EN EL SUEÑO DE LAS NUBES BLANCAS CAPÍTULO IV #2
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CAPÍTULO IV #2

No era virgen por supuesto. Había tenido unos cuantos encuentros y una pareja del instituto que se acabó en la universidad.

Había estudiado Administración de Empresas, para dirigir su almazara.

Y ahora su padre había tenido que contratar a dos chicos para ellos, para suplir a sus hijas.

Estaba orgullo y contento y lo estaba más si eran capaces de dirigir ese entramado de millones. Pero las echaban de menos.

Estaba inmersa en sus pensamientos cuando Ryan la sacó de ellos.

-¿En qué piensas?, prohibido el trabajo.

-No, no pienso en el trabajo. Sino en el cambio que hemos dado, de trabajar en una empresa familiar en un pueblo donde casi conocemos a todo el mundo y vivir en la casa familiar a todo lo contrario.

Era atractiva, como su hermana, morenas de pelo largo y ojos marrones claros, bajitas, y con un cuerpo bonito.

-Lo has hecho aposta.

-¿Qué?- dijo Ryan.

-Que vayamos por separado- y éste sonrió.

-No somos niños, tengo treinta y cinco años y tú veinte nueve.

-No, ya no somos niños.

-¿Te molesta ir sola conmigo?

-Para nada, me gusta.

-A mí también, porque me gustas, si no, no lo haría. Supongo que como tú.

-Sí, me gustas, dijo ella algo tímida- y él, le cogió la mano y se la apretó y ya no la soltó.

-Hoy hablamos de nosotros.

-Si quieres…- dijo ella.

-Sí, quiero saber si la carrera que hiciste te gustaba, fue porque tenía tu padre una empresa, los lugares donde te gustaría viajar, los hombres que has tenido…

Y ella se reía.

-Para loco, con eso de momento tenemos.

-Pues empieza, vamos a tomar algo mientras..

-No quiero restaurantes.

-¿Una cafetería?

-Sí, por ejemplo.

-Vamos, hay una cerca del parque, te va a gustar.

Se sentaron al lado de las cristaleras que daban a la calle. Y pidieron.

-Me gusta -dijo ella.- y Ryan sonrió.

-Venga cuéntame.

-Pues sí, me gustaba administrar, organizar, dirigir y mi padre me dejó.

Nos dedicamos a la aceituna de mesa, no la que da aceite, sino la que se come, en casi todas sus variedades.

Y exportamos fuera de Sevilla. Ahora nos estábamos expandiendo.

Pero nunca nos queda excedentes. Mi padre tiene una gran cantidad de olivos y de gente que le compra para hacer aceituna. Era feliz allí.

-¿Tenías pareja o alguien que te gustase?

-No ahora no. Sí que tuve unos años una pareja en el instituto, en la universidad no, luego en el pueblo no quiero, si quería algo en la capital, pero me cuesta.

-¿Por qué?

-Porque soy predecible como una mujer prototipo. Tengo que sentir algo, mucha química, ese algo especial. Me he vuelto selectiva. Y hoy con eso del amor libre y las relaciones abiertas… no soy de esas Ryan. Soy de tener mi pareja y compartir con él todo.

-Me gusta cómo piensas. Y lo comparto. No me gustan las mujeres fiesteras, que fumen, que beban y salgan todos los fines de semana.

-Salgo todos los fines de semana. Y él se reía.

-Sabes a qué me refiero.

-Sí.

-Una pregunta personal, si no quieres no la contestes.

-Dispara.

-¿Cuanto llevas sin sexo?

-Casi un año.

-¿Un año?.

-Sí ¿y tú?

-Seis meses.

-Hombre Ryan tampoco, de medio año a uno…

Y se rieron.

Luego hablaron de los países que Ryan había visitado. Le encantaba viajar. Y cuando tenía vacaciones se iba a un país extranjero, parte y parte a conocer cada uno de los cincuenta estado de estados Unidos.

-¿Vas con Ethan?

-No, pero a él también le gusta viajar.

-No he viajado mucho.

-Viajarás. Ya verás, además por trabajo iremos alguna vez a algunas sedes extranjeras.

Cuando acabaron, fueron a tomar un café a otro lugar.

Allí la beso, despacio.

Ella no opuso resistencia. Le gustó y quería. Y se enzarzaron en abrazos caricias a media luz del local y besos desatados.

-¡Joder María…!

Y le cogió su mano y se la llevó a su miembro.

-Mira como me pones.

-Por dios Ryan…

-Quiero que vengas a mi casa.

-Tengo que decírselo a Lola.

-Envíale un wasap. Te deseo- le decía besando su cuello.

Y ella le escribió a Lola que no iba esa noche a dormir. Lola le contestó: OK

Iba temblando a casa de Ryan.

Y cuando entraron ella vio un apartamento precioso.

Y él la llevó al dormitorio. Él olía de maravilla. La cama era enorme y ella lo miró.

-Soy grande- dijo besándola. Tocándola y quitándole la ropa.

Se quitó su ropa también y quedaron desnudos, frente a frente.

Era un hombre, no era un chico. Era un hombre que sabía, y supo llevarla a los mas alto ese noche.

Le arrancó orgasmos que no creía que existieran.

Comió su sexo despacio, lamiendo, chupando, haciéndola mojarse más que una noche de tormenta.

Su miembro entraba en ella y salía y se quedaba dentro en cada posición y cada gemido que encajaban, que atravesaba el eco del dormitorio.

Cada caricia, cada movimiento cada llevarlo ella a su boca y moverlo al viento hasta saltar blanco de nácar, era desconocido para ellos, tranquilos, eficientes y serenos en el trabajo para tomar decisiones.

Ahí no, en la cama no había decisiones, sino deseo absoluto, prisas, gemidos y pausas.

Y después… las respiraciones recobrando la calma.

Los dos sabían que aquella noche había cambiado algo entre ellos. Ya no eran un director general y un heredera llevando el negocio. Habían dado el primer paso hacia una historia que empezaba a ser mucho más personal.