EN LA COLINA DE TARA LININSTONE #6
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LININSTONE #6

- ¿Sabes que la hermana de Killian, Ailen, lee mucho y cada semana le damos una caja de libros?, dice que soy su diosa. Las hermanitas pequeñas de Killian son un encanto. Devani va a mi clase y es súper divertida.

- ¿También es hermana de Killian?

- Si ¿Cómo lo sabes?

- Me lo supuse. ¿Son los hijos de Ian no? - preguntó sonriendo-

- Sí.

- Ahora ya se sus nombres. ¿Cómo se llaman las pequeñas?

- Tara y Moira. Killian es un muchacho muy trabajador como su papá. ¡Papá tienes las manos fatal! Dime ¿Cómo se portaron las vaquitas?

- Muy bien cariño, algunas han estado malitas por el frío.

- No me digas, tienes que curarlas. Killian dijo que en verano me enseñará a ordeñar.

- Por cierto, he hecho quesos como los de Monsieur Manet, o al menos he intentado hacerlo. ¿Quieres probarlo?

- Por supuesto papá.

- Espera un momento. -Me trajo un plato con queso, lo probamos los tres-

- ¡Me encanta papá es el mejor queso de todos!

No sé en qué momento me quedé dormida, pero al despertar estaba en mi nueva cama.

- Fui corriendo a la habitación de mis papás, estaban dormidos abrazados, yo corrí y me metí en el medio, ¡papapappapapapapapapapapappapapappa!

- Hola cariñito, ¿cómo está la niña más bonita del mundo?

- Feliz papá, te extrañamos muchísimo.

- Luisa, en cinco minutos debes empezar a prepararte, bajo a hacer

el desayuno, se nos ha hecho tardísimo.

Papá me llevó al colegio. Los niños de mi clase me dijeron que mi padre era muy grande. Cuando terminaron las clases mi papá me esperaba, le presenté a mis amigas, pero a Killian no lo vi. La tarde la pasamos hablando.

En la noche le mostré el ático y le hablé de mi idea, a papá le pareció excelente, dijo que compraría lo necesario para aislarlo del frío y adecuarlo como habitación. Le veo muchas posibilidades, -afirmó. -Pediré consejo a Ian.

Al recogerme del colegio me dijo que ya había pedido lo necesario para mi habitación. Al llegar a casa mamá estaba un poco molesta. Papá intentaba hacerla reír, pero ella es muy estricta. ¿Qué le pasará ahora?

No había podido hablar con Killian y quería presentárselo a papá.

Al día siguiente me acerqué a él en la hora del patio.

No me gustaba hacerlo, en el colegio los mayores imponen mucho, pero no quería dejar pasar ni un momento más.

Estaba hablando con esa chica, Ciara, de repente ya no quería pedirle disculpas.

Él me había llamado roja, se había burlado de mí, es un niñato, mira que tonto se pone con esa chica.

¡Mejor me voy! Cuando volvía sobre mis pasos Killian me preguntó.

- ¿Quieres algo Ruadhán? -preguntó sin despegarse de esa Ciara- Has venido tan decidida y luego te giras, ¿te pasa algo?

- Estaba buscando a Ailen -mentí y -me fui sin mirar atrás. Papá me recogió a la salida del colegio.

- Cariño, pasado mañana vuelvo a la hacienda e Ian viene conmigo.

- ¡Tan pronto! ¿Por qué?

- Hay muchas cosas por hacer, pero no quiero hablar de eso, quiero pasar bien estos días sin pensar en la separación. Si te lo dije es porque quiero ser sincero, ahora nuestra vida es diferente y debemos adaptarnos. No te quiero ocultar nada.

- Te quiero papi, entiendo, ya en verano pasaremos todos juntos. Seré valiente. Tú lo pasas peor porque no nos tienes a las dos.

- No te preocupes por papá, quiero que disfrutes con mamá, tus amigos y la tía Cathy. ¿Me lo prometes?

- Sí.

- Bueno ahora a pasarlo genial. No podré empezar a trabajar en tu habitación, tal vez tu amigo Killian empiece con el trabajo, le he preguntado a Ian por alguien capacitado y me ha dicho que Killian podrá empezar al menos.

Trabajará un par de horas unos días a la semana así que iremos poco a poco, ¿vale?

- No te preocupes papá.

Killian en mi casa, no quería ver a ese chico tonto, pero no quería que papá lo notara.

- Vamos a comer, mamá ha preparado un banquete.

Comimos con mi tía y nos contó cómo era mi papá de pequeño.

- Era imparable. A los 10 años lo encontramos en el pueblo vecino, nunca supimos cómo llegó.

- Me subí a escondidas en un carromato, quería conocer mundo -sonrió papá-

- Siempre nos hacía jugadas de ese estilo.

Luisa, tu abuela siempre pasaba preocupada.

Roger siempre hablaba con todos, hasta con desconocidos, una vez un italiano vino a trabajar a la fábrica de lanas como supervisor y a la semana tu padre ya nos decía cosas en ese idioma, nadie supo en qué momento habló con ese hombre, puesto que era un tipo muy pedante y no hablaba con casi nadie.

Tu padre lograba sacar una risa a todo el mundo.

Tu tío abuelo lo adoraba, era además un hombre realmente extraño, Dios lo tenga en su gloria, creo que tu padre fue al único que ha querido.

Yo lo cuidé sus últimos años, casi no podía hablar ni caminar, así que era más llevadero, pues cuando estaba sano era imposible.

- ¡Tía, pobre hombre! -dijo papá-

- De pobre nada. Hice lo que haría por cualquiera y más porque era mi primo, pero era insoportable. Lo mejor que hizo fue heredar a sus sobrinos. Era tan raro que pensé donaría su dinero a ese grupo en el que estaba.

- ¿Qué grupo tía?

- No sé, era un grupo o club de caballeros, de esos selectos, que hacen cosas extravagantes, beben y hablan de dinero y de cómo gastarlo y piensan que son gente especial y única, por lo que se inventan clubes llenos de secretismos.

- Cambiemos de tema -sugirió mi madre mirándome de reojo-

A partir de ahí papá habló sobre quesos, yo me quedé pensando en eso, Killian dijo que el símbolo parecía celta, y el anillo con esa inscripción, tal vez estén relacionados con el club del tío abuelo, misterio resuelto, se lo contaré a Killian, claro si nos volvemos a hablar algún día.

Vaya, sí que la gente con dinero se aburre y se inventa cosas raras.

En todo caso gracias a él tenemos todo esto.

No me puede caer mal, aunque haya sido un hombre extravagante quería a papá, no como mi abuela, así que tan malo no debió ser.

Los días siguientes después del colegio nos acercamos a Midletown, ya que papá debía comprar cosas para la hacienda. Fue divertido ver a papá hablar sobre ganado, leche y maquinaria como un experto.

El día que se fue nos reunimos con los O'Brien en mi casa para comer todos juntos y despedir a nuestros padres.

Todos estábamos tristes, mamá se hizo amiga de la Sra.

Sorcha. Yo quería hablar con Killian a solas, pero no pude.

Como era sábado le di su caja a Ailen, eso hizo que no se pusiera tan triste con la partida de su papá.

El lunes Killian se presentó en casa para trabajar en el ático, no sabía si subir.

En el colegio lo veía mucho con esa Ciara y a mí no me hablaba, supuestamente éramos amigos, ¿tan rápido se olvidó de mí?

Me entró tanta rabia que subí a cantarle las cuarenta.

Abrí la puerta de un empujón, ¡sí que hace frío!

- Mira Killian, si para ti no significa nada nuestra amistad, lo que es evidente que no, pues te burlas de mí diciéndome roja y encima me has ignorado todo el tiempo….

- ¿Qué dices? -preguntó contrariado-

- Eso, que si no quieres ser mi amigo al menos ten la cortesía de decirlo.

- Tú me dejaste plantado, eres tú la que ha pasado de mí.

- No es verdad. Sí que te dejé esperando y lo siento mucho, estaba enfadada porque te burlaste de mí.

- ¿Cuándo me he burlado?

- Me dijiste roja, me pongo como un tomate y claro te burlas porque me pongo así contigo.

- Luisa te digo Ruadhán por tu cabello. Ya te dije que me encanta y no sabía que sólo conmigo te sonrojabas. -dijo sonriendo como sólo él sonríe, merde-

- Yo no he dicho eso, me sonrojo muchas veces o eso me han dicho.

- A mí me gusta que te sonrojes Luisa, no me burló de ti. Ahora entiendo tu actitud, pensaba que tú pasabas de mí. Somos un par de tontos, ¿amigos? -extendió la mano y nos dimos un apretón-

- Tu mano está helada. Ya vuelvo -Le calenté una taza de té - Para que te calientes las manos y la panza-

- Gracias -dijo mirándome fijamente-

- Me sabe mal que pases este frío, ¿qué puedo hacer para ayudarte?

- Tranquila estoy abrigado y trabajando entro en calor.

- No Killian, puedo esperar, cuando mejore el tiempo puedes venir. Te prohíbo que trabajes en el ático con esta temperatura, no lo puedo soportar, tienes los labios azules. -Sin pensarlo se los toque con mis manos-

- Luisa …

- Luisa ¿qué haces arriba?, baja -gritó mamá-

- Bajemos Killian -le dije tomando su mano-

- Mamá, arriba no se puede estar, dejaremos el material solamente. Cuando mejore el clima puede venir Killian.

- Yo puedo venir señora-

- No debes -dije firmemente-

- A mí también me parecía demasiado frío, por eso no tocamos el ático. Sólo lo ventilamos porque el olor a humedad y cerrado era insoportable. No obstante, como aquí no se quejan del clima no dije nada.

- Mamá este invierno es terrible, lo dicen todos. Ven, acércate a la chimenea, ¿quieres otro té?

- No te preocupes, yo muchas veces trabajo fuera.

- Killian, no en mi habitación.

- Creo que mi pequeña lo ha dejado claro. Yo prefiero que duerma en el piso de abajo, así que por el momento lo dejamos. Te pagaré estas dos horas

- Sólo he trabajado una.

- Por la molestia y porque contabas con el dinero te pago las horas que pactamos hoy y no me repliques.

- Está bien señora, gracias.

- Bueno subo a coser los pantalones de tu padre. -añadió-

- Vale mamá.

- ¿Estás mejor?, ya te volvió el color a los labios.

- Eres única Luisa O’Donnell Lamar -dijo riendo-

- Tú eres un necio, pero al final he conseguido que me hagas caso.

- ¡Como decirte que no! además, me gusta que te preocupes. Hasta hace un momento pensaba que ya no me querías de amigo.

- ¿Y cómo te va con tu Ciara?

- No es mi Ciara. Sólo es Ciara.

- Pensaba que eran novios, como siempre están juntos.

- A mí no me interesa como novia.

No quise decir nada más. Ambos nos quedamos mirando las llamas, compartiendo el momento.

El invierno dio paso a la primavera, todos caímos enfermos menos Killian.

Varias reses del ganado de papá y del tío Robert se pusieron enfermas también, algunas murieron.

Mis padres discuten mucho últimamente, a papá se le ve realmente cansado, yo intento que esté lo más cómodo posible, él intenta sonreír y yo que ría.

Me preocupa lo que está pasando, pues mamá dice que despida gente ya que no necesita tanta, papá se niega, si al final acepta puede que el padre de Killian se quede sin trabajo, no soporto que mi mamá sea tan egoísta.

- Esa gente depende de mí y no necesitamos mucho para vivir.

Ya verás cómo levantamos cabeza, si no ayudo a estas personas se tendrán que ir y aquí está toda su familia, para mi viajar y vivir el mundo lo era todo, pero para ellos no es así y no quiero ser responsable de ese dolor, sí está en mis manos, lo evitaré.

Todos hemos trabajado muy duro, todos hemos soportado la inclemencia del tiempo, la epidemia del ganado y no voy a despedirlos ahora que todo eso ha pasado.

En primavera los chicos salíamos a jugar por los alrededores del pueblo.

Sobre todo, en las murallas de un antiguo Castillo que está en una colina, en la colina donde Killian se había caído.

La vista desde allí era fascinante. Se veía nuestro pueblo, Libetown y Midletown a los lados.

Midletown era el pueblo más grande y con casas más grandes y muchas tiendas.

Ahí vive la tía de Killian casada con el dueño de una pequeña tienda que iba muy bien, pues mucha gente de los pueblos de la zona iba a abastecerse a Midletown.

Mis amigas solían tener los vestidos más bonitos, ya que su tía les regalaba las mejores telas.

Tía Cathy me hizo varios a mí y el tío Pierre cuando nos visitaba también me traía ropa, y cuando mi madre aprendió a confeccionar, éramos las que mejor íbamos.

También se veía la gran casa de la zona. Pertenecía al Sr. Kavanagh, era una casa enorme en forma de C con un ala central y dos laterales, otra casa más pequeña y establos, un gran jardín con una fuente y extensiones de terreno.

- Suele hacer grandes fiestas con muchos disfraces, va gente rica a codearse con más gente rica. Antes la casa pertenecía al señor O' Connor, pero al irse se la vendió a su amigo. La antigua casa de Kavanagh no sé ve desde aquí, ahora es un hospital -me contó Killian-.

- ¡Se me había olvidado por completo Killian! Mi abuelo pertenecía a aquel grupo, era un club de caballeros o algo así, nos contó Cathy hace tiempo, tal vez el anillo tenga algo que ver con eso. Nos hemos olvidado por completo de él.

- Tiene sentido. En estos clubes se reúnen sólo hombres. Aunque por lo que he oído, al que pertenecía el señor Kavanagh tenía un matiz religioso o esotérico. Bueno aquí la magia y la religión conviven e imagino que eso le da más exclusividad. -Dijo en tono irónico-

- ¡Misterio resuelto!, en cuanto termines con mi habitación nos centraremos en el anillo.

- Bueno ahora agárrate fuerte a mi mano que vamos a bajar.

Corrió tan rápido que parecía que volaba. Milagrosamente no nos caímos. Fue una gran sensación, sentía que volaba junto a él, si uno de los dos se soltaba caeríamos, pero sabíamos que ninguno lo haría.

- Killian, ahora baja conmigo. -Le dijo Tara- Parece divertido, ¡no me sueltes eh!

- Muy bien pequeña subamos primero.

Killian es inagotable. Me recuerda a la tía Cathy.

Con la llegada del verano fuimos los seis a la hacienda de papá y el tío Robert.

Ian y su familia se quedaron en la cabaña que habían arreglado.

Todas las mañanas nos levantábamos para ordeñar.

Aunque papá tenía una maquinaria que lo hacía, nos prestaba alguna vaquita para hacerlo nosotros mismos.

Nos enseñó cómo hacer queso. Ese verano fue el primero de los mejores de mi vida.

Papá además me enseñó a montar. Mamá se perdió ese maravilloso lugar, nunca quiso ir a la hacienda, prefería quedarse en casa “No puedo desatender la casa”, siempre nos lo decía.

Al principio papá insistía. Luego como sabíamos que no iría, no decíamos nada. Sólo nos preparábamos para irnos los dos.

Mi infancia fue como cualquier otra en un pueblo pequeño, jugando con todos, disfrutando del campo en verano, cotilleando sobre los chicos y, en fin, disfrutando de una vida tranquila.

Si bien el dinero nos llegaba justo, mi papá siempre compraba cosas para nosotras. Me informaba y enseñaba todas las cosas necesarias para mantener una hacienda y eso nos hacía mantenernos más unidos.

- Un día será tuya y debes conocerlo todo.

- Sí papá -Le respondía mientras aprendía cada labor. Me gustaba la idea. Seguro que Killian trabajaría conmigo, eso me hacía feliz-