EN LA COLINA DE TARA ¡ADIÓS QUINCEAÑERA! #2
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¡ADIÓS QUINCEAÑERA! #2

- La cerveza es la sangre que corre por nuestras venas, sabéis Marie y Luisa, la Guinness es la primera cerveza irlandesa que pasó la censura del Consejo Inglés Covent Garden, en 1778 le dieron el Master y eso significó mucho, pues Irlanda sólo era tierra de campo para los ingleses, la industria estaba en Inglaterra o al menos la calidad estaba en sus tierras.

Nace Irlanda como reino independiente y nace la Guinness.

Benjamín Guinness fue un gran mecenas y donó grandes cantidades de dinero para la Iglesia de San Patricio y para el pueblo irlandés, no sólo la bebemos, sino que es ingrediente en muchos platos de nuestra gastronomía, es parte de nuestra historia, el alma de esta nación.

- Y tú pones el alma de Irlanda a todo. -comentó entre risas su amigo Murphy. Todos reímos animadamente-

El tío Robert lleva un par de años no siendo el despistado tío Robert.

Alan su amigo íntimo parece que no sólo le ha contagiado el gusto por la cerveza, sino que le ha dado un tanto de cultura y le ha despertado de su letargo.

Es agradable ver al tío compartiendo una amistad, antes era una persona tan apagada y solitaria, aunque siempre fue solícito y un buen hombre.

La fiesta siguió con nuestros músicos que empezaron a tocar “La alondra por la mañana”. Con el primer sonido de los instrumentos nos levantamos para bailar. Cuando llegué a la improvisada pista de baile, Killian me tomó de la mano.

- Me concede este baile madeimoselle Ruadhán[4].

- Bien sûr, mon seigneur[5]

“Cantaban alegremente debido a la cerveza “La alondra por la mañana se levanta de su nido/ se va a casa al anochecer con el rocío por todo su pecho/ y como el alegre jornalero silba y canta/ se va a casa al anochecer con el rocío por todo su pecho// Oh, Roger el labrador es un galán apuesto/ va silbando y cantando por aquella sombra de los árboles/ Se encontró con la hermosa Susan, ella es guapa, afirmó,/ ella es mucho más atractiva que todos los pájaros en el aire.// Una tarde yendo a casa desde los rastrillos del pueblo/ las praderas se han puesto todas verdes y la hierba ha sido cortada/ mientras yo probaría a tumbarme en el heno recién segado/ Oh, bésame ahora o nunca habrá amor, dijo esta flaca moza// Cuando las veinte largas semanas hubieron terminado y hubieron pasado/ su mamá probó a observar cómo ella aumentaba su cintura/ Fue el guapo labrador, dijo la doncella/ pues me hizo tumbarme sobre el heno recién segado// Hago un brindis para todos vosotros los mozos labradores donde quiera que estéis/ al que le gusta tener a una flaca moza sentada en sus rodillas/ con una jarra de buena cerveza negra fuerte silbaréis y cantaréis/ por un labrador que es tan feliz como un príncipe o un rey”[6]

Íbamos moviéndonos en círculos, intercambiando las parejas, Aileen y Devani me sonreían con entusiasmo y miraban a Killian de reojo. Aileen también lo sabe, pensé.

- ¿Qué pasa Ruadhán, temes que te pise?

- No ¿por qué?

- Tus mejillas se han puesto del rojo más encantador ¿o es por la cerveza que te has tomado que se te ha subido?

- Sólo la he probado. -Hablábamos entre cambio y cambio de pareja-

- Es lindo tu vestido -me dijo Peter cuando me intercambie con él- Estás muy guapa.

- Gracias, lo sabemos -dijo Killian a Peter y me tomó de la mano- Tengo un regalo para ti.

Sin acabar la melodía nos fuimos alejando. Todos parecían muy contentos, hasta mamá bailaba con papá, creo que nunca los vi así.

- ¿Dónde está?

- En el cobertizo.

- Muy bien, sí que lo has dejado lejos.

- Un poco -fuimos caminando tomados de las manos. Killian temblaba-

- ¿Te pasa algo Killian, te afectó la cerveza?

-contraataqué burlona- ¿Recuerdas esa vez que te emborrachaste con tus amigos y subiste al ático?

Nunca me has dicho como lo haces, y, es más, ese día que no te mantenías ni en pie, no sé cómo pudiste escalar la pared sin matarte o despertar a todos.

Estabas tan gracioso queriendo dar un discurso formal, mientras intentabas no tambalearte.

Luego me pediste muy cortésmente mi lavacara y depositaste los alimentos del día y parte del alcohol.

- No me lo recuerdes y menos ahora -respondió serio-

- Te lo recordaré siempre que pueda. Luego te fuiste con la lavacara y no me hablaste en una semana.

- No podía verte. Fue humillante y más porque me había llenado de valor.

- De vómito querrás decir -me reí nerviosamente-. No sabía porque sacaba el tema de la vomitona, siempre que lo hacía Killian se iba y no me hablaba-

- Luisa por favor cállate un momento -Llegamos al cobertizo y sacó una caja de su bolsillo-

- Toma mi querida amiga -dijo muy serio y nervioso, a mí me iba a explotar el corazón. Abrí la caja temblorosa y dentro había una mariposa de madera- ¡Oh gracias, es hermosa!

- Recuerdas, un día te hablé de una mariposa similar.

- ¿Cuándo?

- Cuando encontramos la caja rompecabezas de tu viejo tío abuelo.

- ¡Oh sí! Te recordaba a una figura que le hizo tu padre a tu madre. ¿Es ésta?, ¡es muy bonita! -exclamé sin dejar de mirar la figura-

- No, está la he hecho yo para ti -la tenía en las manos y él las tomó entre la suyas-

- Luisa, ¿recuerdas en que se transformaba?

- En un corazón -respondí con voz temblorosa-

- Sí, éste es mi corazón, te lo entrego, aunque siempre ha sido tuyo, si lo quieres. -dijo con su voz dulce y temblorosa-

- Killian, yo…

- Mírame Luisa por favor -nerviosa le hice caso, sus ojos, su rostro entero reflejaba una ternura infinita, la había atisbado en varias ocasiones, pero siempre cambiaba de expresión antes de que yo pudiera estar segura de que veía el reflejo de sus sentimientos, ahora me dejaba- No espero nada, mi amor.

Sólo quiero que sepas que me tienes como un amigo, un hermano, tu compañero de juegos o de secretos.

Sin embargo, si la suerte me sonríe espero ser algo más para ti o serlo todo -susurró casi imperceptiblemente esa última frase- Si no, me conformaré con compartir tu vida como los amigos que siempre hemos sido, únicamente te pido que no me apartes, ni te sientas presionada de ninguna manera.

Te abro mi corazón como llevo tiempo queriendo hacerlo, y esta vez estoy sobrio -dijo con una media sonrisa de lado-.

- Killian…

- Luisa te he amado desde que era un niño, desde el primer momento que te vi mi corazón lo supo, al conocernos mi mente lo confirmó. Eres todo lo que he soñado antes de que lo soñara -dijo atropelladamente-

- Me dejas hablar -su temor igual al mío me dio seguridad-

- Tengo miedo -susurró-

- Killian -toqué la hendidura en su barbilla.

Siempre me había fascinado esa parte de su rostro, su barbilla tan fuerte, tan marcada, ahora más oscura por su barba y aunque rasurada daba sensación de mayor profundad a la hendidura, la toqué con manos trémulas, para lentamente ascender a su boca, sonrió con esa manera tan suya, me quedé un momento dibujando su sonrisa con la punta de mis dedos, ascendí hacia su nariz recta y fina, ligeramente alargada y pasé a sus ojos tan oscuros como la noche, tan profundos que podía sumergirme en su oscuridad, los cerró, dibujé sus gruesas cejas.

Le toqué como siempre quise hacerlo sin restricción- Killian…

- No digas nada, déjame disfrutar de este momento. Aún temo tu respuesta, pero tus caricias...

- Te amo, no temas, soy tuya desde siempre Killian.

Me tomó en sus brazos y me besó. No como me había imaginado en tantas ocasiones, suavemente, sino con fuerza, con desesperación, yo le respondí con la misma intensidad, pese a ser mi primer beso, lo hice con la desesperación de todos los años y todos los momentos que quise hacerlo.

Abrió su boca y me introdujo su lengua con suaves movimientos que repetí con la mía.

Estábamos tan cerca, tan unidos que no había espacio entre nosotros.

Sentía el palpitar de mi corazón y el palpitar del suyo con la misma intensidad.

Tocaba su cabellos gloriosos, tan espesos, tan suaves, él respondía a mis caricias en mi espalda, en mi cintura, yo toqué sus brazos tan firmes, su espalda ancha por el duro trabajo.

- Luisa soy tan feliz. No puedo de tanto amor y aun así lo puedo todo. Luisa soy tuyo en cuerpo y alma mo Ruadhán[7]

- Somos un par de tontos, esto debió pasar antes. He soñado con tus besos, con tus palabras y aun así nada se compara a esto.

Me besó el cuello y sus manos ascendieron a mi pecho y yo no lo paré. ¡Luisa discúlpame!

- No te disculpes mi vida.

- Te amo tanto, soy tan feliz y tenemos todo el tiempo del mundo.

- Killian bésame, cállate y tócame, eres tú, nada malo sale de ti. Confío en ti hasta con mi vida.

Me besó con tanta fuerza, con tanto amor, me tocó con desesperación por momentos, otros con dulzura, y yo sentía que iba a explotar.

- Luisa eres mía y yo soy tuyo. Tuyo por siempre, sin embargo, debo parar, está todo el pueblo fuera y creo que en un momento me va a importar poco tus padres o los míos.

- Está bien amor -dije aun temblando-

- Te quiero preguntar algo.

- En tres años -le dije-

- No sabes lo que voy a decirte. ¿en tres años qué piensas hacer? -inquirió más feliz de lo que lo había visto en mi vida-

- En tres años, en mi mayoría de edad, casarme contigo. ¿Te casas conmigo Killian O’Brien?

- No dejas que termine de pedir las cosas. En tres años -miró a nuestro alrededor- Soy un tonto este no es el lugar.

- Es nuestra tierra, bajo el sol, estás tú, es el mejor lugar del mundo.

Se arrodilló.

- Luisa amor mío, vida mía, mi mejor amiga, mi dueña ¿en tres años me harás el honor de ser mi mujer?

Me arrodillé y le dije “ya soy tu mujer, en tres años lo reafirmaré ante Dios”. Nos abrazamos y besamos.