LININSTONE #4
- Si señora, al salir me he encontrado con Luisa, va a clase de mi hermana Devani.
- ¿Y esa caja tan bonita? Parece valiosa.
- Es un recuerdo de su abuela, quería ver si la reparaba, está atascada. Bueno, señora McCarthy si tiene algún problema no dude en decírmelo, pero pienso que ya no tendrá más goteras, me he fijado bien.
- Confió en ti Killian, eres un muchacho muy trabajador. Pero dime Luisa...
- Disculpe señora McCarthy tengo que arreglar una alacena en mi casa antes que llegue mi madre.
- No los retengo más entonces. Espera, aquí llevo lo que te debo, gracias muchacho.
- Gracias a usted.
- Ha sido un gusto conocerte Luisa. Te deseo una feliz vida en nuestro pueblo. Somos vecinas, así que nos veremos de continuo.
- Igualmente -Killian cogió mi brazo y casi me lleva a rastras-
- ¿Qué pasa? -Le pregunté confundida-
- La señora McCarthy es una cotilla con dotes de espía.
Así que al preguntar por la caja preferí mentirle y no esperar que siga con sus pesquisas.
No quiero que se lo comente a tu madre o tu tía, son amigas y seguro siendo vecinas pasará a diario por tu casa para cotillear.
Me da muchas tareas y se lo agradezco, pero por experiencia sé que hay que restringirse en la conversación con ella a lo mínimo necesario para no parecer un maleducado.
Aun así sabe la vida de todo el pueblo o al menos lo intenta saber.
- Ahora te entiendo. Has sido ágil dando una excusa -dije riendo-
- Con ella hay que ser ágil, sino te pilla si te encuentra medianamente despistado. Yo estoy alerta con esa mujer. -dijo sonriendo-
- Está bien, estaré alerta con mi vecina. Espero que no mencione la caja.
- Esperemos que se le olvide con mi estrategia de despiste.
No quise decir nada sobre la excusa de la abuela, yo no tenía abuelos, bueno una abuela está viva, pero como si no lo estuviera, nunca me quiso conocer.
Poco antes de mudarnos, escuché hablar de ella a mamá y al tío Pierre, él le decía que había regresado a París.
En cuanto estuve a solas con mi tío se lo pregunté, al principio no quiso decírmelo, pero al decirle todo lo que escuché no le quedó más remedio.
Me contó la historia de mis padres, y no quise saber más, pues si no le gustaba mi padre ella a mí me gustaba menos.
Todo el mundo quiere a mi padre y si ella no lo quiso es porque debe ser una mala persona y no querer ver a su única hija lo confirma, es una persona detestable y si ella me quisiese conocer algún día, que se quede con las ganas porque ¡yo no!
Los primeros días después de enterarme de que existía mi abuela fantaseaba con verla en la calle, ella con harapos, yo con un hermoso vestido de domingo, me pediría perdón de rodillas y yo le daría unas cuantas monedas, a veces pensaba que le daría mi perdón porque la gente no debe guardar rencor, pero no la volvería a ver.
Desde que heredamos no he pensado en ella hasta ahora.
Mis padres han tenido tanto que trabajar, y mientras tanto ella es una señora con mucho dinero.
Da igual, tiene todo el dinero del mundo, pero está sola.
Nosotros nos tenemos los unos a los otros y con eso basta.
Ahora mis padres están mejor. Yo tengo nuevos amigos y no la necesito, pero me da lástima por mamá, debe ser tan duro para ella, aunque tiene a la tía Cathy que es como una abuelita y la mejor de todas.
- ¿Estás bien? -Preguntó Killian-
- Estaba pensando en lo que dijiste, no tiene importancia.
- ¿Seguro? Te he visto triste -comentó mientras me observaba con la mirada más dulce del mundo-
- Sí, no es nada -respondí con una de mis mejores sonrisas-
- Me dedicaré a la cajita y no creo que tarde en abrirla. Si quieres cuando descubra como abrirla, la abrimos juntos y vemos tu tesoro.
- ¡Sí, me encantaría!
El lunes siguiente me enseñó la caja. La había pulido, era verdaderamente de plata y lo había hecho tan bien que casi nuestros rostros se reflejaban en ella.
- Creo que es una especie de rompecabezas, una vez mi padre le regaló a mi madre un corazón que se transformaba en mariposa al cambiarlo de posición, lo hizo con un patrón que compró en una tienda.
Pienso que esta caja es así y no necesita llave, se abre al poner las piezas en su lugar, he intentado moverlas de mil maneras.
Ahora que está pulida se mueven con más facilidad, si quieres nos vemos después de los deberes y probamos.
- Si claro, pero ¿qué le decimos a tus hermanas? Siempre quedo con ellas.
- Diles que esta semana no puedes. No necesitan saber más o diles lo de la caja, pero a alguna se le puede escapar y si nuestras madres se enteran como entramos a tu casa, nos meteremos en un buen lío.
- No me gusta mentir. Papá siempre dice que para mentir hay que tener muy buena memoria, porque una mentira por más simple que sea, siempre acarrea otras mentiras sólo para mantener la primera. Y sí, tengo buena memoria, pero me parece menos agotador decir la verdad.
- Eres muy graciosa. Otra niña me hubiese hablado sobre el pecado de mentir y tú me dices que te cansaría.
- Eh, pero no soy una mala persona por eso.
- Al contrario. Me gusta cómo piensan tu padre y tú Luisa O'Donell, me gusta mucho.
Yo a veces miento como a la señora McCarthy, pero si vas diciendo todo a todos, al final no te queda nada y cada uno tiene su verdad.
Al final la verdad es relativa. Pero en general no miento, una cosa es decir algo para que la gente no se entrometa y otra ser un mentiroso y eso no lo soporto.
No soy amigo de la gente que no sé cómo realmente es, tal vez lo que digo es una contradicción.
- No lo es, te entiendo. Yo suelo hablar de más, y eso me hace decir las cosas más allá de lo que debería. Comprendo que una cosa es lo que le dijiste a la señora McCarthy o guardarte tus cosas y otra muy distinta mentir, como lo hace Catriona de mi clase, por ejemplo.
- A eso me refiero. Bueno, así que quedaremos en torno a las cuatro en tu casa.
- De acuerdo -Le dije emocionada. Él sólo sonrió e hizo un gesto afirmativo-
Los días siguientes quedamos de las cuatro a las cinco, que era la hora a la que llegaban mi tía y mi mamá.
En ese tiempo intentábamos resolver el rompecabezas.
El viernes entre movimiento y movimiento la caja se abrió, nos miramos estupefactos, pues ese momento sólo movíamos las siete piezas mientras conversábamos despreocupadamente.
- No puedo creerlo, con todos los esquemas y las secuencias que nos hemos montado y se abre así -nos reímos fuertemente, mirando las hojas que llevábamos escritas durante esos días-
- La forma es extraña, es como una figura celta. Veamos el interior -sugirió él-
Dentro estaba forrado de satén rojo, y había un anillo con cinco aros entrelazados.
- No me lo creo -Killian rio-
- ¿Qué pasa? - reía yo también contagiada por él-
- Este anillo es otro rompecabezas. Bueno me gustará descifrarlo contigo, además esta vez son sólo cinco piezas -sonrió-
- ¿Quién era mi tío abuelo? Acaso un adicto a los juegos de lógica y ¿cómo sabes que es un rompecabezas?
- Hay una especie de símbolos y formas, hay que montarlo.
De tu tío no tengo ni idea, para mí era un abuelo más del pueblo.
Sé que hace años había sido una persona importante y era uno de los socios de la fábrica de Lana y que se codeaba con los caciques locales, al menos eso lo he escuchado a mis padres y a varias personas, claro que yo era muy pequeño.
Creo que vendió su parte de la fábrica hace varios años, así que nadie lo culpó cuando hace un año la cerraron.
Tu tía Cathy se hacía cargo de él cuando enfermó.
Mira, este símbolo puede hacer referencia a su clan, o no sé, tal vez un recuerdo por algún negocio o algo así.
Aquí se ven unas letras, éstas nos servirán de guía para descifrarlo.
El anillo se ve valioso, mejor quédatelo tú.
- Intentaré resolverlo por la noche -Le dije-
- Es mejor que me vaya, pronto las señoras vendrán y ya van cuatro días que me encuentran aquí.
- Gracias, Killian.
- Hasta mañana Ruadhán.
- ¿Qué significa eso?
- Ese es otro misterio que debes resolver. -me guiñó el ojo y salió por la puerta-
Estuve intentando poner el anillo en la secuencia adecuada, pero al menos uno de los aros no encajaba.
El sábado fui a casa de mis amigas con una de las cajas de libros de Ailen. Pasamos la mañana jugando. En la tarde vi a Killian, escribió todos los símbolos en un papel.
- Pienso que es latín. El lunes pasaré por la biblioteca y veré si puedo averiguar que puede significar.
- Llévate el anillo. Será más sencillo.
- No te preocupes con esto me apañaré. Estaré a las cuatro, te espero.
- ¡Ahí estaré!
El domingo fui a ver la casa por primera vez, estaba quedando realmente bonita. Muy luminosa y ya no olía a humedad como la primera noche. Ahora entiendo todo el cansancio de mi tía y mi madre.
- A papá le encantará mamá, está preciosa.
- He pensado que tu habitación podría ser ésta, ¿qué te parece?
- Es muy bonita. -El ático era el lugar donde quería tener mi habitación, tenía una ventana muy bonita triangular y la forma de las paredes que caían era como una casita de muñecas- ¿Mamá y qué hay arriba? -pregunté disimuladamente-
- Un ático. Aún no hemos trabajado en él.
- ¿Puedo verlo?
- No Luisa, es peligroso
- Mamá, por favor, tendré muchísimo cuidado. Subiré con la tía y contigo, no me pasara nada.
- Está bien, pero no quiero que muevas nada, sólo ver, ¿de acuerdo?
- Vale mamá -subimos las escaleras y abrimos una puerta-
- La temperatura es bajísima aquí, déjame cierro la ventana -dijo mi tía-
- Oh mamá, ¡es muy amplio y bonito.! ¡Mira que espejo! ¡Mamá aquí sería una habitación estupenda!
- Habría que adecuarla y hemos tenido muchísimos gastos. Además, ya tienes varias posibles habitaciones abajo. Bueno vámonos que nos congelaremos aquí y enfriaremos el resto de la casa.