CAPÍTULO III
A las nueve en punto, el abogado pasó a recoger a Lola y a María en el apartamento. Eran días en enseñar y conocer la empresa.
-Hoy conoceréis cada departamento desde dentro. Ayer ya visteis a los directivos de la junta, pero hay dos personas importantes que no pudieron asistir. Al final de la visita os los presentaré y vamos a sus despachos.
Las dos hermanas asintieron y subieron al coche. La jornada fue intensa.
Visitaron Finanzas, Recursos Humanos, Jurídico, Marketing Internacional, Comunicación, Operaciones, Logística, Tecnología, Innovación y Expansión.
En cada departamento, el director correspondiente, les explicó el funcionamiento de su área, los proyectos en marcha y el papel que desempeñaba dentro del grupo empresarial.
Lola y María escuchaban con atención y tomaban notas, hacían preguntas…
A mediodía, el abogado consultó su reloj.
-Ahora sí. Vamos a ver a quien no pudieron acudir a la reunión de directivos ayer.
Subieron hasta la última planta.
Las puertas del ascensor se abrieron frente a un amplio despacho dividido en dos zonas comunicadas por una gran sala de reuniones.
El abogado llamó suavemente.
-Adelante.
Dos hombres levantaron la vista de unos documentos.
-Perdonad la interrupción- dijo el abogado- Quería presentaros a las señoritas Santa Cruz.
El mayor se levantó primero.
-Encantado soy Ryan Brooks, director general. Su voz era tranquila y segura.
Al estrechar la mano de María, ambos mantuvieron la mirada apenas un instante más de lo habitual.
Fue un detalle casi imperceptible, pero ninguno de los dos pasó por alto aquella extraña sensación de familiaridad.
A continuación se acercó el segundo.
-Ethan Brooks. Subdirector creativo.
Su sonrisa era mucho más abierta y desenfadada.
Cuando Lola le tendió la mano, él sonrió.
-Ahora por fin nos conocemos. Ayer nos perdimos la reunión por culpa de unos inversores que decidieron alargarla más de la cuenta.
-Nos dijeron que estabais ocupados en un viaje- respondió Lola.
-Por desgracia sí. Aunque creo que esta presentación merece más la pena.
Lola soltó una pequeña risa.
María disimuló una sonrisa al ver cómo Ethan conseguía romper la formalidad en apenas unos segundos.
Ryan señaló la sala de reuniones.
-Si os parece, sentaos unos minutos. Me gustaría explicaros cómo trabajamos nosotros. Y cuál será vuestra relación con Dirección General y el área creativa.
Durante casi una hora conversaron sobre la empresa, los próximos proyectos y el plan de formación que seguirían las dos hermanas durante las siguiente semanas.
Cuando acabaron Ryan se levantó.
-Bienvenidas oficialmente. Espero que encontréis aquí vuestro lugar.
-Y si alguna vez el trabajo se pone demasiado serio- añadió Ethan con una sonrisa- ya me encargaré yo de recordar que también se puede disfrutar mientras se trabaja.
Lola negó con la cabeza divertida.
Ethan sonrió para sí.
Ryan en cambio, volvió la vista a María justo antes de despedirse.
Ella también lo miró. Solo fue in instante.
Pero ambos tuvieron la sensación de que aquél no sería un encuentro cualquiera.
…
La primera semana, pasó más deprisa de lo que ninguna de las dos habría imaginado.
Después de recorrer todos los departamentos de la empresa y conocer a los responsables de cada área, Lola y María, empezaban a comprender la magnitud del legado que habían heredado. Aquello no era una simple empresa familiar, como la almazara que tenían ellas en Camas.
Era una compañía con presencia internacional, un gran edificio corporativo en el corazón de Manhattan, un centro de producción a las afueras de la ciudad, una enorme plataforma on line y un elegante showroom donde los clientes más importantes conocían las nuevas colecciones.
Aún les quedaba mucho por aprender.
A primera hora del lunes, el abogado las esperaba en la recepción.
-Hoy no vamos a la empresa.
Las dos se miraron extrañadas.
-¿No?
-No. Antes vamos a empezar vuestra formación. Vais a ser la imagen de la compañía. Asistiréis a reuniones, entrevistas y presentaciones. Necesitaréis un fondo de armario acorde al cargo que vais a ocupar.
Lola sonrió.
-Eso suena mejor que ocho horas delante de un ordenador.
María negó con la cabeza divertida.
-Sólo tú puedes emocionarte con una jornada de compras.
Una hora después caminaban por la Quinta Avenida acompañadas por una asesora de imagen.
Trajes de chaqueta en tonos claros y oscuros, vestidos elegantes, cortos y largos, de cóctel y de noche, blusas de seda, pantalones de vestir, zapatos de tacón, zapatillas botas, chándals que costaban un ojo de una cara, bolsos y abrigos a juego, bisutería cara, lencería sugerente, fueron ocupando poco a poco las bolsas de las boutiques.
Lola disfrutaba probándose cada conjunto. María era mucho más práctica.
-¿De verdad necesito tantos?
- Créeme -respondió la asesora- en vuestro puesto tendréis reuniones distintas, la imagen también comunica.
Al terminar fueron a una de las peluquerías más caras de la prestigiosa ciudad.
No hubo cambios radicales.
Solo un corte que realzaba sus facciones, un tratamiento para dar brillo la cabello y un peinado elegante que las hacía parecer aún más seguras de sí mismas.
La cara, el cuerpo… un masaje… láser.
Y cuando llegaron al apartamento, el servicio de la empresa ya había llevado todas las compras.
Las cajas ocupaban buen parte del salón.
-Creo que nunca había tenido tanta ropa junta- rio Lola.
María abrió una de las cajas con uno de los trajes azul marino.
Llamaron a la puerta y les entregaron más cajas, maquillajes, y pruebas de todo tipo de lo que fabricaban. Estuches y bolsas, geles, perfumes…
-Madre mía María… mañana empieza de verdad nuestra vida. Debemos llamar a casa, una videoconferencia.
Lola se acercó a la ventana. Desde allí las luces de Manhattan iluminando la noche.
-¿Estás preparada?
María respiró hondo.
-No lo sé…
Sonrió.
-Pero tengo muchas ganas de averiguarlo.
Terminó el día colgando en sus vestidores y en sus baños todo y bajando las cajas a la basura que el portero, les quitó de las manos y se las llevó.
Hablar con sus padres, darse una buena ducha, cenar algo y a la cama agotadas.
A la mañana siguiente comenzarían un programa de formación de varias semanas. Compartirían despacho mientras aprendían el funcionamiento de la empresa.
Lola se especializaría en marketing, comunicaciones y relaciones públicas.
María asumiría la estrategia, la organización y expansión de la compañía.
Sin saberlo, también empezarían a compartir muchas horas con los hermanos Ryan y Ethan Brooks, dos hombres que terminarían cambiando sus vidas mucho más de lo que cualquiera de los cuatro podía imaginar.
…
El despertador sonó a las siete de la mañana.
Lola fue la primera en levantarse por una vez. Caminó por el pasillo hacía la cristalera del salón y contempló cómo el sol comenzaba a iluminar los rascacielos de Nueva York.
-No todos los días se despierta una siendo responsable de una multinacional…- murmuró sonriendo.
María apareció pocos minutos después, aún con una taza de café en la mano.
-¿Nerviosa?
-Mucho.
-Yo también, pero lo haremos bien.
Después de desayunar, ambas eligieron un conjunto elegante, pero cómodo. Aún iban a empezar la formación y querían transmitir cercanía sin dejar de mostrar personalidad.
A las ocho y media, el coche de la empresa las esperaba en la puerta.
Cuando llegaron al edificio principal, la recepción ya estaba preparada para recibirlas.
-Buenos días, señoritas Santa Cruz.
Todos los empleados que se cruzaban en el vestíbulo las saludaban con respeto. Algunas miradas, eran de curiosidad; otras, de esperanza. La noticia de que las nuevas propietarias habían decidido aprender desde abajo, se extendió como la pólvora por toda la empresa.
El abogado las esperaba junto a los ascensores.
-Hoy empieza vuestro verdadero aprendizaje. No vais a dirigir nada todavía. Vais a observar, preguntar y tomar notas. Cuando más aprendáis de cada departamento, mejores decisiones tomareis en el futuro.
Las dos asintieron.
La primera parada fue en el departamento comercial.
Su directora Helen Bloond, las recibió con una sonrisa.
-Bienvenidas. Aquí nace la relación con vuestros clientes.
Durante toda la mañana, les explicó cómo se estudiaban los mercados, cómo se negociaban los contratos internacionales y cómo se planificaban los nuevos lanzamientos de productos.
Lola, no dejaba de escribir en su cuaderno.
María preguntaba constantemente.
-¿Cómo decidís qué producto funcionará mejor en cada país?
-Con estudios de mercado, tendencias, mucha experiencia- Respondió Helen.
Después visitaron el departamento financiero.
Gráficos, balances, inversiones, presupuestos…
María comprendió enseguida que detrás de cada decisión había cientos de cifras.
-Nunca imaginé que detrás de una sola campaña. Pudiera moverse millones de dólares.- comentó sorprendida.
-Y solo es el principio- comento uno de los analistas.
Llegó la hora del almuerzo.
En el comedor ejecutivo coincidieron con varios directores que el día anterior habían visto en sus departamentos, solo de pasada, para conocerlos.
El ambiente era mucho mas relajado.
Hablaron de Nueva York, de España de sus primeras impresiones y hasta bromearon sobre lo difícil que era orientarse en un edificio con tantos departamentos.
-Dentro de una semana, conoceréis este lugar mejor que vuestra propia casa.- rio uno de ellos.
La tarde estuvo dedicada al departamento de atención al cliente..
Allí descubrieron algo que las impresionó especialmente.
Cada sugerencia, reclamación o felicitación, quedaba registrada.
-Escuchar al cliente, es la mejor forma de mejorar. Les explicó la responsable.
Lola levantó la vista de su libreta.
-Entonces este departamento es casi el corazón de la empresa.
-Exactamente..
Cuando terminó la jornada, ambas estaban agotadas.
Subieron al coche en silencio.
Solo cuando llegaron al apartamento dejaron escapar un largo suspiro.
-Tengo la cabeza llena de información…- dijo María dejándose caer en el sofá-
Lola sonrió.
-Y esto solo ha sido el primer día.