En Cielo Hueco (El Cielo Hueco nº 1) 36 #2
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—Eso… ¡lo he visto antes! —expresó aún tosiendo, con ambas cejas levantadas y usando su espada como bastón para reintegrarse.

Hizo memoria—. Hace tres soles, durante el juicio de Kouhen.

—Se le acercó para observar de frente, absorta en su recuerdo…

sin miedo aparente—. Mientras corría buscando a Brahamath…

lo encontré suspendido en medio del corredor.

Era una estatua inmóvil… apenas respiraba y producía sonidos como… como tú.

El coronel estaba como suspendido en el tiempo, con la espada levantada en una franca intención de decapitarla… pero solo sus ojos podían moverse, llenos de ira… y el temblor sutil en sus músculos concluían que, a pesar de la apariencia, estaba luchando por dentro para liberarse.

“No pierdas el tiempo, niña idiota”. Dijo de repente una voz proveniente del cielo… o de su cabeza, no podía identificar. “Estoy muy débil, no podré retenerlo más allá de unos segundos. Es ahora o nunca. ¡Asesínalo!”

De inmediato la parálisis terminó; Zulzher rompió las cadenas que le ataban y dio un profundo grito de liberación… de victoria. No había tiempo para nada, no meditó… no dudó… no vaciló, Amy recogió la espada y en dos movimientos, con un lance instintivo, Amy atravesó el pecho del coronel.

La voz de este se esfumó de inmediato para dar paso a sonidos guturales, intentó responder en su defensa; pero Amy no solo hundió la espada hasta la empuñadura, avanzó derecho con el imponente ángel (dos cabezas más alto que ella) ensartado en la espada hasta dejarlo clavado en la pared junto al túnel de México.

—Esa… esa desgraciada de Velleth… so… sobrevivió a mi ataque.

Y tú, ma… maldita zorra… ¿cómo te atreves a hacerme esto?

Te cortaré la cabeza tan pronto como me libere de esto —regurgitaba el coronel, sosteniendo con ambas manos la hoja que le atravesaba, y apretando tan fuerte que el filo le cortaba los dedos.

Sus ojos, antes dorados o rojos, poseían un tono opaco, pero con una expresión llena de odio…

—No tengo tiempo para esto —respondió ella—. Tú ya no importas, y esto se acabó, Zulzher.

Acto seguido, hundió los dedos en el pecho de este y le arrancó las dos mitades del Vibratio Dominum de un solo tirón, y Zulzher emitió el mismo gemido de una bestia malherida.

Amy no se detuvo a escuchar. Asimiló de inmediato la mitad roja que elevaba las vibraciones y el efecto fue instantáneo: el poder le subió por los brazos y el pecho como un calor reconfortante, reparador.

Las autoridades ya habían llegado, recién abrían las puertas de la central y se aproximaban hacia ellos…

—Provocaste todo este desastre, mataste a tantos ángeles inocentes y buenos…

al justo juez Brahamath, incluido… y te atreviste también a lastimar a mi hermana; y solo el TODO sabe cuántos otros crímenes habrás cometido tan solo con el fin de acumular poder, ¿no es verdad?

—espetó furiosa, acercando tanto el rostro al de él, que ambas narices por poco se rozan.

Entonces, Amy activó el Vibratio y, tal como Kouhen le había enseñado a hacer, colocó su mano en la frente de Zulzher Galazay y con maestría, comenzó a subir las vibraciones de este a un ritmo acelerado y sin control.

El momentáneo alivio que él sintió se transformó en gritos de desesperación cuando la energía subía tanto, que comenzó a desmoronarse desde adentro.

—¡Entonces tómalo, coronel Galazay! ¡Aquí tienes todo el poder del mundo solo para ti!

Al final, comprendió que estaba muriendo, no había marcha atrás.

El recuerdo de sus padres cruzó por última vez en su memoria y sin pedir clemencia, sin luchar en vano por su vida o manchar su muerte con maldiciones sin sentido; miró orgulloso de frente a Amy, sin mostrar miedo.

Un segundo después, su cuerpo explotó al ser incapaz de contener tal cantidad de energía de golpe. No quedó nada de él.

Con el mayor obstáculo fuera de la ecuación, Amy se enfocó en lo más importante: Grace.

—¡Alto ahí, no te muevas! ¡Identifícate! —ordenaron desde el fondo de la destruida sala principal. Un escuadrón entero de oficiales boina verde, colegas suyos, apretaban el paso tan pronto como la vieron desde la distancia.

Su reacción no pudo ser otra: corrió hacia el interior del túnel y lo cerró desde adentro con un par de compuertas aún funcionales; se acercó a Grace y, para su alivio, el pecho aún subía y bajaba…

casi no era perceptible; pero seguía con vida.

Le acomodó el cuerpo y con dedos temblorosos, sucios, y jadeando de desesperación, empujó la mitad restante del Vibratio, de resplandor violeta, introduciéndolo por el pecho, con cuidado y fuerza constante, como quien inyecta un suero intramuscular.

El sudor se combinaba con las lágrimas y los suspiros de Amy; la esfera terminó de asimilarse y el cuerpo de Grace reaccionó arqueándose hacia adelante.

Sus ojos se abrieron y por un instante, parecía que había funcionado, que Grace estaba de vuelta; pero tan pronto como el resplandor se metió en su cuerpo…

se apagó. La pelirroja no mostraba mejoría, corría sin freno hacia la muerte.

—No, no, no, no… no. ¡NO! Grace… hermana ¿¡qué haces!

? ¡NO TE VAYAS! —gritaba al borde del colapso; no sabía qué más hacer: le besaba la frente y las mejillas, la sacudía de los hombros y le rogaba llorando; se puso de rodillas y le colocó la cabeza en su regazo—.

Hermana, por favor, no te mueras… Te… ¿te acuerdas de aquella vez, en el orfanato, mientras ese imbécil de Melahniel esperaba por llevarme al cuarto?

¿Recuerdas qué te dije? Que jamás permitiría que alguien te volviera a hacer daño…

y te he fallado. Seré el más miserable de los espíritus si tú te mueres, hermana; porque no tendré ya nada por lo cual vivir —decía mientras le acomodaba el cabello—.

Te amo, ¿entiendes? Te amo porque eres lo único real en mi vida: porque mi infancia, al parecer, fue un invento, mi memoria falla, mis recuerdos no son míos, mi vida entera es un experimento…

o una farsa, hay voces en mi cabeza que me hacen dudar de todo a cada momento…

pero no dudo de ti, Grace. Tú eres mi ancla en este mundo, y mi fortaleza en cada vikra.

Conocerte fue mi mayor bendición —confesó llorando, sosteniendo su mano, acariciándola sobre sus propias mejillas—.

Sin dudarlo… volvería a pasar por lo que pasé, con tal de protegerte de nuevo, amada hermana —sollozó ya casi rendida, posó la mano de Grace sobre el corazón de ella, encima del escudo familiar de Amy y terminó diciendo—: soy un monstruo, oportunista y sin moral, los ángeles a mi alrededor me tienen miedo y dicen que soy terrible… solo tú puedes ensanchar mi corazón….

Una descarga eléctrica pasó como una ráfaga de poder, comenzando desde el escudo de Amy y pasando por la mano y brazo de Grace.

Una cobertura de luz verde la envolvió como un capullo que lanzó a Amy hacia atrás; y sin esta saber qué pasaba; el cuerpo de la Sagriari comenzó a reponerse de sus heridas; el aire regresó a su pecho y su escudo, Galikary, brilló de nuevo mostrando vida.

Cuando la energía se disipó, Grace estaba despierta, consciente y en relativo buen estado.

—De la misma manera en la cual me das fuerzas con tus palabras, quiero que sepas que no importa qué cosas te puedan decir, tú eres bellísima, una bendición para cualquiera que te llegue a conocer.

Quien te diga lo contrario, bueno… será tu obligación mandarlos al demonio y continuar con lo tuyo.

¿Me entiendes? —respondió Grace, tan pronto como se sintió bien.

—¡Carajo, Grace! ¡¡¡Estás bien!!! —gritó emocionada. Corrió hacia ella y se abrazaron; su cabello se combinaba al igual que sus lágrimas cuando se fundieron en ese fraterno gesto—. Grace, te daré una paliza si me vuelves a asustar de esa manera —dijo bromeando, chocando su frente con la de ella.