EPÍLOGO
MILENE
—Entonces su papá tuvo que tomar la decisión más importante de su vida. Aceptó enseñarle a gobernar el reino a la princesa perdida y se convirtió en su segundo al mando.
—Guau, mi papá es un héroe.
En realidad, está lejos de serlo, pero es muy pronto para que ellos lo sepan.
—Esa historia es mi favorita. —Se escuchan suspiros de las dos camas que tengo delante de mí.
También es mi historia favorita, porque desde ese día nuestra historia se hizo más fuerte.
Nunca nadie se atrevió a vernos la cara.
Nunca nadie se atrevió a mirar en nuestra dirección sin nuestro permiso.
Sí, el de ambos. La llegada de Livia Roselli abrió muchas puertas para mujeres como yo.
Desafortunadamente, o afortunadamente para mí, no había muchas más.
—Ahora cuéntanos la historia del tío Santino y la tía Ivanna.
Este niño no se cansa de escuchar la historia del príncipe que rescató a la princesa que fue prisionera del dragón malo y la llevó a vivir a su castillo.
Sus ojos brillan con emoción cada vez que la escucha; me da una buena idea de qué planea hacer exactamente eso cuando sea un hombre.
Después de todo, el apodo de príncipe ya lo tiene .
—Ya fue mucha historia para una noche, pequeños. Ya es hora de dormir.
—Pero no tenemos sueño. —Romeo, de nueve años, replica con los ojos somnolientos.
—Dile eso a tu cara, príncipe. —Le acaricio el cabello rebelde y le beso la frente—. Ahora duerme, mañana tu padre entrenará contigo antes de la escuela.
El pequeño Romeo es una copia exacta de su papá, con excepción de su cabello; ese es todo mío y así lo amo. Cuando llegó a este mundo tenía tanto miedo de fallarle, tanto pero tanto miedo que solo me hice más fuerte. Para él.
Se queda dormido de inmediato con una sonrisa en la cara.
Yo niego con la cabeza y me cambio de cama para arropar a la pequeña Isabella; con seis años es una fuerza a tomar en cuenta, y es la niña de nuestros ojos.
Mucho cambió cuando ella llegó a nuestras vidas; el parto se me adelantó dos meses y no fue nada bonito.
Pero al final la vida nos sonrió y nos dio a la niña más perfecta y fuerte del mundo. Si pudiera, no cambiaría nada. Nunca.
Después de ella la fábrica se cerró; no me puedo quejar y no lo haré, porque ahora tenemos todo lo que queremos. Y pobre del que piense que puede meterse con nuestra familia o con nuestra ciudad. La mitad de Chicago es nuestra, literal y figurativamente.
Juntos con Livia, en los últimos diez años sacamos la basura de las calles. Ahora podemos caminar tranquilos y nuestros hijos van a heredar una ciudad limpia.
Les doy un último beso en sus frentes y les dejo sonando las canciones que les toqué desde que estaban en mi vientre. Nada los molestará, ni siquiera en sus sueños.
Ahora me dirijo a la biblioteca, donde mi esposo me espera cada noche, y donde tenemos un tiempo para nosotros solos frente a la chimenea, con una copa de vino y mucho, pero mucho amor .
DIEGO
Diez años y la sigo amando como el primer día. Diez años y mil más que nos restan por vivir.
—¿Qué historia te pidieron hoy? —le pregunto a mi esposa en cuanto entra por la puerta de la biblioteca.
La acerco a mí, posesivamente hasta que está sentada en mi regazo. Nunca me cansaré de hacerle sentir lo mucho que es mía.
—Ya sabes cuál… la tuya. Esos niños te idolatran.
Sonrío, satisfecho. Cuando creí que mi corazón se partiría en dos el día que nació Romeo, me di cuenta de lo equivocado que estaba.
El amor no se divide; se multiplica. Y qué decir de la niña de mis ojos, Isabella, que es una copia exacta de su mamá.
Cuando ella llegó, supe que mi vida estaba completa.
—Son mi vida. Ustedes tres son mi vida entera. —Tomo los labios de mi esposa y gimo al primer toque; así es siempre con ella. Nuestras lenguas conocen el camino para llevarnos al mismo cielo.
No voy a decir que fue fácil, porque no lo fue, y muchas veces quise salir huyendo de nuevo, pero Milene siempre logró darme paz y la motivación para seguir luchando cada día. Hasta que lo conseguimos.
Tenemos más de lo que podríamos desear. Nuestra familia es todo lo que no sabía que necesitaba. Hago y seguiré haciendo todo por ellos, hasta el final de mis días. En esta vida y en todas las que vengan después.
—Gracias —dice Milene de repente, buscando mis ojos y acariciando mis mejillas.
—¿Por qué? —pregunto, pegando mi frente a la suya.
—Por buscarme a pesar de que intenté huir de esta vida. Por no rendirte y esperar en las sombras a que yo estuviera lista para reconocer que no podía vivir en un mundo donde no estuvieras a mi lado. Gracias por perdonar que te ocultara mi embarazo. Y más aún por darme la vida perfecta que tenemos.
No voy a negar que sus palabras me calientan el corazón; en esta vida siempre tenemos que ser fuertes por fuera, pero aquí está la cosa: Milene derriba todas mis barreras con solo una mirada suya.
Cuando planeé casarme con ella para restaurar el honor de mi apellido, no pensé que diez años después tendría una familia más hermosa que la vida misma, un corazón lleno, momentos felices y espacio para muchos más.
—Fue un placer para mí. Eres la sorpresa más grande que me dio la vida. Y ahora entiendo que todo pasó para algo.
—¿Y para qué fue?
—Para que fueras mía.
Ya no hacen falta las palabras, porque nuestros cuerpos se encargan del resto. Nos besamos hasta dejarnos sin sentido; para cuando entramos en nuestra habitación, la ropa ya está a medio camino del suelo.
Caemos en nuestra cama, completamente embriagados el uno del otro, y hacemos el amor. Como dos adolescentes enamorados. Nunca me canso de esto. Nunca me canso de ella. Es la mejor parte de mi día, y solo puedo esperar para hacerlo exactamente igual al día siguiente y al día que le sigue después.
—Para siempre —dice ella, adivinando mi pensamiento.
—Aún más allá —le juro.
FIN