EN LA COLINA DE TARA LININSTONE #5
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LININSTONE #5

No había conseguido el ático y no me dio tiempo a ver nada más, pero estaba contenta por la casa. Comimos en ella, mi madre inauguró la cocina.

- Falta comprar colchones y en esta semana terminaremos de pintar el piso de abajo. Ian traerá a dos muchachos -señaló mi madre-

- ¿Killian vendrá?

- Sí -confirmó-

- ¿Puedo ayudar?

- Lo pondrás todo perdido, hay que saber pintar para no manchar o salpicar.

- Mira Marie, Luisa me puede ayudar a limpiar mientras los muchachos pintan -sugirió mi tía cómplice-

- Está bien Luisa, ayudas a tu tía, pero no se te ocurra acercarte a la pintura.

- Si mamá, ni siquiera oleré la pintura, palabra de honor.

- ¡Qué niña! Bueno Luisa, es un trato.

- Sí mamá.

Estaba muy emocionada con la idea de ayudar en la casa, es la primera vez que vivimos en una casa tan grande y ponerla bonita para que la vea papá me hace mucha ilusión. Además, estará Killian.

Fuimos en cuanto desayunamos a la casa. Los muchachos empezaron a pintar junto con mamá, Killian se encargaría del despacho que había en el primer piso, y convenció a mi madre para enseñarme a pintar las esquinas que eran menos accesibles, diciéndole que se haría responsable y arreglaría cualquier desperfecto que causase.

Su padre le ayudó a convencerla. Una vez dio su consentimiento, fuimos al despacho, abrió las latas, me dio una brocha y cogió mi muñeca para indicarme la dirección que debía tomar la brocha, “de arriba a abajo siempre”, me dijo suavemente.

Yo ya no me ponía nerviosa cuando se acercaba a mí, sino tremendamente feliz, y sentía que también él lo era.

Reímos y nos pintamos la punta de las narices, fue una mañana maravillosa.

A mediodía Cathy cocinó para todos, una vez sentados en la mesa Peter y Rick, compañeros de Killian, nos contaron anécdotas graciosas.

Killian, a los ojos de sus amigos es un muchacho serio, yo en cambio lo he visto reír mucho, pero me gusta conocer una faceta diferente de él.

Todos trabajan después del colegio, son unos muchachos muy agradables.

- Killian vuelve loca a Ciara, pero desde hace tiempo que pasa de ella -comentó Peter, que era su mejor amigo-

- ¡Peter cállate! -le riñó Killian-

- Antes hablabas mucho de Ciara ¿ya te cansaste? -le preguntó su padre-. Es una muchacha muy bonita -añadió sonriendo-

- Es una amiga como cualquier otra -contestó cortante-

- Eso no pensabas el mes pasado -replicó Rick golpeándole con el codo-

- Pues ahora no estoy interesado en eso, estoy ocupado con el trabajo y el colegio. -Yo me quedé mirando fijamente mi plato cuando dijo eso, no sabía cómo sentirme-

- Bueno pequeña Luisa, eres toda una celebridad en tu clase, he escuchado a varios niños hablar de ti. -me dijo sonriendo cómplice Peter-

- ¡Estos niños!, en mi época no pensábamos en chicas a estas edades -comentó mi tía-

- Luisa es una niñita, dices tonterías Peter, lo que pasa es que eres tú el que piensas en chicas -Le respondió Killian molesto-

- Bueno Killian, sé que es pequeña hombre, es una broma. Sé que es amiga de tu hermana pequeña y es normal que te pongas así de protector. Pero cálmate un poco.

- Me parece muy bien que Killian vea por Luisa, -señaló mi mamá-. No hablemos más que Luisa se ha sonrojado.

Miré a Killian y ahora él quien miraba su plato sin decir nada. Me ve como una niña pequeña, y además hay una chica que está interesada en él. A mí no me gustan los chicos, no sé por qué me debe importar esto un pimiento.

- Por cierto, chicos ¿qué significa Ruadhán? -pregunté ofuscada. Se rieron todos, menos mamá y yo-

- Significa rojita o rojito -respondió mi tía -Seguro te lo dicen a ti cariño, no sólo por tu cabello, cuando estás avergonzada te pones tan roja como él.

No me lo puedo creer. Seguro se burla de mí, todas las veces que me he puesto nerviosa he parecido una grana, probablemente por eso se ríe tanto cuando está conmigo y con los demás que mantienen un color normal es más serio.

Regresé a ver a Killian, él seguía sin devolverme la mirada, luego miré a mi tía, ella nos miraba a ambos. El resto seguían hablando entretenidos.

Después de comer me quedé ayudando a mi tía a lavar los platos, guardando y ordenando varias cosas de la casa.

- ¿Ya has decidido que habitación va a ser la tuya pequeña?

- No sé tía, la que eligió mamá está bien.

- ¿Pero…?

- ¿Tanto se nota?

- Eres muy fácil de descifrar hija, tu cara lo dice todo. No podrías ocultar a nadie nada nunca.

- ¿Lo dices porque me pongo roja?

- No sólo por eso, son todas tus expresiones, te delatan, pero me gusta eso de ti.

- Pues a mí no.

- Claro que no, a uno le gusta guardar secretos de vez en cuando, pero es tu manera de ser, Luisa lo dices todo y lo expresas todo. Eres una niña y aunque no todos los niños son como tú, lo normal a tu edad es ser puro y honesto, y así eres mi niña.

- Tía el otro día me metí…

- Si cariño, dime.

- No, nada tía -Me sentí culpable porque sí que era una mentirosa, había entrado a hurtadillas por el ático y había cogido dos cosas de valor que eran de mis padres. Pero no quise involucrar a Killian, aunque estaba enfadada con él-

- Te has hecho muy amiga de Killian, ahora los he visto divertirse mucho pese a la diferencia de edad. Pero bueno Killian es un muchacho acostumbrado a tratar con sus hermanas.

- Si me llevo bien con él, Devani, Ailen, Tara, Moira.

- Estoy contenta de que seas amiga de los muchachos, sabía que os llevaríais bien.

- Sí tía yo también.

El lunes siguiente fui a casa de Devani, casi a las seis llegó Killian.

- ¿Quieres quedarte a cenar? -me preguntó la señora Sorcha-

- Oh no gracias, es muy amable, pero me están esperando, se me ha hecho tarde.

- Otro día será entonces.

Recogí mi abrigo y me puse las botas mientras me despedía de todos.

- Mañana tenemos que quedar en tu casa, me dijo Devani, quiero verla.

- Sí, ya podré dormir en mi propia casa, estoy muy ilusionada, ¿crees que te dejen quedarte a dormir?

- Se lo preguntaré cuando llegue a papá. Pero seguro que me dejan.

- ¡Si, me voy corriendo! -dije emocionada-

Cuando giraba la esquina, escuche que Killian me llamaba.

- ¿Sí? -quise parecer despreocupada-

- Creo que me debes una disculpa. -enarcó las cejas-

- ¿Por?

- Te esperé durante dos horas en la biblioteca. Es de pésima educación dejar plantado a alguien.

- Se me olvidó por completo, lo siento

- ¿Se te olvidó?

- Sí, bueno, debo irme que me esperan.

- Bueno adiós -dijo enfadado-

- Adiós

No lo había olvidado, pero no quería verlo, no quería que se burlara cada vez que me ponía roja a su lado.

Además, no pensé que se quedaría tanto tiempo en la biblioteca, ¿no tenía acaso que trabajar?

Ahora me siento como una idiota. Killian esperó dos horas, yo nunca he esperado a nadie, encima tenía que trabajar para ayudar a su familia.

He sido detestable, estará muy enfadado.

Al llegar a casa casi no hablé y me fui a dormir pronto.

A la mañana siguiente mamá me sorprendió con la mejor noticia. Papá llega hoy en la tarde. ¡Oh, papá por fin, lo he extrañado mucho!

- Pero ¿por qué no me dijiste nada antes?

- Me acabo de enterar, me ha informado un vecino. Tu padre le vendió ayer leche y le comentó que vendría mañana al pueblo.

- ¡Que emoción mamá! Papá en casa, parece que no lo veo como en un año.

- Nunca nos hemos separado tanto tiempo, mas debemos irnos acostumbrando.

No quise decir nada, lo entendía, y aun así no quería hablar sobre eso, prefería vivir el presente y hoy viene mi papá. Al llegar al colegio le dije a Devani si podíamos cambiar la fecha, puesto que mi papá venía a casa.

- No te preocupes, podemos quedar en otra ocasión.

En cuanto terminaron las clases fui a casa, mi papá no había llegado aún. Ayudé a mi mamá con la cena, quería preparar algo especial. A las seis llegó papá, tenía la barba larguísima. Fui corriendo a sus brazos, me levantó como si fuese una pluma como siempre hacía.

- Te enseñaremos toda la casa

- Hola cariño, dijo a mamá con un beso.

- Vamos, por aquí hay un despacho, un baño… mira el salón, ¿a qué es precioso? y la cocina, sube, son cinco habitaciones y hay otro baño. Es muy grande y más arriba hay un ático, es mágico. Papá ¿no dices nada?

- Mamá, Cathy e Ian han obrado un verdadero milagro, me han dejado impresionado. Cariño te he dejado con todo el trabajo, lo siento, debió ser agotador -Dijo cariñosamente a mamá-

- Si Papá, llegaban agotadas. Yo ayudé a pintar el despacho, vino Killian y sus amigos. Vamos a la chimenea papá, ¡estás helado!

Se sentó en un sillón frente a la chimenea, yo lo hice en su regazo, empecé a juguetear con los pelos rojos de su barba que con la luz del fuego de fondo parecían en llamas.

- He hecho muchos amigos. Devani, Ailen, Tara, Moira, Anne de mi clase, Killian.

En general me llevo bien con todos, paso todos los días con los hijos de Ian en su casa, pero muchas veces visitamos a otras niñas, sobre todo a Anne.

Con Killian he pasado varios días, me ha dado clases -me puse roja y lo sabía, pero papá estaba escuchando con los ojos cerrados-

- Papá -le estiré un poco la barba- ¿me escuchas?

- Escucho. Dime que más has hecho

Seguí jugando con su barba, con mi mirada fija a sus cambios de color con el crepitar de las llamas.

- Pues el profesor Glesson es muy gracioso, siempre nos amenaza con dejarnos castigados, pero nunca lo hace.

Hay una niña muy mentirosa, Catriona, todos la tenemos calada.

Los muchachos de clase juegan siempre a la hora del patio a lanzar bolas de nieve, es muy divertido.

Catriona dijo que no estamos a su altura al caerle una bola de nieve en su moño y se quejó al profesor.

Él amenazó con que la próxima vez nos dejaría después de clase a copiar 100 veces no sé qué, no le entendimos pues nos pusimos a reír todos.

Él se giró y siguió dando clases, Catriona se fue hecha una furia a su casa.