En Cielo Hueco (El Cielo Hueco nº 1) 35 #2
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Dentro de la cámara interna, Grace y Amy se enfrentaron a una hilera de seis tubos de cristal etéreo que bajaban en vertical hacia una oscuridad que no se veía el final.

No había peldaños. Solo aquellos conductos translúcidos y, a un costado, un tablero con símbolos y superficies que reaccionaban apenas al contacto.

Amy ya le tenía las manos encima.

—Esta… máquina, o lo que sea —expresó con desesperación en los ojos—. Tiene que responder a algo. Energía, rango, sangre o voz… lo que sea. Busca.

Grace intentó concentrarse con poco éxito; pues las manos le temblaban y no conseguía coordinar sus movimientos.

Los golpes de afuera llegaban como sismos cortos que le lastimaban en la conciencia…

sabía que cada uno significaba un golpe más a Brahamath…

más y más sufrimiento a otro ángel que bien había cometido el error de encontrarse con ella, y ayudarla.

Apoyó la palma sobre una sección del tablero; la superficie se iluminó un segundo y se apagó. Amy golpeó otra zona con el puño.

—No hay tiempo para adivinar. Tengo que encender esta cosa e ir a ayudar a Brahamath cuanto antes. Ese maldito de Zulzher… hay algo distinto en él, está más confiado aún, y puedo sentir una gran cantidad de energía emanando de sus poros… ¡va a matar a Brahamath si no me apuro!

Afuera, la pelea se inclinó de forma definitiva.

Zulzher atrapó a Brahamath por el cuello en medio de un intercambio de golpes con la espada.

Lo elevó como si estuviera hecho de papel y si bien, el juez forcejeó, clavando la espada en el antebrazo del coronel, este no lo soltó.

Caminó hacia la puerta del túnel todavía cargándolo y usó el cuerpo del juez como un ariete no una, sino en múltiples ocasiones, hasta que su víctima quedó irreconocible.

El impacto definitivo abrió la entrada de un golpe y Brahamath cayó dentro, pesado, inmóvil.

La sangre plateada se le extendió bajo el torso… ya no respondía.

Zulzher entró detrás, sacudiendo el antebrazo herido como quien se quita un molesto insecto.

Miró los tubos y evaluó tranquilo la situación; ignorando por completo a ambas jóvenes que ya se alistaban en posición de combate, afectadas por ver al juez al borde de la muerte.

Después, sin decir nada, empezó a destruir las escaleras, primero dos…

luego una más… El cristal etéreo se hacía trizas bajo sus manos y por ráfagas cortas de energía.

Cuatro… cinco escaleras… seguía destruyendo sin control, saboreando extasiado su poder, y el rostro de ellas al ver sus sueños rotos.

Dejó intacta solo una, correspondiente a una zona específica del país.

—El poder al fin es mío… la libertad también lo es —pronunció cobijado por completo de energía, avanzando como un titán imparable.

Las alarmas de la central comenzaron a sonar, las autoridades llegarían pronto, pero no le importó—.

¿Creías que iba a permitir que te escurrieras cual rata al planeta Tierra, con mi poder dentro de ti?

Eres una Sagriari, naciste para morir joven, y tu muerte revivirá el honor de mi escudo.

Guiaré al E.R.I.S. a una nueva era de gloria donde las familias más poderosas del cielo inclinen ante mí su frente.

Sujetó a Grace de la ropa e igual que como hiciera con Brahamath, la levantó hasta tenerla a su altura… su sonrisa le llegaba hasta las orejas.

Amy dejó de inmediato a Brahamath, a quien protegía con sus alas de los cristales rotos, y se movió de inmediato, con espada en mano, al encuentro con Zulzher.

—Si le tocas uno solo de sus cabellos. ¡¡¡TE MATO!!!

Zulzher ladeó la cabeza. Parecía más interesado que enfadado.

—Admiro tu perseverancia, niña; sin embargo, no estás en condiciones de decir eso.

Amy cargó con todo lo que le quedaba de fuerzas.

Zulzher desvió el golpe con el antebrazo y respondió con una descarga que la mandó contra el lateral del túnel, dejándola temporalmente inconsciente.

Grace intentó aportar al combate haciendo la técnica que Kouhen le había enseñado: la contracción de vibración negativa.

Zulzher la vio venir. Sin soltarla, movió el cuello y la evitó como quien aparta una molestia menor.

Después, se dispuso a continuar con lo que había llegado a hacer.

Ella intentó defenderse hasta el último aliento; pataleaba, golpeaba los brazos del ángel y rasgaba sus vestiduras para intentar liberarse.

Nada tuvo éxito. La mano de Zulzher se cerró sobre su pecho, justo donde estaba la mitad restante del Vibratio Dominum.

Los dedos se hundieron y Grace abrió la boca para gritar tan alto, que el desgarrador sonido quebró a su hermana por dentro.

El dolor no se parecía a un corte ni a una quemadura, no era ni siquiera similar al experimentado durante las sesiones de tortura.

Era como si algo que ya formaba parte de su mismo yo, de su respiración y de su latido, estuviera siendo arrancado de raíz.

Las rodillas le fallaron y el cuerpo dejó de reaccionar cuando Zulzher tiró hacia afuera.

La mitad del poder salió de ella en un destello oscuro. Grace cayó de lado mientras su sangre plateada le empapó la túnica desde el pecho hasta el estómago. Respiraba mal. Corto. Superficial. Cada inhalación costaba, se le iba el aire y ya no regresaba.

Zulzher sostuvo la pieza frente a sí y la acercó al pecho.

Y como dos pedazos de imán interactuando, ambas mitades se reconocieron…

se unieron. El momento en que se integraron no necesitó explicación.

El poder que lo envolvió dejó de parecer solo angelical, tenía otra calidad, más densa, más cercana a algo que no debería caber dentro de un cuerpo, era casi divino.

Las grietas de las paredes se extendieron solas y el piso bajo sus pies tembló con un movimiento violento.

Un dios de la muerte había nacido, con la vida de Brahamath y Grace como ofrenda maldita.

Zulzher cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió, la expresión era de posesión absoluta.

Había recuperado lo suyo. Y todavía no había terminado.