32 #2
—Muy bien —respondió Zuzueth, dándole una palmada en la espalda.
Estaban fuera de su jornada laboral, de civiles, así que dejó de lado los protocolos de respeto y la trató como a una igual…
con el mismo cariño que le mostraba desde jóvenes cadetes—.
En verdad que eres muy terca para mi gusto, Gen, y si soy honesta a contigo, has hecho tratos con el diablo con tal de remediar tu error y ahora, conmigo inmiscuida, se tiene que terminar con lo que se prometió. Cuanto antes.
Génesis se permitió mostrar una mueca de arrepentimiento, de sincero dolor y a la vez, agradecimiento por tenerla aún a su lado. La tomó de la mano y sin titubeos, le dijo:
—Esta noche. Lo voy a solucionar esta misma noche, y si quieres acompañarme, me haría muy feliz tenerte a mi lado mientras resano frente a tus ojos mis pecados, Zuzueth Zagal.
La aludida respondió con un golpecito en el hombro de Génesis para así, partir de vuelta a su residencia, a disfrutar de su vikra libre y también, a maquinar el asalto a la mansión de Brahamath.
Esa misma noche la mansión Pastori dormía tranquila. Luces apagadas y solo el murmullo lejano de la fuente en el jardín rompía el silencio.
Génesis extendió una mano. La luz efímera se concentró en su palma hasta volverse un hilo fino y cortante.
Con él, trazó un símbolo en el aire, un sigilo prohibido adquirido de sus estudios sobre el enemigo, y que se dio permiso de usar diciendo un: “Que el TODO me cubra con su luz y me ampare con su perdón”.
El campo de fuerza que protegía la mansión, diseñado para repeler vibraciones angelicales convencionales, se sacudió… y cedió ante la frecuencia negativa que Zuzueth forzó desde dentro una vez que Génesis abrió la primera grieta. Entraron como dos animales nocturnos cazando la cena.
En el segundo piso, Grace no lograba dormir.
Desde que había asimilado la Galatea, cada vez que cerraba los ojos veía fragmentos de una memoria que no le pertenecía y el rostro de Kouhen disolviéndose en luz azul.
El pecho le pesaba como si todavía llevara dentro la voz de Zeo.
Se levantó, se puso las sandalias y bajó al jardín con la intención de sentarse junto a la fuente hasta que el dolor interno se detuviera.
No escuchó los pasos, ni advirtió nada extraño a su alrededor, hasta que ya era demasiado tarde.
Génesis salió de entre los adornos del jardín con la Claymore descansando sobre el hombro derecho. Zuzueth apareció a su izquierda, cadenas ya desplegadas.
—Vaya —dijo Génesis. La reacción fue de alivio y sorpresa al mismo tiempo—. La Sagriari en persona; el coronel tenía muy claro en dónde estabas desde el principio. Y yo que venía solo con la esperanza de capturar a Amy. ¡Alabado sea el TODO, que me bendice!
Grace retrocedió un par de pasos. Su cabello rojizo brilló intenso bajo la luz efímera; sin embargo, aquella niña indefensa que vagaba por las calles de Liber había quedado en el pasado.
Desde que había asimilado la Galatea, algo había comenzado a transformarse.
Sintió el eco de aquella presencia femenina que Zeo le había descrito, como un segundo latido bajo el suyo.
—¿Quiénes son y qué es lo que quieren? ¿Cómo se atreven a invadir propiedad ajena, ladronas? Ustedes no deberían estar aquí.
—Tienes mucha razón, pelirroja —respondió Génesis—.
Pero es que tampoco ustedes pertenecen a este lugar: tú deberías estar en una celda esperando por un juicio condenatorio; Amy, de rodillas frente a mí, suplicando por mi perdón; y nosotras, descansando en casa como un par de heroínas; pero pronto regresaré las cosas a su orden natural, te lo prometo.
El ataque fue inmediato.
Génesis lanzó hilos de luz solidificada que cortaron el aire como látigos.
Grace esquivó el primero, desvió el segundo con el antebrazo y sintió cómo la energía le quemaba la piel.
En lugar de solo defenderse, contrajo la vibración de la forma que Kouhen le había enseñado y devolvió parte del impacto.
El hilo de luz se quebró en chispas. Génesis arqueó una ceja, sorprendida.
Zuzueth aprovechó la apertura y lanzó las cadenas. Grace giró, detuvo la primera con una técnica de anulación y apenas logró desviar la segunda. Una de las cadenas le rozó el hombro y le arrancó un grito de dolor. Desde el segundo piso se escuchó una ventana abrirse de golpe.
—¡¡¡Grace!!!
Amy bajó como un rayo. Brahamath apareció segundos después, todavía con la túnica de dormir y la espada ya materializada.
Al ver a las dos invasoras en su jardín y reconocerlas, algo dentro de él le dijo lo que tanto temía…
que todo se había terminado para ellos. No era solo alarma.
Era la certeza de que la casa que había convertido en refugio acababa de dejar de ser segura.
La pelea se desató en el centro del jardín.
Génesis se enfrentó a Amy… había esperado el momento demasiado tiempo. Cada corte de su Claymore llevaba soles de desprecio. Amy respondió con una ferocidad calculada en extremo, pero en un momento, cuando bloqueó un tajo dirigido al cuello, su respiración se entrecortó.
—¿¡Génesis, estás loca!? —espetó Amy, harta del comportamiento de ella, fastidiada ya de sus impulsivas acciones—. ¿Por qué es que me odias tanto como para atreverte incluso a quebrantar la ley por venir por mí? ¡Contéstame!
—¿Aún te atreves a preguntar con semejante descaro?
—respondió ella, con la espada clavada en el césped, mirándola con un resentimiento tan evidente, que se sentía en el alma—.
¡Fuiste tú!, el malicioso pecado, maldito y desafortunado que llegó a mi vida y que, por poco, me hace perderlo todo.
Incluso mi familia se vio manchada por culpa de tus tentaciones. ¡Súcubo inmundo!
—¿Súcubo…? Ah… —chasqueó los dedos—. ¡Así que es por eso que estás como estás!
Vaya… pues en esos momentos no te parecía yo una maldición ni nada por el estilo, Génesis…
y no sé qué tan desafortunada realmente fui en tu vida, Gen…
pues, aunque te cueste admitirlo, jamás te vi tan feliz y radiante como en esas nueve lunas…
—¡¡¡Cállate ya… no me digas así, y no repitas eso! !!
Por su parte, Zuzueth mantuvo a raya a Brahamath y a Grace al mismo tiempo. Brahamath peleaba con la precisión de alguien que había defendido su hogar antes, pero cada vez que miraba de reojo a Grace, sus movimientos perdían precisión.
Cuando Grace intentó de nuevo la técnica mortal (que concentraba la vibración hasta volverla un fuego azul devorador), Génesis sintió el peligro unos segundos antes.
Reunió toda la luz disponible en el jardín y se envolvió en un capullo luminoso.
La técnica impactó contra esa barrera de luz pura y se dispersó en chispas.
Génesis cayó de rodillas, con el pecho ardiendo y sangre asomándole por los labios.
—Todavía… no han ganado —escupió.
Amy aprovechó la oportunidad disparando su energía con más fuerza de la necesaria.
Zuzueth interceptó el golpe con el propio cuerpo y recibió el impacto completo en el costado.
El sonido de costillas cediendo fue nítido.
Amy se quedó un instante mirando su propia mano, como si no reconociera del todo la intensidad que acababa de liberar.
Lucía afectada por lo que había hecho, tiró su espada y se echó de rodillas…
Las dos oficiales se miraron. Estaban mal… muy mal.
Génesis se incorporó con dificultad, apoyándose en la Claymore. Miró a Brahamath, luego a Grace, y finalmente… a Amy, con unos ojos amarillos que mostraban odio, pero que, como Amy sabía distinguir, servían de cubierta a un sentimiento de confusión y de tristeza.
—Esto… ya no es un asunto privado —dijo, con la garganta raspada y débil—.
Ahora sé con certeza que un juez del imperio oculta a la Sagriari.
Y sé que tú, Amy, eres parte de Liberaty.
Cuando salgamos de aquí, esa información dejará de pertenecerme solo a mí.
Pertenecerá a los Nesher, a las boinas blancas y al imperio entero.
Escupió sangre sobre el césped.
—La próxima vikra ya no vendremos nosotras dos. Vendrán escuadrones de exterminio; y esta vez no habrá pasadizos ni trucos que les sirvan para escaparse de la ley tal como lo han hecho hasta este momento.
Zuzueth, con el brazo presionando el costado destrozado, se colocó junto a ella.
Sin decir palabra, ambas se elevaron con dificultad, dejando un rastro de líquido vital plateado sobre las piedras del jardín.
Desaparecieron entre los árboles y el desconcertante silencio que quedó fue peor que el ruido de la pelea.
Brahamath miraba el punto donde se habían perdido. Pasó una mano por el césped chamuscado y habló sin levantar la vista:
—Esta casa… ya no puede protegerlas. Yo ya no podré resguardarlas del peligro como antes.
Grace tenía el pecho marcado por las quemaduras de la luz de Génesis, mientras que Amy limpiaba la sangre de su labio con el dorso de la mano. Su expresión osciló un segundo entre la rabia y la desesperanza. Luego se endureció otra vez.
—Entonces que vengan, no me importa quiénes sean o los colores que porten en sus boinas —dijo. La frase salió firme, retadora y llena de convicción.
Brahamath levantó la mirada hacia las dos jóvenes.
—Sin importar lo que hagamos, es inevitable lo que pasará: mañana al amanecer comenzarán a llegar, lo harán con toda la fuerza del imperio, y si no hacemos algo al respecto, es un hecho que los tres estamos muertos.
Volvamos a la casa, que tenemos muchas cosas por aclarar y un buen plan que fraguar.
Lo haremos, pelearemos por nuestro derecho a vivir. No tengan duda de ello.