34 #2
—He sido paciente contigo porque me eres útil —continuó la voz ya irritada—. Pero la utilidad tiene sus límites. Así que, si no puedes traerme a esas dos, aún después de tanto tiempo, empezaré a dudar de si mereces seguir respirando con el rango que te di.
Zulzher levantó la vista; todavía de rodillas. El frío de la piedra se le había metido al cuerpo, pero ya no le importaba… nada le importaba.
El punto de quiebre por fin había llegado.
—Veo que usas muy alegre el cuerpo de mi alguna vez compañero, un ángel vivo y consciente como cualquier otro, creado por el TODO y que alguna vez tuvo dentro de sí, la misma energía Vril que me compone a mí… y que te compone a ti también; sin embargo, ¿sabes cuál era la habilidad especial de Zeo?
La voz dudó un segundo, sorprendida por el cambio de tono y de la actitud de Zulzher ante ella.
—No me interesa.
—Ese siempre ha sido tu mayor debilidad.
Disfrutas de utilizar a los demás como simples herramientas, al igual que yo; pero a diferencia tuya, yo sé la importancia que tiene conocer aquellas herramientas que tienes a tu servicio.
En cuanto a Zeo, su habilidad familiar es el rastreo de firmas de energía —dijo Zulzher, con calma—.
Por eso era bueno en el D.A.I. Y por eso sé que, incluso muerto, lo que queda de su firma se enlazó con quien lo controla desde muy lejos. Contigo.
—¿Y eso qué carajos te importa? —preguntó la voz, francamente molesta—. ¿Por qué vienes ahora con esas estupideces? Y más vale que corrijas el tono con el que hablas. No olvides que tu lugar es el de seguir mis directrices.
Zulzher dejó salir la mueca de enferma satisfacción que siempre quiso mostrar frente a ella. Se puso de pie. El movimiento fue lento y deliberado, un desafío abierto. El acto de levantarse le devolvió el sentimiento de liberación y orgullo que había estado comprimido durante demasiado tiempo.
—¿Qué por qué digo estas cosas?: porque tu reinado en el E.R.I.S., se acabó.
La cámara subterránea pareció congelarse por completo en el tiempo, hasta el fuego de las antorchas se volvió más quieto.
—Las legiones del E.R.I.S. ya no te responden. A partir de este momento, me obedecerán solo a mí.
Acto seguido, despertó la mitad del Vibratio Dominum al cien por ciento, por primera vez desde que lo obtuvo de vuelta, arrancándolo de Amy.
Se expandió desde su pecho como una fuerza envolvente. El aire vibró, las antorchas parpadearon y se apagaron por completo. Zulzher avanzó con la confianza a tope para sujetar el cadáver de Zeo por el cuello. El cuerpo estaba frío, rígido, pero se movía, y sobre todo, estaba impregnado de energía.
Sus ojos chispeaban de poder y su mueca era la de un loco excitado cuando comprobó su teoría, así que sin perder un solo segundo, usó este cadáver como hilo conductor.
Amplificó la vibración a propósito, la forzó a través del lazo residual que todavía unía el cuerpo muerto con la verdadera dueña del títere.
No fue un ataque limpio. Fue un envío brutal de energía concentrada, diseñado para fulminar a quien quiera que estuviera del otro lado de la conexión.
La energía destrozó el techo de piedra junto con la mansión que se encontraba arriba. Viajó como un rayo luminoso y vibrante que rasgó el cielo por unos instantes.
En algún punto del coro santísimo la energía llegó como un golpe devastador.
Zulzher sintió el eco del daño a través del vínculo: una resistencia que cesó de golpe, un intento de respuesta que no alcanzó a formarse y un dolor ajeno que le llegó distorsionado, pero claro.
La voz que salía del cadáver se cortó en un sonido ahogado.
El cuerpo de Zeo se desplomó, inerte por completo, sin ningún control residual.
—Ya era hora… ¡estás muerta! —gritó extasiado—. ¡¡¡Bien que te lo merecías, maldita desgraciada!!!
Subió las escaleras con paso firme y una vez en el exterior de la mansión, se detuvo en el umbral.
El cielo nocturno se extendía sobre él, levantó el brazo y el fuego respondió de inmediato.
Las llamas subieron por los muros, por las ventanas, por el techo ya vencido.
La estructura empezó a consumirse con un crepitar constante.
No era solo destrucción porque sí, era una declaración simbólica: su mandato comenzaba sobre las cenizas de lo anterior; el calor le llegó a la cara y no se apartó. Se quedó atestiguando cómo el lugar donde había agachado la cabeza una y otra vez, se convertía en humo.
En la calle, bajo la luz irregular del incendio, esperaban Birmania y un pequeño grupo de oficiales.
Nadie se atrevió a hablar primero; pues no estaban seguros de lo que había acontecido.
Algunos miraban las llamas, otros miraban a Zulzher, intentando medir qué tan distinto era el ángel que acababa de salir en comparación con el que entró.
Birmania dio un paso al frente; pues debía dar los informes más recientes.
—Señor secretario coronel, recientes informes comunican que Génesis Nesher falló en su encomienda. No obstante, confirmó que Brahamath Pastori tiene a la Sagriari viviendo en su propiedad y Amy está en la misma casa en este momento. Los escuadrones se preparan para moverse al amanecer.
Zulzher escuchó el reporte sin inmutarse. Siguió mirando el fuego un momento más… el resplandor le iluminaba la mitad del rostro. Después apoyó la mano abierta sobre el pecho, justo donde la mitad recuperada del Vibratio latía con fuerza renovada… cerró los ojos.
Ya no había necesidad de investigar, tampoco de espiar, mandar soldados o planear emboscadas; la mitad anidada dentro de él podía localizar la vibración de la mitad restante. Clara y precisa. Como una brújula cuya certeza no dejaba lugar a dudas.
—Sé dónde está esa Sagriari —respondió—. Ellos ya no están en la mansión del juez; sin embargo, es necesario que los escuadrones lleguen por la mañana, para aparentar.
Los oficiales detrás de ella se movieron apenas, incómodos. El fuego seguía creciendo incontrolable e incluso, una viga se derrumbó en el interior de la mansión con un estruendo sonoro. Zulzher ya no miraba a Birmania, miraba más allá… hacia el punto exacto donde sentía lo que le faltaba.
—Deja las cosas como están… y felicidades por su nuevo puesto como responsable del D.A.I.
, mayor Valharal —le dijo palmeándole el hombro—.
Por mi parte, no quiero que nadie me siga.
Iré a donde se encuentra mi poder restante y no me importa si es una Sagriari o no, eso le importaba a ella.
Si la mato en el proceso, me da igual; porque hoy mismo recuperaré lo que siempre ha sido mío.
Se elevó sin esperar respuesta. Las alas se abrieron con un movimiento limpio e imponente. Dejó atrás la mansión en llamas y a los oficiales que todavía no terminaban de asimilar que el mando anterior acababa de terminar.
Desde el aire, el incendio se veía como una mancha brillante en medio de la oscuridad mientras que Zulzher no despegaba la mirada de su objetivo. La otra mitad lo llamaba. Cercana… al alcance.