¡ADIÓS QUINCEAÑERA! #4
- Buenas noches preciosa. Vamos Marie mañana organizamos todo para llevarlo, no has parado desde hace varios días.
- La verdad, es que estoy agotada, buenas noches, descansa que mañana tendremos que embellecer la hacienda.
- Buenas noches a ambos, ha sido un gran día -Subí corriendo a la habitación, me cambie la ropa, lave los dientes y me recosté plácidamente en mi cama, mi último pensamiento fueron los besos de Killian-
Soñaba con sus ojos negros, estábamos en la Colina de Tara, tocaba su barbilla y él me decía
- Siempre por siempre.
Cuando iba a besarle un sonido agudo, estridente como el rechinar de cientos de tizas en una pizarra, nos sacudió los oídos, nos los tapamos y aun así sentí que me empezaban a sangrar, todo se volvió negro, me desperté llena de sudor.
- Killian -dije instintivamente-
Su presencia era muy fuerte. Siempre lo sentía aún antes de verlo las veces que entraba a hurtadillas en mi habitación. Me incorporé.
- Killian -dije nuevamente, no obtuve respuesta y me volví a recostar confundida y adormilada.
Cuando en el silencio absoluto de la noche escuché respirar a alguien fuertemente otra vez, rápidamente me puse en pie de un salto - ¿Killian quieres matarme del susto?
¿dónde estás? -Escuché otra profunda respiración, mi corazón estaba desbocado, me quedé en silencio esperando, al escucharlo nuevamente me di cuenta de que provenía de debajo de mi cama- ¡Killian idiota!
-me arrodillé y levanté las sábanas. La luz de la luna lo iluminaba. Su rostro era… -
- ¿Killian que pasa? -me levanté y encendí la lámpara de mi mesilla, Killian estaba en el suelo con la camisa blanca que tenía en mi fiesta empapada en sangre, también su pantalón, sus manos, su rostro-
- ¿Killian qué te ha pasado?, ¡estás herido!
-El terror se apoderó de mi cuerpo- Killian sal, ¿lo puedes hacer?
deben curarte, cariño necesito curarte. Voy a llamar a papá.
- Killian me miró por primera vez, su mirada era pura desesperación- Amor mío, si no puedes salir te sacaré, aguanta -Él mantenía su mirada fija en mis ojos.
Extendí mi mano para que la cogiera, se crispó, angustiada hasta temí que huyera, tal era la tensión en su ser- Killian soy yo, estoy aquí, estoy aquí, no me iré a ningún sitio, ni llamaré a nadie, tranquilo, toma mi mano, voy a entrar.
-Hizo un aspaviento. Así que paré- Soy yo, tu Luisa, no temas.
Sólo quiero estar a tu lado – sentía que si salía de la habitación o gritaba le pasaría algo, jamás vi una mirada tan aterrorizada en alguien, ese terror se me clavaba en el pecho, era como si me pidiera en lo más profundo de su ser que no lo dejara, que no rompiera el contacto visual, como si eso fuera lo que le mantuviese cuerdo, ligado al mundo, estaba en un precipicio, lo notaba, lo sentía en mi ser.
Killian tomó mi mano y lentamente decidí entrar-
Me quedé a su lado, sólo mirándolo, esperando para poder tocarlo y ver donde estaban sus heridas.
Sentí que sus muñecas tenían profundos surcos de los que emanaba sangre.
Nos quedamos así un largo tiempo, solamente mirándonos.
Al cabo de un rato que me pareció horas decidí hablar, temía que se estuviese desangrando.
- Killian voy a revisarte, necesito tocarte, ¿Puedo hacerlo?
Al no notar ningún movimiento y sin romper el contacto visual solté su mano y levanté su camisa con suavidad, su piel estaba manchada de sangre, había muchísima cantidad, empecé a tocarlo, pero no sentí ninguna herida, me seguí moviendo hacia su espalda y la sentí lisa, continúe por sus brazos, pase a su cuello que tenía varias heridas, pero no parecía que saliese sangre de ahí.
La sangre no era suya y eso me tranquilizó sólo un momento.
¿Qué pudo pasar?, ¿de quién era toda esa sangre?
La sangre de sus muñecas no era tanta para la cantidad que llevaba encima.
Estaba en la cabaña de su familia, ¿cómo llegó hasta aquí en ese estado?
- Killian ven a mí, estoy aquí, yo te protegeré y te cuidaré.
Nos quedaremos aquí si te sientes seguro -lo sentía tan distante, encerrado en su terror, le hablaba instintivamente, tenía claro que le había pasado algo horrible y se refugiaba, sabía que no era capaz de responder, sabía que no podía alejarme de él-
Poco a poco la luz vespertina empezó a entrar en la habitación.
Killian seguía mirándome fijamente, yo mantenía una distancia prudencial.
Cuando lo toqué para revisarlo la tensión fue tanta que no quería atormentarlo, las horas pasaron y no vi ningún cambio en él hasta que alguien golpeó la puerta de mi casa con mucha fuerza.
Escuché como mis padres se levantaban y bajaban preocupados por los golpes.
- ¡Soy Robert, abrirnos! -le escuché decir. Mi tío se escuchaba angustiado. No llegaba a entender del todo lo que decía, pero si el tono de su voz-
- Todos muertos -me pareció escuchar, Killian hizo un fuerte movimiento con todo su cuerpo, eso me causó una angustia tremenda-
- Estoy aquí Killian, soy yo, has venido a mí, quédate conmigo.
Calma, todo se solucionará. -Veía su mirada, era de un negro profundo, sus ojos se veían más oscuros de lo que los había visto jamás y llenos de terror, como si no hubiese nada más, ni yo, ni nada.
Lo que le ataba al mundo era un fino hilo y estaba ligado a nuestro contacto visual-
Escuché gritar y llorar a mamá. Dar golpes, creo que era papá, mi corazón estaba desbocado, sentía un pitido en mis oídos. Después de varios minutos, escuché los pasos de mi padre. Golpeó mi puerta.
- Hija, Luisa despierta -su voz estaba rota. No respondí para no poner nervioso a Killian con mi voz y él entro-
- ¡Luisa! -grito con pánico-
No pude hacer más que dejar de mirar a Killian y salir de debajo de la cama, no quería que con los gritos de papá Killian se derrumbara aún más.
- Ya vuelvo mi amor- le susurré al oído- Estás a salvo -y salí de debajo de la cama-
- Papá, no digas nada -rogué desesperadamente-
- Tu bata está manchada -había miedo en su mirada-
Miré mi ropa y mis manos y las pisadas de sangre en el suelo de mi habitación.
- ¿Qué ha pasado? -Preguntó a gritos mientras buscaba al supuesto agresor-
- ¡Silencio! ¡No grites!, escúchame, Killian está debajo de mi cama. No grites, no hables -supliqué llorando. Empezó a acuclillarse-
- No papá. No creo que quiera ver a nadie -susurré- Papá escúchame, algo ha pasado, está aterrado, no digas nada, no lo mires, yo cuidaré de él. Le he revisado y no parece herido de gravedad, pero está, no sé cómo decirlo, pero por Dios confía en mí
- Pero alguien debe ayudarlo.
- Lo haremos, pero ahora no podrá soportarlo, créeme, lo sé, aquí dentro lo sé -me golpeaba el corazón, con un nudo en la garganta y mi necesidad de volver junto a él, no dejarlo un segundo-
- Luisa. Escúchame, estás muy nerviosa y necesito que te calmes un poco si quieres ayudar a Killian. Promete que no gritarás. No quería decírtelo así, pero ahora no tenemos tiempo.
- ¿Qué no grite?, ¿qué ha pasado?
- Vas a poder, tienes que poder, te lo ruego, piensa en Killian.
- Los O’Brien, sus hermanas y padres -hizo una pausa y tragó saliva- Han fallecido.
Escuchamos el rugido de un animal herido.
- Killian, -dije, y entré nuevamente a la habitación. No quiso que volviera a mi lugar debajo de la cama-.
- Estoy aquí Killian, no entraré si no quieres, pero no me iré.
Ya no me miraba, me quedé recostada en el suelo de madera, estiré la mano, pero esta vez no la tocó.
Se había ido a un lugar lejano y oscuro.
No sabía qué hacer, ni que pensar, Devani, Aileen, Moira y la pequeña Tara habían muerto, ya no estaban…
eran mi familia, mis hermanas, la señora Sorcha e Ian que se veían tan felices hacía unas horas.
¿Qué pudo pasar?, no puede ser… pero ver a Killian me regresaba a la realidad y a la vorágine de pensamientos que me envolvían, una parte de mi los dejó de lado, todo el dolor, no podía hundirme, no podía dejarme arrastrar por la agonía.
Killian me necesitaba, la única muestra de dolor que me permití fueron las lágrimas que salieron descontroladamente.
- Hija. -dijo mi padre llorando, en ese momento escuchamos como mi madre subía al ático-
- ¡No dejes que entre! -aullé, mi padre en ese momento se fue hacia la puerta para cerrarla-
- Hija, lo siento muchísimo, amor…-un grito salió de la garganta de mi madre, como sólo una madre puede gritar por un hijo-
- Vamos fuera Marie. Luisa está bien.
- ¿Cómo puedes decir que está bien?, ¿qué le han hecho? ¡Luisa! -Papá sacó a mamá, escuché parte de su conversación-
Mamá no quería que Killian se quedará, prefería que lo lleváramos a un hospital, eso hizo que saliera precipitadamente de la habitación.
- Killian no puede salir, ni ver a nadie.
¿Me escuchas?, si llamas a alguien, no te volveré a hablar en mi vida.
Nunca me has apoyado en nada, ahora lo harás o te juro…
-no dije más, prefería callar antes que sacar la rabia por todos los años en los que mi madre se fue alejando de nosotros.
No tenía tiempo para reproches, ni cabeza, ni corazón-
- Papá no permitirás que llame a nadie ¿Me lo juras? -le dije precipitadamente, deseaba volver a su lado, sentí que lo perdería si me distanciaba-
- No haremos nada, hasta que nos lo digas -prometió mientras sujetaba a mi madre de la mano-
Entré y cerré la puerta de la habitación, me quedé a su lado hasta que la noche vino Escuché como mi padre golpeaba la puerta.
- Hija, cena algo -No respondí-
- Luisa, estaré con él un momento, si lo necesitas.