MARIE #2
- Si, pero menos que el tuyo, por tus manos llena de callos y heridas intuyo que ha sido un mes duro para ti. Además, no quiero imaginar el frío que pasan. -miraba sus manos maltrechas y su rostro agotado-
- Estoy más acostumbrado que tú al frío.
Nací en estas tierras y el trabajo siempre calienta el cuerpo, aunque no te voy a negar que este invierno es cruento.
Al menos la casa de la hacienda es amplia y Robert la tiene en buenas condiciones.
Aun así, hay trabajo que hacer, hace tiempo que no se cuida, los muebles fueron robados por los anteriores trabajadores, al parecer mi tío no era cumplido en los pagos y ellos se lo cobraron con bienes.
Robert dice que, si recibían su pago, pero por el libro de cuentas las cosas no me quedan claras.
- Algo me contó Cathy. Desde que tu tío se enfermó nadie se hizo cargo y cuando Robert tomó el mando fue tarde, debió tomar antes la iniciativa.
- A Robert le cuesta tomar decisiones, si lo hizo fue por Alan, gracias a él las cosas no empeoraron y además estas semanas hemos avanzado, construyendo las vallas, empezamos a arreglar unos barracones que tenía mi tío para los empleados.
Robert si bien no es muy emprendedor, es un buen tipo que hay que dirigir, si lo haces trabaja como nadie.
- ¡Mon Dieu Roger, sí que habéis hecho cosas en cuatro semanas! -manifesté sorprendida-
- No sólo eso, Alan bajó al pueblo vecino la semana pasada, así que le pedimos que comprará nitrato de potasio y cloruro cálcico, se me ocurrió que no sólo vendamos leche sino queso también. Dime que tal te ha parecido el que he traído.
- Un poco pastoso. -respondí con sinceridad-
- Bueno mujer hay que perfeccionarlo. Quisiera hacer varios tipos de queso empezaré por el Durrus, pues no hay que pasteurizar la leche. Entre tanto debo mandar a hacer recipientes de cobre y otros elementos.
- Tú y tu fascinación por los quesos.
- Si y ya que tengo el producto primario hay que expandirse. Por el momento. escribiré a Manet para que me asesore, él es un buen conocedor de todos los quesos que adquiere.
- Me parece que tienes muchas más cosas que van por delante por hacer. ¡Tú no corres, vuelas!
- Siempre he sido así, antes te gustaba. En todo caso, siempre es bueno ampliar las opciones y todo esto tardará un tiempo, entre tanto iremos haciendo otras cosas. En mi tiempo libre probaré con el queso fresco, a ver si la próxima vez está en su punto.
- Está bien Roger. Simplemente no quiero que abarques más cosas de las que puedes, aún no conoces bien tu trabajo, sería mejor que te centres en aprender el manejo de una hacienda ganadera.
- Por el momento son pequeñas pruebas de ensayo error y no me lleva mucho tiempo. Es un proceso que se realiza casi solo.
- Como quieras. No te voy a convencer de lo contrario, sólo no te centres demasiado en eso por ahora -pedí, sabiendo que poco caso me iba a hacer, que mi batalla estaba perdida antes de haber empezado siquiera-
- ¡Si mujer, ten un poquito de fe! Bueno cuéntame cómo les ha ido en el pueblo. Luisa me ha puesto al día con el colegio. Veo también que empieza a chapurrear en irlandés.
- Si en eso es como tú. Bueno y en tener mil cosas en la cabeza.
Le va bien en el colegio, se ha adaptado rápidamente y ya va de casa en casa, le he dicho que eso no debe hacerlo.
Ahora que ha terminado la reforma, no le dejaré tanta libertad.
Al parecer todos entran a la casa de todos o al menos a la nuestra y no quiero que al hacerlo Luisa sea carta blanca para los vecinos.
- Es por Cathy, todos la quieren y ella abre la puerta a todos.
- Lo sé. No puedo negar que nos han ayudado mucho. Pero no soy Cathy y no quiero tener siempre gente metida en casa.
- Hablaré con Luisa. Ian subirá conmigo la próxima semana -me informó de repente-
- ¿Sólo te quedas una semana? -Le pregunté molesta-
- No, cinco días. Tenemos mucho por hacer, yo he sido el único en venir a ver a la familia-
- ¡Pero eres el dueño!
- Con más motivos para quedarme en la hacienda, y además hay que estar encima de mi primo. Siento que, si no le das cuerda, se para -dijo riendo-
- Tengo ganas de conocer a tu primo, todos hablan maravillas de él. -añadí sonriendo irónica-
- Lo imagino. Siempre fue así, pobre Robert, decía Cathy, cuando de pequeño se quedaba empanado mirando al infinito en el momento menos oportuno, como por ejemplo un partido de hurling, había que darle un golpecito en la espalda para que siguiera con el juego -acotó riendo enérgicamente-
- Ahí es donde lleva la cuerda, entonces -dije, reímos al unísono y al momento paramos para no despertar a Luisa- Bueno he terminado de fregar los platos, vamos a descansar.
- Marie, antes quisiera que me curaras las heridas.
- Por supuesto, voy por el yodo y el ungüento.
- No serán necesarios. -dijo con voz ronca-
- Roger, pensé que estarías agotado.
- También yo. Pero tantas risas me han despejado, pero antes me daré un baño.
- Te lo agradecería hueles a vaca, estiércol, humo y quien sabe que otras cosas. Está todo mezclado, descubrirlo sería como descifrar un acertijo complicado.
- Yo ya no me huelo, pero lo intuyo. Te agradezco que lo soportarás -dijo risueño-
- Luisa es la que se te ha pegado, agradéceselo a ella, eso o nuestra hija tiene problemas de olfato.
- Quiero pensar que me extrañaba mucho.
- Esa es la otra opción - declaré mientras le acompañaba al baño-
Roger se bañó e intento hacerme el amor, pero su cuerpo estaba agotado. Así que nos abrazamos y descansamos después de cuatro semanas de duro trabajo.
- Te daría cuerda como a tu primo, pero yo también estoy agotada- dije somnolienta, reímos antes de quedarnos profundamente dormidos-
El tiempo se recrudecía por momentos, las constantes nevadas y una epidemia se llevaron a 120 vacas más.
Lo que empezó con 400 cabezas de ganado terminó en sólo dos meses con 230, Roger había contratado más gente de la que el buen juicio le debió haber dictaminado, la maquinaria para los quesos también fue un gasto innecesario a mi entender, motivos por los cuales el primer año en Irlanda fue una premonición de nuestros años venideros.
Cada vez que Roger venía a la ciudad Luisa se abrazaba a su cuello y se pasaban horas hablando frente a la chimenea, yo cada vez me alejaba más de mi marido.
Él esperaba que fuésemos con él en verano a la hacienda, Luisa fue, yo en cambio me quedé en casa, no me apetecía ver vacas y esencialmente disgustarme al verlo malgastar recursos, Cathy y sus amigas me hicieron compañía.
No pensar en nuestros gastos de vez en cuando me tranquilizaba y si antes me disgustaba la falta de intimidad, luego la agradecí, la gente llenaba el espacio vacío entre nosotros.
Conforme Luisa crecía, más distante me sentía de ella también, prefería pasar con Killian o Devani, Ailen o alguna de sus amigas que a mi lado. Siempre estaba fuera, era imposible mantenerla en casa y debo admitir que yo también me refugiaba en mis amistades.
Hasta su habitación la puso en el ático de la casa, distante a mi habitación, se quedó fascinada con ese espacio y su padre gastó el dinero que no teníamos en su nueva y caprichosa habitación, habiendo cuatro habitaciones perfectas en la casa, esas son el tipo de cosas que me desquician, jamás piensa en futuro o en ahorrar, vive al día.
Al fin de cuentas soy yo la que debo arreglármelas para darles de comer y comprar tela para los vestidos de Luisa y los pantalones de trabajo de Roger con lo poco que queda y gracias a Cathy que me ha enseñado a confeccionar.
Quise durante mucho tiempo un poco de apoyo, pero hace años que me he acostumbrado a no esperar nada, cada sueño o ilusión de Roger se convierte en polvo y yo me cubro con él.
Mi querido Pierre nos visita cada año, se queda por un par de semanas, siempre trae regalos para Luisa, especialmente vestidos, la última moda en París le dice siempre.
Le va muy bien en la vida, nunca se ha casado, pero siempre nos habla de sus novias, jamás de su trabajo, que distinto al Pierre con el que crecí, aun así, con nosotras vuelve a ser él.
Nunca hablamos de mi madre, es un acuerdo tácito.
Sabe que no soy feliz, aunque aparentamos que lo soy.
Las pocas joyas que tengo me las ha regalado él.