CAPÍTULO VIII
El día veintinueve iban de vuelta a la gran manzana. María ya había tomado su decisión inapelable.
-¿Estás segura María?
-Tanto como tú de quedarte, pero si lo de Ethan no te sale bien, te vuelves.
-Pero si lo quieres…
-Y lo amo. Le diré que se venga.
-Eso no va a hacerlo ¿cómo va a cambiar un puesto de ejecutivo en la gran manzana por uno en una almazara pequeña?
-No va a ser pequeña, en todo caso, que tome sus decisiones.
-¿Qué piensas hacer?
-Comprarte tu parte y convertirla en una fábrica grande.
-Al menos conocimientos tienes. Nos ha servido estar en Nueva York.
-Llegar a Nueva York, fue aceptar la oferta del señor Dubois.
Ryan le dijo:
-No pensé que tomaras esa decisión. ¿Es por tu padre?
-Es por mi padre y por Lola y por ella que no pienso quedarme.
-¿Que no piensas quedarte,? María, pero te amo. No quiero que te vayas, nena. ¿Qué voy a hacer sin ti?
-Ryan, quiero ser sincera contigo. Yo también te amo, muchísimo.
Mi primera opción era no vender porque no me importa el padre de Victoria o lo que quiera esa empresa francesa.
Mi tío nos lo dejó a nosotros después de luchar toda la vida por ese imperio.
Y no puedo verla a diario dirigirme y que me eche en cinco años.
Porque eso es lo que ocurrirá conmigo. A parte de lo que voy a sufrir viéndote con ella a diario.
No puedo, lo siento Ryan. Tengo límites.
Ryan iba a decir algo, pero ella lo paró con la mano.
-Déjame acabar Ryan. Este año ha sido maravilloso estar contigo. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Me será difícil olvidarte. Pero mi padre ha muerto. Mi abuelo está muy mayor y mi madre está fatal. Y está la almazara familiar ahora con un par de chicos que tengo que dirigir
-Que tienes que…
-A Lola le viene grande esta empresa. Quiere un buen sueldo y la mitad del dinero y vivir bien.
- ¡Joder!
-Por mi parte tasaremos el piso y me dará mi parte.
Y por otra le daré la mitad de la fábrica de mi padre que es minucia comparado ni con el piso.
Tengo planes. Voy a hacer una gran fábrica, compraré el terreno colindante y será de las más grandes de toda la provincia.
Compraré maquinaria buena, y tendré más clientes.
Modernizaré todo y me sobrarán muchos millones.
Haré una buena inversión y estaré con mi madre y mi abuelo.
Quiero que te vengas conmigo a dirigirla.
-¿Cómo? Pero María no sé nada de aceitunas.
-Sabes dirigir. Lo de las aceitunas te lo enseñaría. Nos haríamos una casa cerca de la de mi madre y mi abuelo.
-Es un pueblo, otro país, estoy acostumbrado a esta vida.
-Yo la cambié.
-No puedo, María.
Y ella cogió el teléfono y llamó al hotel donde se hospedaba el señor Dubois.
-Aceptamos la oferta, firmaremos lo antes posible.
Y colgó.
Llamó al abogado y Ryan estaba anonadado.
-Llamo a Lola y le dijo al abogado que preparara la venta. Lola estaba contenta y triste a la vez, pero ella se quedaba.
-Que tasen el apartamento. Quiero todo lo antes posible, tengo que irme.
Al día siguiente tasó una inmobiliaria el apartamento. Y los abogados y ellas de las dos partes estuvieron todo el día reunidos y firmaron al final del día todo. Recibieron dos cheques y ya los abogados se encargaron de las escrituras.
Se dieron las manos. Y ella se despidió de la empresa. Otro día más para el apartamento y su hermana y ella firmaron la venta de su parte y la hermana le dio su parte.
Y el siguiente recogió todo lo que ella tenía en el apartamento, tres maletas, ropa, dos bolsos.
-Lola te cuidas, me voy el lunes. Quiero ir a ver a Ryan, ya está todo recogido. El abogado va a llevarme al aeropuerto. Buscare un tasador y te enviaré los documentos de compraventa con el abogado para que lo firmes con la tasación y tu cheque, antes de empezar a hacer lo que quiero.
-Por dios María, pero me dejas sola.
-Dile a Ethan que se vaya a vivir contigo y venda su apartamento o lo alquile. No estarás sola y a él le encanta.
-Voy a casa de Ryan. Sé que no me entiende, pero lo hará con el tiempo lo amo tanto… pero a distancia nada funciona y no puedo dejarlos solos y sabes que aquí sería muy infeliz.
-Lo sé cariño. Iré a veros.
Y lloraron juntas porque no querían separarse, pero ellas sabían que ahí se separaban sus vidas.
…
Cuando llegó al apartamento de Ryan. Él no la esperaba. Ella pasó sin decir palabra.
En el salón se echó en sus brazos.
-Por dios nena, no me dejes, qué voy a hacer sin ti. Otra vez repito historia.
-Si no eres feliz, vente. Te necesito. Y te amo, nunca lo olvides.
María empezó a llorar y él estaba desesperado.
-¿Cuándo te vas?, no llores por favor, nena, no lo soporto.
-Pasado mañana.
-Ven,- y se la llevó a la cama.
-Te irás pasado mañana, pero hoy y mañana eres mía.
La besaba.
La abrazaba.
La consolaba.
Lloraba con ella.
Besaba sus lágrimas.
La acariciaba.
Y de ahí pasaron a hacer el amor de mil formas distintas, gimiendo, tocándose.
Su firma provocativa y directa, sexual y erótica, rápida y lenta, intensa y descansaban de todas las formas, esa noche hasta que casi el sol rayaba por las cristaleras.
Y volvían, como si el mundo se acabara.
Él bajó a por dos desayunos mientras ella de duchó
Y cuando desayunaron, se ducho él y volvieron a meterse en la cama abrazados como estatuas.
Como si fuese un sueño o pesadilla, algo irreal que les estaba pasando y ninguno podía irse o quedarse, tan solo podían hacer eso, en sus sexos. Nada más. Todo estaba hecho. Faltaba la almazara y ella se metería de lleno en el trabajo para olvidar.
Para olvidarlo.
No había otra salida. Ella amaba a Ryan, pero no esa vida. Eran felices porque lo amaba pero un pequeño lugar donde salir la campo a respirar. Y allí solo había edificios y gente tirada en las calles. No era como lo habían pintado y a veces le daba pena.
Llevaba la pena dentro, por su padre tan joven, por lo que allí le esperaba, pero sabía que ella era más fuerte que Lola y Ethan no tenia el pasado ni ese obedecimiento a Victoria en cuanto quería hablar con él, lo confundía con respeto. Y no era consciente de lo mucho que le dolía ella.
Victoria había vuelto para ganar, no para cerrar nada con Ryan. Y sabía esperar. Sabía. Era la mujer que mejor lo conocía y que mejor lo manipulaba y en ese sentido era débil. Y ella lo amaba pero fuerte. Y no lo era.
Ese día salieron a comer y dieron un paseo, y el resto fue sexo hasta acompañarla a casa.
La última despedida.
El último beso.
El último adiós.
Salía temprano para Sevilla.
Ella no quería que él la llamara. Ella sí se iba para cerrar círculos.
…
Un año después…
Y los conocimientos que había aprendido en la empresa de Nueva York, la gran fábrica que hizo María, comprando los terrenos colindantes y haciéndose una preciosa casa al lado de la de su madre y de su abuelo, que al menos estaban contentos de que ella se hubiese ido…
Todo modernizado, con su logo, cada bote, cada lata preciosa, cada persona en el área de envasado, de preparados y el área de ventas, de exportación. Ella lo hizo por áreas y cada área tenía un director. La parte por donde metían la aceituna…
Tenía a los dos chicos que ella apenas conoció cuando se fueron un par de años antes a Nueva York.
Juan José que tenía su despacho a la derecha de ella, llevaba toda la parte informática, de página web, de logos y se encargaba de los pedidos, de botes, latas cajas, siempre buscando o imaginando, diseñando.
Y después estaba a la izquierda Iván, encargado de Recursos Humanos, exportaciones, relaciones con los clientes y todo lo que llevaba consigo un abogado. Porque era abogado.
Y luego estaba ella, que revisaba todo lo que le daban y daba el visto bueno a todo, pagaba y recogía el dinero, contabilizaba y pensaba en cosas nuevas.
Había una gran sala de reuniones. Frente a ellos.
Y los tres formaban un tándem muy especial.
En cuanto a su casa, se había hecho una casa preciosa y enorme al lado de la de su madre y su abuelo, con piscina y un gran huerto que fue la alegría de su madre y de su abuelo. Y el entretenimiento.
María contrató a una madre y a una hija del pueblo para las casas. Y aunque su madre era reticente al principio, ella dijo que no.
Así que llegaban primero a la casa de su madre, la recogían y mientras, la madre y el abuelo, se iba a su huerto, quitaban la hierba, recogían los tomates y pimientos.
Naranjas y limones, hasta tenía un olivito en el centro, más alá de la piscina.
O tenía separado. El abuelo tenía carta blanca para sembrar, a pesar de su edad, se sentía útil y le encantaban los huertos.
Regaban por la mañana. La madre le barría el patio. Y a eso sí lo dejaba ella.
La hija iba a la compra, le llevaba los trajes al tinte, porque eso sí, iba a la fábrica arreglada.
Puso cocina abierta, vestidores y baños en las cuatro habitaciones de arriba, una doble con bañera que alguna vez ocuparía alguien con ella, cuando olvidara definitivamente a Ryan, una sala para comer todos y un despacho.
Luego su madre y el abuelo se iban a casa y ella echaba también una pequeña siesta.
Recorría los campos de aceitunas que tenían propias con un todoterreno y tenía coche de gama alta.
Era feliz, pero echaba de menos a Ryan.
Salía con algunas amigas, o sola por Sevilla los fines de semana. En verano, se bañaba en la piscina…
Llegaba la segunda primavera cuando invitó a su hermana Lola. Le dijo que debía venir, que Ethan estaba invitado.
Le había enviado fotos de la fábrica, de su casa, de su huerto, de la madre y el abuelo trabajando el huerto y Lola se reía.
Se las enseñaba a Ryan, porque él se las pedía.
A veces, Lola le contaba por videoconferencia que Victoria iba tras él, pero según le decía Ethan y lo que ella veía, él dejó el pasado atrás. Pero esa mujer era insistente.
María le decía que no le contara nada de él porque le dolía.
Lola sí se llevó a su casa a Ethan y era feliz.
Una noche le dijo que iban ella y Ethan para la feria.
-¿De verdad vienes Lola?
-Que sí, que tenemos los billetes sacados, si tienes dormitorios suficientes.