LININSTONE #2
- Un tropezón dices, ha sido una caída en toda regla, es más ha sido una de las caídas más graciosas que he presenciado este último año, la tercera en concreto.
La segunda fue Killian cuando “tropezó un poquito” descendiendo una colina en la que solemos competir por quién baja más rápido y ¡sí que lo hizo!
, nunca había visto bajar a nadie tan rápido y eso que competimos en verano casi a diario.
Killian, al parar de rodar, sólo se levantó, se limpió la ropa enérgicamente y dijo “He ganado”, ¡Oh todos nos partimos de risa!
, muchos se tiraron al suelo para reírse.
Y el primer lugar, es para Susie de mi clase, se “tropezó un poquito” cuando pasó a la pizarra y se le vieron las bragas, muchos la llaman “Susie Braguitas” desde entonces, yo los riño cada vez que lo escucho -soltó una carcajada- a ti no se te ha visto nada, por eso te pongo en el tercer lugar.
Por cierto, soy Devani, teníamos muchas ganas de conocerte, eres la primera niña nueva del colegio y del pueblo.
De aquí la gente se va, no viene -dijo soltando otra carcajada- ¡Eres toda una celebridad!
- Killian suelta la mano de Luisa, la vas a asustar, - refunfuñó la mayor de sus hermanas. Él miró nuestras manos entrelazadas, como si le sorprendiera o como si no se hubiese dado cuenta que no me la había soltado. ¡Cuánto me suda la mano, que vergüenza, seguro que se ha dado cuenta!
- Hola soy Killian, ¿estás bien? -se presentó, soltándome la mano-
- Yo soy Ailen y ellas son Moira y Tara. ¿Crees que puedas caminar?, ha sido una caída muy fea. Disculpa que nos riéramos, pero has caído de una manera tan graciosa. Lo siento, eso ha sido muy descortés -se disculpó Ailen-
Las pequeñas se acercaron y me dieron un beso. -Ha sido gracioso -dijo Tara entre risitas-
- Si Luisa, como te encuentras. -dijo mi madre-
- Bien no os preocupéis, no ha sido nada. -no quería ver el estado de mi rodilla, pero al menos no parecía que sangrara, no quería ni mirarla, para que no notaran lo mucho que dolía-
- Bueno chicos daros prisa, -avisó la tía Cathy- Estas escaleras tienen desnivel, yo me he caído varias veces.
Cuando vuelva Robert le diré que lo repare -añadió mientras me daba un beso y me guiñaba un ojo.
Eso me tranquilizó, las escaleras no tienen desnivel, pero al menos así no pensarán que sea torpe, Killian sobre todo, bueno todos-
Fuimos caminando y nuestros pies se hundían en la nieve. Las botas que me regalaron me iban genial para no calarme, con el frío se me entumeció la rodilla y pronto dejó de dolerme.
- Llevas cinco días en el pueblo y no te hemos visto -comentó Devani-
- Es que con el frío que hace no tenía la ropa apropiada. En París hace frío, pero no tanto como aquí. Además, mis botas se habían quedado pequeñas -es la primera vez que salgo desde que llegamos y ya llevo la rodilla magullada, pensé desconsolada-
- Ahora vas muy bien, tapada hasta las orejas. Nosotros aguantamos más, pero sí que este invierno ha sido intenso. -añadió Ailen-
En el trayecto Killian no dijo nada. Tara y Moira se pusieron cada una a un costado y me tomaron las manos.
- Me gustan tus guantes, -alabó Tara muy risueña-
Pronto llegamos al colegio. Devani me tomó de la mano y exclamó nerviosa.
- ¡Todos han entrado, tú vienes a mi clase, corre!
Cuando llegamos todos estaban sentados en sus mesas, en tanto el profesor dibujaba un mapa en la pizarra.
- Disculpe Sr. Glesson. Ésta es Luisa, es la alumna nueva. Hemos pasado por su casa, pero no encontraba sus guantes, así que hemos tardado un poco. –“Gracias, Devani”, pensé mientras la miraba haciendo ademán de aprobación con la cabeza-
- Eso no es una excusa, pero por ser la primera vez no te dejaré copiando cien veces tu falta después de clase, como es habitual. No obstante, quiero que sepas que sólo lo admito una vez, ahora sal a la pizarra y preséntate.
- Soy Luisa O’Donnell Lamar, vengo de París y no suelo preguntar lo que no es de mi incumbencia.
- Pues me alegro por ti, mas espero que en clase preguntes mucho.
- Así lo haré Sr. Glesson.
- Muy bien, te sentarás junto a Devani, ya que habéis venido juntas, ella te pondrá al día -toda la clase nos miraba mientras nos sentábamos-
- Oh eres de París, yo fui el verano pasado, es hermoso, la Torre Eiffel, los palacios, las calles, la gente, todo. Aquí es muy aburrido -dijo una chica que se sentaba frente a mí-
- ¡Señorita Murphy silencio o se quedará después de clase!
- Lo siento Sr. Glesson-dijo mientras tornaba los ojos-
Devani abrió su libro y señalando la página me susurró -Catriona Murphy no ha ido a París en su vida. Es muy pesada, no le creas ni la mitad de lo que dice. Ahora intentará ser tu amiga, “la única a su nivel”, siempre lo dice, cuando te quiere adular.
- Sshhh. Último aviso. -replicó mientras nos miraba el Sr. Glesson-.
Cuando salimos al recreo todos los muchachos se pusieron a mi alrededor, me preguntaron sobre París, además querían que les enseñara palabrotas en francés, para que sus padres no les riñeran, así les harían creer que habían aprendido palabras en otra lengua.
- Sé una que otra – dije, avergonzada, aun así, acordamos que, por cada palabra, ellos me enseñarían la misma en irlandés, así todos aprenderíamos, concluimos orgullosos-
De lejos vi a Killian en un par de ocasiones, estaba con varios chicos de su clase y una muchacha que le hablaba mucho, él no me miró. Al terminar clases fui a casa de mi tía con Devani, los demás se fueron directamente a la suya a comer.
- Creo que ha ido todo estupendamente. ¿Qué te han parecido? -me preguntó Devani en la puerta de casa-
- Todo bien, y los chicos me han parecido simpáticos.
- Bueno Luisa. Si quieres luego de comer te recojo, vienes a casa y jugamos. Debes aburrirte terriblemente aquí sin nadie con quien jugar-dijo teatralmente, mirando al cielo gris-
- ¡Oh me encantaría! Se lo pregunto a mamá. ¿Mamá puedo ir a casa de Devani? -grité desde la puerta-
- Si no le molesta a su madre. Yo tengo que volver a casa para seguir con los arreglos, a mí me parece bien que te quedes con tus nuevas amigas.
- Mi madre encantada Sra. Lamar -respondió Devani mientras me cogía fuertemente las manos dando pequeños saltitos- Nos vemos en una hora y media.
- ¡De acuerdo! -exclamé emocionada-
Entretanto comía conté a la tía y mi madre como me había ido el día.
Al terminar me cambié de ropa, Devani vino justo cuando mi mamá y mi tía se iban a mi casa.
Todos los días después de clase iba a casa de los hermanos O'Brien.
Hacíamos los deberes con Devani y luego jugábamos con sus hermanas pequeñas o con Ailen, aunque por lo general ella aprovechaba ese tiempo para leer, su habitación estaba llena de libros que alquilaba en la biblioteca.
Mi tía sabía lo ávida lectora que era y un día me dio varios libros que pertenecieron a mi tío abuelo.
Pudieron dárselo al Sr. Ian, pero prefirieron que lo hiciera yo.
- Así te ganarás una amiga de por vida -me dijo la tía Cathy. Lo dividimos en varias cajas y cada semana le daba una sorpresa-
Killian hacía distintas labores para algunos vecinos.
Desde que su padre empezó a trabajar en mi casa, Killian ocupó su lugar como el manitas local.
La segunda semana del colegio fui a casa de los O’Brien como hacía todas las tardes, pero mis amigas no se encontraban, se habían ido con su madre al pueblo vecino donde comprarían tela en la tienda de su tía para hacerse unos vestidos.
Eso lo supe cuando al abrir la puerta Killian, me lo contó.
- Buenas tardes, Luisa. ¿Mi hermana no te dijo que hoy no estaría en casa?
- Oh no Killian. Me enumeró las cosas que haría esta semana, pero no recuerdo que dijera nada de salir de compras fuera del pueblo. ¿Vuelven pronto?
- Se han ido hace un momento a Midletown, mi tía Rosie acaba de abrir una tienda, se quedarán a dormir con ella.
- Bueno vale, nos vemos -mientras me giraba para volver a casa noté cómo me tocaba el hombro. El corazón me empezó a latir descontroladamente en cuanto lo sentí-
- ¿Quieres quedarte conmigo? Estarás sola en casa de tu tía y al menos nos hacemos compañía.
Era la frase más larga que me había dicho desde que lo conocí. Ni siquiera me miraba cuando estaba por su casa. Sus hermanas me decían que nunca se había comportado de esa manera con nadie, realmente pensé, hasta ese momento, que le caía mal por algún motivo que desconocía.
- Debo hacer varios deberes -le dije intentando no parecer nerviosa-
- Si quieres te ayudo, o no, lo que quieras -dijo un tanto nervioso o al menos eso me pareció, o tal vez la nerviosa era yo, sabía que, si me iba, no tendría otra oportunidad para ser su amiga y no sé por qué quería serlo desde el primer momento -
- Eh vale. Tengo unos problemas de matemáticas que no los termino de entender, ¿si quieres? -le pregunté avergonzada-
- Las matemáticas son mi fuerte -me dijo con la sonrisa más hermosa que había visto en un chico-
Los deberes los terminamos muy rápido. Casi no entendí lo que me explicó, pero hice como si lo entendiera todo, él realizó casi todo el trabajo.
Estaba tan nerviosa, sentía su aliento en mi rostro cuando se acercaba a mí para explicarme un problema.
Sonreía cada tanto y la forma de esa sonrisa en sus labios era maravillosa, quería tocárselos, estaba como en un sueño.
¡Debe pensar que soy la niña más tonta del mundo!
El resto de la tarde la pasamos hablando de sus hermanas, de cómo Devani lo enumera todo y las listas que hace, lo insaciable lectora que es Ailen y lo incansables que son las pequeñas.
- Respóndeme una cosa que me tiene intrigado, ¿cuántas cajas de libros tienes?
Mi padre no lo ha dicho y Ailen espera ansiosa cada sábado tener su caja, ella cree que tu tío abuelo tenía más libro que la biblioteca del pueblo y que pasaran semanas antes de que se acaben las cajas, los demás hemos empezado a hacer apuestas de cuál será la última.