44 DIEGO
Una semana después
Me aseguré de que esto fuera lo que Milene quería realmente; resultó que no podía esperar para volver a casa. Y por casa me refiero a Chicago.
Pusimos a la venta los dos departamentos y en solo siete días estamos volando por el Atlántico en un vuelo comercial, como personas normales y desesperadas por volver a casa después de unas muy largas vacaciones. Una última visita con la nueva obstetra y nos autorizó volar.
«En esta etapa del embarazo aún es seguro », eso fue lo que dijo.
Pensé en pedirle el jet a Santino, pero Milene quiso que nuestro regreso fuera una sorpresa, aunque más bien sospecho que quiere mantenerlo en secreto por un tiempo.
Y no tengo problema con eso. Después de todo, aún tengo poco más de ocho meses para tomar la decisión final con respecto a la organización, y no tomaré esa decisión solo.
Dormimos la mayor parte del vuelo, pero cuando Milene se despierta con náuseas corro detrás de ella en dirección del baño. No pasó por muchos achaques de este tipo antes, pero el vuelo y los nervios de volver a donde nunca creyó querer volver deben estar haciendo lo suyo .
—Tranquila, bebé, ya casi llegamos a casa —digo, acariciando su espalda y sosteniendo su cabello mientras vacía el estómago.
—Lo siento —chilla—. No quiero que mires esto.
—No me perderé nada, bebé. Ya tuve suficiente de perderme cosas, así que no me quites esto. Lo hago con gusto.
—No dirás eso cuando no te deje dormir por las noches. —Intenta disuadirme.
—Oh, bebé, esa será la mejor parte.
[***]
—No puedo creer que estemos aquí —dice Milene, respirando el aire de Chicago—. Incluso huele mejor de lo que recordaba.
—Ah, ¿sí? ¿La contaminación? —Me burlo de ella y recibo un golpe en el hombro que me hace dejar caer las maletas—. ¡Oye! —Me río.
—No. Huele a seguridad. —También se ríe, caminando de espaldas, mirando cómo la sigo con todas nuestras cosas.
Y sí que tiene razón. Chicago huele a mío. No estoy seguro de saber qué fue lo que la hizo querer volver, pero estoy agradecido.
—Yo solo tengo la seguridad de que te voy a hacer el amor en cada rincón de esta casa. —Milene jadea la sorpresa, pero luego se gira y me mira con ese fuego que yo desperté en ella el día de nuestra boda.
—Primero vas a tener que alcanzarme.
Si verla caminar ha sido todo un agasajo… verla intentar huir de mí… no tiene nombre. Y si lo que quiere es que la persiga y la haga mía por el resto de nuestras vidas… eso es justo lo que voy a hacer.
[*** ]
Una semana escondidos pasa en un borrón. Yo me encargo de cocinar cada día y cada antojo que mi mujer tiene, pero ambos sabemos que no podemos mantenernos ocultos por mucho tiempo más. Necesitamos reactivar la seguridad en la casa y darle el mantenimiento como es debido.
Hemos pasado la mayor parte del tiempo en la biblioteca con la chimenea encendida. El invierno se acerca y con eso… las nevadas del infierno. Acurrucados como cada noche después de cenarme su cuerpo, le hago la pregunta que tanto me ha rondado en la cabeza.
—¿Qué quieres hacer? —Ella sabe de lo que estoy hablando, así que se toma su tiempo en responder.
—No lo sé —dice por fin—. Esta semana ha sido perfecta. Pero nuestro hijo está creciendo mucho y necesitaremos encontrar un doctor.
—Doctora. —Aclaro.
—Por supuesto. Doctora. —Se ríe y besa mi mandíbula—. Además, extraño a mi hermano y también…
—¿Y también qué? —Busco su mirada tímida—. ¿Qué pasa? Sabes que puedes decirme lo que quieras.
—Lo sé, solo que tal vez te parezca algo estúpido. —Ojalá supiera que me tiene tan envuelto en su dedo pequeño que me podría decir que el cielo es morado y yo le diría que sí.
—Nada. Nunca nada de lo que tu mente maestra piense será estúpido. —La animo con un beso profundo; no la suelto hasta que siento cómo poco a poco se derrite en mi pecho.
—He fantaseado mucho con… con la boda. —Intenta desviar su mirada de la mía, pero me aferro a su barbilla para que no pueda escapar de mí.
—¿Sí?
—Nos… casaremos, ¿verdad ?
No puedo creer que sea eso lo que la tenga tan nerviosa; no puedo evitar soltar una carcajada. Le doy la vuelta y quedo cernido sobre ella. Sostengo todo mi peso sobre mis codos, con cuidado de no aplastar a nuestro hijo.
—Desde luego que sí, lo haremos mañana mismo si eso es lo que quieres. —Su sonrisa me recuerda a esa parte vulnerable que solo me muestra a mí, y la amo tanto que quiero darle el mundo—. Creí que querías esperar a que naciera nuestro hijo. —Me encojo de hombros—. Lo siento por no preguntar antes.
—No te preocupes —dice, rodeando mi cuello y estirándose para besar mis labios—. Yo también creí que quería eso. Y estos días estando aquí me he sentido mejor que nunca, pero…
—¿Pero ¿qué?
Su hermoso rostro se sonroja y me levanto para sentarnos a los dos. Quiero tenerla frente a frente para esto.
—No me gusta no ser tuya —me confiesa, mordiéndose el labio inferior.
—Pero, bebé, nadie es más mía que tú.
—Lo sé, mi corazón lo sabe y mi cuerpo lo sabe, pero… todavía me falta algo.
—Ya veo. —Bromeo—. Quieres asegurarte de que esté amarrado a ti para toda la vida, ¿no es así? —La risa brota de mis labios, tan fuerte que no puedo contener llevarme las manos al estómago.
—¡Diego! —Milene grita exasperada, frunciendo el ceño y hace puchero con los labios—. Contigo no se puede. Me voy —declara.
Antes de que pueda levantarse, la tomo de la mano y la hago caer de nuevo.
—Mi amor, soy completamente tuyo. En esta vida y en la siguiente. Dime lo que quieres para la boda y lo haré realidad .
—¿Estás seguro? ¿Y si solo nos quiero a ti y a mí desnudos delante de un cura?
—Tendré que dejar ciego al cura, pero considéralo hecho.
Y no miento. Lo que sea que ella me pida se lo daré. Siempre.
[***]
Afortunadamente, no hablaba en serio cuando dijo lo de estar desnudos frente a un cura.
Porque solo dos semanas después, y después de recontratar a la mayoría del personal y, por supuesto, de hacerle una visita sorpresa a Santino —visita que fue, ¿cómo decirlo?
bastante escandalosa—, estoy parado en el jardín trasero de nuestra casa, usando un traje elegante y esperando a que la mujer de la cual nunca planeé enamorarme, pero por la que caí desde el instante en que miré sus ojos, camine de la mano de su hermano por el sendero de pétalos en colores rosa y blanco que la ahora novia de Santino se encargó de decorar.
Nuestro jardín nunca estuvo más hermoso, y justo cuando creí que no podía ser mejor, llega el momento en el que el sonido de una melodía lenta empieza a sonar y mi mujer camina con una mano en su vientre redondo, como una sandía pequeña, y con la otra rodeando el codo de Santino.
Su vestido es muy parecido al que usó la primera vez, pero esa pancita de embarazo me está poniendo duro.
Somos solo nosotros cuatro y las muchas personas que nos han jurado lealtad y protección.
No se escatima en gastos cuando de proteger a tu familia se trata.
Esto es lo que extrañé cuando la fui a buscar y, ahora que lo tengo al alcance de la mano, me siento el rey del mundo.
De mi mundo.
Su aroma cálido y floral me llega antes de que Santino me la entregue por última vez. Me aseguraré de que así sea; después de esto no habrá vuelta atrás .
—Eres afortunado. —La sonrisa vacilante de Santino me hace casi olvidar lo que hizo mientras estábamos en París. Casi.
Todavía se la estoy guardando y sé que me la cobraré muy caro cuando llegue el momento. Por ahora, voy a disfrutar del momento de tomar a Milene como esposa de una vez y para siempre.
—Sí que lo soy.
—Cuídala —pide Santino.
—Siempre.
Y así, mi Milene toma mi brazo para nunca más soltarme.
MILENE
La ceremonia es todo lo que siempre soñé: no hay críticas, no hay habladurías, no hay miradas expectantes. Solo nosotros dos con nuestra familia. La verdadera. Y pronunciar nuestros votos por primera vez, siendo conscientes de lo que en realidad significan, es como tocar el cielo.
—Ahora los declaro marido y mujer. Nuevamente.
Mi hermano e Ivanna ríen detrás de nosotros. No me importa haber tenido dos bodas, porque para mí esta es la más importante. En esta no hay un contrato de conveniencia; en esta no hay un reloj de arena marcando el tiempo que nos queda juntos.
Esta es la definitiva y la que durará más allá de la vida. Los labios de mi esposo se pegan a los míos, haciéndome sentir completa, más que completa. Me hace sentir yo.
Ahora no le tengo miedo a la vida ni a lo que tenga guardado para nosotros, porque tengo manos y piernas para luchar hasta ganar; porque tengo la fuerza necesaria para pelear hasta vencer; y porque tengo lo más importante: una familia por la cual luchar .
Este bebé que crece dentro de mí nacerá en un mundo donde no se puede controlar la maldad, pero también nacerá en un mundo donde no hay fuerza más grande que el amor, y donde tendrá a un par de padres dispuestos a todo con tal de protegerlo.
[***]
—¿Me concedes nuestro primer baile como esposos?
Esposos , qué bonito suena eso. Asiento.
—No puedo esperar, esposo —digo con una sonrisa cuando Diego me toma de la mano y me lleva al centro del jardín, donde cientos de luces doradas brillan a nuestro alrededor.
—¿Estás lista para el resto de nuestra vida?
—Solo contigo, esposo.
—Esposo —repite—. Me gusta cómo suena eso.
Entonces la música empieza a sonar y no podría ser más perfecta para contar nuestra historia:
Die with a Smile
Acabo de despertar de un sueño
En que tú y yo tuvimos que decir adiós
Y no sé qué significa todo esto
Pero desde que sobreviví, me di cuenta
Donde sea que vayas, ahí es donde iré
Si el mundo se estuviera acabando, quisiera estar a tu lado
Si la fiesta hubiera terminado y nuestro tiempo en la Tierra hubiera acabado
Quisiera abrazarte solo un momento
Y morir con una sonrisa
Si el mundo se estuviera acabando, quisiera estar a tu lado
—Te amo más de lo que las palabras pueden expresar.
[*** ]
Todos se han ido: el personal, mi hermano y también su novia. Fue una completa sorpresa encontrarla en su casa el día que decidimos mostrarnos; parece que les va bien, algún día pediré que me cuenten su historia.
Mis pies no se han cansado de bailar, tal vez sea porque en realidad me siento en las nubes. Pero ya es tiempo de pasar a lo que sigue; la noche no espera y tengo muchos planes.
—Tengo una sorpresa para ti —digo, jalando la mano de mi esposo para dirigirlo dentro de la casa.
—¿Una sorpresa? ¿Y en qué momento tuviste tiempo para planearla? —pregunta con una ceja levantada.
—Una mujer puede tener secretos —suelto con una sonrisa burlona.
—¿En serio? —Su tono se pone serio. El tipo de serio que me enciende todo el cuerpo.
—Solo cuando sea para sorprenderte, esposo.
—Te gusta llamarme así, ¿verdad? —Asiento con la cabeza.
—Eres mi esposo —expreso con orgullo.
—Sí, lo soy.
Los labios de mi esposo me toman cautiva por lo que parecen horas; cuando por fin lo convenzo de avanzar a una de las habitaciones que están desocupadas, abre los ojos con sorpresa. Entramos en la habitación y el lugar solo está iluminado por velas que rodean mi piano de cola.
—Guau. ¿Qué es este lugar? —pregunta.
—En las próximas semanas se convertirá en el cuarto de nuestro hijo, pero tengo algo que mostrarte antes.
—Te quedó hermoso. Pero ¿y el piano? —Señala con la mirada el piano que ocupa el centro de la habitación .
—Es parte de la sorpresa —digo, acercándome a su pecho.
—Ya me encanta, bebé. Sabes lo que amo escucharte tocar el piano.
—Lo sé, por eso creé esto para ti. ¿Me haces los honores?
Diego abre la boca y después la cierra con incertidumbre.
Sabe exactamente a lo que me refiero porque me levanta y se sienta en el taburete para ponerme sobre sus piernas después, ambos de cara al piano.
Tomo sus manos y las coloco sobre las mías, cada dedo suyo sobre cada dedo mío, como si fuéramos un solo cuerpo. Una sola alma.
Ahora lo somos.
—No despegues tu cuerpo del mío —le pido, tomando aire en mis pulmones.
—Nunca. —Promete.
Entonces la melodía que se ha gestado en mi interior desde la primera vez que estuvimos juntos sale de mis manos, y es magia a nuestro alrededor.
Desbordo mi alma en cada nota; Diego siente la vibración que provoca cada tecla y siento cómo se le corta la respiración al llegar al clímax, que refleja todo lo que tuvimos que atravesar para darnos cuenta de que no somos nada el uno sin el otro.
Entonces las palabras salen de mi boca. Le canto lo que siento por él y lo que me hizo enamorarme de él; le canto de mis sueños y de cómo espero cumplirlos todos siempre y cuando no me suelte de su mano.
Le canto por primera vez, así como planeo hacerlo para nuestro hijo.
Porque, aunque vivamos en un mundo donde tenemos que luchar para sobrevivir, en casa siempre tendrá esto: libertad de amar.
—Gracias, Milene. Nunca nadie ha hecho algo tan hermoso por mí. Me siento el hombre más privilegiado del mundo entero. —Sus brazos me rodean y, como ya es costumbre, nuestro hijo salta cada vez que siente el toque de su padre .
—Y solo es el principio —digo, recargando mi cabeza en su cuello.
—El principio del resto de nuestras vidas.
Tiene razón.
—¿Y si alguna vez dejas de quererme? ¿Y si alguna vez te pido que me dejes? —Giro mi cabeza para verlo a los ojos, y miro en ellos la respuesta antes de que lo diga.
—En esta vida NO.