CAPÍTULO VI
La música comenzó a sonar cuando terminaron los postres. El gran salón se transformo poco a poco en una pista de baile. Los empleados brindaban y reían, charlaban en corrillos disfrutando de la fiesta.
María sostenía una copa entre las manos, aunque apenas había probado el champagne. No apartaba la vista de Ryan.
Él hablaba con varios directivos, sonriendo como si nada hubiera ocurrido.
-¿Estás bien?- preguntó Lola acercándose.
María sonrió sin ganas.
-Sí… solo estoy cansada.
Pero Lola y ella eran una y la conocía demasiado.
-No es por esa mujer, ¿verdad?
María tardó unos segundos en responder.
-No sé quién es. Ryan la nombro una vez, como a las demás. Pero lo que ha hecho y él decirle que sí que hablarían es precisamente lo que me molesta. Como si tuviera influencia sobre él.
Antes de que pudiera añadir nada más, Ryan levantó la mirada desde el otro lado del salón.
Sus ojos encontraron los de María.
Le sonrió.
Ella respondió con una sonrisa educada… fría.
Ryan comprendió al instante que algo había cambiado.
En ese momento, una mano femenina apareció sobre el brazo del director.
-¿Me prometiste unos minutos, recuerdas?
Era Victoria.
El vestido negro parecía estar hecho para llamar la atención. Elegante. Seguro. Familiar.
Ryan miro un instante hacía María.
Después asintió.
-Cinco minutos.
Victoria sonrió.
-Será suficiente.
Ambos salieron a una terraza acristalada junto al salón.
María los vio desaparecer.
Sintió un nudo en el estómago.
No eran precisamente celos.
Era la sensación de que acababa de descubrir que existía un capítulo entero de la vida de Ryan que él nunca había querido enseñarle.
En la terraza, el aire frío contrastaba con el calor del salón.
Victoria apoyó las manos en la barandilla.
-Sigues haciendo lo mismo.
-¿El qué?
-Mirarla antes de tomar cualquier decisión.
Ryan sonrió apenas.
-Porque ahora ella es importante.
Victoria bajó la mirada.
-Lo imaginaba.
Hubo unos minutos de silencio.
-He vuelto a Nueva York porque mi empresa va a fusionarse con un grupo europeo. Necesitamos colaborar con la tuya.
Ryan asintió.
-Lo sé, ya me llegó la documentación.
Victoria respiró hondo.
-Pero no era solo eso.
Ryan ya intuía lo que venia a continuación.
-Necesitaba pedirte perdón.
Él permaneció en silencio.
-Hace años fui yo quien rompió nuestra boda. Pensé que perseguía algo mejor… y me equivoqué. Perdí al mejor hombre que había conocido.
Ryan la observó con serenidad.
-Ya no importa Victoria.
Ella sonrió con tristeza.
-Para ti no. Para mí, todavía sí.
En ese instante desde el interior del salón, María los vio hablar con calma, demasiado cerca para su gusto,
No podía oír una sola palabra.
Solo veía a una mujer que había formado parte de la vida del hombre al que ella amaba.
Y por primera vez desde que llegó a Nueva York, sintió miedo.
Miedo de no conocer realmente el pasado de Ryan… y de que ese pasado todavía pudiera reclamar un lugar en su presente.
…
María salió del salón intentando mantener la compostura. La música, las risas quedaron atrás en cuanto cruzó las puertas de cristal.
La terraza estaba iluminada por pequeñas guirnaldas navideñas. El aire de diciembre era frío, pero ella agradeció sentirlo en el rostro.
Se apoyó en la barandilla y cerró los ojos.
-Sabía que te encontraría aquí.
La voz de Ryan sonó a unos pasos de distancia.
María no se volvió.
-Ethan me dijo que esperaras cinco minutos.
-Los esperé.
Ella dejó escapar una risa amarga.
-Siempre tan obediente..
Ryan se acercó despacio, sin invadir el suyo.
-¿Puedo quedarme?
-No puedo impedirlo.
Durante unos segundos ninguno habló. Solo se escuchaba la música amortiguada que llegaba desde el interior.
-Siento no habértelo contado antes.- dijo Ryan al fin.
María seguía mirando la ciudad iluminada.
-No me duele que hayas amado antes de conocerme. Todos tenemos un pasado.
Ryan bajó la cabeza.
-Lo sé.
-Lo que me duele es haberme enterado por ella… delante de toda la empresa.
Aquellas palabras golpearon a Ryan mucho más de lo que esperaba.
-Tienes razón.
María giró lentamente hacía él.
-¿Tan difícil era decirme un día: “María estuve a punto de casarme”?
Ryan respiró hondo.
-Cada vez que pensaba hacerlo… aparecía el miedo.
-¿Miedo a qué?
-A que me miraras de otra manera.
Ella frunció el ceño.
-¿Por haber amado?
-No.
Él negó con la cabeza.
-Por haber sido un hombre completamente destrozado.
María guardó silencio.
Ryan levantó la vista.
-Cuando Victoria canceló la boda, no solo perdí a la mujer con la que iba a casarme. Perdí la confianza en mí mismo. Me refugié en le trabajo. La empresa se convirtió en mi vida. Ethan fue quién consiguió que volviera de nuevo a reír de vez en cuando… pero nunca dejé entrar a nadie más.
María sintió como el enfado empezaba a mezclarse con otra emoción.
-Hasta que apareciste tú.
Ryan sonrió con tristeza.
-Sí. Tú llegaste sin pedir permiso.
Él dio un paso más.
Y por primera vez en muchos años tuve miedo de que, si conocías aquella parte de mi vida, pensaras que aún vivía anclado a ella.
María negó despacio.
-Ryan… lo único que habría pensado es que confiabas en mí.
Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.
Ryan comprendió que ese era el verdadero error.
No haber tenido un pasado.
Sino haber intentado proteger a María ocultándoselo.
Se acercó un poco más.
-No queda absolutamente nada entre Victoria y yo. Ni amor. Ni esperanza. Solo respeto por lo que un día fuimos.
María lo miró fijamente.
-¿Y ella?
Ryan tardó un segundo en responder.
-Creo que esta noche ha descubierto que ha llegado demasiado tarde.
María respiró hondo.
-Quiero creerte.
-No- Ryan sonrió con dulzura- no quiero que me creas porque te lo diga. Quiero demostrarte cada día que eres la única mujer con la que imagino mi futuro.
Los ojos de María comenzaron a humedecerse.
Ryan levantó una mano muy despacio.
-¿Puedo?
Ella asintió.
Él acarició su mejilla con infinita delicadeza.
María cerró los ojos un instante.
Todavía quedaba una pequeña herida.
Pero también seguía intacto el amor que sentía por él.
Y supo en ese momento, que desde que Victoria apareció en la gala, volvió a sentir que aquél hombre estaba luchando por ella, no contra ella.
En ese momento, desde el interior del salón, comenzó a sonar una canción lenta.
Ryan sonrió.
-¿Me concedes este baile… aunque sea aquí fuera?
María lo observó unos segundos.
Después sin decir nada se acercó a él.
Y bajo las luces de Navidad, lejos de todas las miradas, comenzaron a unir sus cuerpos despacio en un ritmo lento de la música, como si el mundo entero hubiera desaparecido.
…
El frío parecía haber desaparecido.
Ryan y María seguían balanceándose al ritmo de la música que escapaba del salón. Ninguno hablaba. Ya no hacía falta.
María apoyó la cabeza en su hombro.
-No me gusta sentirme insegura.
Ryan cerró los ojos un instante.
-Y yo odio ser el motivo.
Ella soltó una leve risa.
-Pues ya somos dos.
Ryan la besó con suavidad.
-Prometo que nunca más tendrás que descubrir algo importante sobre mí por boca de otra persona.
-Eso espero.
Se separaron apenas unos centímetros para mirarse.
-Porque si vuelves a hacerlo…- dijo María intentando recuperar su tono bromista.
-¿Qué harás?
-Te tocará invitarme a muchísimos cafés hasta que te perdone.
-Ryan sonrió.
-Creo que puedo asumir ese riesgo.
Ella negó con la cabeza.
-No señor Brooks. No habrá otra oportunidad.
Los dos rieron.
Era la primera risa sincera desde que Victoria había aparecido.
En ese instante la puerta de la terraza volvió a abrirse.
Ethan asomó la cabeza.
-¿Interrumpo?
Ryan lo miró divertido.
-Sí.
-Perfecto. Entonces lo estoy haciendo bien.
María soltó una carcajada.
-Lola me ha enviado. Dice que si no volvemos, media empresa pensará que estáis discutiendo… y la otra media, que os habéis escapado.
Ryan miró a María.
-¿Volvemos?
Ella respiró hondo y asintió.
-Volvamos.
Entraron juntos al salón.
Las conversaciones y bailes continuaban, la orquesta seguía tocando y los invitados apenas reparaban en ellos.
Apenas.
Porque Victoria sí lo hizo.
Desde el otro extremo de la sala observó como Ryan entraba de la mano de María entrelazada con la suya.
No era un gesto para aparentar.
Era un gesto de elección.
Victoria bajó la mirada y sonrió con una mezcla de nostalgia y resignación.
-Llegué demasiado tarde…-susurró para sí.
Pero cuando estaba a punto de marcharse, un hombre de unos cincuenta años, impecablemente vestido, se acercó a ella.
-Victoria.
Ella levantó la vista.
-¿Señor Dubois?
Todo está preparado para pasado mañana. Hablaremos con el consejo de Administración de Santa Cruz Global Holdings
Victoria frunció el ceño.
-Pensé que esperaríamos unas semanas.
-Hemos cambiado de opinión. La oferta de compra se presentará antes de fin de año.
Victoria dirigió una última mirada a Ryan y a María, que reían con Lola y Ethan.
Por primera vez dudó.
No quería hacerles daño.
Pero la decisión ya no dependía de ella.
El empresario francés sonrió con frialdad.
-Pasado mañana empezara una negociación que cambiará el futuro de esa empresa.
Y sin saberlo los cuatro, la tranquilidad que acababan de recuperar iba a durar menos de cuarenta y ocho horas.