En Cielo Hueco (El Cielo Hueco nº 1) 36 #3
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Ambas se quedaron junto al cuerpo de Brahamath, elevaron oraciones y lo taparon con su capa.

El complejo a su alrededor era un montón de paredes caídas, tubos destrozados y polvo en suspensión…

solo una escalera estaba intacta, el siguiente paso estaba claro; pero había un obstáculo más por superar: la central estaba rodeada, soldados de diferentes boinas golpeaban la puerta, y a juzgar por el ruido afuera, estaban por utilizar maquinaria especial para forzar la entrada.

—Pronto, usemos esa escalera que aún queda para bajar antes de que abran y nos arresten —expresó Grace mientras jalaba el brazo de su hermana… pero no logró moverla. Amy la miró con tristeza y le dijo:

—¿Encarcelarnos, has dicho? Grace… a ti van a matarte…

no se confiarán de nuevo, se saltarán el paso del juicio e irán directo a tu ejecución.

Ese es un escenario que no voy a permitir —caminó hacia el tubo translúcido y posó su palma abierta sobre la superficie.

Con una tranquilidad más propia de la resignación, continuó—: por eso éramos tres quienes veníamos a esta misión: nosotras dos bajaríamos y Brahamath activaría la máquina para hacerlo, ¿entiendes?

Solo una de nosotras irá. Y esa vas a ser tú… no admitiré discusiones al respecto.

Grace abrió los ojos como platos.

—Entonces la misión se aborta… ¿me oyes? Encontraremos algún aliado que nos ayude y regresaremos después… y si toda esa gente de allá afuera te preocupa, podremos escapar peleando… tú y yo tenemos la fuerza para huir.

—¿Y luego qué, Grace? ¿Nos seguimos escondiendo como un par de roedores en una coladera, rogando al cielo porque nadie se dé cuenta de tu color de cabello, porque no se te caigan los lentes? ¿Consideras que eso es vida… una que valga la pena?

Grace se le acercó, la tomó por los hombros y le dio la vuelta para encararla.

—¿Acaso…? ¿Acaso estás haciéndome lo que yo creo, Amy? ¿Piensas dejarme a mi suerte en ese mundo de allá abajo?

—Pensé… pensé en bajar a la Tierra y… de ser posible, quedarnos a vivir ahí; sin nadie que nos persiga.

Perdidas junto con Kouhen en ese océano casi infinito de seres humanos y encontrar, a nuestro modo, una forma de libertad.

—Se miró ambas manos, sintió su escudo y pensó en el sabio, en las palabras de Catallena y, sobre todo, en lo que Zulzher le dijo sobre su poder—.

Pero en cuanto a mí respecta, hay cosas que no entiendo y que necesito descubrir por mi propia cuenta.

Si bajo ahora, siguiendo tu camino en un par de vikras, voy a cargar con todo eso sin saber quién soy.

Tú tienes un camino trazado: los Kibas, Kouhen, tu madre. Yo todavía no.

Grace abrió la boca para insistir. Amy le tomó la cara con las dos manos. Los dedos le temblaban.

—Voy a bajar para acompañarte, lo juro. En cuanto sepa lo suficiente y pueda mirarme en un espejo sin sentir que me falta una parte. Pero esta vez te toca ir primero.

La condujo hacia la escalera y Grace apenas podía hablar entre las respiraciones cortas, propias del llanto.

—No… no podré hacerlo sola, Amy. Ese mundo de allá me devorará…

—¿Estás bromeando, hermanita? —respondió mientras cerraba el tubo.

Detrás de ella, las puertas estaban siendo cortadas por luces similares a sopletes—.

Los espíritus de allá abajo son quienes deberían temerte: sabes pelear mejor que la mitad de mi cuartel; ¡sabes volar!

Y está también el hecho de que posees una de las técnicas más mortíferas del ancho cielo dentro de ti.

Le sonrió y puso su mano sobre la de ella… solo el grosor del cristal las separaba.

—Te prometo que bajaré contigo, Grace. Mi mitad del Vibratio está conectada a la tuya… sabré dónde te encuentras cuando lo haga. Solo tienes que ser valiente y sobrevivir hasta que nos encontremos… ya lo has hecho antes.

Activó el tablero con manos lastimadas, el aparato detectó solo una escalera activa y ella lo tuvo fácil para proceder, tampoco lo pensó; pues la puerta ya estaba cayendo detrás.

Dio la orden a la escalera y el cristal etéreo respondió con una luz tenue y constante, que de a poco se hizo intensa hasta borrar la figura de Grace, y el hermoso color escarlata de su cabello.

—Cuando llegues abajo, cuídate mucho, duda de las personas que digan apoyarte solo porque sí; pero tampoco olvides disfrutar tu libertad. Grita, llora, baila, viaja… enamórate, cumple tu objetivo y no me olvides; porque estaré contigo como lo prometí.

Grace asintió.

—Te amo, Amy.

—Y yo te amo a ti, hermana.

La luz de la escalera la envolvió por completo hasta desaparecerla. Ya no estaba.

Arriba, Amy se quedó frente al tubo vacío; algunos agentes boina blanca ya la rodeaban con sus espadas listas y con orden de arresto.

Abajo, Grace descendía a la Tierra con el Vibratio latiéndole otra vez en el pecho, el cuerpo todavía débil y la certeza de que nada de lo que conocía iba a servirle igual del otro lado.

Se enfrentaría a un nuevo mundo, uno incluso más cruel que el mismo cielo.