EN EL SUEÑO DE LAS NUBES BLANCAS CAPÍTULO X
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CAPÍTULO X

… En Navidad, le regaló un anillo.

Y tres meses después se casaron. Sus hermanos vinieron a la boda que celebro por todo lo alto. Preciosa.

Su abuelo y su madre fueron los padrinos orgullosos.

Cinco años después…

Dos chicos pequeños de cuatro años correteaban alrededor del abuelo y de la madre. Dos mellizos, de cuatro años que ya habían entrado ese año al cole y ahora estaban ya de vacaciones. Javier y Raúl. Dos nombres que les gustaron.

Era mediodía y se preparaban para comer. El abuelo estaba loco con los nietos.

Lola salió de su casa, una casa que se había construido al lado de la de su hermana e igual que la suya, estaba embarazada de siete meses y le costaba ya con el calor llevar el embarazo.

Como previeron María y Ryan, Victoria al cumplir los cinco años en la empresa los echó a la calle, casi en venganza por lo de su hermano. Aún mantenía el rencor de no haberse salido con la suya una vez en la vida.

Pero a ellos no les importó, porque sabían donde ir, vendieron todo y se fueron con su madre mientras se hicieron una casa.

Ya María y Ryan habían expandido la empresa a nivel nacional e internacional estaban emoezando, hicieron un anexo a la fábrica, para ampliar todas las zonas y meter más personal.

Con lo cual tuvieron que quitarse trabajo los directivos como decía María y repartírselos.

Un despacho más para Lola y Ethan y a trabajar.

Así su aventura americana, les sirvió para conocer el amor de sus vidas y traerlos. Formar una gran familia y ser felices.

-Nena, estos monos como es verano ni se duermen. Y te tengo ganas- decía Ryan-

María se reía..

-Ninguno más.

-Ninguno, ya la niña la trae mi hermano.

-Ven aquí a mi lado al sofá cielo. Mira qué hemos hecho dos vidas, y se te parecen tanto…

-¿Verdad?

-Estoy recordando la noche que viniste y yo pensaba que a mi abuelo o a mi madre les había pasado algo y me pasó a mi.

-¿Qué te pasó?

-Que viniste tú. Tú siempre estuviste en el sueño de las nubes blancas.

-¡Qué poeta eres!

-No es precisamente escribir poemas de lo que tengo gana.

-Ven acércate si están jugando.

Ryan si nos pillan…

Y metía la mano por debajo del vestido y movía sus dedos húmedos y le hacía tener un orgasmo que se quedaba temblando.

-Ey nena no me toques que a mi se me nota.

-¡Ah dios Ryan!… te amo!

-¿Porque te hago cositas?

-¡Qué bobo!, eso también lo haces muy bien. Pero por todo lo que me has dado.

…

Una hora después se bañaban en la piscina bajo el calor del verano.

-Acércate mujer…

-Ryan…

-María- y le enseñaba cómo estaba.

Y ella iba.