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la tıerra en el cıelo
Zulzher bajó la vista hacia sus propias manos…
los dedos le temblaban apenas, no de debilidad, sino por la cantidad de energía que ahora hacía parte de su vibración.
Levantó la cabeza y las captó con la mirada: Grace tendida, con el pecho abierto donde había estado la mitad del Vibratio, se ahogaba poco a poco y sus brazos apenas respondían con leves espasmos involuntarios.
Por su parte, Amy recién se reponía del golpe propinado, se sujetaba de una columna y se incorporaba con esfuerzo…
sus piernas titiritaban sin su consentimiento.
—Esto —dijo—, es lo que siempre debió ser mío, lo que Kouhen me robó hace tantos soles y que ahora, aunque ya tengo de vuelta, no me hará recuperar el tiempo perdido.
Sin apartar de ellas la vista; contemplándolas con desprecio, extendió su mano apuntando a Brahamath, y solo un breve destello fue suficiente para que el gran juez de Ai dejara de existir.
Amy no podía dar crédito al infierno que vivía, aún sentía sus niveles de vibración muy bajos y su reacción fue tan lenta como la de alguien intoxicado.
—Las autoridades deben estar por llegar —continuó con su monólogo el coronel—.
Y no es propicio a mis planes que se me vincule con semejante escoria como ustedes; así que tengo que retirarme.
No sin antes, por supuesto, quitarte la vida primero; mocosa boina verde…
y terminar de pisar a esa otra cucaracha de ahí…
la Sagriari. Se contorsiona y sufre de tal manera, que me da asco verla.
Amy seguía en un estado catatónico, su visión enfocaba a Grace, pero su mente no le seguía el paso.
La imagen era escalofriante: el pecho de su hermana apenas se inflaba, la sangre se le había extendido por el costado y manchaba ya el suelo bajo el cuerpo; no obstante, en medio del estado de conmoción, su oído enfocó la arrogante voz de Zulzher que tenía de fondo y pudo así escuchar: “Es una pena que debas morir, Amy. Pudiste haber tenido una buena vida junto a alguien especial; después de todo, eres una lindura de ojos verdes”.
De inmediato, como si un relámpago le golpeara con su destructivo poder, cada átomo en la composición de Amy se encendió como un foco, y los sentidos que antes estaban adormilados a causa del shock emocional y físico, dieron paso a un estado de plenitud total.
Fue consciente del estado de su hermana, y en su mente, las palabras dichas por Zulzher terminaron por desbloquear la ira en su alma.
El coronel se acercaba a la moribunda Grace, pero a su espalda, un resplandor verde incluso más potente que el propio, lo asaltó de repente. Cautivado por la sorpresa, no pudo evitar dar la vuelta y al hacerlo, presenció con asombro la verdadera forma de Amy.
—¡Esto es increíble! —expresó cubriendo su rostro.
Entrecerró los ojos y apenas pudo distinguir entre tanta luz—.
¿Qué tienes conmigo, querubín protector…
? ¿Por qué has bajado desde tu gloria para destruirme?
—dijo con un gesto de miedo, confundido por la presencia que de pronto tenía de frente; con tres pares de alas, alta y radiante, con una corona semejante a la de su antigua superior del E.R.I.S.
; pero pasados unos segundos, el intenso brillo menguó, y salió de su confusión.
—Pero si eres tú… estás cambiada, pero puedo reconocer que eres tú… la mocosa… ¿Qué diablos está pasando aquí?
Sin embargo, la respuesta le llegó de una manera que no esperaba; pues aún más para su pesar, en el pecho de Amy se dibujó el escudo de su familia, con luz incandescente que parecía una llama viva. Inconfundible, legendario y tan único en todo el cielo, como prohibido y también… temido.
—¡Ahora veo por qué ella tenía tanto interés, aparentemente sin razón, en atraparte! No sé por qué alguien como tú, cuya familia posee el poder de un dios, se oculta en la apariencia de una adolescente; pero ni siquiera un ser como tú podrá detenerme.
Ella no se molestó en poner atención; su instinto no le daba para eso…
no en esas circunstancias. Primero revisó a su hermana, quien luchaba por no morir; luego, observó con detenimiento a Zulzher.
Estaba de pie a un par de metros, y el aura despedida por ambos era como dos llamaradas infernales a punto de alimentarse, una a costa de la otra…
—Ese núcleo de energía, con la firma Galazay que llevas en el pecho —profirió ella con voz profunda y resonante—. Es el culpable de todo esto. Así que yo misma lo sacaré de tu cuerpo, y después te mataré aquí mismo.
Zulzher dejó de sonreír tan gozoso como hasta entonces hacía. Elevó sus vibraciones al máximo y, con espada en mano, se posicionó para el combate.
—¿Por qué no dejas de hablar y respaldas mejor tus palabras con acciones? ¿Quieres matarme? Anda… hazlo. ¡¡¡Aquí estoy frente a ti, sucia huérfana!!!
Amy atacó sin perder más tiempo, se movió como el rayo y embistió a Zulzher con el hombro. El impacto tronó como una bomba y el coronel salió disparado hacia afuera del túnel, de vuelta a la sala principal de la central.
La pelea que siguió no dejó casi nada en pie.
Amy lo obligó a desplazarse, a bloquear, a tomarla en serio.
Logró abrirle el costado con el uso de su espada tradicional (pues no consiguió materializar su espada viviente…
aún tenía mucho por aprender). Y aunque su fuerza era prodigiosa, el intercambio con el coronel se desarrolló en un equilibrio de habilidades.
A lo lejos, en los alrededores de la central, la luz ya iluminaba las calles; los trabajadores no tardarían en llegar y ante el espectáculo de luces y destrucción, los habitantes presionaban a las autoridades a llegar cuanto antes…
más ninguno de los combatientes se retiraría hasta haber matado a su contraparte.
Zulzher reunió vibración en la palma de la mano y un fuego azul comenzó a danzar caótico, apoderándose de todo el puño, sonrió como desquiciado y con un: “Despídete del mundo, maldita”, lanzó el fuego devorador de vibración en tres oleadas que, tan pronto como Amy vio, enfrentó agitando sus seis alas hasta formar un torbellino que disipó las llamaradas, regándolas por todo el lugar.
Respondió lanzándose de nuevo al combate, usando su espada; chocaron hojas por unos segundos y se separaron para reponer vibración…
—¿Es en serio? ¿No sabes hacer técnicas especiales propias de tu escudo?
—apuntó Zulzher con ironía. Se sostenía el brazo lastimado, pero su rostro reflejaba la confianza de quien se sabe vencedor—.
No entiendo bien qué te hicieron, sin embargo…
es evidente que, aunque perteneces a la familia más poderosa de la historia, cuyas habilidades hicieron frente al TODO mismo, apenas y entiendes tu origen…
y, ¿sabes? Pertenecer a cierto escudo te otorga la habilidad de este, pero su uso depende solo del entrenamiento constante, la disciplina, experiencia en combate y talento nato.
»Por eso no podrás ganarme, Amy. Porque posees el poder de un dios, pero alguien te ha imposibilitado la facultad de usarlo. Tienes un bloqueo, y me aprovecharé de eso.
El comentario caló hondo en Amy; pues ir, su odiado enemigo había acertado en cada palabra; cada segundo que pasaba se sentía más débil y, en efecto, no sabía técnicas con qué responder (apenas y comenzaba a asimilar su caótica condición, el posible lavado de cerebro, los engaños desde la infancia, y el hecho de pertenecer a esa familia).
Y aunque fue capaz de rivalizar con el coronel en un par más de ocasiones, la realidad se imponía.
Las manos le temblaban y la forma verdadera se le escapaba a ratos, como si el cuerpo no terminara de aceptar lo que estaba usando.
Zulzher lo detectó enseguida y dejó de retroceder.
El primer golpe la levantó del suelo y la estrelló contra el muro, destruyendo el exterior de los pasillos destinados a Centroamérica; el segundo la dobló de rodillas y con el tercero; la visión se le nubló por un instante…
había sido más fuerte de lo que le hubiera gustado admitir.
Amy cayó de costado y esta vez no pudo incorporarse.
El brazo le respondía mal mientras tosía expulsando pequeñas gotas de sangre que pigmentaban el piso.
—Quizá eres un miembro defectuoso de tu familia —mencionó él, hinchado de orgullo.
Las sirenas comenzaban a escucharse a lo lejos y cada paso que daba se acompañaba con el golpeteo de las puertas principales; que cerró desde adentro para extender su deleite un poco más—.
Una paria vergonzosa de tu escudo… siempre hay un miembro así.
—Llegó hasta donde Amy yacía en el piso y así, sin más, le propinó un alud de patadas a discreción.
La golpeó sin misericordia alguna hasta que se cansó de hacerlo.
Después, con el tiempo ya encima y su oponente derrotada y a sus pies, preparó su espada, la posó sobre el cuello de la joven y le dijo:
»Seas lo que seas… fenómeno, da igual; porque te mataré, así como hice con ese estúpido juez… y como igual haré con la Sagriari… si es que aún sigue viva. ¡¡¡HASTA NUNCA, AMY!!!
Cerró los ojos… no podía hacer mucho más…
su cuello ardía en premonición a lo que estaba por suceder.
Los sonidos de las sirenas se hacían más notables al oído, trabajadores golpeaban las puertas para entrar…
pudo escucharlo a la perfección… lo escuchaba.
Seguía consciente, viva. Cuando miró hacia arriba sin saber qué esperar; presenció por primera vez en su vida la realización de un milagro. Uno que le salvó la vida.