación.
En algún momento me dormí, cuando desperté aún no había despuntado el alba.
Killian no estaba despierto o al menos aparentaba no estarlo con los ojos cerrados, entré debajo de la cama sin decir nada, lo necesitaba y él a mí, lo sentía.
Lo abracé y no se movió, pero no le podía pedir más, ya había aceptado mi cuerpo cerca del suyo.
Me quedé dormida profundamente mientras las lágrimas derramadas daban fe de nuestras pérdidas.
A la mañana sentí como mi padre entraba en la habitación de nuevo.
- Hija, llevas dos días sin comer. Tienes que alimentarte -dijo angustiado. Llevemos a Killian al baño, lo limpiaremos y curaremos-
- ¿Killian podemos? -Él no dijo nada, pero su cuerpo se tensó como las cuerdas de un violín-
- No papá. Tráeme desinfectante y unas gasas, yo lo curaré.
- Está bien, además podrías intentar darle de comer o beber.
- Vale, eso haré.
No comió ni bebió nada. No dejó que lo curara, no lo forcé. Había logrado bastante al dejarme pasar otra noche debajo de esa cama. Papá nos dejó almohadas y unas sábanas con las que nos cubrí. A la mañana siguiente, mi padre nos informó.
- El funeral fue ayer, pero no quise decíroslo. Han entendido que no pudieras ir, -lo decía sentado en el borde de la cama-
Killian estaba tan lejos, no sentí ningún movimiento ante la noticia, tan lejos que su cuerpo parecía vacío de cualquier rastro de vida, si no fuese por los latidos de su corazón que daban cuenta de que aún vivía, pues su piel antes blanca como la porcelana, había tomado un color cetrino.
Sus labios se tornaron morados y su piel estaba fría.
- Papá, Killian no está bien. Debemos revisarlo. ¡Ayúdame a sacarlo! -grité. No hizo ningún movimiento, nada. Papá lo tomó en sus brazos y lo puso encima de la cama. Un terror mayor se apoderó de mi-
- Papá ¿qué hacemos? ¡No puede morir, no puede, no lo dejes! -gritaba desesperada-
- Voy a por agua. Lo limpiaremos y veremos dónde tiene las heridas y en qué estado se encuentran, tienes que ayudarme, así que debes estar lo más tranquila posible, debes estarlo por él.
- Dile a mamá que traiga toallas -respiré profundamente, para infundirme valor-
- Tu madre no está. Lo haremos entre los dos.
No dije nada, mamá siempre se distancia ante las situaciones difíciles.
No tenía tiempo para eso ahora. Empezamos a desvestir a Killian entre mi papá y yo, le limpiamos las heridas de sus muñecas, también tenía unas en sus tobillos, cuello y sus pies descalzos tenían una capa de barro y sangre, todas se veían bastante cicatrizadas-
- Este chico ha sido atado y lo han intentado ahorcar.
No pudieron contigo muchacho, eres fuerte y valiente -le decía papá mientras delicadamente curaba sus heridas- Lo van a pagar, yo me encargaré de eso, no te preocupes, ahora tienes que vivir, respirar, Luisa y yo seremos tu familia, no estarás sólo.
“¿Qué había pasado?” No podía preguntarle a papá, no delante de Killian, aunque ahora parecía que no respondía a ninguna de las palabras suyas o mías.
Sus pies estaban llenos de costras, sacamos con pinzas las pequeñas ramas y piedras que se le habían clavado en las heridas ya cicatrizadas, los desinfectamos y vendamos.
Las heridas del cuello, pies y manos no las vi tan profundas como en los días anteriores, eso me tranquilizó.
Papá le puso un ungüento en los moretones.
Limpiamos cada parte y cada pliegue de su cuerpo como si quitando la sangre borráramos todo el dolor que debió vivir.
Sabía que habían muerto y que esas muertes no fueron por un accidente, sino posiblemente un asesinato.
No entendía que pudo pasar, pero mi papá prometía venganza, sus palabras tan firmes me llenaron de confusión, de temor, pero ¿quién pudo matar a esa familia?
Todo el mundo los quería, ¿qué pudo pasar desde que se quedaron en su cabaña hasta que Killian vino?
No fueron a ayudar a mamá, como Sorcha había prometido, ¿acaso pasó algo luego de la fiesta?
, la gente bebió mucho, pero eso no te convierte en un asesino, más bien asesinos, una sola persona no podría atar a una familia entera sin que ellos pongan resistencia, Ian y Killian eran hombres fuertes, una persona no hubiese podido con ellos, de eso estaba segura.
Mi mente no paraba de hacerse preguntas.
- Luisa. Ve a ducharte y cambiarte de ropa. Yo me quedaré e intentaré que coma algo.
- Está bien. -Cogí lo primero que vi, me duché lo más rápido que pude y volví a la habitación. Papá intentaba darle un caldo, pero se derramaba por la comisura de su boca-
- No traga nada. Está en un estado catatónico, además no ha orinado en estos días, me preocupa, debemos llevarlo al médico. Salgamos de la habitación un momento.
Entendí que quería hablar conmigo sin que lo escuchara Killian. Así que salí con él.
- Luisa la guardia lo busca. En principio por ser el único superviviente, pero también piensan que pudo estar implicado.
- Papá todo el mundo conoce a Killian. Él es incapaz, ¿cómo pueden pensar eso? Además, ha sido claramente maniatado, en cuanto lo vean se darán cuenta que él no ha podido ser, aun así, todos saben que Killian sería incapaz de hacer daño a nadie y menos a su familia -dije atónita-
- Lo sé cariño. Lo he ocultado, principalmente porque temo que si los que hicieron esto se enteran de que Killian está aquí, quieran acabar con él. No creo que después de lo que ha pasado deseen mantener un testigo vivo.
- ¿Cómo pasó? -pregunté al fin, con un nudo en la garganta-
- Ahora no Luisa. Come un poco, yo lo cuidaré.
A las ocho hay una misa, debo asistir. Tu madre está con tu tía.
Siento decirte todo esto, así de golpe, pero está en todos los periódicos, toda la gente lo habla, es inútil ocultarlo y más a ti que eres a quién el muchacho ha acudido.
Quisiera meterte en una burbuja y librarte de las maldades del mundo, pero nos han tocado tan de cerca que sería un iluso si pretendiera hacerlo ahora.
Sólo puedo prometerte pequeña, que cuidaré de ambos.
Luisa, la misa es más bien una reunión, quiero ser sincero.
Si falto les parecerá raro, así que es mejor que descanses para que estés despierta cuando me vaya, sé que pido mucho, pero ahora somos todo lo que tiene.
No podemos hablar con su tía y su abuelo por el momento, estamos a salvo mientras nada de su presencia en nuestra casa se sepa.
Cathy ha querido venir, pero la he convencido para que te deje por el momento, es mejor no recibir a nadie.
- Está bien papá -Dije confiando plenamente en las decisiones que estaba tomando mi padre. Comí y dormí un poco. Papá me despertó antes de irse-.
- Debes estar atenta ante cualquier cambio en su estado, ¿lo harás?
- Sí Papá.
Pasaron dos horas y él no regresaba, de qué iba a tratar la reunión, por qué la guardia culpaba a Killian, no podía procesarlo, ni entender lo que estaba pasando.
Lo miraba mientras dormía, estos días me había dedicado a mirarlo ¡cuán lejos se encontraba!
, dormido o despierto no podía llegar a él, sólo podía acompañarlo, rezar porque saliera de ese estado, rezar por él, sobre todo recé lo imposible, porque no hubiese pasado nada, recé por despertarme de esta pesadilla, cómo lo curaría, cómo podría lavar sus heridas mentales, emocionales, cómo, si yo misma sentía un dolor casi insoportable, él me mantenía fuerte, siempre lo había amado, pero ahora sabía que ese amor podía mantenerme en pie, el amor por el chico roto en mi cama, por el chico que buscó refugio en mí, mi amor por él era infinito, ¿su amor por mí podría ayudarlo?
Recé porque así fuera, me recosté a su lado y lo abracé, su cuerpo antes frío empezaba a recuperar una temperatura normal.
La tensión acumulada hizo que me quedara dormida.
Soñé con las chicas. Era más bien un recuerdo, fue el verano anterior, habíamos pasado la tarde en el río y hacíamos trencitas a Tara y Moira, ellas luego nos las hicieron a Devani y a mí.
Ailen estaba recostada en la hierba leyéndonos en alto una de sus historias, y ésta por primera vez era de amor.
- Ailen está enamorada -canturreaba Moira. todos los días suspira sin venir a cuento-
Ailen siempre había sido muy reservada, así que nadie tenía idea de quién le pudiese gustar o si alguien le hubiese gustado, en realidad. Empezamos a sonsacarle.
- Dinos Ailen por favor ¿quién es el afortunado? -En un principio no quiso decirnos nada, pero Tara la pequeña cotilla lo sabía-
- No es un chico del pueblo, Es de Midletown. La semana que nos quedamos con la tía fue a su tienda, entró un hombre muy alto y Ailen se quedó totalmente callada, tuve que informarle sobre las tallas y colores de las camisas que teníamos yo porque Ailen parecía tonta, ahí parada sin decir nada.
- Cállate Tara, no es él.
- Sí que es. Era mayor y muyyyyy guapo.
- ¿Quién es ese Adonis? -pregunté-
- Es el hijo del que tiene la casa enorme que se ve desde la colina, el que dejó a papá sin empleo. No sabíamos que tenía un hijo, nunca lo habíamos visto, pero justo llegó mi tía cuando se iba y nos lo contó.
- Ailen O'Donell ¿te gusta el hijo del asqueroso Sr. Kavanagh? -preguntó inquisitiva Devani- Pues si es mayor, al menos tendrá 23 o más. Todos hablan de él, al parecer es el hijo de la primera esposa, y nunca vivió con su padre- Es guapo, pero hijo del pedante de su padre al final y al cabo.
- No me gusta, no me gusta nadie. Dejar de molestarme, sólo es una historia.
- Seguro que con cosquillas nos lo cuenta, -sugirió traviesa Moira-
- ¡Sí! -dijimos todas-
- No os atreveréis. -Se levantó rápidamente, pero nosotras le alcanzamos y empezamos a torturarla con las cosquillas-
- Vale confieso, me gusta un poquito -seguimos- Me gusta muchísimo. Pero paren -decía con una risa desesperada-
- Vale, ha confesado. -paramos y le empezamos a hacer preguntas sobre su galán. Tara repentinamente se puso melancólica-
- ¿Qué pasa cariño? -Le preguntó Ailen-
- No me gusta que te guste un chico. No quiero que nada cambie, me gustan las cosas tal y como son, no como mamá y la tía que viven en pueblos diferentes, no quiero crecer.
Recostadas sobre la suave hierba, mirábamos el cielo azul mientras la escuchábamos en silencio, realmente era un momento perfecto. Yo también desee que nada cambiase.
Súbitamente sentí que me basaban el cuello, el rostro, en mi sueño apareció Killian sonriente como siempre, feliz, me besaba sin importar que nos viesen sus hermanas, todas aplaudían, en ese momento me desperté.
Killian estaba encima de mí y me besaba.
¿Acaso sigo soñando?, no obstante, el dolor de repente volvió, otra vez todas estaban muertas.
- Killian mi amor -susurré mientras la devolvía sus besos, él me acariciaba y yo le respondía- Killian has regresado a mí- No te vayas, te amo -le decía mientras nos besábamos desesperadamente. Él no decía nada-
Fue besando mi rostro, mi cuello, dejando un reguero de besos en mi piel hasta mi pecho, metió mi pezón cubierto por la fina tela en su boca y lo chupó. Mi piel se convirtió en fuego.
- Killian, te amo, le decía con desesperación, con abandono, tenía sentimientos tan encontrados, lo único que me producía algo de calma es verlo encima de mí, tocándome, besándome, con mi pecho en su boca, era deseo, dolor, amor, esperanza, me acariciaba entera, como si quisiera comprobar que estaba ahí, como si no hubiese nada más, me quitó la ropa y me empezó a besar entera, yo gemía y rogaba.
- Killian tómame. -Deseaba aferrarlo al mundo, aferrarlo a mí.
Nunca pensé tener relaciones con él tan pronto, no me sentía preparada, pero el mundo había cambiado a nuestro alrededor y la idea de estar piel con piel no me parecía pecaminosa tanto como necesaria.
Era más que deseo, era una necesidad de posesión, de reclamo, era mío y nadie me lo arrebataría-
Killian entró en mí y cuando lo hizo me miró directamente a los ojos.
- Estoy aquí, le decía sin pudor.
Él me miraba sin traspasarme, me miraba por primera vez en días.
- Estoy aquí, quédate conmigo -gemí abrazándome fuertemente a él-
En un primer momento al entrar en mí de una sola embestida se quedó quieto, mirándonos y sintiendo la conexión, despacio empezó a moverse como si tomara conciencia plena del momento, la cadencia de movimientos fue en aumento y yo me sujeté a sus muslos con mis piernas instándolo a seguir.
Entre sudor y lágrimas un rugido salió de su garganta, ese sonido me arrastró con él en una marea de sensaciones.
Cayó encima de mí y lloró como sólo alguien que lo ha perdido todo puede llorar y yo lloré con él.
Lo sujeté con fuerza a mi cuerpo acunándolo como a un niño.
El dolor y el amor eran tan intensos que sentía que si me separaba un milímetro de su cuerpo sería como arrancarme la piel. Lloramos hasta quedarnos dormidos.
Con La luz de la mañana en mi rostro, empecé a despertarme. Ya no sentía su cuerpo anclado al mío. Abrí los ojos y no lo vi en la cama, me levanté rápidamente y miré debajo de ella, en el armario, en el baño, en la casa, los gritos alertaron a mi padre que entraba por la puerta.
- Luisa ¿qué ha pasado, por qué estás desnuda?
Caí al suelo, Killian se había ido, todo mi ser se derrumbó, cuidarlo y salvarlo me mantenía sujeta, ahora no había nada. Papá me pasó una manta por encima y me abrazó.
- Se ha ido -le dije-
- Luisa, ha sido lo mejor.
Fue lo último que escuché antes de que mi mente se apagase.