EN LA COLINA DE TARA MARIE
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MARIE

La primera noche en Lininstone ¡un horror!

, la casa olía a humedad, apenas pude intuir lo que era, una casa vieja en un pequeño pueblo supuestamente debía estar adecuada para nuestra llegada por unos parientes de mi marido, pero no fue así.

La casa estaba helada y Roger puso unos colchones ajados en el salón, las mantas estaban sucias obviamente, así que preferí taparnos con todos los abrigos que teníamos.

Luisa estaba tan cansada que al sentir el calor del fuego se durmió en los brazos de su padre.

Yo pensé que no me dormiría con los sonidos que había en la casa, lo que intuí eran ratones.

Pero el cansancio era tan grande que caí profundamente dormida.

A la mañana siguiente me desperté con un cosquilleo en el pie derecho.

Al principio no reconocí el lugar donde estaba, en cuanto fui totalmente consciente del sitio donde me hallaba y del cosquilleo que iba subiendo por mi pierna, me levanté de un salto, quité toda la ropa con la que nos habíamos tapado y el ratón salió corriendo, buscando refugio debajo de un gran armario.

- Luisa despierta, vamos hija, mete los brazos en el abrigo. ¡Roger! -no respondió y no quería buscarlo por toda la casa. Vamos Luisa, nos vamos fuera para esperar a papá.

- Pero mami tengo sueño y fuera hace frío -respondió adormilada-

- No repliques, nos vamos ¡ahora!

Entre lloriqueos saqué a Luisa de casa. La tapé con toda la ropa que encontré luego de cerciorarme que no había ningún bicho asqueroso en ella.

Esperamos en las escaleras de entrada al menos durante media hora, congeladas; calentaba las manos de Luisa con mi aliento y las volví a cubrir, cuando vi acercarse a Roger con una señora mayor.

- ¡Roger! hay ... -Me callé a tiempo para no espantar a Luisa-

- ¿Qué hacen fuera con esta temperatura?, te dije que pronto volvería.

- No me has dicho nada. Me levanté y ya no estabas.

- Te dejé una nota a lado de tu cabeza.

- ¡Pues voló! -exclamé recordando como deshice la improvisada cama-

- ¿Qué? -preguntó confundido-

- Disculpa, Roger. ¿Habla inglés tu esposa? no entiendo nada, yo nunca he salido del pueblo, así que me vas a disculpar, pero sólo se gaélico que es lo que más hablamos además del inglés.

- Oh si, discúlpeme. Es muy maleducado de mi parte. Soy Marie O'Donell, tanto gusto. -habíamos hablado en francés delante de su tía, estábamos tan acostumbrados a hacerlo que no nos percatamos de que ya no estábamos en Francia-

- Yo soy la tía Cathy, definitivamente se nota que eres una dama, querida.

Hola pequeña, tú debes ser Luisa, eres como tu madre, pero claramente eres uno de nosotros también, no hay nadie de la familia que no sea pelirrojo, aunque claro ahora sólo puedes darte cuenta de que yo también lo era por mis pecas.

Oh, pero tú tienes la piel de tu madre, ni una sola mancha, qué raro, eso es un regalo que te ha hecho, yo a tu edad tenía la cara poblada de ellas -comentó sonriente, Luisa rio entre temblores a causa del frío-

- No nos quedemos aquí congelándonos, yo estoy acostumbrada al clima, pero este invierno está siendo muy crudo, hasta para nosotros. Vamos a por las maletas, os quedaréis en mi casa. Ya veréis que con un baño caliente y una buena sopa entraréis en calor.

El siguiente mes y medio lo pasamos en casa de Cathy. Roger salió a los tres días para ayudar a su primo con las reses, el primer invierno que pasamos en Irlanda fue el más duro que viví en este país, duro por la climatología, duro por la pérdida de lo que tan fácil habíamos conseguido.

Roger contrató a varios amigos de la infancia que habían sido despedidos de una fábrica de Lana local, Ian O'Brien, nos ayudaría con la reforma de la casa, y luego iría a trabajar con Roger.

En dos semanas se deshizo de los ratones y otros bichos.

El resto estuvimos los tres sacando muebles deteriorados, cachivaches varios, una o dos generaciones de ropa, papeles, recuerdos, sólo hacíamos distinción de las cosas que podíamos necesitar, lo demás lo donamos a la Iglesia del padre Peterson, a la cual íbamos todos los domingos.

Era un hombre entrado en carnes y extremadamente religioso, nunca me cayó bien, cada misa parecía que era una crítica velada a un feligrés, si no sabíamos a quién iba dirigida su homilía, mi vecina Teodora la cotilla local, se encargaba de informarnos.

Cathy se quedó con las fotografías familiares y algún recuerdo sentimental, los muebles deteriorados se los llevó Ian para repararlos o tirarlos.

Cathy pese a su edad y tamaño era imparable, me ayudó mucho.

Luisa, mientras tanto, se quedaba con los hijos de Ian, puesto que pronto descubrimos que si fuese por ella nos quedaríamos todo, para ella cada trasto de la casa era un tesoro.

Empezó a ir a la escuela pronto y como su padre, aprendió rápidamente a decir frases en irlandés, Cathy se las corregía, pero en general se sorprendía de lo rápido que Luisa lo absorbía todo.

Mi hija es imparable como su padre y su tía abuela, a veces me agota verla.

Se hizo amiga de las hijas e hijo de Ian que, como él, era un muchacho alto, un poco desgarbado debido a su altura, aunque fuerte, pues siempre ayudaba a su padre; nunca había visto unos ojos tan oscuros como los suyos eran sino negro, casi negro, no podía hacer distinción con su pupila, destacaban con el blanco de su piel.

- Cathy, ya es hora de que prepare la primera comida en mi cocina, quédate con nosotras a comer.

- Será un placer que inaugures tu cocina conmigo, querida.

- Bueno la cocina es antiquísima, espero pronto pueda comprar una nueva. Mientras tanto me apañaré con lo que tengo, no puedo desecharla con el empeño que le ha puesto Ian para ponerla a punto, no me queda más remedio que usarla.

- Tienes razón querida. La ha mimado como a una hija, no creo que haya mimado tanto a sus vástagos, es broma, Ian y Sorcha son unos padres cariñosos, pero ha sido divertido ver el empeño que le ha puesto para que funcione ese viejo trasto.

Fue una de las últimas adquisiciones de mi primo, pero será de al menos principios de siglo, nosotros aún cocinábamos en el hogar, pero John tenía dinero y si bien pasaba la mayor parte del año en su hacienda con las reses, la casa le gustaba que estuviese en buenas condiciones, pues más joven recibía muchas visitas de Kavanagh y O' Connor.

- Aún no los conozco ¿quiénes son?

- Oh sí querida, los caciques de la región, como todos los conocemos, se me olvida que no lo sabes.

John era bien visto por ellos, así que, aunque esta casa ya no es lo que fue en su momento, era su orgullo.

No estaba al nivel de estos hombres, pero para ser un hacendado menor estaba bien considerado y se codeaba con gente importante, iba a menudo a fiestas y reuniones con ellos.

Durante un tiempo fue socio minoritario en la fábrica de Lana de la cual ambos hombres eran dueños, la que cerraron y dejaron a medio pueblo en la calle, grandes hombres sin corazón.

La compañía de esta mujer me agradaba. Aunque parlanchina, cuenta la vida de todo el pueblo, no por mero cotilleo sino como una manera de incluirme en la vida de sus habitantes.

La gente es muy solícita, nos han dado patatas y verduras varias.

También han entrado, como si fueran dueños de la casa, para ver cómo iba quedando todo.

Ahora lo habitual es bajar y encontrarme con un grupo de mujeres hablando en irlandés y por lo que intuyo debería poner la alacena en otra pared y ese armario y el viejo comedor deberían estar lejos de las ventanas.

De vez en cuando me hacen partícipes de sus opiniones.

Espero que pronto acabe y dejar entrar a quien yo quiera, odio pedir favores o aceptar la comida que necesitamos, pues al final se lo cobran con mi privacidad.

Roger ha vuelto después de cuatro semanas con el queso que han empezado a hacer, mucha leche y varios sacos de alimentos que ha intercambiado con los agricultores de la zona.

- Han muerto 50 cabezas, entre las nuestras y del primo Robert.

El invierno es cruento, estamos construyendo otro establo y más vallas, al dejarlas pastar libremente muchas crías amanecen muertas por congelación.

Por lo general se encuentran juntas, pero hay algunas que se alejan, Robert dice que hay vacas que no son sociales y otras se encuentran enfermas.

La semana que viene va el veterinario, sobre todo para descartar cualquier epidemia.

Hemos puesto en otra zona a las que Robert nota que están enfermas, yo poco a poco me doy cuenta cual está enferma y entre todos hemos separado a veintidós reses.

Ya veremos qué pasa - dijo Roger en tono dubitativo-

- Me estás preocupando Roger, han muerto demasiadas y en poco tiempo, ¡y me dices que temen por veintidós reses más!

- No te preocupes mujer, el invierno pronto acabará -afirmó, intentando transmitirme calma, pero estaba claro que él también estaba preocupado-

- Luisa ya se ha dormido en tus brazos. Métela en la cama y cena, debes estar hambriento -dije al darme cuenta de que Luisa llevaba tiempo dormida en sus brazos, y para evitar una nueva pelea, estaba demasiado cansada y frustrada para una discusión-

- No ha parado de hablar del muchacho de Ian, al parecer se llevan bien.

- Sí, van siempre juntos, es cuatro años mayor, pero al tener hermanas creo que está acostumbrado a jugar con niñas, también se lleva bien con sus hermanas, aunque es verdad que la he escuchado hablarte de él, sobre todo.

- ¡No imagine que fuera tan grande! -manifestó sorprendido-

- En casa de Ian juega con las muchachas, el muchacho es un chico trabajador y cuida a sus hermanas por lo que sé, creo que todas están encantadas con él.

- Sólo me ha sorprendido escucharla hablar así de un muchacho, creo que me he puesto un poco celoso -rio desenfadadamente- La casa ha quedada muy bien, cariño. Puedo imaginar el esfuerzo que le han puesto.