EN EL SUEÑO DE LAS NUBES BLANCAS CAPÍTULO VII
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CAPÍTULO VII

Dos días después, la sala de juntas del último piso de la empresa de Lola y María, volvió a llenarse de los principales directivos de la empresa.

La enorme mesa de madera oscura, las pantallas encendidas y las vistas de Manhattan daban a la reunión un aire solemne.

Esta vez, no era una presentación más, ni una reunión de seguimiento.

El ambiente era diferente. Había algo en los rostros de los directivos que dejaba claro que aquella mañana todos sabían que iba a hablar de una decisión importante que podía cambiar el futuro de la compañía.

Lola y María entraron juntas. Habían recorrido un largo camino desde aquél primer día en Nueva York, cuando todo le parecía enorme y desconocido. Ahora caminaban por aquellos pasillos como lo que eran: las dueñas de la empresa: Santa Cruz Global Holdings.

Ocuparon los dos sillones principales de la mesa.

A la derecha de María, se sentó Ryan. A la izquierda de Lola Ethan. El resto de los directivos ocuparon sus lugares mientras esperaban a los invitados..

A las diez en punto, las puertas se abrieron.

El señor Dubois entró acompañado de Victoria.

Ella llevaba un traje elegante, más discreto que el vestido de la gala, pero seguía teniendo esa seguridad que la caracterizaba. Sus ojos recorrieron la sala hasta detenerse en Ryan durante un instante antes de saludar.

-Señoritas Santa Cruz- dijo Dubois acercándose a Lola y a María- es un placer conocerlas oficialmente.

Las dos hermanas se levantaron.

-El placer es nuestro, señor Dubois- respondió María con una sonrisa profesional.

Lola estrechó su mano.

-Esperamos escuchar su propuesta.

Aquella frase dejó claro desde el primer momento quién dirigía la reunión.

Todos tomaron asiento.

Dubois comenzó con una presentación sobre su grupo empresarial, su expansión internacional y el interés que tenían en la compañía.

-Su empresa tiene algo que no se puede comprar fácilmente: una identidad propia. Una historia. Una marca reconocida y un equipo extraordinario.

Ryan escuchaba atento. Ethan tomaba algunas notas.

Finamente Dubois llegó al punto que todos esperaban.

-Por este motivo queremos hacerles una oferta.

La pantalla se encendió.

Apareció la cifra.

El silencio lleno la sala.

María miró a Lola. No necesitaban hablar para entenderse.

Era una cantidad que podía asegurarles el futuro para siempre.

Pero aquello no era solo dinero.

Era la empresa que había pertenecido a su familiar. El legado que les había llegado de forma inesperada y que habían aprendido a querer.

-Es una oferta importante -dijo Lola con calma.

Dubois asintió.

-Lo sabemos. Hemos estudiado cada posibilidad antes de venir aquí.

Victoria intervino suavemente.

-Y queremos que entiendan que no buscamos borrar lo construido. Queremos que la empresa siga creciendo.

María la miró.

Había algo en la forma de mirar de Victoria que le hacía pensar que aquella visita tenía más capas de las que mostraba.

-¿Y qué papel tendríamos nosotros después de la adquisición?- preguntó María.

Dubois respondió sin dudar.

-El que ustedes decidan. Queremos mantener el talento que ha llevado a la compañía aquí.

Ryan cruzó una mirada con María.

Ella sabía lo que aquello significaba, y también sabía que, por primera vez, no era él quién debía decidir.

La última palabra estaba en manos de Lola y de María.

-Agradecemos la propuesta- dijo María finalmente- pero una empresa no se vende solamente porque alguien ponga una cifra encima de la mesa.

Lola continuó:

-Necesitamos estudiar todo. Las condiciones, el futuro de los empleados y qué ocurrirá con la esencia de la compañía.

Dubois sonrió.

-Por eso estamos aquí. Les daremos tiempo hasta final de año.

Cuando la reunión terminó y los visitantes salieron de la sala, nadie se levantó inmediatamente.

La cifra seguía flotando en la mente de todos.

Ryan miro a María.

-¿Estás bien?

Ella tardó en responder.

-Sí… solo estoy pensando que hace unos meses no sabíamos ni dónde estaba nuestro despacho.

Lola sonrió mirando a su hermana.

-Y ahora tenemos que decidir si vendemos algo que ni siquiera sabíamos que algún día seria nuestro.

Ethan apoyó la espalda en la silla.

-Creo que esta Navidad acaba de ponerse mucho más interesante.

Pero ninguno de ellos sabía todavía que aquella oferta no era el único motivo por el que Victoria había vuelto a aparecer.

…

La sala de juntas quedó en silencio cuando la última carpeta se cerró.

El señor Dubois antes de irse se había levantado despacio, acomodándose la chaqueta.

-Señoras Santa Cruz… no esperamos una respuesta inmediata. Una decisión así merece tiempo. Estudiaremos cualquier duda que tengan. Nuestra oferta seguirá sobre la mesa hasta el treinta y uno de diciembre.

Lola asintió con serenidad.

-Lo haremos. No venderemos la empresa sin conocer cada detalle.

-Es exactamente la respuesta que esperaba.

Victoria había permanecido inmóvil cuando todos se fueron excepto el señor Dubois, ella, Lola y María, Ryan y Ethan.

Ryan la observó unos segundos. Conocía aquella mirada. No había cruzado medio mundo únicamente por negocios. Y en la gala le insinuó que para ella no había terminado.

-¿Podemos hablar un momento?- preguntó ella.

El señor Dubois sonrió con discreción.

Te esperaré en el hotel- le dijo.

Cuando la puerta se cerró, solo quedaron Ryan, Ethan, Lola, María y Victoria.

Victoria respiró hondo.

-La compra de la empresa es importante… pero no es la razón por la que insistí venir.

Ryan frunció el ceño.

-Lo imaginaba.

Ella clavó los ojos en él.

-Mi padre está muy enfermo.

El silencio fue absoluto.

-Hace dos meses le diagnosticaron una enfermedad degenerativa.

Los médicos creen que le queda poco tiempo…

él fue quien creó Dubois Luxe y quiere retirarse dejando la empresa unida.

Por eso desea comprar compañías familiares con buena reputación.

Dice que prefiere dejar un legado antes que una guerra entre accionistas.

María intercambió una mirada con Lola.

Aquello cambiaba muchas cosas.

Victoria continuó, pero esta vez, su voz sonó mucho más personal.

-Y hay otra razón.

Ryan bajó lentamente la mirada.

-Lo suponía.

-Cuando nos separamos… nunca tuve la oportunidad de explicarte por qué desaparecí. Mi padre me obligó a volver a Francia. Me necesitaba para salvar la empresa. Elegí a mi familia… y te perdí.

Ryan permanecía inmóvil.

-No he venido para pedirte que vuelvas conmigo. Sé que has seguido adelante. Solo necesitaba que supieras la verdad.

Él tardó unos segundos en contestar.

-Gracias por decírmelo.

Nada más.

Aquellas dos palabras dejaron claro que el pasado estaba cerrado.

Victoria sonrió con tristeza.

-Eso era todo.

Salió de la sala sin mirar atrás.

Cuando la puerta volvió a cerrarse, Ethan soltó el aire lentamente.

-Pensé que sería peor.

Ryan respiró unos segundos por la cristalera de Manhattan.

-Yo también.

Después se volvió hacía Lola y María.

-Ahora sí… hablemos de negocios.

-Llama al abogado- dijo María- necesitamos que esté en esto.

Las dos hermanas abrieron la carpeta principal, mientras Ethan llamaba a Richard Coleman, que apareció a los cinco minutos.

Lola lo invitó a sentarse con ellos para estudiar todo.

Había más de trescientas páginas e informes financieros, contratos, auditorias y proyecciones de crecimiento.

Durante casi cuatro horas revisaron cifras junto al abogado, Ryan y Ethan.

-No intentan despedir a nadie- comentó María mientras repasaba una cláusula.

-No- respondió Ryan- quieren mantener a toda la plantilla.

Claro que ella sería la dueña- pensó- y trabajaría coco con codo con Ryan. Y eso no le gustó a María nada de nada.

Lola señaló otra página.

-Tampoco quieren cambiar la marca.

-Porque la marca vale mucho más que los edificios- explicó el abogado.

María levantó otra hoja.

-Aquí habla de mantener la dirección cinco años… con nosotras al frente y ella.

-Es una absorción muy distinta a las habituales- admitió Ryan.

Lola cerró lentamente la carpeta.

-La oferta es extraordinaria…

María terminó la frase.

-Pero no podemos responder solo con la cabeza.

Ryan sonrió.

-Ni tampoco solo con el corazón.

Los cinco se quedaron unos segundos contemplando la ciudad iluminada.

No estaban decidiendo el legado de toda una familia, también el legado y el futuro de una empresa.

María dio por concluida la sesión y dijo:

-A partir de aquí, solo mi hermana y yo decidiremos qué hacer. Debemos estudiar otras cosas, parte de la empresa.

Y todos se quedaron mirándola, hasta su propia hermana.

Y ahora nos vamos.

Maria se llevó la carpeta y se fueron al despacho, recogieron… se despidieron del abogado.

-¿María estás preocupada por algo?

-Es por algo personal, no te preocupes.

-Ya, bueno si me necesitáis, me llamáis.

-Lo haré- no me fio de ella por muy escrito que esté todo aquí. No quiero estudiar nada con Ryan ni con Ethan. Podemos tomar una decisión drástica.

-Piénsalo bien, María.

-Te consultaré, no te preocupes.

Cuando estaba recogiendo sus cosas, Ryan se acercó a ella.

-¿Qué piensas?

-Aún nada Ryan, pero te aseguro que si vendemos nos vamos, al menos yo, a España. No voy a aquedarme cinco años para que me dirija ella.

-Pero María, cómo vas a irte a España ¿y nosotros? ¿De verdad has pensado en esa posibilidad ni por un segundo?

-Tengo que pensar en todas las posibilidades, no con el corazón. Te diré qué hemos pensado y te comunicaré la decisión. Y lo he pensado sí, no aguantaría que ella estuviese con nosotros. Debes de comprenderlo.

-¿Así?

-No lo sé Ryan. No pienso ahora con claridad.

-Vamos a comer al menos.

-Prefiero comer en casa.

-¡Joder María! hazlo por nuestros hermanos.

-Está bien, salimos a comer y nosotras nos vamos. Tenemos que hablar solas.

Pero María no estaba tranquila y todos se dieron cuenta. Estaba incómoda.

-Cuando llegaron a casa, dejó la carpeta sobre la mesita de centro.

-Voy a darme una ducha. Ahora hablamos tomando café

-Hago lo mismo- dijo Lola.

Con el café encima de la mesa, Lola dijo:

-Podemos no vender y seguir igual. A nosotros nos va estupendamente.

Nuestra empresa genera millones de dólares de ganancias al año y nuestros empleados están tranquilos.

Y la otra posibilidad es esa cantidad desproporcionada que nos ofrecen que es lo que vale la empresa más cinco años de ganancia.

Nos repartimos el dinero y tenemos un buen sueldo sin preocupaciones.

-Si elegimos esa, no pienso quedarme en Nueva York, Lola.

-¿Qué dices y Ryan.? Lo amas y él te ama.

Y está ella.

Eso sí, mirándolo así…

-Voy a estar sufriendo a diario y ya tenemos treinta años para eso.

Llevo un año con Ryan, no me ha puesto un anillo ni me ha dicho que me ama, no me ha propuesto vivir juntos.

Quiero también una familia, Lola. no quiero tener hijos a los cuarenta.

Y con ella aquí pegada a mi espalda codo con codo con Ryan, sabiendo lo que tuvieron.

Donde hubo fuego cenizas quedan- y no voy a sufrir con sus intercambios de miradas.

Y sé que si su padre tiene una enfermedad degenerativa, no es cosa de su padre absorber la nuestra, es cosa de ella, porque quiere recuperarlo.

Ya ves, es Ryan el que me desespera con su obediencia hacía ella.

-Bueno cálmate María.

-Lola si tu decides quedarte, y que vendamos, me llevo mi parte y me compras el apartamento. ¿Vale?

-Vale pero nunca nos hemos separado.

-Alguna vez debe ser. No quiero que renuncies a Ethan, pero esa situación no voy a poder soportarla y sé que en cinco años, al menos yo, voy a la calle.

-Deja que lo piense… yo María prefiero no tener esa responsabilidad y tener una vida.

No es como la empresa de papá. Esto es un enjambre demasiado grande para mí.

Pero me encanta el apartamento, y si tengo dinero, más del que podíamos soñar.

Mañana la empresa puede irse al garete… pero prometo pensarlo bien.

Vamos a llamar a casa. Se te pasará ese enfado.

Pero cuando llamaron a casa, las noticias no fueron buenas. Al contrario. Su padre había sido ingresado de un infarto fulminante que no superó.

-Pero abuelo ¿cómo está?

-Hija debéis venir, ha muerto.

-¿Cómo? Pero cómo ha podido suceder.

-Estaba tranquilo en la almazara y cayó de repente. Vuestra madre está sola.

-Vamos a sacar un billete esta misma noche. María papé ha muerto.

-Lo he oído. Voy a preparar la maleta para unos días, mira vuelos a Sevilla para esta noche.

Y cuando iban camino del aeropuerto llorando, Lola llamó a Ethan para decírselo y decirle que volverían en unos días para la resolución del tema de la empresa.

-Nena lo siento- le dijo Ethan. No os preocupéis. Nos hacemos cargo hasta vuestra vuelta. Llámame. Lo siento mucho.

-Lo haré cielo.

Por la mañana llegaron a Sevilla y cogieron un taxi hasta la casa familiar. Abrazaron al abuelo llorando y se dieron una ducha. Habían dormido algo en el avión. A su padre lo estaban llevando al tanatorio. Se vistieron de negro y fueron allí con el abuelo.

Su madre no dejaba de llorar, que era muy joven, que se quedaba sola. Que ahora qué pasaba con la fábrica. Que ellas estaban lejos.

Estaba inconsolable.

-Vamos mamá, todo se arreglará.

Después de la misa y el entierro en el cementerio. Dejaron que su madre se diera una ducha tomara un caldito y se acostara. No dejaba de llorar.

Estaban agotadas.

-Venga a la cama- dijo el abuelo- mañana hablaremos de todo.

-¿Cómo estás abuelo?

-Ha muerto mi hijo antes que yo. Soy mayor y no me queda mucho y con este golpe…

-Por dios abuelo no llores.

-Ay mis niñas, no dejéis a vuestra madre sola. Lo que hizo mi hermano lo hizo él.

Y ellas se miraron…

Y si María no tenía claro lo que iba a hacer, ahora sí.