EN LA COLINA DE TARA LININSTONE #3
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LININSTONE #3

- Es un secreto -susurré emocionada al imaginar lo feliz estaba haciendo a Ailen y lo divertido que estaba siendo para el resto de la familia, la idea de Cathy había sido mejor de lo que jamás pude imaginar-

- Yo se guardar muy bien los secretos -dijo con una media sonrisa y yo no pude negárselo, ¡merde!

- Siete cajas en siete semanas. Quedan cinco.

- Te amará por siempre, lo sabes.

- Eso espero -dije riendo-

Se quedó mirándome durante bastante tiempo, luego miró hacia la ventana y continuó hablando de sus hermanas pequeñas. Se notaba que a todas las quería mucho.

- Dime, ¿y cómo te sientes pasando de vivir en París a vivir en este pequeño pueblo?, debe parecerte aburridísimo.

- No creas, en París mi madre y mi padre trabajaban mucho y me pasaba con una vecina.

Cuando papá llegaba, íbamos a un parque a jugar entre tanto mi madre preparaba todo en casa.

No tenía tanto tiempo, y la única familia allá es mi tío Pierre, a él lo extraño mucho, iba casi todas las tardes a visitarnos.

Pero me ha caído muy bien la tía Cathy, he hecho muchos amigos y sé que mi tío vendrá a vernos, me lo prometió.

- Entiendo. Pero París es una gran ciudad

- Sí, es muy bonita y mi padre siempre ha conocido a mucha gente, así que siempre hablábamos con todo el mundo, íbamos a un carrusel que quedaba cerca de mi casa, o al restaurante de Monsieur Alphonse, donde conocíamos a todos.

Hay un río muy bonito, el Sena, el fin de semana íbamos a pasear por ahí, cuando podíamos.

Aquí hace mucho frío, pero pronto llegará el verano, espero jugar con las vacas de papá y correr por los campos y las colinas con vosotros y espero no caerme.

Estoy feliz de tener una casa, aunque ver poco a papá me pone triste.

- Aún recuerdas a la segunda caída más importante, eh -dijo, guiñando el ojo, yo sentía como mi cara empezaba a arder, Killian no apartó la mirada-.

No te preocupes Luisa, en verano podrás ir con tu padre, nosotros lo haremos.

Tenemos una pequeña cabaña donde pasamos de vez en cuando, mi padre nos ha dicho que ahora que trabajará con tu padre, la arreglará para nosotros, así pasaremos más tiempo en verano con él mientras esté trabajando con el ganado. Si quieres te enseñaré a ordeñar.

- ¿En serio? eso debe ser muy divertido. Me encantará.

- Es un pueblo pequeño, pero cuando mejore el clima podremos jugar fuera de casa con los chicos del pueblo. ¿Te puedo decir algo?

- ¿Qué? -pregunté sonriendo-

- ¿Sabes que tienes el acento más encantador que he escuchado nunca? Como arrastras las palabras y como de vez en cuando dices cosas en francés y no te das cuenta, especialmente cuando haces preguntas o cuentas una anécdota graciosa -bajó la mirada cuando acabó la frase.

- ¿De verdad? Eh... -No supe que decir, Killian se fija en mí, no sabía que pensar. Nunca lo vi mirándome o escuchándome -

- Lo siento te has puesto roja, no quería incomodarte. Sólo que me parece tierno, no sé por qué lo he dicho, ¡soy tonto!

- ¡No! -Exclamé en cuanto acabó de hablar. Sonrió nuevamente, yo sentía que el suelo se movía-

- ¿Quieres ayudarme a reparar la alacena?, va mal un estante. Tú me sujetas los clavos y me pasas el martillo, si te parece.

- Sí, por supuesto -respondí entusiasmada-

Estuvimos hablando todo el tiempo mientras reparaba la alacena. Él hacia un movimiento y yo le pasaba los clavos.

- Estamos sincronizados -me dijo, en un momento determinado, es cuando empecé a tirarlo todo sin querer, pero él no perdió el buen humor-

Me contó sobre cómo eran sus amigos. Desde que su padre y otros hombres del pueblo se habían quedado sin empleo al cerrar la fábrica de lana ya no podían salir como antes, pues debían todos colaborar con sus familias.

Me sentía afortunada por la herencia de mi padre y que diera trabajo al suyo.

Nosotros nunca habíamos tenido dinero, mas ahora podíamos ayudar a otra gente.

- Tu tío abuelo tiene la casa llena de cosas, mi padre dice que no debió tirar nada en su vida.

- ¡Oh me gustaría verlo todo!, pero mamá no me deja, dice que es peligroso. Se podría caer un mueble o desprender el techo. ¡Es muy exagerada!

- Mañana tengo que pasar temprano para reparar el techo de la señora McCarthy que vive al lado.

Tu madre deja la ventana abierta del ático cuando no nieva, me he fijado.

Es muy fácil pasarnos a tu casa y vemos lo que hay.

Eso sí, primero debo comprobar que no esté el techo muy resbaladizo.

Tengo que dejar actuar la sal, así hago un caminito y si lo veo seguro nos pasamos, son unos cuantos pasos, si quieres y si no te da miedo las alturas.

- ¡Oh si mi madre me ve, me mata! Pero puedo intentarlo.

- Sólo podemos ver lo del ático, sin hacer casi ruido y sólo un momento ¿vale?

- ¿A qué hora?

- Yo iré temprano, a las 8:30 he quedado.

Tú puedes venir a las 10, cuando haya reparado el techo y dejado actuar la sal.

Mi padre dijo que iría con tu madre a comprar unas piezas para los fogones de la cocina y otras cosas.

Tendrán que ir hasta Midletown y tardarán toda la mañana.

No sé si vaya tu tía, si va nos quedamos sólo en el ático, en caso contrario bajamos para ver el resto.

- Vale. Bueno ya se ha hecho tarde, me voy o mamá se enfadará y no me dejará salir mañana.

- Te acompaño.

Al despedirnos me tocó el cabello.

- Es el rojo más bonito que he visto nunca -soltó mi mechón, se giró y se fue. Yo me quedé mirándolo mientras se alejaba-

A las diez en punto estaba en la puerta de la señora McCarthy. ¡La mujer no se encontraba en casa, así que Killian abrió la puerta, !sí que había pensado en todo!

- Tu tía está desde temprano. Ha abierto la ventana y yo en cuanto salí al tejado puse la sal, son siete pasos hasta la ventana de tu ático. Te sujetaré, no te preocupes.

Subimos al ático de la casa y salimos por la ventana, había un tramo plano, Killian pasó y en el tramo vertical, extendió la mano.

- Te sujetaré, pisa con firmeza -así lo hice, luego me ayudó a pasar por la ventana. Una vez dentro nos reímos bajito-

- Vale, sólo podemos estar media hora antes que venga la señora McCarthy, tenemos que hacer el menor ruido posible, sino tu tía nos pillará.

- Seré ligera como una pluma y silenciosa como ...

- ¿Silenciosa cómo?

- Como tú antes de ayer -sonrió con ¡esa sonrisa! -

- ¿De verdad que te he parecido callado? -preguntó-

- Sí, mucho.

- ¿Siempre eres tan directa? Bueno eso me gusta, ahora vamos a ojearlo todo. Te prometo que desde ahora dejaré de ser tan callado, pero no prometo ser tan parlanchín como tú -extrañamente era yo la que no supo que decir, así que simplemente asentí feliz, mientras me adentraba al ático con sigilo-

Había varias cosas tapadas con mantas. Levanté una al azar, era un gran espejo, luego otra, un armario, luego las levantamos todas sin pensar, vimos varios arcones, cajas, lámparas, sillas.

El ático era muy amplio, con un techo a dos caídas con grandes vigas, en el medio el ventanal por el que entramos era de forma triangular y el suelo de madera.

La luz lo iluminaba todo, hasta al polvo en suspensión le daba un aura mágica.

No nos quitamos los abrigos, hacía mucho frío.

- Voy a cerrar la ventana, nadie lo notará y nosotros no nos congelaremos aquí dentro -dijo Killian-

Abrí primero un armario. Había varios trajes, vestidos muy largos y antiguos, olían a alcanfor. Killian se puso una chaqueta negra muy larga.

- Esto es un frac -afirmó-

Yo me puse un vestido como pude y empezamos a hacer el tonto frente al espejo. Killian sacó de un arcón algo blanco.

- Mira es un velo. -me lo puso y nos quedamos mirando nuestro reflejo un largo momento-

- El señor y la señora Alcanfor -bromeó y nos reímos bajito-

- Mira en este otro arcón hay cosas interesantes.

- Esto es un monóculo y esto un gramófono, mira esta caja es muy bonita, creo que es de plata, pero no se abre, no veo la cerradura, debe estar atascada, en casa la puedo reparar -dijo emocionado por el pequeño descubrimiento, divagamos un momento con lo que podía contener tan hermosa caja, hasta que abrimos otra caja menos interesante en la que había varios papeles en varios idiomas.

- Dejémoslos tal como están, pueden ser importantes -señaló, mientras la cerraba-

- Moví la caja de plata, mientras Killian la miraba a través del monóculo.

- Parece que hay algo. Tal vez dentro haya joyas o dinero -dije moviéndola-

- No sé, ya veremos. Seguro es algo sólido. Es muy bonita y con una forma extraña, mira estas piezas se mueven tal vez...no sé ya lo veré en casa. Es tarde, debemos irnos o nos pillará la señora McCarthy y se lo dirá a tu madre.

- Si vámonos, que lástima hay tantas cosas. Espero no tiren nada de aquí. -miré todo el lugar. Sería una habitación excelente, pensé-

- Dejemos todo como estaba. Me llevo la caja y vuelvo por ti, quiero tener las dos manos vacías por si te resbalas.

- Te esperaré.

Quise ver más cosas mientras esperaba, pero escuché a mi tía subiendo las escaleras hacía el ático o al menos eso me pareció. Empecé a salir por la ventana. Killian, dije bajito y como no lo vi empecé a caminar. Cuando iba a pisar la zona vertical del tejado Killian me tendió la mano.

- ¿Por qué has salido? -preguntó enfadado-

- Crucemos rápido -le apresuré-

Al pasar por la ventana me preguntó

- ¿Tu tía?

- Sí, la escuché subiendo. ¡Por los pelos, qué susto!

- Tranquila. Yo me asusté más al verte en el tejado. Bueno, bajemos rápido antes que llegue la Sra. McCarthy -bajamos corriendo y salimos a la calle. Al doblar la esquina vimos a la Señora McCarthy-

- Tú debes ser Luisa O'Donell. Yo soy Teodora, amiga de tu tía abuela. Tu casa está quedando muy bonita.

- Tanto gusto.

- Eres una niña muy bonita. ¡Qué ojos más grandes y qué color! ¡Es verdad que no tienes ni una sola peca y con ese pelo y piel! ¡Eres una niña muy guapa! Y dime Killian ¿terminaste con el tejado?