23
Los hospitales me ponen enfermo. Es algo superior a mí. El olor, el color blanco, el silencio, todo se combina para producir un efecto desalentador. Si estoy aquí es por Nacho y por Lucía. Dos días en Huesca y vuelvo a Madrid.
Nacho está tumbado en la cama. Está apoyado sobre la almohada y varios cojines para poder ver bien el receptor de televisión, reconvertido para el momento en pantalla de la PlayStation. Nacho está echando una partida a un juego de coches. Lucía está sentada en una silla a su lado y sostiene el otro mando con el que compite con Nacho. Ambos sueltan el mando cuando me ven entrar. Les saludo y le doy la mano a Nacho. Le pregunto qué tal está.
—Ya lo ves. Aquí sacando de quicio a las enfermeras. Me tienen prohibido jugar porque dicen que no paro de moverme y se resienten las heridas. ¿Qué esperan que haga sin moverme durante días?
Me cuentan que Nacho está mucho mejor y que dentro de poco podrán volver a casa. Lucía aprovecha que Nacho quiere algo de beber para sacarme de la habitación y que charlemos a solas. Hemos hablado por teléfono varios días desde que vino a Madrid. Le he contado todo el rollo de Cristina y ella lo ha escuchado con paciencia. En la cafetería del hospital comenzamos a hablar. Empezamos hablando de trivialidades y luego le desnudo mi corazón:
—Es curioso, no me importa enfrentarme a las huestes del infierno y, sin embargo, soy incapaz de decirle lo que siento.
—¿No te da miedo enfrentarte a esa cosa?
—Tengo miedo de perder mi empleo, tengo miedo de quedarme solo el resto de mi vida, me da miedo envejecer, me da pánico pensar que nadie me quiere, hay cientos de cosas que me dan miedo, pero un monstruo salido del infierno no me da miedo. ¿Acaso me puede dejar sin pensión, en la calle y sin pareja? No. ¿Por qué debería temerlo entonces? Cierto que existe cierto riesgo físico que me impone un poco, pero aparte de eso, no hay nada más. Un muerto viviente pierde todo su poder en el momento que no puede mangonearte, ni abusar de ti emocionalmente. ¿Qué es un vampiro comparado con el sentimiento de culpa? ¿Es peor un fantasma que tu jefe cabreado porque no has hecho tu trabajo? No lo creo. El Apocalipsis es una fiesta comparada con una discusión de pareja. Y nos enfrentamos a estas cosas todos los días. Así que dime de nuevo de qué debería tener miedo.
—Es una forma positiva de verlo. Desde luego. Yo creo que si algo te importa debes luchar por ello. Así de simple. Y si hay demonios que se empeñan en ponerse en mi camino, pues habrá que mandarles al infierno, ¿no?
Raquel me llama por teléfono. Hace más de un mes que nos despedimos por última vez y desde entonces me ha llamado varias veces siempre buscando alguna excusa para que quedáramos y nos viéramos. Siempre le he dicho que no. Hoy está excitada, y no de la forma en que suele estarlo cuando me llama.
Me dice que ha descifrado las letras del mural de la cervecería al que hice una foto con mi móvil. Parece que ha puesto nombre a nuestro Gremlim.
—¿Sabes lo que decía la escritura del pub de Múnich?
—Adelante, dímelo.
—Moloch estuvo aquí en sumerio.
—¿Estás de coña?
—En serio, te acabo de mandar un correo explicándolo todo.
—Ahora mismo lo miro.
—¿Quieres que quedemos para hablar del tema?
—Puede que sí. Yo te mando un mail y te digo dónde, ¿vale?
—Hecho. Hasta luego.
Cuelgo el teléfono y comienzo a mirar en el buzón electrónico mi correo. Raquel, aquí está. Lo abro.
Moloch
Una divinidad adorada por los israelitas idólatras. El hebreo que señala Molech no representa la pronunciación original del nombre, más que la vocalización griega Moloch. El título primitivo de este dios era muy probablemente Melech, «el rey», las consonantes de cual vinieron a ser combinadas con las vocales de la palabra Bosheth, «la vergüenza». Como la palabra Moloch quiere decir el rey, es difícil en varios sitios del Antiguo Testamento determinar si debería ser considerado como el nombre propio de una deidad o como un apelativo simple.
El rasgo principal de la adoración de Moloch entre los judíos parece haber sido el sacrificio de niños, y la expresión habitual para describir aquel sacrificio debía «pasar por el fuego», un rito realizado después de que las víctimas habían sido asesinadas. El centro especial de tales atrocidades estaba solamente fuera de Jerusalén, en un lugar llamado Tophet (probablemente «el lugar de abominación»), en el valle de Geennom.
Los seguidores de esta deidad erigieron «un templo para Moloch sobre la colina contra Jerusalén», y sobre esta se cuenta de vez en cuando que es considerado como el monarca que introdujo el culto impío en Israel. Después de la interrupción, los rastros de adoración de Moloch aparecen tanto en Judá como en Israel. La costumbre de utilizar a niños para pasar por el fuego parece haber sido general en el Reino del Norte, y gradualmente se impuso en el del sur, animado por el ejemplo real de Achaz y Manasés antes de que se hiciera frecuente en el tiempo del profeta Jeremías, cuando el rey Josías suprimió la adoración de Moloch y profanó Tophet. No es improbable que esta adoración fuese reanimada bajo Joakim y seguida hasta el Cautiverio babilónico. Es más, el culto a Moloch se hizo también popular en Babilonia y más tarde fue pasando de unas culturas a otras. Cada vez cambiando la grafía de su nombre y su pronunciación. Así como su representación gráfica.
Moloch a menudo era identificado con Milcom, el dios nacional de los amonitas, pero esta identificación no puede ser considerada como probable: como mostrado por las versiones griegas, la lectura de original no era Molech, sino Milchom; y según, el sacrificio de niños por el fuego era de origen cananeo.
Los sacrificios por el fuego, la identidad probable de Moloch con Baal, y el hecho de que en Asiria y Babilonia Malik, y en Palmira Malach-bel, eran dioses del Sol, han sugerido a muchos que Moloch era el dios del Sol.
Normalmente Moloch era representado como una especie de perro con grandes orejas puntiagudas, el cuerpo desnudo y sin vello capilar alguno…
Me alejo de la pantalla y echo hacia atrás en la silla. No necesito seguir leyendo, con esa descripción me basta y me sobra para reconocer a mi gremlim. Es normal que al principio le confundiera con un trasgo, un goblin o un gremlim. No dejan de ser nombres distintos para una misma cosa. Al mismo Moloch se le conocía con distintos nombres. Sospecho que los Molochs de Europa preferían devorar a sus víctimas, antes que los sacrificios de fuego. Me pregunto si habría más de uno o siempre las leyendas y los mitos se referían al mismo sujeto. El mío. Si es así, significa que lleva mucho tiempo entre nosotros y ha conseguido adaptarse a la perfección. Vicente y su hermandad no estaban mal encaminados. Le mando un mensaje a Raquel. Le digo que sin duda es Moloch a quien estamos buscando. Le pido que busque más información acerca de él. Del tipo que sea. Sobre todo, si hay alguna forma de acabar con él. Quedo con ella a las ocho en su casa.
Salgo de mi despacho eufórico. Cristina no ha venido hoy a trabajar. Alguien dice algo de unas bombas en un tren. Tengo una sensación de déjà vu. Un compañero está leyendo «El Mundo» en internet. Rápidamente varios nos acercamos a ver qué es lo que pasa. La pesadilla se repite. No puedo evitar pensar en lo que pasó aquí hace un poco más de un año y en lo que he vivido yo en dos ocasiones. Las noticias hablan de varias explosiones en Londres, en el metro y en autobuses. Hay varias víctimas mortales, sin especificar. Las noticias se extienden por toda la oficina. La verdad es que cuando llevas horas delante de un ordenador sin mover el culo de la silla cualquier suceso por nimio que sea parece extraordinario. En este caso realmente lo es. Una de las explosiones ha sido en la estación de King Cross. No puedo evitar pensar que yo estaba allí hace unos meses.
Mi alegría por el descubrimiento del Gremlim se viene abajo. Se acabó mi buen humor, de pronto me siento hecho una mierda. Nunca entenderé a aquellos que desean imponer sus ideas a sangre y fuego.