EN LA COLINA DE TARA PRÓLOGO #3
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PRÓLOGO #3

Cuando llegamos la casa estaba húmeda y sucia con muebles agolpados en las habitaciones.

Por la hora en la que llegamos y el cansancio del trayecto en barco y luego en carromato, decidieron bajar unos colchones malolientes y encender la chimenea, sin luz ni agua poco más se pudo hacer.

A la mañana siguiente Roger fue a casa de su tía Catherine.

- ¡Querido, pensé que venías el mes próximo, al menos eso me dijo tu primo!

-exclamó sorprendida, en cuanto vio a su sobrino parado en la puerta de su casa.

“Robert era un desastre de pequeño y al parecer no había cambiado un ápice”, pensó Roger- Iba a contratar O’Brien para que me ayudase a arreglar la casa, ¿recuerdas a Ian?

- Estoy contento de verte tan saludable y guapa -le dio un beso y la abrazó, la pequeña mujer parecía una niña entre sus brazos y rio como si lo fuese- Claro que recuerdo a Ian, con él fui al colegio.

- Tú estás enorme y eres un adulador, ya estoy mayor para creerme tus lisonjas -sonrió sonrojada- Ian ahora está desempleado, cerraron la fábrica de Lana y desde entonces va haciendo pequeñas tareas para quien lo necesite.

Tiene 5 hijos sabes, es un buen hombre con muchas preocupaciones, y aun así siempre ayuda a todos con una sonrisa, no es justo que después de tantos años los dejaran en la calle, varias personas del pueblo han ido al campo a trabajar la tierra o criar el ganado, otros se han ido del pueblo o como Ian se han quedado sin nada fijo, viviendo de pequeñas tareas, es una verdadera lástima hijo.

Dejemos de hablar de cosas tristes, me alegro que estés aquí y gracias a tu viejo tío no pasarás lo que estos muchachos.

Tu primo se ha encargado de la hacienda, ha contratado a Alan Murphy que trabajaba con tu abuelo, a Cian y Colin Byrne, pero van a necesitar más gente, en cuanto terminemos con tu casa, te sugiero que contrates a Ian.

Los anteriores trabajadores, aprovechando la enfermedad de tu tío le estaban robando, Robert prefirió despedirlos y mantuvo a Alan por ser el único trabajador leal, él nos dijo lo que estaba sucediendo.

Cuando vayas a la hacienda te informará mejor que yo.

- Claro tía, necesito que me aconsejen respecto a eso. De momento sé que mi tío me dejó 200 cabezas de ganado, la mitad de la hacienda y su casa.

- Si hijo, tengo los papeles para ir al Ayuntamiento y dar de alta la luz y el agua corriente. Déjame y los traigo, pero primero haremos lo más importante, conocer a tu familia.

- Si tía, por supuesto. Tenemos mucho que contarnos.

- Desde luego hijo, y debéis venir a casa.

¡Habrán pasado una noche terrible, estoy muy apenada!

Robert me leyó tu telegrama, porque mis ojos no son como los de antes, era su responsabilidad informarme de la fecha correcta antes de irse a la hacienda, lo siento mucho.

Ahora que está tu esposa podremos arreglar la casa a su gusto, yo la ayudaré en todo lo que pueda.

Hay muchos objetos que no se si los quieran, tu tío abuelo era una persona complicada, por ser cortés con el difunto, pero como sabes era raro como nadie, lo mejor que ha hecho es acordarse de ti y Robert al final de sus días.

- Se lo agradezco de verdad. Casi no tenía comunicación con él y me sorprendió gratamente que se acordará de mí. Con respecto al equívoco con la fecha de nuestra llegada no te preocupes tía, no era tu responsabilidad hacerlo.

- Aun así, me comprometí hijo, han llegado a vuestra casa esperando tenerla lista, si no hubiesen venido directamente a la mía, tengo habitaciones de sobra, pero eso ya lo remediaré y claro que tu tío abuelo se acordaba de ti, de pequeño tú eras su favorito, creo que fuiste el único niño al que no sólo toleraba, sino que apreciaba.

Además, admiraba tu alma viajera, se alegraba cuando recibía tus postales, cuando era joven, él también vivió fuera unos años.

Lo importante ahora es que tenía 400 cabezas de ganado y las dividió entre ambos.

- Me lo dijo Robert. Me alegrará trabajar con él

- Si, ahora ha sido todo improvisado, pues antes había un capataz, él que más robo a tu tío, por cierto.

Robert hace poco tiempo que se está haciendo cargo de la hacienda junto a Alan y al resto, espero que les vaya bien, está siendo un invierno como no lo habíamos vivido en décadas.

- sacando unos folios del cajón afirmó- Aquí están todos los documentos que necesitamos, pasemos primero por tu casa y me presentas a tus mujercitas, desearán tomar un baño caliente, comer y descansar como Dios manda.

Mientras tanto iremos los dos a dar de alta los suministros de tu casa.

Desde el momento que conocí a la tía abuela Cathy me sentí como si siempre la hubiese conocido, era maternal, imparable; siempre haciendo cosas para otros y siempre estaba en todas partes, era una fuerza de la naturaleza y transmitía energía a quien estuviese con ella, menos a su hijo, el tío Robert.

El primer día en Lininstone fue como el inicio de una aventura, pese al frío, y el estado de la casa, es más, eso precisamente la hizo parecer mágica ante mis ojos infantiles, tan grande y llena de muebles, con toda clase de objetos por descubrir, pasar la noche junto al fuego compartiendo lecho con mis padres me hizo sentir protegida.

El calor que emanaba mi padre era reconfortante, para mí ya era un hogar.

La guerra nos dejó poco, la guerra en el mundo y más la guerra que se desató en nuestro pequeño mundo.

Las ramificaciones que tendría en ese momento no las pude imaginar cuando a los nueve años llegué a Lininstone.

No hay peor imaginación que la que habita en la mente de unos locos, donde cualquier sadismo es posible, ambas guerras me lo demostraron más tarde.

Pero en ese momento, era una pequeña niña que imaginaba que una casa oscura, sucia y fría era un lugar mágico por descubrir.

Es curioso como a veces, y en nuestra propia vida, pasamos de protagonistas a secundarios, ¿en qué momento tu vida deja de ser tuya?

Hay tantos en los que mi vida no me ha pertenecido, pero no me he sentido como un secundario, es ahora cuando toda esperanza se ha ido, que me siento irreal como un fantasma, en el plano secundario de otros y pienso que mi madre muchas veces se sintió así.

En su caso y a mi pesar puedo decir que todo dependió de ella.

Hasta los quince años no nos llevamos del todo bien, éramos como el agua y el aceite.

Mi padre era, en cambio, el centro de mi mundo hasta que llegaste tú, entonces empezó mi vida a girar en torno a vosotros dos.

Sin embargo, a lo largo de nuestro camino juntas la entendí, abrí los ojos hacia quien era mi madre, eso me enseñó que la verdad depende de los ojos de quien la miré, los años de dolor compartido fueron la puerta que se abrió para conocerla, no como madre sino como mujer, en las diferencias y las similitudes que hubo entre nosotras.