CAPITULO IX
Esa misma noche, después de cenar y estar un rato en los balancines de la salida de la casa. Ethan y Lola se retiraron dejándolos solos bajo el viejo árbol.
-¿Cómo estás María?
-Bien, Ryan, muy ocupada como ves, me encanta lo que hago y…
-No me refiero a eso, quiero saber si me has olvidado, porque yo a ti no, no he venido por ver lo que tienes, sino por ti, por verte.
-No te he olvidado.
-Te gustan los chicos con los que trabajas.
-Tienen parejas Ryan, ¿estás celoso?
-Un poco – y sonrió -son guapos.
-No he salido con nadie. Como verás he estado ocupada.
-Yo tampoco.
-Victoria no deja de perseguirte.
-Te lo ha contado tu hermana.
-Me llegan rumores.
-María, te quiero, te amo, y no se qué hacer sin ti. Nada tiene sentido después de ti para mí.
-Te dije que te vinieras y no quisiste.
-Puedo planteármelo de nuevo.
Y ella lo miró.
-¿En serio?
-Sí, estoy solo sin ti. Me gusta esto, pero no tengo nada. Todo es tuyo.
-¿Sabes Ryan?, eres muy bobo. Tienes dinero y un gran apartamento que tienes pagado y vale un dineral.
-¿Qué haría aquí si me vengo?
-Ayudarme a llevar esto. En mi despacho, conmigo, somos un equipo, sabes de todo, no quiero hacer una gran fabrica, la he hecho, porque quiero tener vida.
Pero si compro más olivos y aumento la producción y la extiendo al extranjero…
me gustaría. Mi casa es tuya. Pero no quiero insistirte.
Es la segunda vez. Si te vas, por favor no vuelvas, no voy a poder olvidarte así de esta manera.
-Es que no quiero que me olvides.
Cogió un mechón de su pelo y lo enroscó entre sus dedos, atrayéndola hacía su boca.
Y la besó.
Lento.
Despacio.
Hasta entrar en su boca y recorrerla.
Se abrazaron.
Se besaron.
Ella cogió su mano y lo llevó dentro de la casa, cerró la puerta y subieron las escaleras hasta su dormitorio.
Sin palabras.
Solo el silencio de dos cuerpos que se deseaban.
Solo la piel sin distancia entre ellos.
Se desnudaron y la vida volvió al punto en que lo dejaron en Nueva York.
El deseo, entrar en el cuerpo de María de nuevo, hacerla suya. Fue para Ryan, saber que esa era su casa. Querer quedarse eternamente en su cuerpo, moverse como se movían, sin prisas, con prisas, con caricias y gemidos que se apagaban con las lenguas húmedas.
Ella abría sus piernas para recibirlo y las enroscaba en su trasero y él mordía sus pezones, la besaba , la cogía por las caderas penetrándola una y otra vez profundo, hasta el fondo.
Hasta juntar sus escarchas esa noche de primavera.
Meter su miembro en la boca al rato cuando sus corazones habían reposado, lamerlo, chuparlo hasta que él de derretía y pronunciaba su nombre.
-Por dios María, me matas, nena, sigue, sí, sí, -y apretaba su cabeza y miraba qué le hacía y era vida que saltaba blanca por su cuerpo.
Después fue a ella, y la noche pasaba con olor a sexo y a azahar.
Se quedaron rendidos tarde, pero él la apretaba fuerte como sino quisiera dejarla ir de nuevo.
Por la mañana se ducharon y en la ducha, como sabían, la penetró una y otra vez desde atrás. La cogía también por las caderas y la hacía suya.
Desayunaron en el patio ese día, con el frescor de haberlo regado. Miraban las dos a su madre y a su abuelo regando y cogiendo las verduras, felices, charlando.
-El huerto le da vida al abuelo- dijo María- y a mamá.
A veces se pone aún triste, sobre todo cuando vamos una vez al mes al cementerio a llevar flores a papá.
Pero tiene compañía del abuelo. Están más en mi casa que en la suya.
Comemos aquí en la sala casi siempre. Y la mayoría de las noches, tengo charlitas con el abuelo bajo el árbol.
Echo de menos a papá. Estaba tan orgulloso de nosotras siempre…
Y Ryan la cogió de la mano y se la apretó.
-¿Hoy vas a la fábrica?- le dijo Lola.
-Voy a acercarme un rato. Pero por la tarde ya no. Y durante esta semana de feria un par de horas y punto.
Nosotros vamos a ir de compras, quiero comprarme un vestido bonito para el pescaito y Ethan una camisa o algo también. Venimos al medio día. ¿Te vienes Ryan?
-Me quedo con los del huerto.- y se rieron.
-Llévate el Audi Lola.
-¿Me dejas?
-Sí, es americano, sin marchas.
-Ah ese lo llevo yo- dijo Ethan.
Y se fueron riéndose y peleándose por ver quién conducía,
La noche del pescaito fue maravillosa. Iban elegantes, comieron y lo pasaron bien. A los chicos les encantaba la comida. María y Lola saludaron a conocidos…
Y los siguientes días iban al mediodía a comer vestidas y maravillosas. No en vano María se había gastado una pasta que bien lo merecía en esos seis vestidos.
Luego se iban rendidos a casa, ducha y hacían el amor. Todas las noches.
Y pasó la feria y apenas les quedaban dos días y fueron al Rocío y a Cádiz.
Y ya no daba para más.
Y cuando los dejó María en el aeropuerto aquella tarde, se quedó sola y vacía, sin esperanzas porque Ryan no había dicho nada ni de venirse ni de quedarse. Solo que la amaba. Y eso era más que suficiente hasta llegar a Nueva York.
En el avión de vuelta. Mientras Lola y Ethan iban contentos porque había visto a su familia, estaba feliz por su hermana, su madre y su entrañable abuelo.
Habían pasado por el cementerio todos para ponerles flores al padre y lo bien que se lo habían pasado en la feria de Abril.
Y sobre todo el jamón y el queso que no paraba de comer Ethan.
Su hermano Ryan iba dormitando junto a la ventanilla.
De noche, todo oscuridad. Él no dejaba de pensar en María.
Si su futuro estaba con ella. Y si lo que iba a hacer sería su mayor equivocación o su mayor felicidad.
…
Dos días después, al llegar a la empresa, Ryan presentó su dimisión. Aún tenía que trabajar quince días, pero lo haría mientras ponía el apartamento en venta.
-Vas a cometer el peor error de tu vida. Ese no es país para ti, no serás feliz, Ryan- le decía Victoria -y él callaba.
-En todo caso será mi error, como lo fue contigo y estoy cansado de ti- y Victoria abrió mucho la boca y se quedó callada. Nunca Ryan se había atrevido a decirle nada semejante.
-¡Estás despedido!
-Te equivocas, he renunciado y estaré quince días, quince días que vas a dejarme en paz, cobraré lo que me deben y me iré. ¿Has entendido? Aún soy director general, así que no te quiero ver en mi despacho. Tengo que dejar todo en orden a la empresita de tu papi.
Por una vez Ryan respiró feliz. No era todo cuanto quiso decirle, pero le importaba un pimiento.
Cuando su hermano y Lola se enteraron de que se iba y que no podían decir nada porque iba a ser una sorpresa, se abrazaron.
-Ryan, serás muy feliz allí con mi hermana, te lo digo en serio.
-Tened cuidado. En cinco años os echará. Estoy completamente seguro.
-Pues si nos echa, nos vamos con vosotros.
-Pues no sería maña idea. Tengo ideas para esa fábrica.
-De verdad hermano, que no paras.
-Eres tú el creativo. Bueno, voy a la inmobiliaria, en cuanto venda todo, me voy.
-¿Y los muebles?
-Haré como tú, lo venderé con ellos e iré preparando maletas.
…
Un mes después, iba camino de Sevilla con cuatro maletas dos bolsos, otro con el PC, toda su vida.
Mientras en la fábrica, María era ajena a que Ryan se iba con ella.
Había estado triste, porque le dijo que no la llamara ni quería saber nada de él porque si no, sería difícil olvidarlo.
Y él cumplió su promesa, solo una, la de no llamarla, porque la promesa que iba a hacerle iba a ser para toda la vida.
…
Llegó de noche, en un taxi cargado, el taxista le dejó las maletas en la puerta, le pagó y llamó. Seguro estaba ya dormida, era demasiado tarde, pero a él no le importaba. Ese era su destino.
Estaba más nervioso que un adolescente cuando llamó a la puerta de la casa.
María acababa de apagar las luces cuando llamaron a la puerta y pensó en su madre o su abuelo y bajó corriendo las escaleras.
Encendió la luz con el corazón en un puño porque eran casi la una de la madrugada.
Y al abrir, lo vio allí plantado, rodeado de maletas.
-Ryan…
Allí se quedaron mirándose.
-Bueno, me dejas pasar para siempre o tendré que volver y comprarme otro apartamento.
-¿Has venido para siempre?
-Para siempre mi amor y vengo con hambre y ganas de darme una ducha.
-¡Ay dios mío!-y se tiró encima de él.
-Ey, la loca es tu hermana.
-Ahora soy yo. ¡Te amo!. He sufrido tanto este mes…
-No menos que el que yo sufrí cuando me dejaste.
-Rencoroso…se besaron y metieron las maletas.
-Una ducha- dijo él.
-Venga te ayudo con las maletas, las dejamos en una habitación y mañana o pasado las deshaces. Ya te ayudarán las chicas.
Mientras se dio una ducha ella bajó y le preparó de cenar. Había quedado pollo del medio día y patatas y se lo calentó.
No podía creerlo. Estaba llorando de emoción cuando él bajó con unos pantalones cortos, descalzo y la abrazó por detrás.
-Vamos nena, no me llores, qué llorona eres mujer, ya no me iré a ninguna sitio. Tendrás que darme trabajo
-Te daré y dos despachos de bienvenida.
-Tengo ideas y planes para esa fabriquilla tuya.
-Yo no diría que es una fabriquilla bobo. Siéntate, y te llevo una cervecita y jamón y queso también.
Y ella se hizo una tila de los nervios que tenía.
Ryan le estuvo contando que tuvo que quedarse los quince días de rigor. Y vender el apartamento. Hacer tantas maletas por tantos trajes que tenía y eso que había dejado algunos ya algo pasados de moda.
-Aquí puedes comprarte lo que quieras. Iremos de tiendas para el verano.
-No gastes mujer.
-Sí que pienso. Tengo.
-Yo no tanto y sabes que eso me preocupa.
-Cómete el pollo y las patatas y no te preocupes ahora.
-Vengo derrotado no he podido dormir en el avión.
-Mañana te quedas hasta que te canses de dormir.
Esa noche hicieron el amor solo una vez.
Ella se reía porque estaba muerto, pero se quedó mirándolo y lo abrazó toda la noche. Era suyo, siempre lo fue desde el primer día en que lo vio. Y aunque las circunstancias fueron estar una año separados casi, ahora ya no dejaría que se fuera.
Vivían en un lugar inmejorable, al lado del pueblo, al aire libre. En el lugar tranquilo y maravilloso que había creado su padre y luego ella.
…
Tres meses después, eran una familia, claro que faltaban tres personas, una que ya no volvería, pero ella le compró dos despachos, uno para casa y otro en la fábrica con ella.
Como ella dijo con Juanjo y con Iván eran un equipo y Ryan empezaba a expandir al empresa y que no quedara un excedente.
Las noches eran suyas, después de la charla con el abuelo y su madre, bajo el árbol.
A veces comían juntos en la casa todos, pero luego se quedaban solos para echar la siesta, cuando ya todos hasta la chica y su hija que limpiaban, se iban y a veces en verano se bañaban desnudos en la piscina de noche y hacían el amor, en las siestas antes de dormir una horita tomar café y volver otro par de horas la trabajo.
Ryan decía que el aire libre era un aliciente para su miembro y ella se reía, pero la cogía en cualquier lado cuando estaban solos.
En la piscina la subía a sus caderas y la penetraba contra la pared o la subía y se metía en su sexo, o al contrario, ella lo amaba con la boca y él el decía que hacia las mejores mamadas.
-¡Ay Ryan qué vocabulario!
-Sí, ven te voy a comer toda entera. Si te gusta que te diga a veces cosillas marranas.
-Sí, me gusta-se reía ella.
En el sofá le decía: -cabálgame que te muerda esos pezones que te bailan -y así, era una no parar.
Y así pasaba el tiempo, los meses y En Navidad…